Presiona 1 para Puntos de Virtud; Yo en serio no soy el Favorito del Destino - Capítulo 264
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- Capítulo 264 - ¡Día de Finales! ¡Lin Mo aparece!
¿Poner a un cultivador de Formación del Núcleo a liderar el equipo?
Hasta Yan Nanfeng y los otros decanos vacilaron.
No es que a Feng Geng le faltara talento; pero dejando el talento de lado, su cultivo seguía siendo demasiado bajo.
Yan Nanfeng estaba por hablar, pero el maestro de secta lo interrumpió de nuevo.
“Es una gira de búsqueda de espada, no una misión de asesinato. ¿Qué tan fuertes necesitan ser?”
Yan Nanfeng se quedó sin palabras por un momento.
El maestro de secta continuó:
“Ustedes ya se acomodaron demasiado. Les da miedo que esta generación de discípulos sufra tantito. Piensen en cómo era el Reino Lingxu hace unos cientos de años… y vean lo mimados que están ahora.”
“Estos chamacos lo tienen todo: talento, recursos, encuentros fortuitos. ¿Pero su corazón? Promedio. Solo saben entrenar. Nada más.”
“Salir, pasar penurias… les va a hacer bien. Como sus mentores, ¿a poco no entienden eso?”
Todos los decanos cerraron la boca. No hubo más excusas.
La verdad, las últimas décadas sí habían sido pacíficas. Gracias a los esfuerzos de las sectas y la Alianza Inmortal, Kyushu prosperaba.
¿Asesinatos y robos? Casi no se oían.
Cualquiera capaz de ascender al Reino Lingxu tenía que registrarse con la Alianza Inmortal.
Si alguien intentaba algo así, podían desenterrar hasta su árbol genealógico y todo Kyushu lo cazaría.
“…De acuerdo.”
Yan Nanfeng aceptó la decisión.
Sin embargo, el Decano Dai estaba claramente inconforme:
“Que vaya Chu Wange, va; pero Lin Mo es un potencial cultivador de píldoras. No necesita pasar por esto. Él debería—”
“¡Cállate!”
Con un leve movimiento de manga del maestro de secta, el Decano Dai salió volando por los aires y desapareció del pabellón.
Todos los demás decanos encogieron el cuello de forma refleja, alarmados.
Pero, como era de esperarse, Dai volvió casi de inmediato, flotando sobre la isla, echando chispas:
“¡Viejo bastardo! ¡Yo soy un Alqui—!”
¡Paf!
Otra bofetada. Voló otra vez.
Y luego, de vuelta.
“¡Cómo te atre—!”
¡Paf!
Ese ir y venir continuó varias veces hasta que el maestro de secta finalmente perdió la paciencia.
Con una sola presión de la mano, estampó a Dai de regreso en el Pico de las Píldoras, sellándolo dentro de la Sala de Alquimia Boca de Dragón.
Con los decanos aún boquiabiertos, el maestro de secta dijo con calma:
“El Decano Dai faltó al respeto al maestro de secta: estará en reclusión tres años.”
Luego les echó una mirada de soslayo al resto.
Todos se encogieron instintivamente.
“¿Alguna otra objeción?”, preguntó.
“¡No, no!”
“¡Ni de broma!”
“¡La palabra del Maestro de Secta es la ley!”
“…”
Ni una sola alma se atrevió a discutir.
A fin de cuentas, había pasado un tiempo… y casi habían olvidado por qué este hombre era el maestro de secta.
El Monte Qing era una secta de espada. Para ser maestro de secta no tenías que ser el mejor administrador.
Tenías que ser el más fuerte.
Que normalmente no se metiera en la gestión no significaba que estuviera muerto.
Al contrario: una vez que tomaba una decisión, ni los ancianos podían revertirla.
A menos que convocaran un Consejo Pleno de Ancianos, su palabra era ley.
Y, siendo sinceros, ninguno creía que Lin Mo se dedicaría solo al camino de la alquimia.
Ni siquiera era discípulo del Salón de Píldoras. Dai se comportaba como si Lin Mo fuera su alumno estrella… y no lo era.
Además, ese viejo—el verdaderamente antiguo—era quien en realidad había aceptado a Lin Mo como discípulo. Si algún día salía de su reclusión y se enteraba de que habían encajonado a Lin Mo en la alquimia…
Podía volar todo el Salón de Píldoras.
Las generaciones nuevas quizá no lo sabían, pero los decanos sí.
En todo Kyushu, más valía ofender a un grupo de cultivadores de espada que llamar la atención de un Maestro Tianji.
Si no, ni siquiera sabrías cómo moriste.
En cuanto a los tres pases automáticos de Lin Mo—seguro muchos de alto nivel tenían sus sospechas.
Pero si ni la Alianza Inmortal pudo encontrar pruebas, ¿qué podía hacer cualquiera?
Yan Nanfeng y los otros eran viejos lobos. Apartaron el tema sin esfuerzo y pasaron a otros asuntos.
Tras charlar un poco sobre el torneo, Yan Nanfeng carraspeó y preguntó:
“Maestro de Secta, ¿estamos seguros de que Lin Mo sigue participando este año? Ni una sola palabra de él.”
El maestro de secta respondió con calma:
“Ya que ha actuado, por supuesto que participa.”
Yan Nanfeng frunció el ceño:
“Si va a presentarse, ¿por qué no venir él mismo? ¿Para qué tanto misterio?”
El maestro de secta dijo:
“Esa línea suya siempre ha sido impredecible. No le den tantas vueltas.”
En otras palabras: el agua es profunda. No lo van a entender.
Claro que Yan Nanfeng lo sabía. Pero estaba claro que el maestro de secta sabía más de lo que decía.
Aún quería insistir, cuando llegó un mensaje volador. Lo abrió y soltó una risita:
“Parece que no soy el único curioso. Me están lloviendo mensajes preguntando si Lin Mo aparecerá mañana.”
Blandidó su espada y escribió una respuesta rápida:
“Incierto.”
En cuanto la envió, llegaron más mensajes.
Yan Nanfeng suspiró. Se veía que la noche se le iría contestando correo.
Y en efecto—acertó.
No solo sus amigos; en todo Kyushu, todos se preguntaban:
¿Aparecería Lin Mo mañana?
Hasta las casas de apuestas abrieron tres líneas nuevas:
¿Aparecerá Lin Mo?
Si aparece, ¿en qué puesto terminará?
Y sus probabilidades de campeonato—que seguían bajando poco a poco.
Por supuesto, los foros de la LingNet estaban llenos de ruido.
Aunque, siendo honestos, nada de eso era bueno.
Nadie decía cosas lindas de alguien que se paseó al top 15 sin pelear.
Cualquiera que se atreviera a hablar bien de Lin Mo era inmediatamente incendiado por comentaristas furiosos.
Especialmente los eliminados de ayer. Tenían de sobra rencor acumulado.
Pensaban: “¡Si yo hubiera tenido siquiera uno de esos pases, capaz también estaría en el top 15!”
¿Por qué diablos Lin Mo se llevó los tres?
Así, mientras Kyushu hervía durante la noche, finalmente llegó el Día de Finales del Torneo de Kyushu.
A la mañana siguiente, los espectadores en línea ya se habían amontonado en los canales de transmisión.
Fuera de línea, los fans madrugaron para agarrar los mejores asientos en la sede.
Hoy era el plato fuerte de la división de Fundación.
Mañana: rondas del Desafío del Top Diez.
Tarde: combate por el campeonato.
¡Hoy, por fin, se revelaría al más fuerte de la llamada “Generación Dorada”!
“¡Ya no aguanto! ¡Quiero saltarme directo a la final!”
“¡Igual! ¡Tres días esperando esto!”
“¡Las peleas de Fundación de este año están mucho más buenas que las de Formación del Núcleo!”
“Ni las has visto aún…”
“No hace falta. Ya sé que serán las mismas caras de siempre. El #1 de la lista Qianlong es un cincuentón. Aburrido.”
“¡Exacto! ‘Generación Dorada’ se refiere a los últimos 10 años de discípulos, no a esos fósiles.”
“Bueno, no exactamente. Mi anciano de secta dice que los discípulos nuevos de los últimos 50 años han mejorado constante en general.”
“Justo. La LingNet también nos incluye en la Generación Dorada.”
“¿Eh? ¿Hasta a mí?”
“¡Claro! Las generaciones recientes se han ido apilando y apilando. Por eso esta tanda está tan rota.”
“El compa dijo ‘generaciones apiladas’ como si fuera gacha.”
“Bueno, ¿quién gana hoy?”
“…”
En medio del cotorreo, el presentador Si Kongyu finalmente subió al escenario.
A pesar del drama de ayer, había recuperado la compostura.
La buena noticia: el formato de hoy no tenía posibilidad de pase automático.
La mala: Lin Mo seguía sin aparecer.
No es que Si Kongyu fuera fan de Lin Mo ni nada; solo no quería que ese tipo siguiera causando caos.
Si no te vas a presentar, entonces ni te asomes, rezó en silencio.
Se aclaró la garganta, se puso su sonrisa profesional de siempre, y activó el hechizo de amplificación de voz.
Tras unos momentos de calentamiento, el público estaba encendido y listo.
Ahhh. Como en los viejos tiempos.
Satisfecho, empezó con los anuncios:
“Ahora, demos la bienvenida a los diez mejores del marcador general—¡nuestros titulares de arena finales—uno por uno!”
“Primero, el favorito del público para el Campeonato de Kyushu, de la Secta del Dios Vacío de Zhongzhou—¡el prodigio: Zhuo Zishun!”
Se saltó a Lin Mo.
Con eso, Zhuo Zishun, de túnicas blancas ondeantes, descendió con gracia a la Arena 2, ofreciendo una reverencia respetuosa al público, desatando una ovación atronadora.
Zhuo Zishun había sido una estrella en ascenso desde su ascensión, conocido como el genio “de una vez cada mil años” de Zhongzhou.
Naturalmente, su popularidad era insuperable.
Siguió:
“Ahora damos la bienvenida al titular de la Arena 3, también de Zhongzhou, representando a la Secta Espada de los Nueve Cielos—¡Chu Qingyun!”
A diferencia de Zhuo, Chu Qingyun hizo una entrada discreta, caminando en silencio al escenario sin siquiera una sonrisa o una reverencia.
No importó.
La multitud enloqueció igual.
Porque nada grita “cultivador de espada” como la frialdad absoluta.
Luego vinieron los demás sembrados principales:
Zhuo Zishun, Chu Qingyun, Jing Zifeng, Zheng Yulong, Lin Qingyu, Chu Wange, Dragón A, Yu Jinghong y Shen Li.
Cada uno recibió su propia ola de vítores.
Todos y cada uno eran contendientes al título.
Incluso los rostros nuevos como Chu Wange y Dragón A ya tenían enormes bases de fans—sobre todo después de ayer, cuando Chu Wange se bajó a cinco retadores seguidos. Su popularidad se disparó a justo por debajo de Zhuo y Chu Qingyun.
Una vez que todos los titulares de arena tomaron sus posiciones, los cinco restantes se quedaron en el área de espera.
Ojos clavados en los escenarios.
Su intención de combate casi se podía ver.
El público contuvo el aliento.
“¡Ya va a empezar! ¿Quién se lanza primero?”
“Jaja, seguramente Lin Mo.”
“Pff. Ni se presentó. Básicamente se rindió.”
“La neta, el vato era pura suerte. Ni vale la pena hablar de él.”
“Al menos el formato está bien pensado. Ya no habrá colados por pases automáticos en el top 10.”
“Sí, ¿te imaginas? Si siguieran los emparejamientos aleatorios, ¡capaz Lin Mo se deslizaba hasta el top 5!”
“Terrible. ¿Cómo puede alguien tener tanta suerte?”
“Bah, lo que sea. Es irrelevante. Sigamos.”
“Zhuo Zishun trae las mejores chances, ¿no? Hasta le ganó a Chu Qingyun antes.”
“Eso fue hace un año. Ya no significa tanto.”
“Cierto. Los cultivadores de espada llevan ventaja en duelos así. Mira cómo Zheng Yulong manejó a Liu Yunmu ayer.”
“Estuvo fea esa. Los de hechizos puros no la pasan bien uno contra uno con espadas.”
“Depende quién. La ‘Hoja de Qi’ de Jing Zifeng es famosa por su velocidad—hasta contrarresta espadas.”
“…”
El debate seguía con todo.
Fuera de los fans a ultranza, la mayoría ya se había olvidado por completo de Lin Mo.
Se suponía que él era el titular de la Arena 1… pero ni su nombre mencionaban.
Entonces dio inicio el encuentro.
La voz de Si Kongyu resonó:
“¡Retadores, den un paso al frente! ¡Ahora pueden elegir su arena objetivo de acuerdo con el ranking!”
“Cada uno puede desafiar una vez. Si ganan, se convierten en el nuevo titular de la arena. Si pierden, quedan eliminados.”
“Los titulares de arena pueden ser desafiados múltiples veces. Si su arena elegida está ocupada, pueden esperar su turno.”
Las reglas eran claras. Todos las conocían desde ayer.
Y ya habían tenido tiempo de planear.
En ese momento, el concursante Chen Yudi, rankeado 13, dio un paso al frente.
Sin vacilar, caminó directo hacia la Arena 1.
“Desafío al titular de la Arena 1—Lin Mo.”
Se los dije.
Todos pensaron lo mismo.
Mejor intentar con Lin Mo que probar suerte contra los otros monstruos.
No era cobardía. Era estrategia.
¡Una jugada inteligente!
Si Kongyu le dedicó un pulgar arriba mental.
Bien. Saquen a este tipo de una vez, y todos podremos relajarnos.
Se aclaró la garganta y dijo:
“Dado que Lin Mo no ha llegado, procederemos con el llamado triple estándar. ¡No responder se considerará rendición!”
Alzó un dedo y comenzó la primera llamada.
“¡Lin—!”
Silencio.
Segunda llamada.
Nada todavía.
Si Kongyu casi sonreía de oreja a oreja. Era eso. Por fin podría anunciar la derrota de ese sujeto.
Abrió la boca por tercera y última vez—
“¡Oigan~!”
Una voz perezosa lo interrumpió.
Instintivamente bajó la mirada… y se quedó helado.
Ahí, en la Arena 1, estaba ahora un hombre de túnica verde.
Los rostros de Zhuo Zishun y Dragón A se iluminaron al instante con sorpresa y alegría.
Pelo despeinado. Rostro apuesto. Esa sonrisa engreída tan familiar.
No había forma de confundirse.
“Uf… ¡alcancé justito!”
La voz sonaba cansada, pero relajada.
Sonrió y miró hacia el público.
“Perdón por la espera, todos.”