Quedé embarazado del hijo de un magnate - Capítulo 16
- Home
- All novels
- Quedé embarazado del hijo de un magnate
- Capítulo 16 - Masaje en las piernas
Tal como esperaba, Bai Guangjian sabía que el Polvo Calmante y Nutritivo que vendía Zu Qi causaría un gran revuelo, pero jamás imaginó que, en apenas poco más de un mes, alcanzaría semejante popularidad.
Sin mencionar la cantidad de personas que el complejo turístico tenía que rechazar cada día, incluso él mismo recibía llamadas de viejos amigos con los que llevaba años sin hablar, pidiéndole que les consiguiera aunque fuera una bolsa.
Ante eso, Bai Guangjian solo podía responder que le era imposible ayudar.
Para conservar el efecto tan difícil de conseguir, cada noche sacaba una gran cucharada del polvo de crisantemo silvestre y la colocaba en un recipiente junto a la cama.
Así, aunque hubiera comprado más de veinte bolsas del polvo, además de un buen manojo de flores frescas de crisantemo silvestre, seguía sin ser suficiente.
Por eso, siempre que tenía un rato libre, pasaba a visitar a Zu Qi y, de paso, aprovechaba para preguntarle cuándo saldría a la venta el siguiente lote del Polvo Calmante y Nutritivo.
Después de un mes, Bai Guangjian no solo se había despedido por completo de su viejo insomnio, sino que incluso el escaso cabello que le quedaba había empezado a crecer día tras día.
Hasta el punto de recuperar la abundante y brillante cabellera negra que tenía en su juventud. Sumado al buen descanso y a unos hábitos saludables, ahora se veía lleno de energía durante el día, sin rastro de las antiguas bolsas ni de las ojeras.
Cuando Chen Meixin, a quien hacía mucho tiempo que no veía, apareció para buscarlo, estuvo a punto de no reconocerlo.
—¡Dios mío! ¿Te hiciste cirugía estética? —preguntó con los ojos muy abiertos, recorriéndolo de arriba abajo con una expresión de absoluto asombro.
Bai Guangjian frunció el ceño.
—Ya tengo una edad, ¿para qué iba a operarme? Últimamente como bien, duermo bien… simplemente recuperé el ánimo.
Chen Meixin soltó una risita burlona y estiró la mano para tirarle del cabello.
—¡Vaya! Hasta llevas peluca.
Ahora Bai Guangjian adoraba su cabello como si fuera un tesoro. Antes de que ella pudiera tocarlo, se apartó rápidamente y le dio un ligero manotazo en el dorso de la mano.
—Si quieres hablar, habla. No andes metiendo las manos.
En otras circunstancias, Chen Meixin habría estallado de inmediato tras recibir aquel golpe y habría armado un escándalo. Sin embargo, en ese instante, contemplando el refinado rostro de Bai Guangjian, fue incapaz de enfadarse.
Él siempre había sido un hombre atractivo. Ahora que se había librado del aire decadente y agotado que lo acompañaba desde hacía años, irradiaba vitalidad, como si fuera otra persona.
Mientras salía poco a poco de su conmoción, Chen Meixin acarició el acuerdo de divorcio que llevaba guardado en el bolso.
Había pensado esperar a que Bai Guangjian se calmara para hablar tranquilamente del divorcio.
Pero ahora…
De repente ya no quería divorciarse.
—Por cierto, te llamé tantas veces y nunca contestaste. ¿Cómo es que ahora te acordaste de venir? —preguntó Bai Guangjian, completamente ajeno al torbellino de pensamientos que cruzaba la mente de Chen Meixin. Él seguía algo resentido por el trato frío que ella le había dado durante ese tiempo.
—Los dos actuamos impulsivamente. Quería esperar a que ambos nos calmáramos para hablar con tranquilidad sobre nosotros.
Mientras hablaba, Chen Meixin se aferró a su brazo y levantó la vista para contemplar al hombre elegante que tenía a su lado. Su corazón se agitó de nuevo.
Aunque Bai Guangjian ya no era joven, el paso del tiempo solo había dejado en él una madurez imposible de encontrar en esos muchachos de afuera.
Al pensar en el hombre que tenía como amante, que había provocado un conflicto por culpa de su ex y hasta había terminado ofendiendo a alguien como Xue Jue, acabando bloqueado por todas partes en el trabajo y siendo evitado por todos como si fuera una plaga, para luego ir llorando a pedirle ayuda…
Chasqueó la lengua.
Solo verlo le producía fastidio.
Por suerte, Bai Guangjian únicamente había estado haciendo un pequeño berrinche. En el fondo, nunca había pensado seriamente en terminar su matrimonio.
Conociendo bien su carácter, Chen Meixin llamó al personal del complejo turístico para que llevaran ingredientes frescos y preparó personalmente una mesa repleta de deliciosos platillos.
Solo hizo falta una comida para que ambos sintieran que habían regresado a los tiempos en que vivían felices y enamorados.
Al caer la tarde, Chen Meixin se encerró en el baño, rompió en pedazos el acuerdo de divorcio que llevaba consigo y lo arrojó al inodoro antes de tirar de la cadena.
Después de hacer aquello, también decidió cortar definitivamente todas las relaciones caóticas que mantenía fuera del matrimonio.
No entendía qué demonios había estado pensando durante todo ese tiempo.
Había dejado de lado a un esposo amable, atractivo, capaz de ganar dinero y, además, completamente fiel, para obsesionarse con esos hombres superficiales que solo tenían ojos para su dinero.
En ese momento, Chen Meixin tomó la firme decisión de vivir el resto de su vida al lado de Bai Guangjian.
Bajo la mirada de absoluto desprecio de Xue Jue, Zu Qi terminó de comerse medio ganso asado. Se limpió cuidadosamente las manos llenas de grasa y, sosteniéndose la cintura, que ya empezaba a resentirse de tanto estar sentado, salió caminando con calma.
—…
El presidente Xue, ignorado de principio a fin, tenía los ojos tan abiertos que parecían focos.
—Espera.
Se levantó de inmediato y dio un par de zancadas para bloquearle el paso.
—Ya es tan tarde. ¿A dónde piensas ir?
Zu Qi le lanzó una mirada indiferente.
—A caminar. Necesito bajar la comida.
Xue Jue frunció el ceño.
—¿No te basta con el enorme patio trasero? Quédate aquí por la noche y deja de andar de un lado para otro.
Sonriendo, Zu Qi le dio unas palmaditas en el hombro.
—Entonces quédate tú. Hazte a un lado y no bloquees el camino… sé bueno.
Lo dijo con el mismo tono que se usa para consolar a un cachorro.
—…
El rostro de Xue Jue se oscureció de golpe, como si acabara de tragarse una mosca viva.
Zu Qi no tenía intención de seguir perdiendo el tiempo con él. Viendo que ya era la hora, continuó caminando con el vientre por delante.
Sin embargo, cargar aquel cuerpo era como llevar varios sacos de plomo atados encima.
Normalmente, después de estar sentado mucho rato ya sufría dolores de espalda y cintura. Ahora, tras caminar apenas un tramo, las piernas comenzaron a entumecerse y perder fuerza.
Aquel sendero rodeado de árboles rara vez era transitado por otras personas.
La tenue luz amarillenta de las farolas envolvía todo con un brillo difuso.
El lugar estaba tan silencioso que incluso el canto de los insectos sonaba intermitente.
Por eso, los pasos que seguían a Zu Qi desde atrás resultaban especialmente evidentes.
Tras avanzar deteniéndose cada pocos metros, ya no pudo soportarlo más.
Se dejó caer sobre un banco junto al camino y, al girar la cabeza, vio a la persona que había permanecido siguiéndolo en silencio, siempre manteniendo la misma distancia.
Desde que había empezado a conocer mejor a Xue Jue, Zu Qi había descubierto que era exageradamente rencoroso.
Bastaban una o dos bromas para que se enfadara durante todo el día.
Seguramente ahora seguía molesto porque él había insistido en comer ganso asado esa noche.
Zu Qi suspiró resignado.
Nunca había sido bueno consolando a la gente.
Antes de llegar a ese mundo había tenido cuatro o cinco parejas, tanto hombres como mujeres, pero todas terminaron dejándolo porque lo consideraban demasiado frío.
Y, sinceramente…
Le resultaba imposible convencerse de tratar a un hombre tan alto y dominante como Xue Jue como si fuera una pequeña esposa caprichosa a la que hubiera que mimar.
Permanecieron así unos diez minutos.
Zu Qi sentado en el banco.
Xue Jue inmóvil, de pie a pocos metros.
Al final fue Zu Qi quien cedió primero.
Le hizo una seña.
—Ven a sentarte. Llevas un buen rato de pie. ¿No te cansas?
Xue Jue respondió con total frialdad:
—No.
—…
Zu Qi puso los ojos en blanco.
—Entonces sigue ahí parado.
Aunque lo dijo así, Xue Jue terminó acercándose lentamente y se sentó a su lado.
De paso, colocó sobre los hombros de Zu Qi la fina chaqueta que había llevado todo el tiempo en la mano.
La brisa nocturna del verano era cálida.
Zu Qi llevaba la ropa de manga larga que había comprado en la tienda de ropa a medida y no sentía frío en absoluto.
Pero, en vez de devolverle la chaqueta, simplemente la sujetó con ambas manos.
Qué hombre tan poco sincero, pensó divertido.
Y, de hecho…
Era bastante adorable.
Mucho más agradable que el personaje descrito en la novela.
Mientras pensaba eso, levantó una pierna y la apoyó directamente sobre el muslo de Xue Jue.
Frunciendo ligeramente el ceño, dijo:
—Me duelen mucho las piernas. Masajéalas un poco.
Xue Jue bajó la vista hacia aquella pierna larga.
Se quedó inmóvil varios segundos antes de volver la cabeza con expresión de absoluto desconcierto.
—¿Quieres que te dé un masaje en las piernas?
La expresión de Zu Qi se volvió seria.
Señaló su vientre sin cambiar el gesto.
—Aquí dentro está tu hijo. Si no me las masajeas tú, ¿quién lo hará?
Xue Jue:
—…
Tras dudar unos instantes, colocó ambas manos sobre las pantorrillas de Zu Qi y empezó a masajearlas torpemente.
Nunca había atendido a nadie.
No sabía cuánta fuerza debía usar y apenas se atrevía a presionar.
Zu Qi observó cómo la expresión de Xue Jue pasaba del sufrimiento resignado a una completa aceptación del destino.
Estuvo a punto de echarse a reír.
Por suerte, al notar la mirada asesina que Xue Jue le lanzaba, logró contenerse y fingió toser un par de veces.
Había que reconocer que Xue Jue aprendía muy rápido.
En poco tiempo ya había encontrado la fuerza justa y el masaje resultaba sorprendentemente cómodo.
—¿Todavía te duelen? —preguntó, completamente metido ya en su papel de masajista.
—Mucho menos.
Los labios de Zu Qi se curvaron en una leve sonrisa.
Sus hermosos ojos de flor de durazno parecían brillar.
Sacó un billete del bolsillo y lo metió generosamente en la mano de Xue Jue.
—Hoy este señor está de buen humor. Tómalo, es tu recompensa.
Xue Jue miró el billete.
Al instante, su rostro se volvió negro como el carbón.
Un yuan.
Tras un largo silencio, apretó los dientes y dijo:
—Qué generoso es este señor.
—Es solo una pequeña gratificación. No hace falta que le des tanta importancia.
Zu Qi agitó la mano despreocupadamente y, acto seguido, levantó también la otra pierna para colocarla sobre el regazo de Xue Jue.
—Ya que le agarraste el truco… masajea las dos de una vez.
Xue Jue:
—…
Cada vez estaba más convencido de que la cara de Zu Qi era más gruesa que una muralla.
Siempre le pedía que hiciera cosas con una naturalidad absoluta.
Como si él le debiera algo desde que nació.
Cuando en realidad…
Quien lo había drogado era Zu Qi.
Quien había trepado voluntariamente a su cama era Zu Qi.
Quien había exigido compromiso y matrimonio también era Zu Qi.
Y al final…
Era él quien terminaba trabajando como un buey para servirle.
Cualquiera que no conociera la historia pensaría que había sido él quien persiguió desesperadamente a Zu Qi y se aferró a él sin vergüenza.
Zu Qi observó tranquilamente cómo el rostro de Xue Jue cambiaba del verde al blanco varias veces en apenas unos segundos.
Hasta que su mirada cayó sobre el vientre abultado.
Toda la ira desapareció en un instante.
—Sigue masajeando.
Zu Qi sacudió ligeramente las piernas.
Xue Jue aceptó resignado su destino y continuó masajeándolas, con una expresión tan desolada que parecía haber perdido toda esperanza en la vida.
Así, avanzando a paso de tortuga, tardaron casi una hora en llegar frente a la residencia de Bai Guangjian.
Antes de que pudieran llamar a la puerta, se encontraron con Bai Guangjian y Chen Meixin, que acababan de regresar de pasear junto al lago.
La mirada de Zu Qi recorrió los brazos entrelazados de la pareja.
Levantó apenas una ceja.
Tenía la cabeza más verde que las inmensas praderas de Hohhot y, aun así, seguía sonriendo como una suave brisa primaveral.
Bai Guangjian se acercó enseguida llevando de la mano a Chen Meixin para presentarlos.
Con una sonrisa, dijo:
—Qué casualidad. Quién iba a pensar que saliendo a caminar por la noche nos encontraríamos.
—No es casualidad. Veníamos expresamente a buscarlo.
Zu Qi sonrió.
—Gracias a usted mi negocio ha prosperado tanto, así que quería invitarlo a cenar. ¿Me concedería ese honor?
El rostro de Bai Guangjian se iluminó.
—El señor Zu me aprecia demasiado. Debería ser yo quien los invite.
Los dos continuaron conversando alegremente y acordaron el lugar y la fecha para la comida.
Los únicos que permanecieron callados fueron Xue Jue y Chen Meixin, cuyos rostros se volvían cada vez más sombríos.
Naturalmente, Zu Qi no pensaba dejar escapar a un personaje tan importante como Chen Meixin.
Con una sonrisa, preguntó:
—La señora Bai también vendrá, ¿verdad?
Antes de que Chen Meixin pudiera responder, Bai Guangjian habló primero.
—Por supuesto. Aprovecharemos para que ambas familias compartan una comida y estrechen la relación.
Chen Meixin recordó el conflicto entre Zu Qi y Shi Hao.
En realidad no quería involucrarse demasiado con ellos para evitar problemas innecesarios.
Pero, como Bai Guangjian ya había aceptado, no tuvo más remedio que asentir, aunque fuera de mala gana.