Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 56

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El plan de Tang Yuan todavía se encontraba en una etapa secreta de preparación. Jiang Huaizhi sabía que, aunque le preguntara, el omega no se lo diría, así que tampoco insistió. Solo le recordó que no se metiera en conflictos con los demás.

Tang Yuan, naturalmente, lo entendía.

No pensaba romper abiertamente con aquel hermano menor oportunista de Jiang Huaizhi.

Pero tampoco podía dejarlo marcharse sin probar un poco de su propia medicina.

Mientras tanto, antes de la luna de miel, Jiang Huaizhi todavía tuvo que trabajar horas extra para encargarse de todos los problemas que Jiang You había dejado a medias. Cierta persona, en cambio, seguía divirtiéndose fuera todos los días y regresaba a casa a altas horas de la noche.

Tang Yuan lo veía todo.

Y aquello solo reafirmó todavía más su determinación de darle una lección.

Habían decidido pasar la luna de miel en una hermosa isla. Coincidía además con la temporada baja, así que no había demasiados turistas y podían disfrutar a su antojo de aquellos días que les pertenecían únicamente a los dos.

Incluso pudieron contemplar decenas de tiburones ballena reuniéndose al mismo tiempo en la superficie del mar.

A Tang Yuan le encantaba divertirse y, en un principio, había intentado escabullirse a escondidas para hacer esnórquel. Sin embargo, el personal le informó que un omega casado solo podía entrar al agua acompañado de su pareja.

No tuvo más remedio que regresar sigilosamente al hotel.

Y allí fue atrapado con las manos en la masa por el Alfa.

Después de volver a casa de los Tang, Jiang Huaizhi mencionó el asunto delante de su familia como quien no quería la cosa, provocando que la abuela llamara a Tang Yuan aparte para darle un buen sermón.

Pasara lo que pasara, tenía que proteger bien al pequeño que llevaba en el vientre.

Tang Yuan sentía que había escuchado aquellas palabras tantas veces que ya casi tenía callos en los oídos.

Sin embargo, la señora Tang siempre estaba preocupada y se tomaba el asunto incluso más en serio que el propio Tang Yuan.

Tang Yuan sabía que su abuela temía que le ocurriera algún accidente igual que a su madre, así que siempre la escuchaba obedientemente.

Incluso comenzó a obligarse a comer verduras y zanahorias, que normalmente no le gustaban demasiado, con tal de mantener una alimentación equilibrada.

Su abuela decía que ahora se veía un poco más rellenito que antes.

Tang Yuan también podía notar que el embarazo comenzaba a hacerse visible. Durante los últimos días había observado cómo su antiguo vientre plano adquiría una ligera curva, como cuando comía demasiado.

Al omega le resultaba novedoso, aunque al mismo tiempo sentía cierta inquietud al pensar en cómo cambiaría su cuerpo más adelante.

Para evitar que el embarazo se volviera demasiado evidente, Tang Yuan decidió anunciarlo tres días después de regresar de la luna de miel.

Casualmente, aquella noche era fin de semana.

Todos habían terminado de cenar y se encontraban reunidos en la sala, charlando sobre asuntos recientes. Una sirvienta llevó té y Su Yu comenzó a preguntarles sobre las anécdotas de la luna de miel.

Tang Yuan eligió algunas cosas divertidas para contar.

Naturalmente, omitió aquella parte en la que había intentado escabullirse para hacer esnórquel.

Por fortuna, Jiang Huaizhi tampoco lo mencionó y le salvó bastante la cara.

Tang Yuan estaba convencido de que aquel hombre lo había hecho a propósito.

Había contado lo del esnórquel delante de su abuela precisamente para conseguir que ella lo regañara.

Seguro que todavía guardaba rencor porque, durante toda la luna de miel, Tang Yuan no le había hecho caso y se pasaba todas las noches hablando durante horas por teléfono con el hermano Miao.

Su Yu escuchaba sonriente las historias del viaje y suspiró con cierta nostalgia.

—Qué bien. Los jóvenes deberían salir más y divertirse. Ay, viejo Jiang, ¿cuánto tiempo hace que no sales conmigo? Piénsalo tú mismo.

Aunque la mujer ya había pasado de los cuarenta, se conservaba extremadamente bien y aparentaba como mucho poco más de treinta. Todavía había algo de coquetería juvenil en sus palabras y gestos. Era hermosa y encantadora.

Al escucharla, Tang Yuan sintió como si le hubieran presumido su romance directamente en la cara.

Y, al volver la mirada hacia Jiang Jing, descubrió que incluso un hombre normalmente tan serio se había sentido avergonzado.

—¿Por qué dices esas cosas delante de los niños?

Tang Yuan suspiró para sus adentros.

Tener que ver con frecuencia a una madrastra que trataba a su Alfa con una cara delante y otra por detrás comportándose amorosamente con su padre biológico realmente no debía ser una experiencia demasiado agradable.

De repente quiso preguntarle a Jiang Huaizhi si podían mudarse y vivir únicamente los dos.

Sin embargo, sabía desde hacía mucho que aquello probablemente no era posible.

Antes de formar una familia, Jiang Huaizhi quizá podía vivir fuera con frecuencia. Pero una vez casado, inevitablemente tendría que pasar la mayor parte del tiempo en la residencia familiar.

Tang Yuan no entendía por qué las reglas de la familia Jiang parecían funcionar justo al revés que en otras familias.

Su abuela le había advertido que no preguntara demasiado.

Cuando estaban implicados complicados asuntos patrimoniales, siempre aparecían toda clase de intrigas.

Lin Miao también le había dicho que no se metiera en esos asuntos, porque alguien tan ingenuo como Tang Yuan podía acabar fácilmente atrapado en ellos.

Tang Yuan no estaba de acuerdo con que fuera un ingenuo sin remedio.

Pero sí admitía que aquella advertencia tenía sentido.

Su Yu tomó casualmente una taza de té todavía humeante y se la tendió a Tang Yuan.

—Debes tener la boca seca. Toma un poco. Es un excelente té negro de Yunnan.

—Gracias, tía Su, pero…

Tang Yuan recibió la taza con una expresión incómoda.

Por dentro, sin embargo, dejó escapar un suspiro de alivio.

Por fin tenía una excusa perfecta para anunciarlo.

Intercambió una mirada con Jiang Huaizhi y ambos se entendieron de inmediato.

Jiang Huaizhi tomó la taza de té negro de sus manos y sonrió.

—Xiao Yuan ya no puede beber té. Sobre todo té negro.

Su Yu se quedó inmóvil durante unos segundos.

De repente pareció darse cuenta de algo.

—N-no me digas que…

—…

Jiang Jing todavía no entendía qué estaba ocurriendo y frunció el ceño.

—¿Qué?

Tang Yuan bajó la cabeza.

Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rojo y adoptó deliberadamente una expresión tímida mientras se acercaba un poco más al Alfa.

Por dentro pensaba que su actuación debía ser bastante buena.

Perfectamente podría dedicarse al mundo del espectáculo.

La siguiente parte, naturalmente, correspondía a Jiang Huaizhi.

Y aquel viejo zorro actuaba con mucha más naturalidad que él.

Explicó que durante la luna de miel ya habían notado que algo parecía extraño y que, al regresar al país y hacerse una revisión, efectivamente habían confirmado sus sospechas.

Incluso sacó un informe médico nuevo.

—Xiao Yuan está embarazado —dijo suavemente—. El médico dijo que todo está muy bien, pero debe cuidar su alimentación y descansar adecuadamente. Cosas como el té ya no puede beberlas.

Jiang Huaizhi había construido toda la historia con una facilidad impresionante y sonaba completamente convincente.

Si Tang Yuan no hubiera conocido la verdad, casi habría acabado creyéndosela.

Cuando Jiang Jing recibió el informe, sujetó el papel con tanta fuerza entre los dedos que casi lo arrugó.

Lo revisó cuidadosamente una y otra vez.

Cuando por fin confirmó que era verdad, dijo varias veces:

—Bien. Bien. Muy bien.

Después tomó la mano de Jiang Huaizhi y comenzó a preguntarle toda clase de detalles.

Desde que había llegado a la familia Jiang, era la primera vez que Tang Yuan veía al tío Jiang tan emocionado.

Por un lado, se alegraba de que, gracias a aquello, finalmente prestara más atención a su hijo mayor.

Pero, por otro, sentía que un afecto familiar que solo podía conseguirse gracias a un hijo resultaba demasiado barato.

Sin embargo, cuando vio el brillo en los ojos de Jiang Huaizhi mientras respondía atentamente a las preguntas de su padre, Tang Yuan decidió guardar aquellos pensamientos para sí mismo.

Desde el momento en que anunciaron la noticia, la expresión de Su Yu había cambiado ligeramente.

Aunque enseguida consiguió recomponerse y los felicitó con una gran sonrisa, Tang Yuan, que estaba observando cuidadosamente las reacciones de todos, no pasó por alto aquel instante.

Fingió no haber visto nada y respondió con paciencia a las preguntas de Su Yu, aparentemente preocupadas, pero que en realidad parecían un interrogatorio tras otro.

Su abuela ya lo había preparado individualmente para aquello.

Habían ensayado prácticamente todas las preguntas que Su Yu podía hacerle, y la señora Tang incluso le había enseñado exactamente cómo responder.

Y Su Yu parecía estar siguiendo al pie de la letra lo que su abuela había anticipado.

Todas sus preguntas encajaban dentro de aquellas posibilidades.

Tang Yuan se rio para sus adentros y respondió sin dejar el menor resquicio, incluso explicando con perfecta claridad el supuesto «momento del embarazo».

Finalmente, siguiendo las indicaciones de su abuela, Tang Yuan apretó los labios con fingida vergüenza y dejó de responder.

—Tía Su, lo demás… ya no sería muy apropiado contarlo.

—Ah… oh, oh. Entonces no hace falta que lo digas.

Al escucharlo, Su Yu tampoco pudo seguir preguntando.

—Mira que yo… estaba tan contenta que terminé haciéndote demasiadas preguntas. Qué cosas las mías. Yuan Yuan, será mejor que vayas a descansar. Dormir tarde no es bueno para el bebé.

—Sí. Gracias, tía Su.

Tang Yuan no conseguía ver precisamente dónde estaba toda aquella alegría que ella decía sentir.

Pero aprovechó la salida que le ofrecía, tomó a Jiang Huaizhi de la mano, les dio las buenas noches a ambos y regresó con él a la habitación para disfrutar de su tiempo a solas.

Su Yu, en cambio, permaneció allí escuchando a Jiang Jing, que normalmente era un hombre de pocas palabras, repetir una y otra vez que iba a convertirse en abuelo.

Incluso comentó que dentro de unos días deberían visitar juntos al señor Tang.

Y mientras seguía hablando, llegó al extremo de empezar a planear cómo organizarían el banquete de los cien días después del nacimiento del bebé.

Aunque Su Yu estaba disgustada por dentro, no tuvo más remedio que seguirle la corriente.

No mucho después, inventó que tenía algo que hacer en el estudio y se marchó primero.

Una vez dentro del estudio, Su Yu solo hizo una llamada.

La sonrisa formal que había mantenido desapareció completamente de su rostro.

Su voz también se volvió fría.

En cuanto la llamada conectó, preguntó con dureza:

—¿Jiang You? ¿Dónde estás? ¿Por qué hay tanto ruido?

Del otro lado se escuchaba música ensordecedora.

La voz de Jiang You seguía sonando despreocupada y frívola.

—Mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan enfadada? ¿Quién te hizo enojar? Estoy bebiendo con unos amigos. No me viene muy bien hablar ahora.

—Vuelve a casa inmediatamente.

—¿Qué ocurrió?

Jiang You frunció el ceño y finalmente percibió que algo no iba bien en el tono de Su Yu. Levantó una mano y los demás apagaron la música por iniciativa propia.

—¿Te peleaste con mi papá? ¿O volvió a pasar algo con Jiang Huaizhi?

En privado, Jiang You jamás llamaba a Jiang Huaizhi «hermano».

Su Yu soltó una risa fría.

—Si no regresas ahora mismo, olvídate de recibir siquiera un centavo del patrimonio del viejo. ¡Por cómo está actuando tu padre, parece dispuesto a dejarle toda su fortuna a su nieto biológico!

Nota del autor: Aunque el viejo Jiang parece todo un zorro astuto, en realidad tiene una enorme carencia afectiva y siempre ha deseado obtener el reconocimiento de su padre.

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