Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 51
La lámpara de la habitación estaba cubierta por una fina gasa roja que teñía las mejillas del joven de un tenue color rosado.
Tang Yuan corrió a buscar una caja cuadrada atada con una cinta y un lazo. Después de traerla, pareció temer que el color del regalo no pudiera apreciarse bien, así que retiró también la gasa roja que cubría la lámpara.
La habitación se iluminó por completo. Bajo aquella luz, la piel del omega se veía blanca, tersa y uniforme, haciendo que sus pupilas negras parecieran todavía más claras y cristalinas.
—Toma, es para ti. Ábrelo tú mismo.
Tang Yuan levantó la caja con una sonrisa radiante, dejando ver uno de sus pequeños y puntiagudos colmillos.
Jiang Huaizhi recordó el misterio que Tang Yuan había creado durante aquella videollamada. En ese momento, el joven se había negado a contarle qué era. ¿Resultaba que había estado esperando hasta ese día para darle una sorpresa?
Incluso se había preocupado por darle cierta ceremonia al momento.
Aunque Jiang Huaizhi nunca había sentido demasiado interés por ese tipo de sorpresas, al ver la mirada expectante del omega, su corazón inevitablemente se ablandó. Movió los dedos y desató el lazo que rodeaba la caja.
Cuando retiró la tapa y vio el regalo que había dentro, el Alfa se quedó paralizado por un instante.
Era un retrato.
El hombre del cuadro tenía facciones marcadas y apuestas. Su cabello, ligeramente largo, caía de forma casual y desordenada sobre la frente. Cada hebra parecía tan real que daba la impresión de tratarse de una fotografía. Incluso aquella mirada parecía capaz de atravesar el papel para encontrarse silenciosamente con la suya.
—¿Te gusta?
El omega estaba terriblemente nervioso.
Era la primera vez que regalaba a alguien un retrato de ese tipo y siempre había temido no haberlo pintado lo suficientemente bien. Había pensado en pedirle a Lin Miao que le diera algunos consejos, pero temía que se burlara de él, así que no tuvo más remedio que encerrarse cada noche en su habitación para pintarlo a escondidas.
Durante sus videollamadas con Jiang Huaizhi había tomado varias capturas de pantalla. Después eligió algunas de sus favoritas y las utilizó como referencia para retratarlo.
Cada pincelada contenía los sentimientos secretos y ambiguos del joven.
—Mi mamá también era una excelente pintora al óleo. La abuela me contó que todos los años pintaba un retrato de mi padre. Así que… así que yo también quiero empezar a pintarte uno cada año…
El joven soltó todas aquellas palabras de una vez.
Claramente estaba avergonzado, pero se obligó a mantener la calma y levantó la cabeza para mirar atentamente al Alfa.
Siempre conseguía sorprenderlo cuando menos se lo esperaba.
Y aquellas sorpresas traían consigo una calidez que se filtraba poco a poco en su corazón.
Jiang Huaizhi curvó los labios. Sus dedos recorrieron suavemente la superficie del lienzo y en el aire parecía persistir todavía el tenue olor de la pintura.
—Me gusta mucho. Gracias —dijo el Alfa en voz baja.
De repente, Tang Yuan sintió que la caja entre sus manos se había vuelto muy pesada. Miró a Jiang Huaizhi a los ojos y sintió que la cabeza le daba un poco de vueltas.
—Mientras te guste…
Jiang Huaizhi sacó el retrato y volvió a contemplarlo detenidamente durante unos instantes antes de guardarlo otra vez en la caja con mucho cuidado.
—Dentro de unos días mandaré a enmarcarlo. ¿Qué te parece si lo colgamos en nuestra habitación?
—¿Ah? ¿De verdad vas a colgarlo?
Tang Yuan sentía que su torpe obra no era digna de exhibirse y se apresuró a rechazar la idea.
—Después de mirarlo unos días acabarás pensando que no está tan bien pintado.
—Nunca pensaré que algo pintado por ti está mal, sin importar cuántas veces lo mire.
Mientras hablaba, el Alfa se quitó despreocupadamente la chaqueta.
Tang Yuan siguió sus movimientos con la mirada y tragó saliva. Estaba un poco preocupado por lo que pudiera suceder después y, al mismo tiempo, sentía una vaga expectación.
Las cortinas se cerraron.
Poco a poco, un dulce aroma a leche comenzó a extenderse por la habitación, mezclándose con el fresco perfume a cedro hasta formar una combinación de feromonas particularmente agradable. Tang Yuan sintió que la temperatura de la habitación aumentaba y que el ambiente adquiría silenciosamente un matiz ambiguo.
—Tus feromonas tienen mi aroma. Cada vez es más intenso.
Jiang Huaizhi se había acercado a él sin que se diera cuenta. Uno de los botones de su camisa estaba desabrochado, dejando entrever una pequeña porción de piel color miel. Al mismo tiempo, el aroma a cedro se volvió más intenso.
—Pero hoy ya no necesitas utilizar inhibidores.
Tang Yuan ni siquiera tuvo tiempo de lamentarse por haber perdido el control de sus feromonas. Se quedó aturdido un instante y, cuando la sombra frente a él lo envolvió, sus feromonas se descontrolaron todavía más.
El cálido aroma a leche era dulce y empalagoso, casi como si sus propias feromonas supieran actuar con coquetería.
Aunque Tang Yuan todavía no hubiera dicho nada, ellas ya lo habían delatado por completo.
De pronto sintió un peso sobre el cuerpo y una sensación cálida sobre los labios.
Jiang Huaizhi lo estaba besando.
Tang Yuan se quedó inmóvil durante un segundo. Sus muñecas fueron levantadas por encima de su cabeza y sujetadas allí, impidiéndole moverse.
Solo después reaccionó y trató de devolverle el beso, aunque era tan torpe que no lograba encontrar el ritmo.
Las feromonas del Alfa comenzaron a agitarse y la intensidad del beso aumentó.
—No te muevas…
Jiang Huaizhi se apartó de sus labios. Su voz no era fuerte, pero transmitía una presión difícil de ignorar.
Tang Yuan obedeció dócilmente.
Sus ojos, húmedos como los de un cervatillo, lo contemplaban a través de una fina bruma.
Difícilmente habría un Alfa capaz de soportar aquella mirada inocente sin sentir deseos de hacer algo.
Mucho menos cuando aquella era su noche de bodas.
El corazón de Tang Yuan latía tan deprisa que parecía a punto de saltarle del pecho. Con el rostro completamente rojo, dijo en voz baja:
—La… la doctora dijo la última vez que tenemos que esperar hasta después del quinto mes para hacerlo. Ahora todavía no podemos. Tú… mm…
El omega abrió mucho los ojos cuando sus labios volvieron a ser sellados por un beso.
—No voy a hacer nada —murmuró Jiang Huaizhi.
……
—¿Estás cansado?
Jiang Huaizhi estaba acostado de lado junto a él y cubrió al omega con una manta ligera.
El joven todavía tenía enrojecidas las comisuras de los ojos y la punta de la nariz. Parecía un melocotón completamente maduro. Había enterrado casi todo el rostro bajo la manta y solo dejaba al descubierto un par de ojos límpidos y cristalinos.
Continuó reprendiendo al Alfa con una ferocidad que, viniendo de él, resultaba más adorable que amenazante:
—¿Y de qué sirve preguntar si estoy cansado? Cuando te dije que pararas, ¿acaso te detuviste?
Jiang Huaizhi no pudo evitar reírse.
—Pequeño desagradecido. Ya me contuve muchísimo.
De haberlo sabido, quizá debería haberse permitido perder el control una sola vez.
Después de todo, era su noche de bodas.
Pero aquello solo podía quedarse en un pensamiento.
El omega todavía se encontraba en las primeras etapas del embarazo y no podía realizar actividades sexuales intensas. Jiang Huaizhi tampoco tenía la menor intención de arriesgar la seguridad de Tang Yuan.
Tang Yuan lo ignoró y se dio la vuelta, quedando de espaldas a él.
Su cabeza estaba llena de pensamientos indecentes mientras recordaba el mal comportamiento del hombre hacía apenas unos momentos. Sus pequeñas orejas, todavía visibles fuera de la manta, se habían puesto rojas como cerezas.
—Está bien. Duerme.
Jiang Huaizhi lo rodeó suavemente con los brazos.
El omega no se resistió. Al contrario, se acurrucó un poco más contra su pecho, encontró la posición más cómoda y cerró los ojos.
—Buenas noches —susurró Tang Yuan.
—Buenas noches, honey.
—…
Tang Yuan decidió que no iba a responderle.
Probablemente se pondría tan rojo que ya no conseguiría dormir en toda la noche.