Quedé embarazado del hijo de un magnate - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - Enfermo
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En ese instante, la mente de Zu Qi se quedó completamente en blanco.

Permaneció sentado en la cama, inmóvil, mirando fijamente a Xue Jue durante un largo rato. Finalmente abrió la boca y preguntó con voz ronca:

—Tú… ¿cuándo entraste?

Si no recordaba mal, había cerrado la puerta con llave al entrar en la habitación.

Entonces, ¿cómo había conseguido entrar Xue Jue?

Y, además…

¿No se suponía que a esas horas debía estar trabajando horas extra en la empresa?

Innumerables pensamientos cruzaron la mente de Zu Qi.

Cuanto más pensaba, más desesperado se sentía.

Apretó con fuerza las sábanas entre los dedos.

Respirar se le hacía tan difícil como si alguien acabara de golpearlo con todas sus fuerzas en la cara. Un dolor punzante se extendía desde sus nervios hasta cada rincón de su cuerpo.

No sabía cuál sería la reacción de Xue Jue al descubrir la existencia de su espacio.

Y mucho menos podía imaginar el desenlace que le esperaba…

En apenas un minuto, Zu Qi ya estaba empapado en sudor frío.

—Yo…

Solo había pronunciado una palabra cuando vio a Xue Jue liberar una mano y colocar con suavidad el dorso de esta sobre su frente helada.

Tras comprobar su temperatura unos segundos, preguntó:

—¿Te encuentras mal?

Zu Qi no esperaba una reacción tan tranquila.

Se quedó atónito unos instantes antes de negar con la cabeza.

—Estoy bien.

—Pero no tienes buena cara.

Xue Jue frunció ligeramente los labios mientras observaba de cerca el rostro de Zu Qi. Entre sus cejas se adivinaba una tenue preocupación.

—Te llevaré al hospital.

Como estaban demasiado cerca, el cálido aliento de Xue Jue rozaba constantemente las mejillas de Zu Qi.

Con la conciencia culpable, Zu Qi no se atrevía a mirarlo directamente.

Pero, por el rabillo del ojo, veía aquel rostro elegante y atractivo tan cerca de él…

Como si en cualquier momento fuera a besarlo.

Sin poder evitarlo, Zu Qi recordó algunas escenas inapropiadas.

Sus mejillas comenzaron a arder.

Instintivamente retrocedió un poco.

Solo cuando una corriente de aire fresco se interpuso entre ambos sintió que volvía a respirar con normalidad.

—No hace falta.

Bajó la mirada y rechazó la propuesta.

Xue Jue pareció percibir su rechazo.

Sus ojos titilaron apenas un instante.

Sosteniendo todavía a Xue Qianwan en brazos, se incorporó lentamente antes de explicar:

—Estuve llamando a la puerta durante mucho tiempo y no respondías. Así que le pedí al mayordomo Zhang la llave de repuesto.

Hizo una breve pausa.

Luego añadió en voz baja:

—Estaba preocupado por ti.

Zu Qi levantó la vista.

Descubrió que Xue Jue seguía observándolo atentamente, sin apartar la mirada.

El calor volvió a subirle hasta las orejas.

—De verdad estoy bien. Supongo que fui a la empresa durante el día y me cansé un poco.

Forzó una sonrisa, fingiendo absoluta normalidad.

Evidentemente, Xue Jue no creyó aquella explicación.

Pero tampoco logró convencerlo para ir al hospital.

Así que ambos permanecieron mirándose fijamente durante un largo rato.

Justo cuando Xue Jue iba a decir algo más…

Xue Qianwan rompió a llorar de repente.

Al verlo, Zu Qi soltó un suspiro de alivio.

Por primera vez pensó que su propio hijo era realmente adorable.

Hasta lloraba en el momento oportuno.

—Parece que tiene hambre. Ve a darle de comer.

Zu Qi comenzó a echarlo de la habitación con evidente impaciencia.

Aunque Xue Jue seguía calmando suavemente al pequeño, también había visto claramente la expresión de Zu Qi.

Aquello lo dejó entre molesto e impotente.

Al final no tuvo más remedio que tragarse todo lo que quería decir y salir del dormitorio con Xue Qianwan en brazos.

Solo cuando vio desaparecer la figura de Xue Jue tras la puerta, Zu Qi sintió que volvía a respirar.

Ahora Xue Jue ya cuidaba de Xue Qianwan con total soltura.

Llegó rápidamente a la habitación del bebé.

Sosteniendo al pequeño con una mano, preparó el biberón con la otra a la mayor velocidad posible.

Al escuchar movimiento, Xiao Ya acudió enseguida para ayudar.

Xue Qianwan realmente tenía hambre.

Lloraba con la carita completamente roja mientras no dejaba de retorcerse en brazos de Xue Jue.

Hasta que Xiao Ya templó el biberón con agua fría y se lo entregó.

El pequeño lo abrazó por reflejo y comenzó a succionarlo con ansias.

Sus largas pestañas, parecidas a pequeños abanicos, seguían húmedas por las lágrimas.

Las mejillas aún conservaban un intenso color rosado.

Xiao Ya lo observó y no pudo evitar suspirar para sus adentros.

El señor y el joven amo eran tan atractivos…

Aunque el pequeño hubiera nacido arrugado como un monito, era imposible que creciera feo.

Al final, los genes lo decidían todo.

Cuando Xue Qianwan terminó de comer y se tranquilizó por completo, Xue Jue lo llevó escaleras abajo, dejando que Xiao Ya recogiera todo.

Ella trabajaba con rapidez.

En menos de diez minutos ya había dejado todo perfectamente ordenado.

Al salir, encontró a Xue Jue esperando silenciosamente junto a la puerta.

Parecía estar aguardándola.

Xiao Ya se quedó un momento desconcertada.

—Señor, ¿quería hablar conmigo?

Xue Jue asintió.

Después de dejar a Xue Qianwan con Weng Yuxiang, seguía sin poder quedarse tranquilo, así que había regresado para buscarla.

—Quería preguntarte… últimamente, ¿Zu Qi ha tenido algún problema de salud?

Preguntar aquello le resultaba extrañamente incómodo.

Xue Jue siempre había sido una persona muy reservada.

Muy poca gente conocía siquiera la complicada relación que mantenía con Zu Qi.

Ni Weng Yuxiang ni Xue Yanjing sabían la verdad.

Ambos creían que Xue Jue se había enamorado de Zu Qi a primera vista y que lo había perseguido desesperadamente hasta conquistarlo.

Por eso…

Preguntarle a una empleada por el estado de su propio esposo le resultaba bastante vergonzoso.

Aunque él y Zu Qi discutieran constantemente o no se llevaran bien, no quería que nadie más conociera detalles tan privados de su matrimonio.

Por desgracia, últimamente había estado tan ocupado con el trabajo que apenas regresaba a casa.

Realmente no tenía tiempo para prestar atención a Zu Qi.

Xiao Ya desconocía todos esos pensamientos.

Sin embargo, al verlo tan serio y dubitativo, tampoco se atrevió a responder a la ligera.

Después de pensar un buen rato, dijo:

—Mientras usted no estaba en casa, casi nunca vi salir al joven amo. O jugaba con el pequeño en la sala o en el jardín, o permanecía dentro de la habitación. No noté nada fuera de lo normal.

Xue Jue escuchó en silencio.

Respondió con un simple:

—Entiendo.

Después volvió a quedarse callado.

Tras unos segundos de silencio, Xiao Ya observó cuidadosamente su expresión y preguntó con cautela:

—Señor… ¿le ocurre algo al joven amo?

—No.

Xue Jue volvió en sí de inmediato.

Su rostro recuperó rápidamente la habitual frialdad.

—Estate más pendiente de él. Si sucede cualquier cosa, llámame inmediatamente.

Xiao Ya asintió, todavía algo confundida.

—De acuerdo.

Cuando Xue Jue ya iba a marcharse para bajar a ver a Xue Qianwan, recordó algo más.

Volvió a detenerse.

—Ah, otra cosa.

—Sí, señor.

—Diles a todos que, a partir de ahora, dejen de llamarlo «joven señora». Que lo llamen por su nombre.

Cuando llevó a Zu Qi a la mansión, nunca había dado instrucciones específicas sobre cómo debían dirigirse a él.

Más tarde escuchó que todos comenzaron a llamarlo «joven señora».

Aunque aquello le pareció algo gracioso, nunca lo corrigió.

Después de todo, él apenas convivía con Zu Qi.

Ese tratamiento solo incomodaba a Zu Qi.

A él no le afectaba en absoluto.

Sin embargo…

Ahora compartían el mismo techo.

Incluso dormían en la misma cama.

Escuchar constantemente que llamaban «joven señora» a Zu Qi empezaba a resultarle extraño.

No era que le pareciera desagradable.

Simplemente…

Llamar «joven señora» a un hombre alto y de piernas largas como Zu Qi…

Era bastante hiriente para su autoestima.

Ni el propio Xue Jue era consciente de que, poco a poco, había empezado a preocuparse por los sentimientos de Zu Qi.

Algo que jamás habría ocurrido en el pasado.

Qué extraño.

Zu Qi permaneció sentado junto a la cama durante mucho tiempo.

Mientras acariciaba una y otra vez el jade verde translúcido que sostenía en la palma de la mano, su corazón fue recuperando lentamente el ritmo normal.

Solo entonces notó el frío.

Fuera de los ventanales volvía a nevar.

La habitación estaba bastante fría.

De repente recordó que, mientras hacía la maleta, había empezado a sentir calor y había apagado la calefacción.

Tomó el mando a distancia y volvió a encenderla.

Las ráfagas de aire caliente envolvieron enseguida todo su cuerpo.

Sus hombros, tensos durante tanto tiempo, comenzaron a relajarse.

Exhaló profundamente.

Delante del armario seguían esparcidas por el suelo montañas de ropa y tres maletas abiertas.

Pero había perdido por completo las ganas de seguir recogiendo.

Después de quedarse sentado un buen rato, terminó quitándose las pantuflas, se metió bajo las mantas de un salto y empezó a jugar con el móvil.

Cuando una persona se encuentra en un ambiente cómodo y cálido, la pereza aparece con facilidad.

No pasó mucho tiempo antes de que Zu Qi olvidara por completo el miedo y la tensión de hacía un momento.

Acurrucado entre las mantas calientes, fue quedándose dormido.

Al principio durmió profundamente.

Pero no sabía cuánto tiempo había pasado cuando empezó a sentir que su cuerpo pesaba cada vez más.

Era como si estuviera encerrado dentro de un enorme horno.

Inconscientemente apartó la manta de una patada.

Las mejillas le ardían.

Su mente consiguió despejarse apenas un poco.

Permaneció así unos minutos.

Entonces sintió la garganta tan seca que quiso levantarse para beber agua.

Pero su cuerpo era tan pesado que ni siquiera tenía fuerzas para incorporarse.

Intentó levantarse varias veces.

No consiguió moverse ni un centímetro.

Entre el sueño y la vigilia creyó escuchar abrirse la puerta.

Después llegaron unos pasos.

Zu Qi abrió lentamente los ojos.

Distinguió una figura junto a la cama.

—Zu Qi.

Alguien lo estaba llamando.

Un instante después, una mano se posó suavemente sobre su frente.

Aquella mano era ligeramente fría.

Al tocar su piel ardiente, una agradable sensación de frescor recorrió poco a poco todo su cuerpo.

—Xue Jue…

Con los ojos medio cerrados y los labios apenas entreabiertos, dejó escapar una bocanada de aire caliente.

—Me siento muy mal…

—Te has resfriado.

Xue Jue no conseguía entenderlo.

Hacía apenas un rato Zu Qi estaba perfectamente.

Y ahora tenía tanta fiebre.

Suspiró con impotencia.

—Voy a buscarte la medicina.

Zu Qi tenía tanta fiebre que apenas podía pensar con claridad.

No entendió lo que acababa de decirle.

Cuando notó que Xue Jue retiraba la mano, levantó la suya presa del pánico y la sujetó.

—No te vayas…

El dorso fresco de aquella mano volvió a apoyarse sobre su rostro.

Zu Qi sonrió débilmente.

Como un gato completamente satisfecho, frotó la mejilla dos veces contra ella antes de suspirar con felicidad.

—Qué agradable…

Xue Jue no sabía qué hacer con él.

Solo pudo quedarse quieto.

Esperó a que Zu Qi volviera a adormecerse para retirar la mano muy despacio.

No mucho después volvió a llamarlo.

Lo ayudó a incorporarse.

Le dio la medicina y agua.

Luego volvió a acostarlo cuidadosamente, tomó una toalla tibia y le limpió con paciencia el sudor del rostro y del cuerpo.

Hasta hacía un momento seguía enfadado porque Zu Qi claramente le ocultaba algo.

Pero ahora…

Al verlo tan frágil y tan indefenso, toda aquella molestia desapareció sin dejar rastro.

Qué tonto.

Era capaz de enfermar incluso quedándose en casa.

Cuando se marchara al rodaje…

Probablemente cuidaría aún menos de sí mismo.

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