Presiona 1 para Puntos de Virtud; Yo en serio no soy el Favorito del Destino - Capítulo 165
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- Capítulo 165 - ¿Intimidando al hombre honesto? ¡Llega el Salón de Cumplimiento de la Ley!
El estallido repentino cortó de tajo el murmullo de la multitud, atrapando de inmediato la atención de todos.
Lin Mo y Chu Ge, por supuesto, también lo escucharon. Lin Mo volvió el rostro hacia el origen de la voz.
Vio a un discípulo externo con túnica sencilla, sin ningún emblema en el pecho, de pie entre la gente con expresión furiosa, mirándolo fijamente.
A medida que las miradas a su alrededor se posaban en él, no retrocedió. Al contrario, su rabia creció.
“¿Qué ven? ¡¿Acaso no fue un combate arreglado?!”
Con eso, descargó toda su furia contra Lin Mo y lo acusó sin rodeos:
“¡Lin Mo! ¡Coludiste abiertamente con Chu Ge para hacer trampa y manipular la casa de apuestas! ¿No crees que nos debes una explicación?”
De inmediato, unas cuantas voces hicieron eco desde la multitud.
“¡Sí! ¡Queremos una explicación!”
¿De dónde carajos salió esta cámara de eco?
Los espectadores alrededor se miraron entre sí, tratando de ubicar el origen de aquel coro repetido.
Era demasiado obvio que estaba montado—arruinaba por completo el dramatismo del momento.
No obstante, los discípulos externos que lo habían perdido todo en las apuestas reaccionaron distinto: los ojos se les iluminaron y centraron la atención en Lin Mo y Chu Ge.
Lin Mo y Chu Ge, en efecto, se habían detenido y ahora miraban hacia ellos.
Al ver esto, el discípulo de túnica simple se creció aún más.
“¡Lin Mo! ¡Se suponía que representarías a los discípulos comunes! ¡En lugar de eso, te confabulaste con la Academia de la Espada para amañar el sistema! ¿Cómo pudiste traicionar así nuestro apoyo?”
Otra vez, una voz en la multitud repitió sus palabras.
“¡Sí! ¡¿Cómo pudiste traicionarnos?! ¡¿Cómo?!”
Muchos discípulos externos asintieron, con el ceño fruncido y llenos de resentimiento.
El discípulo, al ver tanto “apoyo” detrás de él, se volvió aún más agresivo.
“¡Debes disculparte y tomar medidas reales para resarcir lo que hiciste!”
Al oír esto, Lin Mo soltó una risita.
Con genuina curiosidad preguntó: “¿Oh? ¿Y qué clase de ‘medidas reales’ quieren?”
Un brillo de codicia cruzó los ojos del discípulo, que se burló:
“No te hagas. Todos sabemos que amañaste la casa de apuestas para tu propio beneficio. Apostaste por ti mismo, ¿verdad? ¡Ahora estás nadando en ganancias!”
La multitud explotó en exclamaciones.
¿¡Lin Mo y Chu Ge amañaron las apuestas y se llevaron todas las ganancias!?
¿Podría ser cierto?
Muchos volvieron la mirada escéptica hacia Lin Mo.
Instintivamente, Lin Mo miró a Pan Peng, que estaba cerca.
Pan Peng agitó las manos frenético. “¡Yo no dije eso!”
Apenas habló, cayó en cuenta de su error y se dio un manotazo en la boca antes de aclarar a toda prisa:
“¡N-no quise decir eso! ¡La casa de apuestas no la organizó el Shixiong Lin! ¡Él no tuvo nada que ver con amaños!”
Pero ya era tarde.
En cuanto las palabras “Lin Mo” y “amañado” aparecieron en la misma frase, los discípulos externos que lo habían perdido todo perdieron la cabeza.
Los ojos se les tiñeron de rojo mientras avanzaban en oleada.
“¡Lin Mo! ¡Te llamábamos Shixiong, y así nos pagas?!”
“¡Maldita sea! ¡Y yo pensando que solo tuve mala suerte, pero resulta que me hicieron trampa!”
“¡Shixiong Lin, necesitamos una explicación!”
“¡Devuélvenos el dinero! ¡Me tardé tres años en juntar esos puntos de contribución! Por favor, Shixiong Lin, devuélvenos al menos el capital—¡no pedimos más!”
“¡Yo también…! ¡Solo devuélveme lo que aposté y no vuelvo a jugar!”
Uno tras otro, gritos y súplicas estallaron, rodeando a Lin Mo y exigiendo que devolviera puntos de contribución.
Algunos incluso lloraban e inclinaban la cabeza con desesperación, luciendo lo más miserables posible.
Toda el área se llenó de gritos, sollozos e indignación.
Aunque Pan Peng se puso rojo intentando explicar, los discípulos externos—vueltos locos por sus pérdidas—no escuchaban.
Sus emociones se dispararon, como si Lin Mo fuese un patrón miserable negándose a pagar sueldos.
Una ola de furia y condena envolvió a Lin Mo y a Chu Ge.
Las cejas de Chu Ge se fruncieron y, por instinto, llevó la mano a su Espada Voladora de Vida, lista para resolver a la manera de un cultivador de la espada—
Pero justo cuando iba a desenvainar, Lin Mo le cubrió la mano, deteniéndola.
Ella lo miró, confusa.
Él negó levemente con la cabeza, indicándole que aguardara.
Chu Ge dudó un instante y luego soltó un “Oh” bajito, retirando su intención asesina.
Los Cultivadores Puros de la Espada no se enredaban en discusiones enrevesadas.
Si alguien no aceptaba la realidad, se le preguntaba a la espada—y aceptaba en chinga.
Pero esta vez eligió escuchar a Lin Mo.
Mientras tanto, Lin Mo se mantuvo inmóvil, permitiendo que las acusaciones y quejas le llovieran encima.
Desde que habló el primer discípulo, no había vuelto a decir palabra.
Simplemente se quedó ahí, escuchando en silencio cómo le lanzaban sus agravios.
Al final, cuando la turba notó que gritarle no surtía efecto, fue bajando el volumen poco a poco.
El discípulo original de túnica simple, al ver que Lin Mo no respondía, le señaló con el dedo y gritó:
“¡Lin Mo! ¿¡Cuál es tu respuesta!? ¿Vas a pagar o no? ¡Queremos una declaración clara!”
Los ojos de la multitud volvieron a Lin Mo, esperando su respuesta.
Pero él solo escupió con parsimonia tres palabras:
“¿Quién lo dice?”
El discípulo que encabezaba la arremetida se quedó atónito.
Antes de que pudiera reaccionar, Lin Mo siguió:
“¿De verdad creen que soy su tapete? Porque hice dinero, ¿tengo que compartirlo con ustedes? ¿Qué soy, su papá?”
Su tono era ligero, sin rastro de ira, pero sus palabras directas provocaron otra oleada de asombro.
“Y otra cosa—¿quién les dijo que yo tenía que representarlos?”
Los discípulos externos se quedaron pasmados. Incluso los mirones que venían por el chisme se quedaron descolocados.
Nadie esperaba que Lin Mo tuviera el descaro de soltar algo que desafiara tan de frente las expectativas de la multitud.
Pero a él no le importó su reacción. En cambio, sonrió ladeado, con voz juguetona, y continuó:
“Ustedes—sí, ustedes—¿de veras me apoyan?”
“Si así fuera, ¿por qué perdieron dinero apostando contra mí?”
Esa pregunta simple fue directo al meollo.
Los mirones, que ya sentían algo raro en las acusaciones, por fin captaron qué estaba mal.
La lógica de los quejosos no tenía pies ni cabeza desde el principio.
Si de verdad apoyaban a Lin Mo y creían que representaba a los discípulos comunes, ¿por qué apostaron todo a Chu Ge en vez de a él?
¿No deberían haber ido all-in por Lin Mo y hacerse ricos?
Al ver ese instante de lucidez en la multitud, Pan Peng aprovechó.
Dio un paso al frente, señaló dramático a los discípulos externos y declaró:
“¡Exacto! ¡Eso mismo dije hace rato! ¡Dicen que apoyan al Shixiong Lin, pero apostaron por la Shijie Chu! ¡Admítanlo—¡son unos traidores!”
Agitó su comunicador y proyectó los resultados finales de la casa de apuestas para que todos vieran.
“¡Vean! ¡Yo fui de los pocos que apoyamos de verdad al Shixiong Lin! ¡Con esas cuotas de diez a uno, me hice varios cientos de puntos de contribución!”
En cuanto mostró la cantidad en rojo, los discípulos externos alrededor se quedaron boquiabiertos, con el arrepentimiento pintado en la cara.
“¡Los falsos creyentes lucen su gloria en la cumbre; los verdaderos creyentes se mantienen firmes al anochecer!”
La voz de Pan Peng se hizo más fuerte y recta, como si irradiara iluminación divina.
Con el mentón en alto, fulminó con furia justa a los discípulos quejosos.
“¡Son unos TRAIDORES!”
A su lado, Lin Mo le levantó discretamente el pulgar.
Bien ahí, hermanito. Bien dicho.
Y quizá porque la presencia de Pan Peng brillaba demasiado, algunos de los que gritaban comenzaron a sentirse culpables.
Varios callaron, evitando las miradas.
Algunos incluso se fueron haciendo para atrás, intentando perderse entre la multitud como si nada hubiera pasado.
El giro se dio en seco.
De hecho, algunos entre el público empezaron a vitorear las palabras de Pan Peng.
“¡Bien dicho! ¡Solo son villamelones!”
“¡Exacto! Yo también soy externo—no aposté, pero siempre apoyé al Shixiong Lin.”
“Oigan, ¿que el emparejamiento de la Plataforma de Debate no es aleatorio? ¿Cómo habría amañado algo el Shixiong Lin?”
“¡Eso! ¡Las peleas estuvieron intensísimas! Si hubiera trampa, ¿cómo demonios habrían sido tan cerradas?”
“Pfft, seamos honestos—perdieron todo y ahora buscan a quién culpar.”
“¡Carajo, ya no aguanto ver esto! ¡Están intimidando a un hombre honesto!”
La marea se volcó por completo.
Los pocos que empezaron con las acusaciones ahora deseaban meterse bajo tierra.
A decir verdad, apenas habrían sido unos cien los externos que apostaron.
Y de esos, solo una docena metió todo.
La mayoría apostó una parte.
Ahora que veían que no recuperarían el dinero, y que el resto del público se les ponía en contra, su ímpetu se desmoronó al instante.
Hasta el que más gritaba al principio, con el rostro entre pálido y encendido, se quedó sin palabras.
Justo cuando la escena amenazaba con volverse caótica,
“¡CLANG—!!!”
Una larga espada atravesó el aire y se clavó con un chillido metálico entre Lin Mo y los discípulos externos.
“¡¡¡—!!!”
La vibración aguda del acero acalló al instante a toda la multitud.
¡Qué espada tan veloz!
Las pupilas de Lin Mo se contrajeron.
Ni siquiera había notado de dónde venía.
La hoja emitía una leve aura opresiva, y la muchedumbre, que hacía un momento armaba alboroto, enmudeció por completo.
Todos volvieron la vista hacia el sendero de la montaña, donde varios discípulos con túnicas azules se acercaban con expresiones frías e inflexibles.
“¡Miren el emblema del pecho! ¡Es la marca del Salón de Cumplimiento de la Ley!”
Alguien en la multitud soltó un jadeo, reconociéndolos al instante.
¿¡El Salón de Cumplimiento de la Ley!?
Un destello de sorpresa cruzó los ojos de Lin Mo mientras observaba al grupo que se acercaba.
Cada discípulo presente—externo, interno e incluso de núcleo—se encogió instintivamente al verlos.
Si los asistentes de la Academia de la Espada infundían miedo a los discípulos comunes,
Los discípulos del Salón de Cumplimiento de la Ley infundían miedo a todos—incluidos mayordomos y ancianos de la secta.
El Salón de Cumplimiento de la Ley de la Secta Qingshan, como en otras Academias Dao, era un órgano oficial de ejecución reconocido por la administración de Qinzhou.
Si te echaban el ojo, significaba que violaste las reglas… o que de plano cometiste un crimen.
Y cuando ellos se involucraban, todo se complicaba rápido.
Muchos externos palidecieron al verlos.
Especialmente el que había iniciado todo el alboroto—su primer instinto fue esconderse entre la gente.
Pero al segundo siguiente—
“¡SHING—!”
Un discípulo del Salón desenvainó en un destello y apuntó directo hacia él.
Su voz fue fría y autoritaria.
“¡No te muevas! ¡Todos—manos en la cabeza y en cuclillas!”
El discípulo externo se quedó congelado, a punto del llanto.
Entonces… ¿no debo moverme, o debo ponerme en cuclillas?