Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 74

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Tang Yuan sabía que probablemente volvería a recibir la misma respuesta de siempre, pero aun así no pudo evitar preguntar una vez más.

Aunque últimamente Yun Ran sonreía con más frecuencia que antes, a Tang Yuan todavía le dolía verlo así.

Las sonrisas de Yun Ran carecían de color; eran vacías y apáticas, nunca llegaban realmente al fondo de su corazón. Su mundo interior parecía cubierto por una oscuridad gris, encerrado tras muros infranqueables: la luz del sol no podía entrar y él tampoco podía salir. Tang Yuan no quería que aquello continuara así.

Pensó que, si conseguía atrapar a aquel desgraciado, quizá Yun Ran podría desatar al menos una parte del nudo que llevaba tantos años oprimiéndole el corazón.

Sin embargo, la respuesta de Yun Ran fue exactamente la que había imaginado.

—No me preguntes más. De verdad no quiero volver a recordarlo —dijo Yun Ran en voz baja, con la cabeza inclinada.

Aquello era una vieja cicatriz que jamás había terminado de sanar. Cada vez que lo recordaba era como volver a hundir un cuchillo en una herida ensangrentada. Su subconsciente rechazaba aquel recuerdo con todas sus fuerzas y, aunque comprendía perfectamente que Tang Yuan tenía buenas intenciones, no quería que nadie volviera a mencionarlo.

El joven permaneció sentado tranquilamente a su lado. Con la calidez de su palma, cubrió suavemente el dorso de la mano de Yun Ran, lleno de diminutas marcas de agujas.

—Lo sé —dijo Tang Yuan con dulzura.

Sus miradas se encontraron durante unos segundos antes de que Yun Ran volviera a bajar la cabeza.

Siempre sentía que aquel joven era demasiado deslumbrante, tan brillante como la luz que entraba por la ventana. Le bastaba mirarlo para temer quemarse. Su complejo de inferioridad era tan profundo que ni siquiera entendía por qué Tang Yuan insistía tanto en ayudarlo.

Después de todo, se suponía que ellos dos debían ser rivales amorosos.

Tang Yuan le preguntó:

—¿Quieres saber qué les pasó a los Alfas que alguna vez me acosaron?

—…

Yun Ran vaciló.

—¿Te refieres a… lo que estoy pensando?

El Omega asintió con naturalidad.

—Sí. Acoso sexual.

—No imaginaba que tú también…

—A muchos Omegas les ocurre algo así. No hay nada de qué avergonzarse.

Sin mostrar incomodidad, Tang Yuan continuó lentamente:

—En realidad, lo que más recuerdo ocurrió cuando era pequeño. Acababa de entrar a la secundaria. No quería recibir un trato especial, así que iba solo a la escuela en autobús. Y bueno… ya sabes. Era inevitable encontrarse alguna vez con uno de esos tipos desagradables.

Yun Ran apretó ligeramente los labios.

Evidentemente, él también había pasado alguna vez por algo parecido.

—Yo todavía era pequeño y no entendía por qué aquel hombre se pegaba contra mí. Instintivamente fui a buscar a una señora que estaba cerca. Era una buena persona. Se quedó a mi lado en silencio y, aunque se pasó de su parada, no se marchó hasta acompañarme a la escuela.

Tang Yuan siguió contando:

—Mi abuela siempre me preguntaba durante la cena qué había pasado en la escuela, así que aquel día le hablé de esa señora. En ese momento no entendí por qué de repente el ambiente en casa se volvió tan extraño. Mis tíos estaban furiosos y mis hermanos tenían unas caras terribles. Hasta pensé que había dicho algo que no debía.

Tang Yuan tenía facilidad para contar historias, y Yun Ran terminó escuchándolo con tanta atención que preguntó instintivamente:

—¿Y qué pasó después?

—Desde entonces, mis hermanos empezaron a acompañarme a todas partes. Me llevaban y recogían de la escuela. Incluso cuando tenía que usar un baño público estando fuera de casa, alguno se quedaba esperando afuera.

—Tus hermanos te quieren mucho —comentó Yun Ran.

Tang Yuan asintió.

—Mis tíos también. Mucho tiempo después me enteré de que aquella noche mi tío menor ni siquiera durmió. Buscó a unos conocidos para conseguir las grabaciones de las cámaras del autobús de aquel día, encontró al hombre y consiguió que terminara en manos de la policía.

Habían pasado tantos años que Tang Yuan ya no recordaba con claridad todos los detalles.

Pero todavía recordaba lo furioso que había estado su tío menor cuando se lo contó. Ni siquiera necesitaba preguntar demasiado para saber que aquel hombre no lo había pasado precisamente bien después de caer en sus manos.

Y Tang Yuan no sentía ninguna lástima por esa clase de Alfas.

Después le contó lo ocurrido aquella vez que había ido al cine con Jiang Huaizhi.

De repente se dio cuenta de que él también pertenecía a esa clase de Omegas que atraían fácilmente miradas indeseadas. Solo que siempre había tenido mucha suerte.

O, mejor dicho, siempre había estado muy bien protegido.

—Jiang Huaizhi golpeó a esos dos y ahora seguramente siguen en una prisión federal —dijo Tang Yuan—. ¿No te parece ridículo? Al principio estaban completamente convencidos de que yo jamás me atrevería a contárselo a nadie. Creían que podían agredir a un Omega incapaz de defenderse sin sufrir ninguna consecuencia, porque suponían que ese Omega sentiría tanta vergüenza que él mismo ocultaría lo ocurrido.

El rostro de Yun Ran palideció de golpe.

Tang Yuan sintió que se le encogía el corazón al verlo, pero aun así intentó continuar con la mayor serenidad posible.

—Ahora lo entiendes, ¿verdad? Esa clase de Alfas que agreden a otras personas no sienten ningún remordimiento. Si soportas lo ocurrido en silencio, lo único que pensarán es que eres débil. Quién sabe cuánto se estarán riendo a tus espaldas.

Una sombra de dolor cruzó los ojos de Yun Ran.

Su voz se volvió ronca.

—No sigas hablando de esto. ¿De qué sirve decirme todo eso ahora? No vas a encontrar a esa persona.

—Las técnicas de investigación han avanzado muchísimo. Mientras quede una sola pista, es posible encontrarlo.

—…

Yun Ran guardó silencio.

Tang Yuan no pretendía obligarlo.

Cambió de tema y comenzó a hablarle de otras cosas para distraerlo.

Normalmente se quedaba allí una o dos horas antes de regresar a casa, pero aquel día, excepcionalmente, permaneció en la habitación hasta entrada la noche.

Yun Ran, preocupado, le preguntó si su familia no se inquietaría porque regresara tan tarde.

Tang Yuan respondió que no pasaba nada y que quería quedarse un rato más con él.

En realidad, el Omega ya le había avisado a Jiang Huaizhi que aquel día regresaría tarde.

Sabía que quizá tampoco conseguiría convencer a Yun Ran esta vez.

Por eso estaba esperando.

Los dos cenaron juntos y después Tang Yuan propuso ver un rato la televisión.

Con familiaridad, cambió directamente al canal de noticias.

—Veamos un poco las noticias. Últimamente debes de estar completamente desconectado de lo que ocurre afuera.

Yun Ran asintió ligeramente.

Realmente sentía que llevaba demasiado tiempo aislado del mundo.

Los dos observaron la pantalla en silencio.

Poco después, la presentadora comenzó a informar sobre un grave caso ocurrido recientemente: un Omega que había olvidado llevar consigo sus inhibidores había sido seguido y agredido por varios Alfas y posteriormente marcado contra su voluntad.

La policía federal ya había detenido a todos los implicados y, durante la investigación, descubrió que varios de los sospechosos eran reincidentes. Siguiendo aquellas pistas, las autoridades habían relacionado a los detenidos con numerosos casos graves de marcación forzada.

Tang Yuan había visto aquella noticia unos días antes.

Sabía que la emitirían ese día.

Por eso había estado esperando.

—Supongo que algunos de los Omegas agredidos anteriormente tampoco se atrevieron a denunciar por miedo a sentirse avergonzados —dijo Tang Yuan en voz baja—. Y precisamente por eso esas personas se atrevieron a reincidir, atacando sin ningún escrúpulo a otros Omegas y creando así muchas más víctimas.

Tang Yuan hizo una pausa.

—Quizá el desgraciado que te hizo daño todavía esté en algún lugar lastimando a otros Omegas y tú, al guardar silencio, hayas terminado convirtiéndote en su cómplice…

Mientras pronunciaba aquellas palabras, lo miró fijamente.

Desde donde estaba sentado, podía ver a Yun Ran con la cabeza levantada, observando las noticias en la pantalla.

No se movía.

Parecía tranquilo.

Su espalda era tan delgada y frágil como una hoja de papel que pudiera salir volando en cualquier momento.

Pero sus manos habían estrujado las sábanas hasta dejarlas completamente arrugadas. Las venas resaltaban sobre sus dedos pálidos y una tenue humedad brillaba en las comisuras de sus ojos.

El corazón de Tang Yuan se contrajo.

De pronto entró en pánico.

Sintió que quizá había ido demasiado lejos.

El Omega estaba a punto de levantarse para consolarlo cuando, en ese mismo instante, escuchó la voz entrecortada de Yun Ran.

—Te dije que de verdad casi no lo recuerdo… Solo puedo recordar unas pocas cosas. ¿Eso también sirve?

—…Por supuesto.

La nariz de Tang Yuan ardió y su voz adquirió una seriedad que nunca antes había tenido.

—Voy a encontrar a esa persona. Te prometo que la encontraré.

Era una promesa.

Y, pasara lo que pasara, Tang Yuan estaba decidido a cumplirla.

—Sus feromonas olían a cítricos. Debía de ser un Alfa que se había presentado hacía poco, porque todavía no sabía controlar bien sus feromonas.

La voz de Yun Ran temblaba. Era evidente que recordar aquello le provocaba un dolor insoportable, pero aun así apretó los dientes y continuó:

—No era muy mayor. En aquel entonces debía de… todavía debía de ser menor de edad.

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