Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - El aroma de las feromonas
Los besos también podían servir para reponer feromonas de manera indirecta.
Aquello volvía a entrar por completo en el terreno desconocido para Tang Yuan. Después de que Jiang Huaizhi lo soltara y comenzara a explicárselo con toda seriedad, Tang Yuan sintió que las orejas le ardían y no sabía si debía taparle la boca para que dejara de hablar.
Los labios del hombre eran finos, como si hubieran sido esculpidos en una antigua estatua griega. Ahora estaban ligeramente húmedos y, bajo la luz de las farolas, resultaban especialmente provocativos.
Tang Yuan tragó saliva y se obligó a expulsar de su cabeza aquellos pensamientos indecentes.
¡Todavía estaban frente a la entrada de su casa!
Sin embargo, por mucho que intentara controlarse, su mente no obedecía. Cuanto más trataba de ocultarlo, más evidente resultaba.
Después de que Jiang Huaizhi lo soltara, Tang Yuan por fin pudo respirar con normalidad, pero al mismo tiempo comenzó a añorar aquella sensación cálida, suave y estremecedora de hacía unos instantes.
—¿No te da miedo que alguien de mi familia nos vea?
El omega se hacía el remilgado después de haberse beneficiado de la situación. Por un lado, quería ponerse de puntillas y darle otro beso de buenas noches; por otro, se sentía demasiado avergonzado para decirlo abiertamente.
Ante un viejo zorro experimentado como Jiang Huaizhi, los pensamientos que el muchacho intentaba ocultar eran prácticamente transparentes.
Jiang Huaizhi no respondió.
Simplemente volvió a acercarse y lo estrechó entre sus brazos. La gran mano del alfa envolvió los dedos ligeramente fríos de Tang Yuan para calentarlos y, bajando la cabeza, depositó un beso sobre las puntas de su cabello.
Todos los pensamientos de Tang Yuan estallaron de golpe.
Su rostro blanco se puso rojo como un camarón recién cocido.
¡E-eso era hacer trampa!
¡Aquello lo alteraba incluso más que el beso directo de hacía un momento!
Tang Yuan medía un metro setenta y siete, una estatura bastante alta entre los omegas, pero junto al alfa parecía completamente insuficiente.
Cuando Jiang Huaizhi lo estrechó entre sus brazos, ni siquiera levantando la cabeza alcanzaba sus labios. Solo podía ver su mentón, cubierto por una tenue sombra azulada.
Como llevado por un impulso inexplicable, Tang Yuan extendió el índice y lo tocó.
Pinchaba un poco.
Era barba incipiente.
Jiang Huaizhi bajó la mirada hacia él con cierta confusión. Cuando escuchó al muchacho recordarle que debía afeitarse, sonrió impotente, lo soltó y aceptó:
—Está bien.
Aquel pequeño omega era un experto en arruinar el ambiente.
Y, sin embargo, otras veces conseguía despertar el deseo de los demás sin siquiera darse cuenta, hasta el punto de que Jiang Huaizhi no sabía qué hacer con él.
A veces solo quería encerrarlo obedientemente en casa para impedir que saliera a causar estragos entre más alfas.
Cuando Jiang Huaizhi lo soltó, desvió casualmente la mirada y alcanzó a ver con el rabillo del ojo que se encendía una luz en el balcón del tercer piso de la residencia Tang.
Una silueta pareció aparecer allí durante un instante antes de desaparecer.
—Bien, entra ya. Es tarde.
Jiang Huaizhi retrocedió un paso y mantuvo entre ambos la distancia cortés que correspondía a un alfa y un omega que aún no estaban casados.
Con gran caballerosidad, inclinó ligeramente el cuerpo.
—Me quedaré aquí hasta que entres.
Tang Yuan quedó desconcertado por su repentino cambio de actitud.
Entonces vio que Jiang Huaizhi articulaba algo silenciosamente con los labios.
Parecía estar diciendo:
Hay alguien.
El omega comprendió enseguida.
Miró disimuladamente hacia atrás y vio cómo la luz del tercer piso desaparecía por un instante y alguien cerraba las cortinas.
¡Estaba acabado!
Lo primero que pensó Tang Yuan fue:
¿No me digas que alguien de mi familia acaba de ver cómo Jiang Huaizhi y yo nos besábamos?
¡Sus hermanos vivían precisamente en el tercer piso!
—Entra ya. No vayas a resfriarte.
Cierta persona, después de besarlo, no parecía preocupada en absoluto.
La profunda sonrisa en los ojos de Jiang Huaizhi incluso hizo sospechar a Tang Yuan que lo había hecho deliberadamente.
Tang Yuan se enfadó.
Como tampoco podía desahogarse con él, solo lo fulminó ferozmente con la mirada antes de darse la vuelta y marcharse hecho una furia.
—Mañana vendré a buscarte. No lo olvides —le recordó Jiang Huaizhi.
—¡Ya lo sé! ¡Qué fastidio!
La voz del muchacho sonaba feroz, pero con su tono suave y juvenil, en lugar de intimidar, provocaba ganas de reír.
Tang Yuan entró en casa todavía enfurruñado.
Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba.
Aquel viejo seguramente había visto desde el principio que sus hermanos estaban observándolos y por eso lo había besado.
Si no, ¿por qué no lo había besado antes ni después, sino precisamente en ese momento?
Tang Yuan ya había declarado culpable a Jiang Huaizhi en su cabeza, sin importarle cuál fuera la verdad.
Lo único que podía pensar era qué haría si sus hermanos realmente los habían visto.
¡Si era cierto, moriría de vergüenza!
Mientras pensaba en ello, levantó la cabeza y vio al tercer hermano bajando las escaleras.
—Xiao Yuan, ¿por qué regresaste tan tarde?
El tercer hermano vestía una bata oscura y llevaba un periódico en las manos.
Se ajustó las gafas de montura plateada sobre el puente de la nariz y le hizo la pregunta con expresión tranquila.
Tang Yuan se sintió como un niño atrapado después de escaparse a escondidas a un cibercafé.
La culpa le pesaba terriblemente.
No sabía si su tercer hermano había visto lo ocurrido y tampoco podía mentirle a alguien cuya inteligencia lo superaba por completo.
Si lo intentaba, lo descubriría en cuestión de segundos.
Así que Tang Yuan respondió obedientemente:
—Tercer hermano, hoy fui con Jiang Huaizhi a su casa. Se lo dije a la abuela esta mañana, pero quizá todavía no se los había contado. Jiang Huaizhi también fue quien me trajo de regreso. Ahora seguramente ya se irá a su casa.
—Oh.
El tercer hermano respondió sin demasiado entusiasmo.
Su voz sonaba algo fría.
—Ya imaginaba que era él.
Aquello confirmó casi por completo las sospechas de Tang Yuan.
Probablemente su tercer hermano había visto precisamente aquella escena.
Aunque ya había llevado a Jiang Huaizhi a conocer a su familia, Tang Yuan sabía que sus hermanos seguían mostrándose muy reacios a aceptarlo. Por eso, durante aquellos días prácticamente había evitado mencionar a Jiang Huaizhi delante de ellos.
Ahora que su tercer hermano había presenciado de repente una escena tan íntima, Tang Yuan temió que no pudiera controlar sus emociones.
—Tercer hermano, no te enfades. Tampoco sabía que seguías despierto. ¿Lo viste todo?
El omega adoptó inmediatamente la expresión lastimera de alguien que había hecho algo malo.
Se apresuró a reconocer su culpa, sujetó el brazo de su tercer hermano y suplicó:
—Buen tercer hermano, no se lo cuentes al hermano mayor ni a los demás. Tengo miedo de que también se enfaden. Yo… ¡de verdad que normalmente no lo beso!
Tang Yuan estaba a punto de jurarlo por el cielo.
Pero apenas terminó de hablar, su tercer hermano lo reprendió suavemente:
—Shh. Habla más bajo.
Tang Yuan cerró obedientemente la boca y continuó mirándolo con expresión lastimera.
No quería que la imagen que había mantenido durante tantos años se derrumbara de la noche a la mañana.
En una familia Tang de ideas especialmente tradicionales, tener demasiado contacto físico con un alfa antes del matrimonio, y mucho más besarlo, se consideraría una mancha en su reputación.
A Tang Yuan no le importaba demasiado pasar vergüenza.
Lo que temía era que sus hermanos se sintieran heridos.
El tercer hermano le lanzó una mirada.
—¿Quién dijo que pensaba contárselo?
—¡Tercer hermano, eres el mejor!
Tang Yuan casi saltó para abrazarlo.
Sin embargo, teniendo en cuenta la diferencia entre alfa y omega, al final se limitó a sujetarle la mano mientras sonreía tontamente.
—Ay, Yuan Yuan, qué ingenuo eres.
El tercer hermano lo miró y negó con la cabeza.
Detrás de los cristales de sus gafas, sus ojos parecían contener innumerables emociones. Al final, sin embargo, solo dejó escapar un profundo suspiro y dijo en voz baja:
—¿Puedes tener más cuidado de ahora en adelante? No vuelvas a cometer un error tan básico.
Tang Yuan se apresuró a prometer que jamás volvería a hacerlo.
Aunque por dentro se sentía agraviado.
¡Él tampoco sabía que Jiang Huaizhi iba a besarlo de repente!
Sin embargo, parecía que su tercer hermano no se refería a eso.
Sus siguientes palabras dejaron a Tang Yuan completamente inmóvil, sin saber cómo responder.
—Yuan Yuan, no estoy hablando de eso. Me refiero a que olvidaste aplicarte el inhibidor de feromonas. Tu aroma está por todas partes. ¿Por qué no vas a abrir las ventanas de una vez?
—…
Tang Yuan bajó instintivamente la cabeza e intentó percibir con atención el aroma de sus propias feromonas.
Entre aquella dulce y cremosa fragancia se mezclaba un aroma frío y penetrante a cedro.
Eran dos feromonas completamente distintas y, sin embargo, se fusionaban con una armonía extraordinaria.
Cualquiera que tuviera unos conocimientos mínimos sobre la fisiología entre alfas y omegas podría comprender lo que aquello significaba.
La mente de Tang Yuan estalló como si acabaran de encender fuegos artificiales en su interior.
Salió disparado como un conejo y, presa del pánico, corrió a abrir las ventanas.
En ese momento, el omega solo podía pensar en impedir que alguien más percibiera aquel aroma de feromonas demasiado revelador.
Y enseguida comprendió otra cosa.
Su tercer hermano seguramente también sabía que entre Jiang Huaizhi y él había ocurrido algo más que un simple beso.
Una mezcla de feromonas como aquella solo podía deberse a una de dos cosas: una marca completa o un embarazo.
Cualquiera de las dos explicaciones era más que suficiente.
Tang Yuan estaba al borde de las lágrimas.
Después de abrir las ventanas, comenzó a buscar desesperadamente el inhibidor entre sus cosas.
Buscó durante un rato sin encontrarlo y entonces recordó que probablemente lo había olvidado en el coche de Jiang Huaizhi.
—Tercer hermano…
Tang Yuan estaba a punto de pedirle ayuda cuando, de repente, un fuerte estruendo lo sobresaltó.
Tang Lie había aparecido allí en algún momento.
El alfa, con el rostro sombrío, se dirigía hacia la salida.
Caminaba tan deprisa que derribó una silla y ni siquiera se detuvo a levantarla.
El estruendo que acababan de escuchar había sido precisamente el de la silla al caer.
—¿Cuarto hermano?
Tang Yuan lo miró atónito.
Se quedó paralizado apenas medio segundo antes de apresurarse a perseguir a Tang Lie.
Con urgencia, le pidió al tercer hermano que lo detuviera.
Sin embargo, este no mostró ninguna intención de hacerlo.
En cambio, se acercó a Tang Yuan y le impidió ir tras él.
—¡Tercer hermano! ¿Por qué no me dijiste que el cuarto hermano también estaba aquí? —Tang Yuan estaba a punto de llorar.
—Pero tampoco dije que no estuviera.
El tercer hermano lo detuvo.
Aunque su voz era suave, contenía una firmeza que no admitía discusión.
—Déjalo. Tú ve a dormir. Sé obediente.