Quedé embarazado del hijo de un magnate - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - La familia Xue
La residencia de la familia Xue se encontraba en una exclusiva zona de villas dentro de la ciudad, un lugar tranquilo en medio del bullicio. Como era de esperarse, el precio de los terrenos allí era exorbitante.
El automóvil recorrió una avenida arbolada cubierta de hojas de arce doradas, atravesó un sinuoso camino oculto entre un espeso bosque y, finalmente, se detuvo frente a una imponente mansión de estilo tradicional chino.
El mayordomo Zhang, que había llegado antes, ya esperaba junto a la entrada. Cuando el coche se detuvo lentamente, abrió la puerta para Zu Qi y, con una ligera inclinación de cabeza, dijo en voz baja:
—La señora ya lo está esperando.
—¿Y Xue Jue? —preguntó Zu Qi.
—El señor salió temprano del complejo turístico para atender asuntos de la empresa —respondió el mayordomo Zhang con tono sereno—. La habitación ya está preparada. Permítame acompañarlo para que deje sus cosas.
Zu Qi asintió y lo siguió. Xiao Ya y las demás empleadas avanzaban detrás de ellos arrastrando las maletas.
El interior de la residencia Xue era todavía más impresionante que su exterior.
Árboles exóticos y sumamente valiosos adornaban el jardín delantero. Había puentes de piedra sobre pequeños arroyos, senderos serpenteantes que conducían a rincones ocultos… Parecía un elegante jardín imperial. Incluso el aire estaba impregnado del agradable aroma de la madera y la tierra.
Después de caminar unos veinte minutos, apareció un edificio de refinado estilo clásico.
Weng Yuxiang esperaba junto a la entrada con expresión expectante. Al ver acercarse al mayordomo Zhang con Zu Qi, su rostro se iluminó y se apresuró a recibirlos.
—¿Han caminado mucho? ¿Estás cansado?
—No, para nada. —Zu Qi sonrió y negó con la cabeza.
—Subamos primero.
Después de hablar con Zu Qi, Weng Yuxiang dio instrucciones a los demás.
—Hermano Zhang, vaya a la cocina y asegúrese de que no preparen comida demasiado condimentada. Xiao Ya, ustedes traigan el equipaje y suban con nosotros.
Todas las habitaciones estaban en el segundo piso.
La habitación de Xue Jue ocupaba la parte más profunda del pasillo y estaba junto a su estudio privado.
Desde que Xue Jue abandonó la casa por enfrentarse a su familia a causa de Zu Qi, ambas habitaciones habían permanecido vacías.
Sin embargo, por disposición de Weng Yuxiang, los sirvientes las limpiaban todos los días. Aunque llevaban más de medio año sin usarse, seguían impecables.
Durante ese tiempo, aquella madre e hijo no habían dejado de instigar a Xue Yanjing para que desocupara la habitación y el estudio de Xue Jue y se los entregara a Xue Hao.
Xue Yanjing, que siempre cedía ante ellos, ordenó varias veces a los sirvientes recoger las pertenencias de Xue Jue.
Naturalmente, Weng Yuxiang se opuso.
Discutió con Xue Yanjing delante de ellos, pero no sirvió de nada.
A Xue Yanjing simplemente no le importaban los sentimientos de su esposa.
Hasta que Xue Jue se enteró y regresó personalmente para ejercer presión.
Solo entonces aquella madre e hijo se quedaron completamente callados. Incluso Xue Yanjing comenzó a sentir cierto temor hacia su propio hijo y jamás volvió a mencionar el asunto.
Al recordar todas aquellas experiencias desagradables, la expresión de Weng Yuxiang se ensombreció.
No obstante, enseguida apartó esos pensamientos y abrió la puerta de la habitación con una llave.
—A partir de ahora tú y Xiao Jue volverán a vivir aquí. La habitación de la derecha es su estudio. Puedes entrar cuando quieras.
Mientras hablaba, Weng Yuxiang también le explicó la situación actual de la familia Xue.
Además de ella y del padre de Xue Jue, Xue Yanjing, también vivían allí una mujer llamada Sun Fei y su hijo, Xue Hao.
Ellos eran la amante y el hijo ilegítimo de Xue Yanjing.
Hace más de medio año, después de que Xue Jue abandonara la casa, Xue Yanjing llevó descaradamente a ambos a vivir allí.
Weng Yuxiang, que había sido engañada durante más de treinta años, estuvo a punto de desmayarse de la rabia.
Lamentablemente, por naturaleza era una persona débil y ni siquiera se atrevió a contárselo a Xue Jue.
No fue hasta tres meses atrás cuando él descubrió que su padre había llevado a casa a un hijo ilegítimo apenas cinco años menor que él.
Ese día la familia estuvo a punto de terminar en tragedia.
Xue Jue golpeó a Xue Hao hasta enviarlo al hospital, donde permaneció internado un mes entero.
Más tarde, Xue Yanjing pidió personalmente a los mayores de la familia Xue que intervinieran para mediar y presionar a Xue Jue.
Además, como el poder de la familia todavía no estaba completamente en manos de Xue Jue y Weng Yuxiang no quería poner a su hijo en una situación difícil, terminó soportando en silencio la presencia de Sun Fei y Xue Hao.
Al fin y al cabo, cada familia tenía sus propios problemas.
Weng Yuxiang no entró en tantos detalles.
Solo le advirtió a Zu Qi que evitara acercarse al territorio de aquella madre e hijo.
Discutir con ellos era lo de menos; lo importante era no convertir la casa en un caos.
Zu Qi asintió.
—De acuerdo.
Al oírlo, Weng Yuxiang dejó escapar una sonrisa aliviada.
Tal vez porque Zu Qi no había mostrado ninguna mirada extraña hacia la peculiar situación de la familia Xue, ella sintió que por fin podía respirar tranquila.
—Descansa un poco. Voy a bajar a echar un vistazo.
Después de dar algunas instrucciones más a Xiao Ya y las demás, salió de la habitación.
Era evidente que Xiao Ya ya había trabajado antes allí y conocía perfectamente la habitación de Xue Jue.
En muy poco tiempo acomodó todas las pertenencias de Zu Qi en sus respectivos lugares.
Aburrido, Zu Qi empezó a pasearse por la amplia habitación.
No pasó mucho tiempo antes de recordar un detalle muy importante.
En aquel dormitorio solo había una cama.
Eso significaba…
¿Él y Xue Jue tendrían que dormir juntos todas las noches?
¡No!
¡Se negaba rotundamente!
Con miles de protestas en su corazón, tomó inmediatamente la decisión de hablarlo con Xue Jue.
Sacó el teléfono y estaba a punto de llamarlo cuando oyó a Xiao Ya y las demás decir:
—Señor, ha regresado.
Al girarse vio a Xue Jue entrando por la puerta.
Vestía un traje azul oscuro. Como de costumbre, llevaba el ceño ligeramente fruncido y el cansancio se reflejaba en sus ojos.
Saludó con un leve asentimiento a Xiao Ya y luego dijo:
—Pueden ir a ocuparse de otras cosas.
Las muchachas respondieron apresuradamente, dejaron lo que estaban haciendo y salieron corriendo. Antes de irse, incluso cerraron la puerta.
Con expresión tranquila, Xue Jue caminó hasta Zu Qi y alcanzó a ver que en la pantalla del teléfono aparecía su propio nombre.
Se quedó un momento inmóvil.
Mientras se quitaba la chaqueta preguntó:
—¿Me buscabas?
Zu Qi observó cómo Xue Jue se quitaba el saco y luego la camisa blanca delante de él.
Su torso desnudo dejaba ver una piel clara y saludable, con músculos abdominales perfectamente definidos.
Aquello era el ejemplo perfecto de alguien que parecía delgado vestido, pero tenía un cuerpo espectacular debajo de la ropa.
Zu Qi bajó la cabeza, miró su enorme barriga y, de repente, sintió una profunda tristeza.
Compararse con otros solo servía para amargarse.
Ay…
Al ver cómo la expresión de Zu Qi cambiaba una y otra vez, Xue Jue no pudo evitar encontrarlo divertido.
¿Cómo no iba a darse cuenta de ese pequeño sentimiento de envidia?
Después de sacar ropa cómoda del armario y ponérsela, volvió a preguntar:
—¿Querías hablar conmigo?
Zu Qi, todavía abatido, recordó el asunto verdaderamente importante.
Se animó enseguida y señaló la enorme cama de dos metros que había a un lado.
—En esta habitación solo hay una cama.
Xue Jue sacó otro pantalón del armario y respondió con total tranquilidad:
—Nadie pone dos camas en un dormitorio.
—¿Y entonces cómo vamos a dormir? —preguntó Zu Qi, pasándose una mano por el cabello con evidente molestia—. ¿En la misma cama?
Xue Jue se quitó el cinturón del pantalón, aunque no llegó a bajar la cremallera.
Con absoluta naturalidad respondió:
—¿Qué problema hay en que dos hombres duerman en la misma cama?
Zu Qi lo miró fijamente.
—¿Olvidaste lo que pasó hace más de ocho meses cuando dos hombres durmieron en la misma cama?
—…
Xue Jue se quedó sin palabras.
Ambos se miraron fijamente durante un buen rato.
Zu Qi pensaba proponerle que durmiera en el estudio, pero antes de que pudiera abrir la boca, Xue Jue pareció adivinar sus intenciones.
—¡No!
Lo rechazó tajantemente.
—Hoy mismo nos mudamos. Todos están observando cada uno de nuestros movimientos.
Las palabras que Zu Qi iba a decir quedaron atascadas en su garganta.
Tras un largo silencio, terminó tragándoselas.
Le lanzó una mirada llena de resentimiento a Xue Jue y, de pronto, una sonrisa astuta apareció en su rostro.
—Ya que lo dices así… entonces durmamos juntos.
Apoyado contra la pared, cruzó los brazos y lo observó con una sonrisa llena de malas intenciones.
Xue Jue adivinó enseguida que Zu Qi estaba tramando algo.
Su expresión se volvió cautelosa.
—Si ya lo entendiste, mejor. Sal primero. Mi madre te está esperando abajo.
Pero Zu Qi no tenía la menor intención de irse.
—Esperaré a que te cambies de pantalón. Bajaremos juntos.
Xue Jue frunció el ceño.
—Puedes salir primero. No hace falta que me esperes.
—¿Crees que quiero esperarte? —Zu Qi entrecerró los ojos mientras sonreía—. Solo quiero verte cambiarte de pantalón. No seas tímido, anda… rápido, quítatelo. Déjame verlo bien.
Mientras hablaba, incluso tuvo el descaro de estirar la mano para tirar de la cintura del pantalón de Xue Jue.
Xue Jue reaccionó como una joven decente acosada por un pervertido.
Apartó apresuradamente la mano de Zu Qi y retrocedió dos metros de un salto.
En apenas unos segundos, su rostro normalmente frío ya estaba rojo como un tomate.
Sujetándose con fuerza los pantalones, miró a Zu Qi, que seguía sonriendo con descaro.
Estaba tan avergonzado y furioso que casi no podía hablar.
—¡Tú… tú no tienes vergüenza!
—Si no fuera tan descarado, ¿cómo habría conseguido aferrarme a una pierna tan buena como la tuya? —Zu Qi reprimió con todas sus fuerzas las ganas de estallar en carcajadas e intentó poner cara de absoluta sinceridad—. ¿Qué te parece si te ayudo a cambiarte? Llevas un buen rato y todavía no terminas.
Ni él mismo pudo evitar pensar que, en ese momento, se parecía muchísimo al lobo disfrazado de la abuelita de Caperucita Roja.
El rubor de Xue Jue parecía a punto de convertirse en algo tangible.
Miró horrorizado a Zu Qi, que se acercaba paso a paso.
Finalmente, incapaz de soportarlo más, gritó con voz severa:
—¡Ni un paso más!
El Zu Qi que hasta hacía un instante parecía no temerle a nada dio un respingo.
Su cuerpo se detuvo de inmediato por puro reflejo.
El ambiente cayó en un profundo silencio.
El intenso rubor del rostro de Xue Jue desapareció a simple vista.
En menos de cinco segundos recuperó por completo su habitual expresión fría e indiferente.
Sin siquiera mirarlo, dijo:
—Fuera.
Solo entonces Zu Qi comprendió que Xue Jue estaba realmente enfadado.
No se atrevió a seguir provocándolo.
Salió disparado como si tuviera aceite en las plantas de los pies.
En un abrir y cerrar de ojos ya no quedaba ni rastro de él.
Ágil como un conejo asustado.
¿Dónde había quedado el hombre torpe que normalmente necesitaba ayuda para todo por culpa del embarazo?
Xue Jue:
—…
Si él fuera el representante de Zu Qi, hacía mucho tiempo que lo habría convertido en ganador del premio al Mejor Actor.
Menudo desperdicio de talento.
Cuando Zu Qi bajó las escaleras, coincidió justo con la hora del almuerzo.
Weng Yuxiang había pedido a los cocineros que prepararan una mesa repleta de exquisitos platillos.
Desde lejos ya podía percibirse el delicioso aroma que salía del comedor.
Weng Yuxiang llevó a Zu Qi de la mano hasta la mesa.
Poco después, Xue Jue, ya cambiado de ropa, también bajó.
Seguía con el mismo semblante malhumorado.
Ni siquiera se molestó en fingir delante de su madre.
Con expresión seria, se sentó en silencio al otro lado de Zu Qi.
Weng Yuxiang no notó nada extraño.
Se volvió hacia el mayordomo Zhang y preguntó:
—¿El viejo Xue todavía no ha vuelto?
—Ya viene de camino —respondió el mayordomo Zhang—. Debería llegar enseguida.
Weng Yuxiang asintió sin decir nada más.
Apenas habían pasado unos segundos de silencio cuando el repiqueteo de unos tacones resonó desde la distancia, acompañado por una voz femenina suave y seductora:
—Hermana Yuxiang, si yo estaba en casa. ¿Cómo es que fueron a comer sin avisarme?