Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 69

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A veces, las cosas coincidían de la manera más inesperada.

Después de haber entrado en aquella habitación privada haciéndose pasar por alumno de Xiao Sheng, Tang Yuan abrió la puerta y, apenas llegó a la esquina del pasillo, vio al hombre alto de anteojos de pie frente a él.

Se encontraron cara a cara.

No había manera de fingir que no se habían visto y escapar.

—Pro… profesor Xiao…

La sonrisa del Omega se congeló. Culpable, miró hacia detrás de Xiao Sheng, temiendo que apareciera alguna otra figura.

Xiao Sheng comprendió inmediatamente lo que estaba pensando.

—El viejo Jiang no vino conmigo. Ya regresó a casa.

—Ah, bien…

Tang Yuan seguía sin tranquilizarse.

Deseaba con todas sus fuerzas que Xiao Sheng no hubiera escuchado su conversación con Yun Ran. El Omega buscaba desesperadamente una excusa y estaba a punto de decir que su presencia allí era una simple coincidencia cuando escuchó a Xiao Sheng decir:

—Lo siento.

—¿Profesor Xiao?

—Lo siento. Acabo de escuchar la conversación que tuvieron.

Sus palabras fueron como un trueno que estalló junto a los oídos de Tang Yuan.

Instintivamente miró hacia la habitación. La puerta estaba bien cerrada y dentro apenas había luz. Yun Ran probablemente ya había corrido las cortinas para descansar.

Tang Yuan no supo qué decir.

Siguió en silencio a Xiao Sheng hasta una pequeña sala apartada y tranquila. Una vez dentro, cerraron la puerta.

—Usted… ¿lo escuchó todo?

Tang Yuan tenía sentimientos encontrados.

Jamás había imaginado que aquel secreto que debía pertenecer únicamente a Yun Ran y a él terminaría siendo descubierto de esa manera por una tercera persona.

Y, para colmo, esa persona era precisamente un amigo de Yun Ran.

Había algo que el Omega no quería admitir.

Además de sentirse culpable instintivamente porque el secreto hubiera salido a la luz, durante un instante llegó a pensar que, ahora que el profesor Xiao lo sabía, quizá se lo contaría a Jiang Huaizhi.

Y él no quería que Xiao Sheng se lo contara.

Tang Yuan se asustó de aquel pensamiento tan egoísta y terrible.

Intentó apartar cualquier emoción personal y habló lentamente:

—Profesor Xiao, sé que usted es amigo de Yun Ran y que debe dolerle mucho haberse enterado de esto. Pero ¿podría no mencionarlo delante de él? Tengo miedo de que vuelva a alterarse. Seguramente él no quería que usted lo supiera.

—Lo entiendo.

Xiao Sheng sonrió con amargura.

Bajó la cabeza, entrelazó las manos sobre las rodillas y se frotó el entrecejo de vez en cuando.

—No se lo mencionaré. Solo que… no imaginaba que hubiera sufrido tanto durante todos estos años.

Xiao Sheng era una persona muy sensible.

Tang Yuan ya lo había comprendido cuando asistía a sus clases.

Ahora que sabía que su amigo había pasado por una experiencia tan dolorosa y difícil de contar, Tang Yuan imaginaba que Xiao Sheng debía sentirse todavía peor que él.

Después de todo, Tang Yuan era su alumno.

Había logrado encontrar algunas palabras para consolar a Yun Ran, pero no tenía idea de cómo consolar a su propio profesor.

Xiao Sheng siempre había sido amable pero estricto, y Tang Yuan lo respetaba profundamente.

Nunca había visto al profesor Xiao mostrarse tan vulnerable.

Tang Yuan permaneció sentado tranquilamente frente a él, esperando a que recuperara la compostura.

—Lo siento. Hace un momento no pude controlarme y perdí un poco la compostura.

Después de un rato, Xiao Sheng finalmente levantó la cabeza. Tenía los ojos ligeramente enrojecidos.

Se puso de pie y, con evidente cansancio, le dijo a Tang Yuan:

—Regresa a casa. ¿Quieres que te lleve a la residencia de los Jiang?

—No, no, no.

Tang Yuan ya se sentía culpable por haber utilizado su nombre para entrar y, al verlo en aquel estado, se sintió todavía peor.

—Puedo regresar en taxi. Profesor Xiao, quédese aquí y acompañe un poco más a Yun Ran.

Al final, el Omega no le pidió a Xiao Sheng que ocultara la verdad a Jiang Huaizhi.

No podía hacerlo.

Tampoco tenía derecho a interferir en la libertad de Xiao Sheng.

Aunque comprendía perfectamente la prueba a la que se enfrentaría su matrimonio si Jiang Huaizhi llegaba a conocer la verdad.

Tang Yuan endureció el corazón, se despidió apresuradamente de Xiao Sheng y se dio la vuelta para marcharse.

Temía que, si se quedaba un segundo más, terminaría suplicándole que no dijera nada.

Pero Xiao Sheng lo detuvo.

—Tang Yuan.

—¿Profesor Xiao?

El Omega lo miró interrogante.

Xiao Sheng sostuvo su mirada y dijo suavemente:

—No le cuentes esto a Jiang Huaizhi. ¿Entendido?

—…

Tang Yuan se quedó inmóvil.

Sus labios se movieron ligeramente, pero tenía la garganta seca y no logró pronunciar palabra.

En algún momento, Xiao Sheng había sacado del bolsillo una tarjeta azul y se la tendió. La tarjeta todavía conservaba el calor de su cuerpo.

—Pensaba pedirle al viejo Jiang que te la entregara la próxima vez que lo viera, pero ya que estás aquí, te la daré directamente.

Xiao Sheng continuó:

—Compré algunos suplementos nutricionales adecuados para Omegas durante el embarazo. Le pedí a un antiguo compañero de la universidad de medicina que los preparara especialmente. Están guardados en el casillero vinculado a esta tarjeta. Cuando tengas tiempo, ve a recogerlos a la universidad. Tómalos periódicamente; son buenos para el desarrollo del bebé.

—Gracias.

Tang Yuan contempló la tarjeta. Sin darse cuenta, se le había enrojecido la punta de la nariz.

—Profesor Xiao, usted es demasiado bueno conmigo.

—Niño tonto.

Xiao Sheng dejó escapar un suave suspiro.

Sin embargo, su mirada permaneció especialmente atenta mientras le decía con dulzura:

—Cuida bien de ti y de tu hijo, ¿entendido?

Aquellas palabras parecían encerrar un significado más profundo.

Tang Yuan no se permitió pensar demasiado. Apretó con fuerza la tarjeta y volvió a darle las gracias.

—Les deseo felicidad.

Eso fue lo último que Xiao Sheng le dijo antes de que se marchara.

**

La noche ya había caído y los árboles bajo los últimos vestigios del crepúsculo se habían oscurecido.

Tang Yuan no había pensado que regresaría tan tarde.

Primero pasó rápidamente por la universidad para recoger del casillero compartido los suplementos que Xiao Sheng le había dado y después tomó un taxi de regreso a la residencia de los Jiang.

Cuando llegó, las farolas frente a la entrada ya estaban encendidas, proyectando una cálida luz difusa.

Nada más bajar del auto, uno de los sirvientes que esperaba en la entrada se acercó para ayudarlo con las cosas que llevaba.

—Solo llévalas a mi habitación.

Tang Yuan todavía no había entrado, pero al ver las luces encendidas dentro de la casa supo que definitivamente había regresado tarde.

Bajó la voz y preguntó al sirviente:

—¿Mi esposo ya regresó?

—El señor regresó hace bastante tiempo. Me pidió que lo esperara aquí.

Después de responder, el sirviente no pudo evitar añadir:

—¿Por qué salió hoy sin pedirle al chofer que lo llevara? El señor Jiang estuvo buscándolo por todas partes. Parecía un poco molesto.

Al escuchar aquello, Tang Yuan sacó la lengua discretamente.

Era cierto que había regresado bastante tarde.

No sabía si Jiang Huaizhi todavía estaría esperándolo.

Nada más entrar en la sala, vio al Alfa sentado muy erguido en el sofá, leyendo el periódico.

Su expresión era severa y carecía de emoción. Sin necesidad de mostrarse enfadado, ya imponía respeto.

Tang Yuan rodeó sigilosamente el sofá, se colocó detrás de él y le cubrió los ojos con las manos.

Jiang Huaizhi frunció el ceño por reflejo, aunque su voz fue suave.

—¿Dónde estabas?

—¿Ni siquiera necesitas adivinar para saber que soy yo? Qué aburrido.

Tang Yuan suspiró exageradamente y lo soltó.

El Omega rodeó el sofá y se sentó a su lado. Con cierto aire adulador, se acurrucó un poco contra él.

—Fui a la universidad a recoger unas cosas y por eso se me hizo tarde. ¿Estabas esperándome? ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—No mucho.

Jiang Huaizhi respondió:

—Los demás ya cenaron y regresaron a sus habitaciones. Yo estaba esperándote.

El corazón de Tang Yuan se llenó de calidez.

—Qué pena. ¿Todavía no has cenado porque estabas esperándome? Entonces ven, comamos juntos. Yo también tengo hambre.

Tomó a Jiang Huaizhi de la mano y lo llevó hasta el comedor.

Mientras esperaban a que los sirvientes trajeran la cena, Tang Yuan se aferró a los hombros del Alfa, le dio rápidamente un beso en la mejilla y volvió inmediatamente a su asiento.

—…

Jiang Huaizhi sentía que haberse casado con una esposa tantos años menor que él era casi como cuidar a un niño.

Nunca sabía qué haría el pequeño Omega al segundo siguiente.

Cuando sirvieron la cena y quedaron solos en el comedor, pudieron relajarse mucho más y hablar de cualquier cosa sin preocuparse por los demás.

Mientras comía su ensalada de verduras, Tang Yuan sacó casualmente un tema de conversación.

—¿Adónde fuiste hoy? Saliste muy temprano.

—A un hospital.

—¿?

Tang Yuan detuvo sus movimientos.

Su corazón comenzó a latir repentinamente más rápido.

—¿A qué hospital?

—No al hospital donde está Yun Ran.

A esas alturas, ya no evitaban demasiado hablar de Yun Ran. Tang Yuan nunca había armado una escena por celos, así que Jiang Huaizhi podía hablar con él de esos asuntos con bastante naturalidad.

Tang Yuan se tranquilizó.

Eso significaba que Jiang Huaizhi definitivamente no había escuchado nada de lo que ellos habían hablado.

Sin embargo, la siguiente frase del Alfa volvió a dejarlo atónito.

Jiang Huaizhi dijo con indiferencia:

—Ese hospital le practicó una operación hace años. Ayer descubrí que Yun Ran había abortado.

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