Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - ¿Quién es el afortunado?
Jiang Huaizhi se quedó ligeramente sorprendido. Se llevó a la boca el trozo de pescado que Tang Yuan había puesto en su plato y dijo:
—Gracias.
Pero Tang Yuan no necesitaba que se lo agradeciera. El omega levantó la cabeza y lo miró seriamente.
—¿Qué más te gusta?
Por el tono de sus palabras, parecía que pensaba servirle cualquier cosa que Jiang Huaizhi quisiera comer.
Jiang Huaizhi no pudo evitar reír.
—No es como si no tuviera manos.
Entendía perfectamente que el pequeño omega estaba intentando protegerlo, pero hacerlo de aquella manera y en ese momento resultaba un tanto inapropiado.
Su Yu pareció comprender sus preocupaciones. Al observar la interacción entre ambos, intervino con un tono ambiguo:
—Ay, miren nada más qué buena relación tienen. Huaizhi, de ahora en adelante tendrás que tratar muy bien a Xiao Yuan. Mira cuánto te quiere.
Jiang Jing también lo había visto. Asintió ligeramente y dijo:
—El abuelo de Xiao Yuan me ayudó mucho en el pasado. Cuando Xiao Yuan se case y entre en nuestra familia, bajo ninguna circunstancia podemos tratarlo mal.
—¿Cómo podríamos tratarlo mal? Tendremos que llevarlo en la palma de la mano y mimarlo como a un tesoro —añadió Su Yu—. Antes incluso pensaba que nuestro Huaizhi jamás encontraría a alguien con quien casarse. Pero ahora, viendo el aspecto de Yuan Yuan, su familia y lo joven que es… realmente no encontrarías a alguien como él ni buscándolo con una linterna. Huaizhi, sí que tienes suerte. Imagino que tampoco debió de ser fácil superar la prueba de la familia Tang. Dime, ¿cómo pudieron estar dispuestos a entregarte semejante tesoro?
Tang Yuan había sido marcado por Jiang Huaizhi, por lo que era especialmente sensible a los cambios en las feromonas del alfa y podía percibir vagamente sus emociones a través de ellas.
Aunque Jiang Huaizhi todavía mantenía una sonrisa cortés, era evidente que su ánimo había decaído.
Incluso sus feromonas parecían haberse vuelto algo inquietas.
Y no era solo Jiang Huaizhi.
A pesar de que los elogios iban dirigidos hacia él, hasta Tang Yuan comenzaba a sentirse incómodo.
Ahora entendía por qué la cordialidad de Su Yu le había parecido tan extraña desde el principio.
Porque aquella tía Su no parecía desear sinceramente que se casara con Jiang Huaizhi.
Todos aquellos elogios exagerados eran simplemente una cuestión de cortesía o, mejor dicho, una forma de demostrar ante los demás que ella estaba encantada con aquel matrimonio.
Tang Yuan estaba seguro de que no eran imaginaciones suyas.
Aunque Su Yu hablaba siempre con una voz suave y amable, entre líneas podía percibirse claramente que menospreciaba al alfa.
Y aquello incomodó muchísimo a Tang Yuan.
¿Acaso no estaba insinuando que Jiang Huaizhi era demasiado mayor para él, que probablemente seguiría soltero toda la vida y que jamás habría tenido ninguna esperanza de conseguir a alguien como Tang Yuan?
Decir algo así podía destrozar la confianza de cualquier alfa.
Tang Yuan miró discretamente la expresión del tío Jiang, esperando que dijera unas palabras en defensa de su propio hijo.
Sin embargo, transcurrieron varios segundos y Jiang Jing tampoco habló.
Jiang Huaizhi, en cambio, apretó ligeramente los labios y respondió:
—Cuidaré bien de Xiao Yuan.
—Eso no puede quedarse simplemente en unas palabras —dijo Su Yu sonriendo.
Tang Yuan ya no pudo seguir escuchando.
—Tía Su, tío Jiang, creo que han entendido mal.
El omega parpadeó con sus grandes ojos húmedos. Sobre su rostro blanco como la nieve había un ligero rubor rosado que lo hacía parecer inocente y dócil.
Y con aquella expresión completamente seria, comenzó a mentir sin pestañear.
—En realidad, ¡a toda mi familia le encanta el hermano Jiang! Especialmente a mi abuelo. Mi abuelo siempre dice que el hermano Jiang es extraordinario y que es una verdadera lástima que no haya nacido en nuestra familia Tang. Cada vez que lo mencionaba antes, decía que era una pena. La última vez que el hermano Jiang fue a nuestra casa, ¡mi abuelo estaba contentísimo!
Lo dijo con tal convicción que parecía completamente cierto.
Y todavía añadió algunos detalles de su propia cosecha:
—Mi abuela también me dijo que, cuando aparece un alfa tan sobresaliente como el hermano Jiang, hay que atraparlo cuanto antes. No puedes demorarte o alguien más se aprovechará. Creo que soy muy afortunado por haber conocido al hermano Jiang justo ahora…
Jiang Huaizhi lo contempló inventándose todo aquello y no pudo evitar sonreír.
Sin embargo, no desenmascaró sus mentiras.
A veces, una mentira adecuada podía resultar muy útil.
Jiang Huaizhi siempre había creído que no se dejaría conquistar por gestos tan pequeños, pero al escuchar al pequeño omega elogiarlo sin el menor reparo, descubrió que aquellas palabras le resultaban inesperadamente agradables.
Tang Yuan sabía muy bien cómo darle a su alfa el respeto y la dignidad suficientes delante de otras personas.
Su abuela se lo había enseñado desde pequeño.
Y, efectivamente, después de escuchar al muchacho, Su Yu dejó de hablar.
Jiang You, que había estado escuchando toda la conversación desde un lado, intervino de repente.
Su tono sonaba curioso.
—Cuñadito, todavía estás estudiando, ¿verdad? Seguro que en tu universidad tienes un montón de pretendientes. ¿Cómo conociste a mi hermano?
—Jiang You, no hagas tantas preguntas —lo reprendió Su Yu.
Sin embargo, tampoco le ordenó que se callara y se concentrara en comer.
Tang Yuan ya tenía preparada la respuesta desde hacía tiempo.
Sonrió y dijo:
—Mi tío menor y el hermano Jiang son muy buenos amigos. Mi tío nos presentó. En la universidad solo me dedico a estudiar y no presto atención a esas cosas.
—Oh.
Un destello burlón cruzó por los ojos de Jiang You, aunque simplemente curvó los labios y no dijo nada más.
El tío menor era como un ladrillo: podía utilizarse para tapar cualquier agujero cuando hiciera falta.
Después de defender la dignidad de su alfa, Tang Yuan se sintió enormemente satisfecho.
Durante el resto de la comida, de vez en cuando le servía algún platillo a Jiang Huaizhi o le acercaba una servilleta.
Todavía ni siquiera se había casado con él y ya interpretaba a la perfección el papel de una esposa virtuosa y atenta, sin dejar nada que nadie pudiera criticar.
Jiang Huaizhi toleraba con indulgencia aquella conducta de Tang Yuan, a medio camino entre presumir y demostrar lo atento que podía ser.
Simplemente lo dejó hacer.
Aquella cena resultó mucho más agradable que cualquiera de las que había tenido allí en mucho tiempo.
Después de comer, las sirvientas llevaron los postres en bandejas de cobre.
A Jiang Huaizhi y Jiang Jing no les gustaban los dulces, así que se limitaron a beber un poco de té y no probaron nada más.
—Huaizhi, ven conmigo un momento —ordenó Jiang Jing mientras se levantaba de la mesa.
Jiang Huaizhi se inclinó ligeramente hacia el omega que tenía al lado y le dijo en voz baja:
—Me ausentaré un momento.
—Está bien.
Tang Yuan sintió de repente cierta inquietud.
Sabía que el tío Jiang seguramente quería hablar con Jiang Huaizhi sobre su matrimonio.
A decir verdad, todo había sucedido demasiado rápido.
No sabía si el tío Jiang estaría de acuerdo con que se casaran de manera tan precipitada.
Una vez que Jiang Huaizhi se marchó, Tang Yuan tampoco tenía demasiadas ganas de continuar aquella conversación aparentemente cordial con Su Yu.
Mantener aquella cortesía superficial, carente de verdadera sinceridad, resultaba agotador.
Y, para empeorar las cosas, Jiang You también estaba allí.
Tang Yuan había tenido una pésima impresión de él desde la primera vez que se encontraron y tampoco quería quedarse a solas en su compañía.
Sin embargo, después de conversar un rato con Su Yu, Jiang Huaizhi y su padre seguían sin regresar.
Tang Yuan tampoco quería continuar soportando que Su Yu prácticamente lo interrogara hasta el último detalle sobre el progreso de su relación.
Temía terminar diciendo algo que no debía.
Así que puso como excusa que quería salir al jardín a tomar un poco de aire.
—Xiao Yuan, ¿puedes ir tú solo? Espera, haré que alguien te acompañe —dijo Su Yu, levantándose también.
—No hace falta, tía Su. Solo quiero caminar un poco por mi cuenta. Es que aquí dentro siento un poco de calor.
Tang Yuan vio que todo el jardín exterior estaba perfectamente iluminado y que los sirvientes iban y venían constantemente.
No había ningún motivo para preocuparse por su seguridad.
Durante la cena había percibido constantemente un tenue aroma a magnolias.
Seguramente provenía del jardín.
Desde hacía rato sentía curiosidad y quería salir a verlo.
Tang Yuan deseaba disfrutar un rato a solas del fresco viento nocturno, pero cierta persona parecía empeñada en arruinar sus planes.
—Cuñadito, yo te acompaño. Nuestra casa es grande y ya es de noche. Podrías perderte —se ofreció Jiang You.
Tang Yuan se resistió instintivamente.
—No hace falta. No pienso alejarme mucho.
Por no mencionar que Jiang You era un alfa y no resultaba apropiado que un alfa y un omega estuvieran a solas sin necesidad.
Además, a Tang Yuan sencillamente no le agradaba su personalidad.
Su Yu, sin embargo, dijo:
—No pasa nada, Xiao Yuan. Ah-You se porta muy bien. Con él acompañándote y conversando contigo, tampoco te aburrirás.
—…Está bien.
Ya que una mayor se lo había dicho de aquella manera, Tang Yuan no tenía ningún motivo apropiado para seguir negándose.
No tuvo más remedio que seguir a Jiang You hasta el jardín, uno caminando delante del otro.
El aroma de las magnolias parecía difuminarse bajo la oscuridad de la noche como un fino velo de niebla.
Mezclado con la fresca brisa nocturna, producía una sensación especialmente agradable.
A Tang Yuan le gustó mucho aquel jardín de la familia Jiang.
Sería perfecto si pudiera ignorar al molesto sujeto que tenía al lado.
Ahora que estaban solos, Tang Yuan no se creía ni por un instante eso de que Jiang You era un buen muchacho, como afirmaba la tía Su.
A ojos de una madre, su propio hijo siempre era un tesoro.
Tang Yuan no pensaba lo mismo.
—La última vez fuiste a buscar a mi hermano, ¿verdad? ¿De verdad piensas casarte con él?
Como no había nadie cerca y Jiang You tampoco parecía preocupado por que alguien pasara por allí, le silbó a Tang Yuan para llamar su atención.
Tang Yuan había conocido a demasiados jóvenes ricos, ignorantes, frívolos y arrogantes.
Y precisamente aquel era el tipo de persona que más detestaba.
La expresión dócil y obediente de Tang Yuan desapareció por completo.
Soltó un resoplido frío, adoptó una actitud arrogante y respondió:
—¿Y a ti qué te importa?