Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 97
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Al observar la espalda del omega alejándose, todavía enfurruñado, Jiang Huaizhi sintió una calidez en el pecho, pero ni una pizca de arrepentimiento.
Ya se había acostumbrado a regresar decepcionado.
Se había acostumbrado a ir a buscar a Tang Yuan una y otra vez y que la familia Tang lo detuviera en la puerta. Se había acostumbrado a pasar más de un año entero buscando su paradero y no encontrar nada.
La familia de Tang Yuan realmente lo había protegido muy bien.
Tan bien que, cada vez que Jiang Huaizhi finalmente lograba averiguar dónde vivía Tang Yuan en el extranjero y dejaba de lado todos sus asuntos para ir a buscarlo, descubría que él se había mudado apenas unos días antes.
Ahora, el simple hecho de que Tang Yuan pudiera sentarse dentro de su auto y hablar con él ya era algo difícil de conseguir.
Jiang Huaizhi siempre había sabido que no podía apresurarse ni buscar resultados inmediatos.
Si quería recuperar a Tang Yuan, tendría que hacerlo poco a poco, paso a paso.
Cuando regresó a la residencia Jiang, desde lejos vio que casi no había luces encendidas. Pensó que Jiang Jing había salido, pero al acercarse descubrió que todos los sirvientes estaban esperando fuera.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó Jiang Huaizhi, frunciendo el ceño.
—El señor no nos deja entrar. Dijo que quería quedarse solo un rato.
—…
Jiang Huaizhi entró en silencio.
Al abrir la puerta, vio al anciano de espaldas. Solo había encendido una lámpara, cuya luz tenue apenas iluminaba la habitación. No alcanzaba a distinguir qué estaba haciendo.
Jiang Jing no se volvió.
Su voz sonó envejecida.
—Ya les dije que no vinieran. No hay nada que necesite de ustedes.
—Papá —dijo Jiang Huaizhi—. Soy yo.
—Huaizhi…
Jiang Huaizhi caminó hasta quedar detrás de él.
Entonces vio que sobre las rodillas de Jiang Jing había un álbum abierto.
En una de las páginas estaban las fotografías de su boda con Su Yu. En la otra, una foto familiar de los cuatro.
En aquella época, Jiang Huaizhi acababa de graduarse y Jiang You todavía estaba en la preparatoria, con un aspecto juvenil.
Jiang Huaizhi aparecía de pie a un lado, con el rostro frío, completamente fuera de lugar junto a los otros tres, que sonreían a la cámara.
Al ver el brillo húmedo en las comisuras de los ojos de Jiang Jing, sintió que se le cerraba la garganta.
—Cuando hay menos gente, una casa parece mucho más vacía —dijo Jiang Jing en voz baja—. Cuando tu tía Su todavía estaba aquí, en realidad era bastante animado. Le encantaba hablar. Podía pasarse toda una tarde conversando con Xiao Yuan.
—Papá…
—Sé que me guardas rencor. Tampoco pretendo eludir mi responsabilidad.
Jiang Jing lo miró con amargura antes de volver la vista hacia aquella fotografía familiar que escondía tantas grietas bajo una apariencia de armonía.
—Todo este tiempo fui yo quien hizo mal las cosas. Siempre pensé que sería bueno que pasaras por más dificultades, que así aprenderías más. Pero, sin darme cuenta, terminé ignorándote. Tu tía Su hizo mal las cosas y Xiao You todavía peor. Ahora ambos han recibido su castigo y saben que se equivocaron. Yo solo espero que tú puedas estar bien.
Jiang Huaizhi permaneció en silencio, con los labios apretados.
Después de un largo rato, rompió aquella quietud.
—No voy a perdonarlos ni volveré a mudarme a esta casa. Pero vendré a verte con frecuencia.
—…
Jiang Jing sonrió con amargura.
—Elige lo que quieras elegir. Solo hay una cosa, Huaizhi. Ya no eres joven. Deberías tener tu propio hogar.
El corazón del Alfa, que hasta ese momento apenas había reaccionado, se volvió repentinamente sensible.
Él…
Debería haber tenido un hogar.
—Sé que también estás intentando recuperarlo, pero debes entender algo: no importa lo que hagas, nada sirve más que tratarlo bien de corazón.
Jiang Jing originalmente no quería decir aquellas cosas. A su edad, hablar con sus hijos sobre asuntos amorosos le parecía casi absurdo.
Pero no podía soportar ver a su hijo mayor intentando arreglarlo todo y sin saber cómo.
—Yo sí lo trato con sinceridad —explicó Jiang Huaizhi.
Pero Jiang Jing negó con la cabeza.
Ese día había visto con sus propios ojos cómo Jiang Huaizhi trataba a Tang Yuan y a Xiao Man.
Podía notar que estaba poniendo mucho empeño en recuperarlos.
Pero su forma de hacerlo no le parecía demasiado prometedora.
—Conoces perfectamente las condiciones de Xiao Yuan. En aquel entonces podría haber elegido a un Alfa mucho más adecuado para él, pero te eligió a ti. Huaizhi, desde el principio deberías haber entendido por qué quería casarse contigo.
Jiang Jing miró fijamente al Alfa, con una expresión compleja.
Sabía que el hijo del que más orgulloso se sentía era un hombre de negocios extraordinariamente exitoso.
En todo quería alcanzar la perfección, calculaba pérdidas y ganancias, medía cada posibilidad.
Esa personalidad podía hacerlo invencible en los negocios.
Pero en los sentimientos no necesariamente le permitiría conseguir lo que deseaba.
—Hay cosas que no se pueden calcular —dijo Jiang Jing en voz baja—. Tienes que tratarlo bien.
—Yo…
Los ojos de Jiang Huaizhi se enrojecieron de repente.
Jiang Jing ya le había dicho aquellas mismas palabras una vez.
Había sido cuando él y Tang Yuan acababan de casarse.
Pero las había escuchado y luego las había olvidado.
Si se trataba de arrepentirse, durante aquel último año y pico ya se había arrepentido más que suficiente.
Sin embargo, nunca había sentido una desesperación como la de ese día.
Era como si, desde la oscuridad, una mano helada lo estuviera arrastrando hacia abajo.
La tristeza ahogó todas las demás emociones hasta casi impedirle respirar.
Jiang Huaizhi se dejó caer pesadamente en una silla. Sintió una punzada intensa entre las cejas.
—Pero Xiao Yuan parece haber dejado atrás todo de verdad. No sé qué hacer.
Toda aquella calma y ternura que mostraba frente a Tang Yuan se desmoronó de inmediato.
Nunca había mostrado debilidad delante de él.
Sin embargo, por dentro hacía tiempo que estaba vacío, reducido a una simple carcasa.
Porque, desde el principio hasta el final, nunca había tenido ninguna certeza de ganar.
El suspiro de Jiang Jing se dispersó en aquella noche silenciosa como niebla.
—A estas alturas, ¿qué más puede hacer este viejo? —Le dio unas palmadas en el hombro—. Dentro de unos días iré otra vez a visitar al anciano de la familia Tang. En cuanto a ti… vuelve y piensa bien las cosas. Huaizhi, esto es todo lo que puedo hacer por ti.
—…Gracias, papá.
**
Después de regresar a casa, las palabras que Jiang Huaizhi le había dicho continuaban resonando en la mente de Tang Yuan.
Sentía como si algo le obstruyera el pecho, una frustración que no encontraba cómo liberar.
Para empeorar las cosas, su hermano mayor y su tercer hermano no dejaban de advertirle que no podía tropezar dos veces con la misma persona y que debía mantener las distancias con Jiang Huaizhi.
Tang Yuan estaba cada vez más irritado.
Justo entonces, Lin Miao le envió un mensaje preguntándole qué había ido a hacer exactamente a la residencia Jiang aquel día.
Como todavía no era demasiado tarde, después de cenar Tang Yuan decidió llevar a Xiao Man al hospital para visitar a Lin Miao.
Lin Miao ya había sido trasladado a una habitación privada.
Su herida se recuperaba lentamente y necesitaba reposo, así que la familia Lin había pagado una considerable suma para trasladarlo a una de las mejores habitaciones disponibles.
Apenas entraron al hospital, Xiao Man se puso un poco nervioso.
Se aferró con fuerza a Tang Yuan y se negó a bajar de sus brazos, como si temiera perderse.
Pero en cuanto vio a Lin Miao sobre la cama, sus ojos se iluminaron.
Desde bastante lejos gritó:
—¡Tío Lin!
Lin Miao ya tenía mucho mejor aspecto.
Agitó hacia ellos la mano que no estaba herida y dijo entre risas:
—¡Ay, Xiao Man! ¿Tan entusiasmado estás? Pero qué poco considerado eres. Han pasado varios días y ni siquiera viniste a verme. ¡El tío Lin ya se está muriendo de aburrimiento aquí encerrado!
—Yo… papá no me dijo.
El pequeño de verdad comenzó a sentirse culpable.
Se mordió el labio durante un buen rato y finalmente metió la mano en el bolsillo.
Con cierta reticencia, sacó un caramelo de leche.
Parecía dolerle separarse de él, pero aun así lo levantó generosamente hacia Lin Miao.
—Te doy un dulce. ¡Toma!
Tang Yuan no pudo contener la risa.
Lin Miao siguió provocándolo:
—No quiero comerme el dulce de Xiao Man. Ven a darme un beso y ya no me dolerá.
Xiao Man no parecía demasiado convencido.
Pero realmente se acercó y le plantó un beso sonoro en la mejilla.
Dejó incluso una pequeña marca húmeda.
—¿De verdad ya no te duele? —preguntó el niño con sus ojos claros y llenos de curiosidad.
Lin Miao estalló en carcajadas.
Le revolvió el cabello negro y suave.
—Igualito que tu papá. Los dos son unos tontitos.
—¡Oye! ¡Hermano Miao, sigo aquí! —protestó Tang Yuan.
Lin Miao sonrió alegremente.
Parecía estar de muy buen humor, pero dijo que tenía algo que hablar con Tang Yuan.
Tang Yuan ya lo había previsto.
Había llevado en su bolso un rompecabezas de bloques para Xiao Man. Después de sacarlo, le pidió al pequeño que fuera al balcón a jugar solo.
Xiao Man obedeció muy bien.
Antes de marcharse, incluso besó a Lin Miao en la otra mejilla y susurró:
—Ya no duele.
Después se alejó con sus cortas piernitas.
Lin Miao observó la espalda del pequeño mientras se alejaba.
Las comisuras de sus labios seguían curvadas en una sonrisa.
Luego volvió la mirada hacia Tang Yuan, extraordinariamente suave.
—Tangyuan —dijo Lin Miao—, terminé con él.