Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - Plan para seducir a un Alfa en marcha (Parte 2)
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Aquello que parecía una barra de pegamento era en realidad una especie de ungüento. Al aplicarlo sobre la glándula de la nuca producía una sensación fresca y agradable, mientras un tenue aroma dulce comenzaba a extenderse por el aire, semejante a leche con un poco de leche condensada.

—Hermano Miao, ¿qué es esto?

Tang Yuan estaba tan acostumbrado al olor de sus propias feromonas que normalmente apenas podía percibirlas. Sin embargo, después de que Lin Miao le aplicara aquello, sintió que su aroma había cambiado sutilmente.

Se había vuelto más dulce y también más intenso.

Desde el momento en que se lo aplicaron, pudo distinguir claramente la diferencia.

Lin Miao guardó cuidadosamente el objeto en su lugar y cerró el compartimento con una contraseña. Solo entonces se volvió hacia él.

—Esta es mi arma secreta.

—¿Sirve para intensificar el olor de las feromonas?

Tang Yuan siempre había notado que, ciertos días, las feromonas de Lin Miao olían un poco diferentes de lo habitual, así que ya tenía una vaga sospecha.

Lin Miao sonrió y confirmó su suposición.

—Es un catalizador de feromonas. Me costó muchísimo conseguirlo y normalmente ni siquiera quiero desperdiciarlo. Hoy tuviste suerte.

Lin Miao no estaba exagerando.

Los catalizadores de feromonas no circulaban libremente en el mercado. Eran productos que, aunque tenían un precio, prácticamente no podían conseguirse.

A Lin Miao le había costado mucho hacerse con un tubo y únicamente utilizaba una pequeña cantidad cuando se encontraba con un Alfa que le interesaba especialmente y que resultaba difícil de conquistar, haciendo que el aroma de sus feromonas se volviera todavía más seductor.

Normalmente, mantenía el catalizador cuidadosamente guardado bajo llave.

Tang Yuan abrió los labios, atónito, y no pudo evitar tocarse la nuca.

Pero el catalizador que acababan de aplicarle ya había sido absorbido por completo por su glándula.

Aunque quisiera quitárselo, ya no podía.

—¡Pero está prohibido usar esto!

Tang Yuan se quedó estupefacto.

Ya había oído hablar antes de los catalizadores de feromonas, aunque todo lo que sabía provenía de los chismes de sus compañeros.

Se decía que únicamente aquellos omegas de mala reputación los utilizaban a escondidas para seducir a Alfas de linaje distinguido.

Muchos omegas que no destacaban ni por su apariencia ni por sus capacidades utilizaban catalizadores para conseguir que los Alfas se obsesionaran con el aroma de sus feromonas. De ese modo, lograban casarse con miembros de familias adineradas y cambiar por completo su posición social, aprovechándose precisamente de la fascinación de los Alfas por las feromonas de los omegas.

Sin embargo, a medida que aumentaron esos casos, también comenzaron a producirse numerosos disturbios.

Con el tiempo, los catalizadores de feromonas fueron considerados un riesgo para la seguridad pública y su uso quedó prohibido.

—¿De qué tienes miedo? Solo te puse un poquito, no una cantidad excesiva.

A Lin Miao no parecía preocuparle.

—Además, tú no eres como esas personas que no tienen nada más que ofrecer y solo pueden depender de sus feromonas para retener a un Alfa. ¿En qué aspecto no destacas tú? Si lo piensas bien, ese Alfa es el que sale ganando. Ahora simplemente estamos aprovechando un poquito la debilidad natural de los Alfas para hacer que le gusten todavía más tus feromonas. ¿No dijiste que tiene muchísimo autocontrol? Entonces seguramente no será como ciertos Alfas que entran en celo en cuanto perciben este aroma.

La flecha ya estaba sobre la cuerda y no había vuelta atrás.

Tang Yuan tampoco tenía manera de eliminar el catalizador de su glándula, así que solo podía intentar controlar sus feromonas para impedir que se liberaran.

El joven puso cara de sufrimiento.

—Hermano Miao, a partir de ahora ya no voy a hacerte tanto caso. Vas a acabar matándome.

—¿Qué estás diciendo?

Lin Miao lo sujetó por ambos hombros y le dio unas palmadas antes de decir seriamente:

—Solo es un pequeño truco. No es muy diferente de haberte vestido así hoy. Si él no consigue contenerse, significa que su autocontrol es insuficiente, no es culpa tuya. Además, tampoco sabrá que utilizaste un catalizador.

—Pero…

—Nada de peros. ¿Vas a salir o no?

—Sí.

Tang Yuan ya lo había planeado todo y no iba a detenerse por aquel pequeño contratiempo.

Así que, bajo la mirada alentadora de Lin Miao, salió de la residencia de los Lin.

Tang Yuan sabía que Jiang Huaizhi no iría a la empresa ese día y tampoco tenía trabajo pendiente, así que había concertado la cita con él desde el día anterior.

Al principio, el hombre no tenía ninguna intención de pasar el fin de semana con él.

Por mucho que Tang Yuan insistiera y tratara de convencerlo, las respuestas de Jiang Huaizhi eran siempre las mismas:

No tengo tiempo.

No voy a salir.

Parecían respuestas automáticas enviadas por un robot, completamente carentes de emoción.

Tang Yuan vio que ya lo tenía todo preparado y que, aun así, su plan estaba a punto de fracasar en el simple paso de conseguir que Jiang Huaizhi saliera con él.

Así que no tuvo más remedio que recurrir a su arma definitiva.

Le preguntó si todavía pensaba cumplir aquello que le había dicho ese día: que le debía una petición.

Naturalmente, Jiang Huaizhi no era alguien que faltara a su palabra.

Le respondió que sí.

Entonces Tang Yuan presentó su única petición:

Quería que Jiang Huaizhi lo acompañara durante siete días.

Durante esos siete días, Tang Yuan podría disponer libremente de su tiempo. No tenían que ser siete días consecutivos, pero Jiang Huaizhi no podría negarse cuando él eligiera uno.

Tang Yuan ya había hecho sus cálculos.

Le quedaban dos meses antes de casarse con Jiang Huaizhi.

Si durante esos dos meses dedicaba un día de cada semana exclusivamente a conquistar al Alfa, tendría exactamente siete días.

Jamás había contemplado la posibilidad de fracasar.

Y ahora comenzaba la primera semana.

Tang Yuan exigió que Jiang Huaizhi lo acompañara incondicionalmente durante todo el día.

Irían de compras, comerían y verían una película. Hiciera lo que hiciera Tang Yuan, Jiang Huaizhi tendría que acompañarlo.

De aquella manera tan caprichosa, Tang Yuan utilizó lo que aparentemente era su única petición.

Habían quedado en un restaurante de lujo.

Cuando Tang Yuan llegó apresuradamente, Jiang Huaizhi ya estaba esperándolo.

Quizá porque aquella «cita» prácticamente le había sido impuesta, Jiang Huaizhi parecía distraído. Solo cuando vio acercarse a Tang Yuan esbozó una sonrisa cortés e hizo una señal para que el mesero le retirara la silla.

—Pensé que ibas a dejarme plantado a propósito para vengarte por aquella vez —dijo Jiang Huaizhi.

Tang Yuan se avergonzó y se apresuró a explicarse:

—¿Cómo podría hacer eso? No soy rencoroso. Es solo que surgieron algunas cosas por el camino… Tú… no estás enfadado conmigo, ¿verdad?

El joven levantó los ojos con cautela para observarlo.

Pensaba que una persona como Jiang Huaizhi seguramente detestaba a quienes no eran puntuales.

Sin embargo, había olvidado que aquel día él podía disponer libremente de todo el tiempo de Jiang Huaizhi.

Incluso si lo obligaba a esperarlo un rato, técnicamente seguía formando parte de su petición.

Tang Yuan había perdido bastante tiempo cambiándose de ropa en casa de Lin Miao. Luego había surgido el asunto del catalizador y había pasado otro buen rato intentando encontrar alguna manera de quitárselo, sin éxito.

Cuando finalmente salió corriendo para acudir a la cita, ya llegaba entre diez y quince minutos tarde.

Ante la expresión tan cautelosa e inocente del joven, cualquier rastro de impaciencia que Jiang Huaizhi pudiera haber sentido desapareció por completo.

Ni siquiera sabía por qué, pero al encontrarse con aquella mirada inocente, de repente parecía que quien había hecho algo mal era él.

Como si la culpa fuera suya por haber llegado demasiado temprano.

—No pasa nada.

La mirada de Jiang Huaizhi se detuvo sobre la ropa que Tang Yuan había elegido especialmente para aquel día.

La ligera molestia que había sentido por verse obligado a acudir a aquella cita también se disipó.

—Hoy te ves diferente —dijo el hombre.

Naturalmente, había notado el cambio.

Las veces anteriores que Tang Yuan había ido a verlo, o llevaba un traje excesivamente formal que hacía difícil contener la risa al verlo, o vestía camisetas con dibujos animados y pantalones de mezclilla.

Parecía tan juvenil que Jiang Huaizhi era incapaz de albergar otras intenciones hacia él.

Incluso sentía que pensar demasiado en Tang Yuan lo convertiría en una bestia por tener esa clase de pensamientos hacia un estudiante universitario.

Pero aquel día Tang Yuan era diferente.

Aunque su atuendo todavía conservaba cierto aire estudiantil, se parecía más a un joven que acababa de incorporarse al mundo laboral.

Inexperto, refinado y tímido.

Todavía conservaba el aire fresco propio de un campus universitario, pero ya no hacía que la idea de tener una relación con él provocara una sensación de culpabilidad.

Cuanto más lo miraba Jiang Huaizhi, más seca sentía la garganta.

De repente, surgió en él el deseo de acercarse un poco más al joven, antes de que aquella inocencia terminara contaminada por el mundo de los adultos.

Su mirada descendió y se detuvo intensamente sobre Tang Yuan.

Cuando el joven levantó el vaso de agua, la amplitud de su camiseta hizo que la tela se deslizara ligeramente, dejando al descubierto la mitad de uno de sus hombros.

Blanco, suave y redondeado.

Tang Yuan percibió su mirada y comenzó a celebrar por dentro.

¡Por fin me está mirando así!

Sostuvo el vaso con ambas manos y bebió pequeños sorbos, fingiendo timidez.

Al mismo tiempo, dejó discretamente de contener sus feromonas.

El dulce aroma a leche comenzó a extenderse lentamente alrededor de los dos.

Unas feromonas tan dulces deberían ser bastante estimulantes para un Alfa, ¿verdad?

Eso pensaba Tang Yuan.

De repente, vio que el hombre se levantaba y caminaba hacia él.

Su mirada era profunda e intensa.

Además, comenzó a quitarse la chaqueta.

¿No está avanzando esto demasiado rápido?

Tang Yuan miró apresuradamente a su alrededor.

Al comprobar que todavía había otros clientes comiendo en el restaurante, de repente sintió una mezcla de vergüenza y expectación.

Un par de grandes manos se posó sobre sus hombros.

El corazón de Tang Yuan comenzó a latir desbocado.

Fingió que acababa de darse cuenta de que Jiang Huaizhi se había acercado y soltó un pequeño:

—¡Ah!

Ni siquiera tuvo oportunidad de preguntarle qué estaba haciendo cuando escuchó la voz grave del hombre:

—Ponte la chaqueta. No vayas a resfriarte.

—…

Jiang Huaizhi colocó su propia chaqueta sobre Tang Yuan y cubrió por completo las atractivas clavículas y los hombros del joven.

No dejó ni un centímetro de piel al descubierto.

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