Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 65
Lo dijo con total naturalidad, dejando clara tanto su postura como su descontento. Era una reacción mucho más sincera que limitarse a tolerarlo todo o recriminarlo sin cesar.
Jiang Huaizhi descubrió que el joven conseguía sorprenderlo cada vez más. Era como un tesoro todavía por descubrir, que siempre le deparaba inesperadas recompensas.
De pronto recordó algo que Su Yu había dicho: un Omega educado personalmente por la anciana señora Tang jamás podría ser mediocre.
Aunque no soportaba a Su Yu, en ese aspecto tenía que darle la razón.
Tang Yuan levantó la mirada y se encontró con los ojos del Alfa fijos en él. Su corazón dio un vuelco y, antes de que pudiera reaccionar, Jiang Huaizhi lo sujetó por aquella cintura que todavía seguía siendo delgada, lo arrinconó contra la pared y lo besó.
Tang Yuan abrió mucho los ojos, contemplando de cerca el atractivo rostro del hombre.
—¡Mmm…!
El beso lo tomó completamente por sorpresa. Ni siquiera sabía qué fibra sensible del Alfa había tocado. Estaban a plena luz del día y temía que alguien los viera, así que comenzó a golpear con las manos el amplio pecho de Jiang Huaizhi para obligarlo a soltarlo.
Sin embargo, el Alfa le sujetó la nuca y profundizó aún más el beso.
Cuando por fin lo soltó, el rostro del Omega estaba completamente rojo y respiraba con dificultad.
Tang Yuan fulminó a Jiang Huaizhi con una mirada que carecía por completo de poder intimidatorio.
—Tú… ¡¿no te da miedo que alguien nos vea?!
—Ya nos vieron —respondió Jiang Huaizhi con una sonrisa.
Por el rabillo del ojo había visto a varios sirvientes que pasaban por allí. Al acercarse, se habían detenido a cierta distancia y después se marcharon apresuradamente.
Naturalmente, lo habían visto.
Pero a él no le importaba.
Tang Yuan entreabrió los labios, estupefacto ante semejante desvergüenza. Estaba tan avergonzado y enfadado que hasta las orejas se le pusieron completamente rojas.
—¡Ya no voy a preocuparme por ti! ¡Haz lo que quieras! —declaró el Omega furioso antes de darse la vuelta para marcharse.
Jiang Huaizhi, sin embargo, sonrió y lo sujetó firmemente por la muñeca. La acarició suavemente con la yema del pulgar y aquel contacto cálido, ligeramente áspero, le produjo a Tang Yuan un extraño cosquilleo.
—Si tú no te preocupas por mí, ¿quién lo hará?
Tang Yuan pensó que podía ir a pedirle a su exnovio que se preocupara por él, pero no lo dijo en voz alta.
¡No iba a permitir que se derrumbara su imagen de esposa dulce, considerada y comprensiva!
El Omega resopló.
—Cuando hayas resuelto tus asuntos, volveré a preocuparme por ti.
Para el Alfa, aquella evidente contradicción entre sus palabras y sus sentimientos no era diferente de verlo actuar mimado.
Jiang Huaizhi tiró ligeramente de él y lo atrajo entre sus brazos, aspirando la tenue fragancia de su cabello.
Tang Yuan no entendía por qué aquel día se había vuelto de repente tan pegajoso. Se removió un poco entre sus brazos y preguntó en voz baja:
—¿Qué haces?
—No te muevas. Déjame abrazarte un rato.
Tang Yuan dejó de moverse y permitió obedientemente que lo abrazara.
El dulce aroma a leche de su cuerpo se mezclaba armoniosamente con el tenue olor de las feromonas del Alfa, formando una fragancia agradable y embriagadora.
—El próximo mes te marcaré por completo.
La voz baja del Alfa llegó hasta su oído, húmeda y magnética. Su cálido aliento rozó la sensible piel detrás de la oreja y despertó cada uno de sus sentidos.
Tang Yuan lo insultó en voz baja:
—Pervertido.
¡Él jamás admitiría que, en el fondo, sentía cierta expectativa!
¡Definitivamente no!
——
La tenue luz amarillenta de la habitación era perfecta para dormir perezosamente o pasar horas hablando por teléfono.
Tang Yuan tenía para él solo el espacioso dormitorio, mientras Jiang Huaizhi trabajaba en el estudio. Ninguno interfería con el otro.
Mientras su mente divagaba inevitablemente hacia el hecho de que, al llegar al quinto mes de embarazo, podría recibir la marca completa, Tang Yuan respondía a las preguntas de Lin Miao.
Lin Miao se negaba a responderle por qué había estado junto a su cuarto hermano y, en cambio, no dejaba de preguntarle sobre Jiang Huaizhi. Tang Yuan terminó completamente impotente ante sus evasivas.
Sin embargo, se juró que, cuando regresara a casa, conseguiría que su cuarto hermano le confesara qué clase de relación tenía ahora con Lin Miao.
—A ver, dime una cosa. ¿Dónde está Jiang Huaizhi ahora? ¿Por qué todavía no está acompañándote?
—Está en el estudio, ocupado con sus cosas.
Tang Yuan le contó sinceramente a Lin Miao lo que había ocurrido aquel día. Después de pensarlo un poco, añadió:
—Supongo que ahora estará investigando por qué Yun Ran tiene depresión. Después de todo, si Yun Ran realmente intentó suicidarse por su culpa, Jiang Huaizhi cargaría con eso toda la vida.
—Entonces, lo que quieres decir es… ¿que estás de acuerdo con que siga metiéndose en este asunto?
—Sí. ¿Por qué no iba a estarlo?
Lin Miao soltó una risa de incredulidad.
Si Tang Yuan hubiera estado frente a él, habría querido darle unos golpecitos en la cabeza y preguntarle qué demonios estaba pensando ese pequeño cerebro suyo.
—Tang Yuan, ¿entiendes que Jiang Huaizhi y ese Yun Ran terminaron hace años? Aunque Yun Ran realmente se hubiera cortado las muñecas por él, eso ya no tiene absolutamente nada que ver con Jiang Huaizhi. No tiene ninguna responsabilidad sobre él, y tú tampoco necesitas ceder en esto, ¿entendido?
El tono de Lin Miao no era precisamente agradable.
—¿No crees que Yun Ran lo está haciendo deliberadamente? Terminaron hace tantos años y justo ahora, de repente, comienza a intentar quitarse la vida. ¿Y tú todavía estás pensando en dejar que aclaren las cosas y se separen en buenos términos? ¡Ya se separaron hace muchísimo tiempo! ¿Lo entiendes?
Tang Yuan se limitó a reír.
Su risa terminó por desarmar completamente a Lin Miao.
—¿Y todavía te ríes? ¿Eres tonto?
Lin Miao suspiró.
Siempre decían que un embarazo volvía torpe a una persona durante tres años. ¿Por qué tenía la impresión de que su pequeño Tangyuan ya empezaba a mostrar síntomas?
Tang Yuan no respondió inmediatamente.
Miró hacia la puerta y, al comprobar que no había ningún movimiento afuera, se tranquilizó. Entonces bajó la voz.
—No soy tan ingenuo.
—… ¿Todavía dices que no?
A ojos de Lin Miao, prácticamente estaba malcriando a Jiang Huaizhi.
—Por supuesto que delante de Jiang Huaizhi tenía que decir que no me importaba y dejarlo investigar tranquilo. Si no, ¿qué hago si este asunto se le queda dando vueltas en la cabeza todo el tiempo? Siempre pasa lo mismo: cuanto más intentas impedirle a alguien hacer algo, más piensa en ello. Es mejor no detenerlo.
Tang Yuan no intentó ocultar sus celos. Por el contrario, habló de ellos con total franqueza.
—Yo no sospecho que Jiang Huaizhi vaya a hacer nada. Además, ¿dónde va a encontrar otra esposa tan buena como yo? ¡Ni buscándola con una linterna!
Lin Miao no pudo contener la risa.
Cuando Tang Yuan le preguntó de qué se reía, respondió con una sonrisa:
—Sigue hablando. Me parece que tienes algún otro plan.
—Por supuesto.
El Omega habló con absoluta seguridad.
—Hermano Miao, no me subestimes.
—Entonces, ¿qué piensas hacer? ¿Puedo preguntar? ¿Puedes contármelo de antemano?
Lin Miao sonrió y le recordó:
—Este rival tuyo no parece fácil de manejar. Lleva años moviéndose en el mundo del espectáculo y ha conseguido mantenerse famoso durante mucho tiempo. ¿De verdad crees que alguien así no tiene sus propios recursos? Ten cuidado con todo lo que hagas.
—Lo sé.
Tang Yuan sabía que no debía pensar lo peor de los demás.
Sin embargo, prepararse siempre para el peor desenlace era la mejor forma de evitar que algo lo tomara desprevenido. Tanto su abuela como sus hermanos se lo habían recordado muchas veces.
Cuando terminó la llamada con Lin Miao, en la mente de Tang Yuan ya comenzaba a tomar forma un plan perfectamente razonable y meticuloso.
Después de haberle contado la verdad, Jiang Huaizhi parecía haberse quedado bastante tranquilo. Cada vez que iba al hospital, avisaba a Tang Yuan con antelación y siempre acudía acompañado de Xiao Sheng.
Xiao Sheng también visitó varias veces la residencia de los Jiang.
En más de una ocasión tanteó a Tang Yuan durante sus conversaciones, preguntándole indirectamente si le molestaba todo aquello. Después de recibir siempre como respuesta que al Omega no le importaba en absoluto, Xiao Sheng quedó profundamente impresionado y le regaló muchas cosas, probablemente a modo de compensación.
Tang Yuan las aceptó todas sin el menor remordimiento.
Todo transcurrió con absoluta tranquilidad.
Sin embargo, medio mes después, Tang Yuan supo por boca de Jiang Huaizhi que las tendencias depresivas de Yun Ran seguían sin mostrar ninguna mejoría.
Era imposible que un artista tan popular como Yun Ran desapareciera durante tanto tiempo sin provocar revuelo. Y, para empeorar las cosas, los rumores sobre su intento de suicidio se propagaban cada vez con más fuerza.
Finalmente apareció una noticia de espectáculos que llevaba el sensacionalismo al extremo.
El artículo comenzaba con una fotografía tomada a escondidas y dedicaba todo el texto a especular sobre qué relación podían tener las siluetas de Jiang Huaizhi y Xiao Sheng captadas en la imagen con el hecho de que Yun Ran se hubiera cortado las muñecas.
La noticia desató por fin una considerable ola de discusión.
Cuando Tang Yuan abrió las noticias en su teléfono y vio que los internautas estaban hablando del asunto por todas partes, comprendió que había llegado el momento.
Era hora de hacer algo.