Quedé embarazado del hijo de un magnate - Capítulo 111

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Desde aquel día en que Xue Qianwan pronunció sin querer la palabra “papá”, Zu Qi deseó poder quedarse las veinticuatro horas del día junto al pequeño, dando vueltas alrededor de él como una diligente abeja alrededor de una flor delicada.

Por desgracia, Xue Qianwan solo lo dijo una vez.

Después, sin importar cuánto lo provocara Zu Qi, el pequeño se negaba a abrir la boca.

Zu Qi estaba ansioso y molesto, pero no podía hacer nada.

La fecha de la boda se acercaba poco a poco. Zu Qi, que en principio no tenía demasiadas cosas que hacer, también empezó a estar ocupado. Solo los dos ensayos ya lo dejaron agotado, y, para colmo, Weng Yuxiang también había contactado a un estudio para que él y Xue Jue se tomaran las fotos de boda.

Aunque las llamaban fotos de boda, en realidad ninguno de los dos usaría vestido de novia. Solo el estilo de la sesión sería similar al de unas fotografías nupciales comunes.

A Zu Qi le pareció algo novedoso.

Así que, aprovechando que Xue Jue tenía tiempo libre, lo arrastró con entusiasmo para escoger los escenarios y la ropa de la sesión.

Ni antes ni después de transmigrar, Zu Qi había hecho nunca una sesión artística. Sí había tomado algunas fotos para anuncios y patrocinios, pero eso solo podía considerarse trabajo, algo completamente distinto a lo de ahora.

Al final, Zu Qi eligió cuatro conjuntos de ropa y acordó con el personal realizar dos sesiones en interior y dos en exterior. Una de las sesiones exteriores sería bajo el agua.

Por esa razón, el lugar para las fotos exteriores quedó fijado de manera natural en una ciudad costera.

Aunque el trabajo habitual de Zu Qi no era mucho, cuando la empresa tenía alguna reunión urgente, aún debía ir a la oficina. Fue entonces cuando escuchó algunos rumores desagradables.

Aquella tarde, Zu Qi abrió la puerta del baño.

Antes de acercarse, oyó que dos hombres fumando frente al lavabo estaban hablando de él.

—Quién sabe si lo que dicen es verdad o no. Pero si es cierto, Xue Jue da demasiada lástima, ¿no? La cabeza casi le brilla de verde. Si yo fuera él, me divorciaría de inmediato.

—Bah, ¿divorcio de qué? Si están a punto de celebrar la boda. En internet todo el mundo habla de eso —dijo el otro hombre, agitando la mano antes de soltar una bocanada de humo—. La conferencia de prensa de la película esa noche terminó convirtiéndose en el escenario donde anunciaron su boda. Estos días internet está lleno de discusiones sobre su matrimonio y casi nadie presta atención a la película recién estrenada. Escuché que el director está tan furioso que casi da saltos.

—Je, je —el primero soltó una risa fría—. Por mucho que salte de furia, igual no se atreve a decir ni una palabra frente a Xue Jue. Mira lo cobarde que es. En cambio, nuestro presidente Wang sí que tiene agallas. Sin decir nada, le puso a Xue Jue un buen sombrero verde.

Mientras hablaban, pareció que aquello les resultaba muy divertido y ambos comenzaron a reír.

Sin embargo, en medio de sus risas, vieron algo de repente.

Uno de ellos se quedó como si alguien lo hubiera agarrado bruscamente del cuello; su risa se cortó en seco.

El otro, confundido por la reacción de su compañero, también dejó de reír y siguió su mirada.

Al segundo siguiente, sus ojos se encontraron con los de Zu Qi, que estaba de pie detrás de ellos sin que supieran desde cuándo.

—…

La vergüenza se extendió por los rostros de ambos como hiedra trepadora.

Algo nerviosos y perdidos, se quitaron los cigarrillos de la boca. Sus miradas tentativas recorrían a Zu Qi.

A Zu Qi le incomodó bastante aquella mirada descarada. Apretó los labios sin expresión, pero al final no dijo nada. Se giró y entró en uno de los cubículos.

Afuera hubo un momento de silencio.

Pronto volvieron a escucharse las voces de los dos hombres, esta vez deliberadamente más bajas.

—¿Crees que escuchó lo que dijimos?

—Claro que lo escuchó. Pero no dijo nada. Seguro que es porque tiene la conciencia sucia. Si lo hubiéramos acusado injustamente, ya habría saltado hace rato —respondió una voz con evidente desdén.

Después de eso siguieron murmurando muchas cosas.

Aunque no hablaban fuerte, el baño estaba tan silencioso que incluso la voz producía eco. ¿Cómo podría Zu Qi, dentro del cubículo, no escuchar lo que decían?

Solo cuando los dos terminaron de hablar y se preparaban para marcharse, Zu Qi abrió la puerta y salió.

Caminó directamente hasta el lavabo, abrió el grifo y puso las manos bajo el agua fría, lavándolas lentamente.

Al irse, los dos hombres volvieron la cabeza para mirar a Zu Qi, que se lavaba las manos en silencio. Al ver que seguía sin reaccionar, ambos fruncieron los labios al mismo tiempo, y el desprecio que sentían por él aumentó todavía más.

En efecto, era un cobarde.

Solo se atrevía a saltar frente a Xue Jue y al presidente Wang. Una vez lejos de esos dos respaldos, ni siquiera se atrevía a soltar un pedo delante de otros.

Pero antes de llegar a la puerta, escucharon de pronto la voz de Zu Qi detrás de ellos:

—Esperen un momento.

Al oírlo, los dos hombres se enderezaron casi por reflejo.

Cuando reaccionaron, se sintieron molestos consigo mismos por haber obedecido tan rápido. En apenas unos segundos, aquella molestia se transformó en una ira difícil de reprimir.

Se giraron.

Uno de ellos levantó la barbilla con actitud arrogante. Su mirada y expresión eran bastante groseras, incluso con un toque de provocación, aunque sus palabras todavía intentaban contenerse un poco:

—¿Pasa algo?

—¿De dónde escucharon esos rumores sobre mí?

Zu Qi preguntó mientras, con total naturalidad, arrancaba dos hojas de papel y se secaba las gotas de agua de las manos.

Los dos volvieron a quedarse atónitos.

Aunque lo que acababan de decir sobre Zu Qi no era precisamente agradable, al tener al involucrado frente a ellos, tampoco se atrevían a ser demasiado descarados.

Así que uno respondió con rigidez:

—Si nos preguntas a nosotros, ¿a quién le preguntamos nosotros?

Zu Qi apretó lentamente el papel húmedo hasta hacerlo una bola. Su rostro seguía conservando una expresión tranquila.

—Piénsenlo bien. ¿Quién fue la última persona que les dijo esas cosas?

—…

Parecieron irritarse por aquellas palabras que sonaban a una amenaza a medias. La vergüenza se transformó de golpe en enojo, y las palabras que antes contenían se volvieron mucho menos corteses.

—¿No sabes ir a preguntar tú mismo? Toda la empresa está hablando de tus asuntos. No somos nosotros quienes empezamos a difundirlos. ¿De qué sirve preguntarnos?

—Exacto.

Al ver que su compañero hablaba, el otro hombre se sintió más envalentonado y también comenzó a hablar sin medir sus palabras.

—Con esa energía, mejor ve a congraciarte más con el presidente Wang. Quizá hasta los dos patrocinios que la hermana Shan está negociando terminen cayendo también en tus manos…

Antes de que pudiera terminar, una bola de papel húmedo le golpeó directamente en la cara.

La sensación pegajosa y mojada le produjo un asco inmediato. Su expresión se retorció al instante.

—¿Estás mal de la cabeza o qué, maldito…?!

El hombre arrancó la bola de papel adherida a su rostro.

Pero antes de poder terminar su insulto, vio que Zu Qi, quien estaba de pie a poca distancia, se abalanzaba hacia él con una velocidad fulminante.

Al instante siguiente, el hombre sintió que la vista se le oscurecía.

Un dolor indescriptible le atravesó la mejilla izquierda.

Su compañero soltó un grito de sorpresa y retrocedió varios pasos por instinto, hasta que su espalda chocó contra la pared.

Con el rostro lleno de horror, observó cómo Zu Qi pateaba al hombre hasta tirarlo al suelo y, acto seguido, sus puños caían como lluvia.

Los golpes de Zu Qi eran rápidos, precisos y despiadados.

Además, elegía especialmente zonas como el abdomen y los muslos, donde había más carne y no era fácil dejar moretones, pero dolían muchísimo al recibir golpes.

El hombre en el suelo tenía de por sí una complexión delgada y débil. Además, el ataque de Zu Qi fue demasiado repentino. Solo pudo abrazarse la cabeza con ambas manos y gemir sin parar, sin la menor fuerza para resistirse.

Por suerte, Zu Qi lo soltó muy pronto.

Se levantó lentamente y giró la cabeza hacia el otro hombre, que llevaba rato paralizado a un lado.

En sus ojos se agitaba una hostilidad sombría que no parecía disiparse.

Al encontrarse con aquella mirada oscura y fría, el otro hombre se estremeció de inmediato. Agitó las manos apresuradamente y negó con la cabeza como un sonajero.

—Yo no dije nada hace un momento. Fue Zhang Qian quien habló mal de ti. No me busques problemas a mí…

Al final, su voz sonaba casi como si fuera a llorar.

Evidentemente, la forma violenta en que Zu Qi había golpeado a su compañero lo había asustado bastante.

Zu Qi lo miró con frialdad.

—¿De quién salieron los rumores sobre mí?

—¡Fue Tao He!

Esta vez el hombre no se atrevió a ocultar nada. Temblando, apoyado contra la pared, respondió entre tartamudeos:

—Tao He también se los contó a muchas personas, y lo decía como si fuera verdad.

Zu Qi apretó los labios.

No dijo nada.

Solo siguió mirándolo.

Aunque Zu Qi tenía un rostro hermoso y agradable, especialmente aquellos ojos de flor de durazno con las comisuras ligeramente elevadas que siempre parecían llenos de una sonrisa brillante, en ese momento, al mirar con tanta frialdad, hacía que la temperatura alrededor pareciera bajar varios grados.

Durante un instante, el hombre sintió que el cuero cabelludo se le entumecía.

El sudor frío no dejó de brotarle del rostro.

Su expresión se volvió rígida, como si quisiera hablar pero dudara.

Al final, dijo débilmente:

—Escuché que fue Tang Moning quien instigó a Tao He para que anduviera hablando mal de ti por todas partes.

Zu Qi parecía haber adivinado esa respuesta.

No se sorprendió.

Al contrario, curvó los labios en una sonrisa y preguntó:

—¿Tanto le obedece Tao He?

—Tang Moning ahora tiene respaldo. Le quitó anuncios y trabajos a varias personas. Todos la están pasando difícil, así que prefieren evitar problemas. Además, el nuevo drama de Tao He fue recomendado por Tang Moning.

El hombre hablaba en voz baja, como si temiera que alguien más lo oyera. De vez en cuando lanzaba miradas cautelosas hacia la puerta del baño.

El rostro de Zu Qi se volvió cada vez más frío.

Su mirada era profunda.

Permaneció de pie durante mucho tiempo, inmóvil, sin que nadie supiera qué estaba pensando.

El hombre al que observaba tenía el rostro casi púrpura de la tensión. Por el rabillo del ojo miraba a su compañero, que seguía gimiendo en el suelo, y ni siquiera se atrevía a respirar fuerte.

Después de un largo rato, Zu Qi finalmente se movió.

Volvió al lavabo, se lavó las manos con calma y luego salió del baño.

Por suerte, aquel baño estaba ubicado en una zona relativamente apartada. Por lo general casi nadie iba allí. Aparte de la señora de limpieza que fingía no haber oído nada afuera, no hubo nadie más que supiera lo ocurrido dentro.

Zu Qi fue de inmediato a buscar a Duan Kai y le contó con detalle todo lo que acababa de pasar.

Después de escuchar su relato, Duan Kai no mostró ninguna reacción especial. Solo respondió con calma:

—Más tarde iré a hablar con el presidente Wang. Que él mismo los busque para conversar.

Zu Qi se quedó sorprendido.

—¿Tan directo?

Duan Kai levantó la cabeza de la computadora y le mostró una sonrisa amplia.

—Si tenemos un respaldo, ¿por qué no usarlo?

Zu Qi: “…”

Parecía tener bastante sentido.

Al pensarlo así, Zu Qi se sintió mucho más justificado.

En cuanto a lo que Duan Kai le dijo después al presidente Wang, Zu Qi no lo supo.

Pero no esperaba encontrarse tan pronto, afuera, con Tang Moning y el supuesto patrocinador de Tang Moning.

Y aquel patrocinador…

¡Resultó ser el director chino-estadounidense que había ido a dar una charla a la empresa poco tiempo atrás!

En ese momento, Zu Qi acababa de ponerse la ropa que el personal le había preparado.

Una camiseta morada de manga corta combinada con pantalones cortos blancos y unas sandalias negras. El estilo era bastante libre y desenfadado, además de tener un aire descaradamente coqueto.

Sin embargo, el dueño original de por sí daba una sensación algo seductora. Tanto su rostro como su figura podían llevar perfectamente ese estilo.

En cambio, Xue Jue, tan serio y formal, vestido con un conjunto de pareja de un estilo parecido…

Era realmente difícil de describir.

Era evidente que a Xue Jue no le gustaba nada ese atuendo. No dejaba de tironearse la ropa, y tenía el ceño tan fruncido que casi formaba un nudo.

Zu Qi hizo todo lo posible por contener la risa.

Al final, no pudo soportarlo más. Se acercó, levantó ambas manos y le tiró de las mejillas a Xue Jue por los dos lados.

—Sonríe un poco. Así te ves más guapo.

Xue Jue obedeció y mostró una sonrisa extremadamente forzada.

Parecía una pequeña esposa acosada por un tirano, con una expresión tan agraviada que daba pena mirarla.

—¡Pff!

Zu Qi soltó una carcajada.

—…

La sonrisa de Xue Jue se congeló al instante en su rostro. En silencio, levantó el dorso de la mano y se limpió la saliva que Zu Qi le había rociado en la cara.

Zu Qi comprendió enseguida sus intenciones. Abrió los ojos de par en par y fingió enfado.

—¿Tanto asco te doy?

Xue Jue respondió con culpabilidad:

—No. Solo la estoy esparciendo.

Zu Qi estalló en carcajadas hasta que le dolió el estómago.

A mitad de la risa, su mirada pasó por encima de Xue Jue y cayó sobre dos hombres abrazados no muy lejos.

Poco a poco, dejó de reír.

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