Quedé embarazado del hijo de un magnate - Capítulo 76

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  4. Capítulo 76 - Interrogatorio
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Zu Qi estaba realmente agotado. Después de permanecer un rato más en el salón del banquete, regresó a la habitación, se dio un baño y se fue a dormir.

En mitad de la noche, aún medio dormido, sintió algo de movimiento a su lado. Estaba acostado de costado, de cara a la puerta del dormitorio, e instintivamente quiso darse la vuelta para mirar, pero una mano se posó suavemente sobre él.

—No pasa nada —la voz de Xue Jue sonó junto a su oído—. Sigue durmiendo.

Al oírlo, el sueño de Zu Qi se disipó a medias. Levantó la mano, tomó la que Xue Jue tenía apoyada sobre él y luego se giró para quedar frente a frente con él.

La habitación estaba completamente a oscuras. Solo una tenue luz de luna se filtraba por la puerta del ventanal, cuyos cortinajes permanecían entreabiertos.

Bajo aquella débil claridad apenas podía distinguir la silueta de Xue Jue y escuchar el leve roce de la ropa cuando este se acostó a su lado.

En realidad, después de bañarse, Zu Qi había bebido el té para aliviar la resaca que Xiao Ya le había llevado especialmente, así que ahora tenía la cabeza completamente despejada. Al recordar lo que no habían podido terminar en el baño, sintió un vuelco en el pecho y, sin darse cuenta, siguió aferrado a la mano de Xue Jue.

—Xue Jue… —lo llamó con voz ronca.

Una vez acostado, Xue Jue ya no se movió. Solamente respondió con un suave:

—Mmm.

Sintiendo el calor constante que emanaba de la palma de Xue Jue, Zu Qi se pasó la lengua por los labios y, con el corazón inquieto, buscó cualquier tema de conversación.

—¿Ya terminó la fiesta?

—Sí, ya terminó. El mayordomo Zhang sigue despidiendo a los invitados, así que subí primero.

Para no despertar a Zu Qi, que ya debía de estar dormido, Xue Jue incluso había ido a bañarse al cuarto de huéspedes antes de regresar. No esperaba encontrarlo aún despierto.

Sin embargo, aquella noche Zu Qi estaba tan dócil que resultaba extraño. Acostumbrado a verlo buscarle problemas y comportarse de manera caprichosa, Xue Jue incluso se sentía un poco incómodo con semejante cambio.

—Ya veo… —respondió Zu Qi distraídamente.

Como no sabía qué hacer, comenzó a hacerle cosquillas en la palma con el dedo índice. Por desgracia, el hombre a su lado parecía no tener cosquillas en absoluto y no reaccionó de ninguna manera.

Cuando Zu Qi se quedó callado, Xue Jue también cerró la boca obedientemente, sin la menor intención de iniciar una conversación.

Después de pensarlo un buen rato, Zu Qi sintió que quizá debía tomar la iniciativa. Después de todo, era él quien se había enamorado primero de Xue Jue; lo lógico era que invirtiera más en esa relación. Y si Xue Jue no podía aceptar sus sentimientos…

Conociendo su personalidad, seguramente lo rechazaría sin rodeos.

Cuanto más pensaba, más nervioso se sentía.

Aunque había tenido varias relaciones antes, en realidad no tenía demasiada experiencia amorosa. Además, en todas ellas había sido la otra persona quien tomaba la iniciativa, mientras él reaccionaba con la lentitud de una rana adormilada. Incluso una de sus exnovias terminó con él porque decía que era demasiado frío.

Antes, Zu Qi jamás había amado realmente a nadie.

Y ahora que por fin le gustaba alguien…

Resultaba ser precisamente Xue Jue, la persona de la que, en teoría, debía mantenerse alejado.

Ay…

Suspiró para sus adentros. Sentía que necesitaba dormir profundamente para dejar de darle tantas vueltas al asunto, pero aun así las palabras escaparon de sus labios.

—¿Y tu padre? ¿No hizo nada?

—No.

Al recordar la expresión y la reacción de Xue Yanjing al ver a Weng Yuxiang, la voz de Xue Jue se volvió un poco más fría.

—Se fue con Sun Fei. Si se hubiera quedado, solo habría seguido haciendo el ridículo.

—¿Y tu mamá? —preguntó de nuevo Zu Qi.

—Hace rato que volvió a su habitación.

Xue Jue no entendía de dónde había sacado Zu Qi tantas ganas de hablar. Pensó que quizá lo había despertado al subir a la cama, así que retiró con cuidado la mano que Zu Qi sujetaba, le dio un par de palmaditas sobre el edredón y, con la paciencia de quien calma a un niño pequeño, dijo con dulzura:

—Ya es muy tarde. Duerme.

La mente de Zu Qi seguía buscando desesperadamente algún tema de conversación.

—…

Miró su mano ahora vacía y, entre divertido y frustrado, apretó los dientes. Volvió a sujetar la mano de Xue Jue y, además, tiró de él con algo de fuerza para acercarlo.

—Yo…

Apenas había pronunciado una palabra cuando un estruendoso llanto de bebé interrumpió todo.

—…

Con los ojos muy abiertos por la sorpresa, Zu Qi comprendió de golpe lo que ocurría. Se incorporó y encendió la lámpara de la mesita de noche.

La cálida luz amarilla llenó al instante la habitación.

Al girar la cabeza, vio claramente a quien dormía entre él y Xue Jue…

Xue Qianwan.

Con razón, cuando antes se había acercado a Xue Jue, le había parecido aplastar algo sin querer…

Xue Qianwan estaba acostado boca arriba, agitando sus regordetas manitas mientras lloraba hasta tener la carita completamente roja. Lágrimas tras lágrimas brotaban de sus ojos entrecerrados.

Aunque Zu Qi seguía un poco molesto porque Xue Jue hubiera llevado al pequeño a la cama, al verlo llorar toda su irritación desapareció al instante. Se apresuró a levantarlo para consolarlo, pero Xue Jue fue más rápido y ya lo había tomado en brazos.

Con el niño en brazos, Xue Jue caminó de un lado a otro por la habitación, meciéndolo y calmándolo durante largo rato hasta conseguir que volviera a dormirse.

Durante todo ese tiempo, Zu Qi permaneció a un lado, frotándose los brazos y observando la escena con una expresión terriblemente avergonzada.

—Lo siento… —dijo finalmente.

Cuanto más lo pensaba, más ridículo le parecía haberse mostrado tan impaciente hacía un momento. Había hecho el ridículo delante de Xue Jue.

Después de dormir otra vez al niño, Xue Jue descubrió que Zu Qi seguía de pie frente a la cama. No pudo evitar sonreír.

—¿Por qué te disculpas?

Con la cabeza gacha, Zu Qi retorcía el borde de su ropa con torpeza, tan perdido como un niño que acababa de cometer una travesura.

—No sabía… que Qianwan también estaba aquí…

—No pasa nada. Debí decírtelo antes; fue culpa mía.

Xue Jue creyó que se disculpaba por haber aplastado al bebé y suspiró resignado.

—Qianwan también es tu hijo. No hace falta que me pidas perdón.

Zu Qi apretó los labios, sin responder.

—Sube a la cama. No vayas a resfriarte.

—Está bien…

Obedientemente volvió a meterse bajo las sábanas. Poco después, Xue Jue regresó con el pequeño, ya profundamente dormido, y volvió a acostarlo entre ambos.

De lado, Zu Qi estiró la mano y, por encima de la ropa, acarició la barriguita blandita del bebé, soltando un suspiro satisfecho.

Al escucharlo, Xue Jue sonrió levemente.

—Desde que te fuiste, Qianwan volvió a ponerse muy quisquilloso con la gente. Si por las noches lo dejo con mi madre, suele llorar muchísimo, así que no tuve más remedio que dormir con él.

—Qué pequeño tan travieso.

Zu Qi podía imaginar perfectamente el caos que armaba. Cuando ese mocoso empezaba a llorar, era un auténtico demonio.

Al hablar de Xue Qianwan, Xue Jue pareció abrir la compuerta de las palabras y comenzó a contarle, una tras otra, todas las novedades del pequeño. Solo cuando vio que Zu Qi bostezaba dio por terminada la conversación.

—Duerme. Buenas noches.

—Buenas noches.

Esta vez Zu Qi estaba realmente cansado. Apenas cerró los ojos, su conciencia comenzó a desvanecerse.

Entre sueños, le pareció escuchar de nuevo la voz de Xue Jue.

—¿Qué es exactamente lo que piensas, Zu Qi…?

Le costó un poco entender sus palabras. Con la mente ya nublada por el sueño, respondió arrastrando las sílabas:

—Mmm… ¿Qué… qué pienso de qué…?

—Entonces… ¿te gusto?

Zu Qi estuvo a punto de responder instintivamente que sí.

Pero, justo en ese fugaz instante, la escasa lucidez que aún conservaba le hizo darse cuenta de que Xue Jue probablemente sabía perfectamente lo que él había intentado hacer antes; simplemente había fingido no darse cuenta.

Y también había colocado a Xue Qianwan entre los dos para impedir que él hiciera cualquier tontería.

Al pensar en eso, una oleada de irritación surgió de repente en su pecho.

—No me gustas… Te odio… Eres realmente insoportable…

Xue Jue:

—…

Después de decir aquello, Zu Qi se quedó profundamente dormido.

Ya no supo si Xue Jue dijo algo más.

…

A la mañana siguiente.

Cuando Zu Qi abrió los ojos, Xue Jue ya no estaba a su lado. Incluso Xue Qianwan, que había dormido entre ellos, había desaparecido.

Después de asearse y vestirse, bajó al comedor para desayunar y encontró a Weng Yuxiang sosteniendo en brazos al pequeño, que balbuceaba alegremente mientras ambos contemplaban el paisaje nevado a través del ventanal.

Al escuchar sus pasos, Weng Yuxiang se volvió sonriendo.

—¡Buenos días, Xiao Qi!

—Buenos días.

Zu Qi tomó asiento frente a la mesa.

—¿Dónde está Xue Jue?

—Fue a la empresa.

—Ah…

Bajó la mirada y esbozó una sonrisa forzada para ocultar la decepción que cruzó por sus ojos.

De repente recordó aquella conversación confusa que había tenido con Xue Jue la noche anterior y sintió un fuerte dolor de cabeza.

La verdad era que apenas recordaba lo que habían hablado.

Solo tenía la vaga impresión de que su respuesta no había sido precisamente la mejor.

Después de desayunar, sin nada que hacer, comenzó a pasearse por la sala cargando a Xue Qianwan.

Ahora el pequeño tenía dos meses y medio y ya pesaba más de cinco kilos. No era excesivamente pesado, pero tampoco podía decirse que fuera ligero. Antes de media hora, Zu Qi ya sentía los brazos entumecidos y respiraba con dificultad.

En cambio, el mocoso estaba encantado.

No dejaba de agitar sus regordetas manitas mientras balbuceaba alegremente, con aquellos ojos redondos y brillantes como uvas negras clavados en Zu Qi.

Debía reconocer que esos ojos eran idénticos a los de Xue Jue.

Mirado por el pequeño de esa manera, incluso tuvo la ilusión de que era el propio Xue Jue quien lo observaba.

Al ver que Zu Qi se había quedado inmóvil, Weng Yuxiang se acercó enseguida para tomar al bebé.

—Si ya no puedes cargarlo, solo tenías que decirlo.

Zu Qi le entregó a Xue Qianwan mientras se masajeaba los doloridos brazos.

—Solo hace diez días que no lo veo y este pequeño ya se convirtió en un cerdito.

Weng Yuxiang soltó una risita.

—Qianwan ya casi pesa siete kilos y medio. Junzhuo me ha dicho varias veces que debería ayudarlo a bajar de peso, pero ninguno de nosotros tiene el corazón para hacerlo.

Zu Qi tiró suavemente de una de las gorditas manitas que el bebé le extendía y chasqueó la lengua.

—La verdad es que sí está un poco pasado de peso. Lo normal para un bebé de poco más de dos meses son unos cinco kilos, ¿no?

Ese dato lo había buscado en internet.

También había visto fotografías de muchos bebés de dos o tres meses, pero, en su opinión, ninguno era tan adorable como su Qianwan.

Aunque estuviera gordito, tenía la piel blanca y tierna, unos ojos enormes y llenos de vida…

Solo era un poco problemático cuando lloraba.

En ese momento, Zu Qi se negó rotundamente a admitir quién había dicho alguna vez que su hijo era tan feo como un monito.

Por desgracia, los hechos demostraron que no convenía elogiar demasiado a Xue Qianwan.

Apenas terminó de pensarlo cuando el pequeño hizo un puchero, frunció la carita y rompió a llorar en brazos de Weng Yuxiang, mientras estiraba desesperadamente ambas manitas hacia Zu Qi.

La expresión de Weng Yuxiang pasó de alegre a abatida en un instante.

Con resignación, devolvió al niño a Zu Qi mientras decía con tono agraviado:

—Mi nieto otra vez solo quiere a su papá…

—…

Zu Qi recibió al bebé con sus brazos aún doloridos y mostró una sonrisa tan incómoda como cortés.

Apenas volvió a los brazos de Zu Qi, el llanto cesó de inmediato.

Aunque las lágrimas seguían colgando de su regordeta carita, abrió la boca y comenzó a reír tontamente mientras balbuceaba.

Weng Yuxiang contempló toda la escena con expresión lastimera; el resentimiento en sus ojos casi podía tocarse.

No fue hasta la tarde, aprovechando que Xue Qianwan se había quedado dormido, cuando Weng Yuxiang se atrevió a llevárselo de nuevo.

Fue entonces cuando Heng Jingchen llegó de visita.

Zu Qi lo condujo al estudio de Xue Jue, en el segundo piso. Ambos se sentaron en el sofá. Xiao Ya entró con una bandeja de té y pastelillos, los dejó sobre la mesa y salió en silencio.

Heng Jingchen acababa de caminar unos veinte minutos por el sendero nevado del jardín delantero. Estaba tan congelado que tiritaba de pies a cabeza. Sostuvo la taza caliente entre las manos y dio un largo sorbo; al instante sintió que el calor regresaba a su cuerpo.

—¿No creen que su casa es demasiado grande? Deberían comprar un carrito turístico. Si sigo caminando así, acabaré congelado como un témpano.

Zu Qi asintió con total convicción.

—Yo también creo que es demasiado grande. Incluso después de comer, dar un paseo lleva muchísimo tiempo.

Heng Jingchen:

—…

¿Eso acababa de ser una forma indirecta de presumir?

Después de charlar un rato sobre asuntos sin importancia, Heng Jingchen recuperó por fin la seriedad.

—Por cierto, anoche ya quería hablar contigo, pero no lograba encontrarte. Es sobre lo que me pediste investigar la semana pasada. Ya averigüé lo que querías. Tengo un compañero que tiene una granja en las afueras de la ciudad. Hace medio año decidió dejar el negocio y vender el terreno, pero como es una parcela enorme, rodeada de la nada y además fuera de los planes de desarrollo urbano, hasta ahora no ha encontrado comprador. Si te interesa, podemos ir a echarle un vistazo.

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