Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - ¿No será que está saliendo con alguien?
Tal vez aquella decisión pareciera precipitada, pero, en realidad, Tang Yuan ya lo había decidido incluso antes de llegar al Grupo Fengjiang: ¡tenía que casarse con Jiang Huaizhi!
Aunque Tang Yuan había crecido mimado desde pequeño y en la familia Tang siempre conseguía lo que quería, sabía perfectamente que, por mucho que su abuelo le concediera todos sus caprichos, era especialmente estricto cuando se trataba de la reputación de un omega.
A ojos de su abuelo, mantener relaciones sexuales antes del matrimonio era prácticamente un pecado imperdonable. Si lo hacía un Alfa, ya era un sinvergüenza; pero si lo hacía un omega, era todavía más desvergonzado.
Y si encima quedaba embarazado antes de casarse, según la forma de pensar de su abuelo, deberían meterlo en una jaula de cerdos y arrojarlo al agua, como se hacía antiguamente.
Tang Yuan solo tenía que imaginar lo que ocurriría cuando su vientre dejara poco a poco de ser plano y ya no pudiera ocultarlo para no atreverse a seguir pensando.
Tenía que encontrar un padre para su hijo.
Y justo delante de él tenía al candidato perfecto.
Aunque era bastante mayor que él y parecía un poco difícil de tratar, Tang Yuan ya se había quedado embobado con solo verle la cara. Si a eso le sumaba el cuerpo musculoso del hombre, sus largas y fuertes piernas envueltas en los pantalones del traje y el tenue aroma a ramas de pino de las feromonas que emanaban lentamente de su cuerpo…
Todo hacía que el corazón de Tang Yuan latiera con fuerza.
Quería que aquel hombre fuera el padre de su hijo.
Además, el niño ya era suyo de todas formas.
Tenía que hacerse responsable.
La mente de Tang Yuan trabajaba rápidamente.
Tres meses como máximo.
Dentro de tres meses ya no podría seguir ocultando su embarazo.
¡Tenía que conquistar a Jiang Huaizhi antes de que pasaran esos tres meses!
Tang Yuan era bastante famoso en la universidad por ser el chico más atractivo de su facultad. Era joven, acababa de cumplir diecinueve años, fresco y delicado como una hoja verde cubierta de rocío después de la lluvia. Sus mejillas blancas, ligeramente regordetas, y sus ojos claros hacían que no tuviera ni rastro de la sofisticación propia de un adulto. Todo en él transmitía la adorable inocencia de un muchacho.
Levantó la cabeza y miró a Jiang Huaizhi con una amplia sonrisa, los ojos llenos de admiración.
Aquella expresión de apego inconsciente era especialmente capaz de conmover a cualquiera.
Tang Yuan siempre lo había sabido.
Jiang Huaizhi sostuvo su mirada durante unos segundos antes de apartar los ojos.
Su voz seguía sonando indiferente, pero Tang Yuan pudo percibir que el aroma de las feromonas del Alfa en el aire se había intensificado.
—De acuerdo. Te deberé esa petición.
—Entonces hagamos una promesa con el meñique.
Tang Yuan pensó que los adultos como Jiang Huaizhi, que llevaban años abriéndose paso en la sociedad, seguramente ya no conservaban demasiada inocencia infantil.
¿Cómo no iba a conmoverse al ver a un universitario tan ingenuo, alegre, guapo y puro como él?
Tang Yuan no era precisamente una persona infantil, pero, si era para conquistar a un hombre, consideraba que comportarse de vez en cuando como un niño no hacía daño.
—¡Si rompes tu promesa, serás un perrito! —añadió.
Jiang Huaizhi lo contempló con una mirada tranquila.
No extendió la mano.
Simplemente asintió ligeramente y respondió con extrema brevedad:
—Mm.
¿Mm?
¿Eso era todo?
Tang Yuan sintió que su intento de hacerse el adorable no había tenido demasiado éxito.
Al menos, a juzgar por la reacción de Jiang Huaizhi, había sido un fracaso absoluto.
Sin tiempo para desanimarse, Tang Yuan se animó mentalmente.
No pasaba nada.
¡Solo tenía que cambiar de estrategia!
Una sonrisa radiante apareció en el rostro del joven, dejando ver una hilera de dientes blancos como perlas.
—Entonces, ¡empecemos a hablar de negocios!
Resultaba bastante peculiar que dos personas que hacía apenas unos días habían terminado en la misma cama después de un encuentro de una noche estuvieran ahora sentadas frente a frente, con expresiones serias, hablando de negocios.
Jiang Huaizhi seguía molesto consigo mismo por haber confundido a Tang Yuan con otra persona y haber provocado semejante malentendido. Sin embargo, al ver que el joven continuaba comportándose con naturalidad y no parecía alguien dispuesto a llorar y hacer un escándalo por haber perdido su virtud, aquel asunto que inicialmente había considerado complicado pareció volverse mucho más sencillo.
Aun así, no podía bajar completamente la guardia.
Jiang Huaizhi tomó la propuesta que Tang Yuan había traído y comenzó a hojearla despreocupadamente. Con los párpados ligeramente bajos, observaba de vez en cuando la expresión del joven.
Sin dejar traslucir sus pensamientos, preguntó:
—¿Hiciste todo esto tú?
—Sí.
Tang Yuan estaba bastante orgulloso.
Era la primera vez que representaba a su familia en una negociación comercial. Aunque todo aquello no era más que una excusa para poder ver a Jiang Huaizhi, tampoco podía hacerlo demasiado mal.
¡Había pasado dos noches enteras sin dormir preparando esos documentos!
—¿Qué te parece? Está bastante bien, ¿verdad? —preguntó expectante.
—Está bien —respondió Jiang Huaizhi.
El rostro del hombre no mostró la menor alteración.
Aunque verbalmente decía que estaba bien, por dentro pensaba que, si alguno de sus subordinados hubiera presentado algo semejante, ya lo habría despedido.
Jiang Huaizhi recordó nuevamente las palabras de Tang Chi: no debía tomarse demasiado en serio nada de lo que dijera su Yuan Yuan y simplemente tenía que seguirle la corriente.
Después volvió a mirar aquella colección de documentos caóticos y no pudo evitar preguntar:
—¿Qué estudias?
—Ah, pintura —respondió Tang Yuan con los ojos curvados por la sonrisa—. Pinto al óleo.
—Pintura al óleo…
Los ojos del hombre se ensombrecieron repentinamente.
—¿Qué pasa? —preguntó Tang Yuan.
Le parecía que la actitud de Jiang Huaizhi hacia la carrera que estudiaba era un tanto extraña.
—Nada. Me gusta mucho la pintura al óleo.
Desde pequeño, Tang Yuan jamás había mostrado el menor interés por los negocios familiares. Le bastaba con mirar un plan empresarial para sentir que le explotaba la cabeza, así que había optado directamente por estudiar arte.
Como siempre había sido el consentido de la familia, su abuelo únicamente había obligado a sus hermanos Alfa a estudiar finanzas, derecho y otras carreras relacionadas con la empresa.
A Tang Yuan, en cambio, nunca lo había restringido.
Había vivido despreocupadamente durante diecinueve años.
Y por primera vez en su vida, había tropezado de lleno con Jiang Huaizhi.
Tang Yuan esperó nervioso su respuesta.
Para su sorpresa, Jiang Huaizhi aceptó todas las propuestas que había preparado.
—De acuerdo, déjalas aquí por ahora. ¿Cuándo enviarán a alguien de su parte para firmar el contrato?
—¿Ah? ¿De verdad?
Tang Yuan no esperaba tener éxito la primera vez que preparaba algo relacionado con negocios.
El pobre ni siquiera sabía que su tío ya había hablado previamente con Jiang Huaizhi.
—Entonces volveré y le preguntaré a mi tío. Él es quien se encarga de este asunto.
—Bien.
Jiang Huaizhi asintió ligeramente.
Tang Yuan consideró que había llegado el momento de retirarse con tacto, así que se levantó obedientemente.
—Entonces me voy. Sigue con tu trabajo.
Siempre sabía cuándo detenerse y se mostró sumamente magnánimo, como si no le importara demasiado lo que había ocurrido después de emborracharse accidentalmente y tampoco tuviera intención de culpar a Jiang Huaizhi.
A ojos de Jiang Huaizhi, aquella actitud quizá pareciera sensata y madura.
Para Tang Yuan, sin embargo, aquello se llamaba retroceder para poder avanzar.
Sabía que, aunque él no se lo recordara, Jiang Huaizhi no olvidaría que todavía le debía una petición.
Cuando Tang Yuan regresó a casa, ya eran más de las diez de la noche.
Se cambió silenciosamente los zapatos por unas pantuflas y, cuando la criada se acercó para ayudarlo a quitarse la chaqueta, se llevó un dedo a los labios.
—Shh, hermana Xiaozheng, habla más bajo. No dejes que mi abuelo y los demás se enteren de que ya regresé.
Xiaozheng era un año menor que él, aunque parecía mucho más madura.
Ella asintió y bajó la voz mientras ayudaba al joven a quitarse la chaqueta. Después le preguntó si quería beber té.
Tras recibir una negativa, preguntó suavemente:
—Joven amo, ¿por qué regresó tan tarde esta vez? Lleva varios días sin volver a casa. Hoy mismo el señor Tang estuvo preguntando por usted.
—Tenía cosas que hacer en la universidad y no podía salir.
Tang Yuan improvisó una excusa cualquiera.
¿Qué otra cosa podía decir?
¿Que no se había atrevido a regresar porque temía que sus hermanos Alfa percibieran las feromonas de un Alfa desconocido sobre su cuerpo, así que había estado escondiéndose en el dormitorio de un compañero durante casi un mes?
Si decía eso, probablemente terminarían aplicándole el castigo familiar.
Aunque Tang Yuan jamás había sufrido personalmente uno de esos castigos, bastaba con recordar el aspecto de sus hermanos Alfa después de recibirlos para que se estremeciera.
Tang Yuan siguió a Xiaozheng de puntillas hacia su habitación.
Apenas había subido las escaleras del segundo piso cuando, al doblar una esquina, se encontró con dos personas que acababan de salir del estudio.
Tío y sobrino.
—…
Sus miradas se encontraron.
Tang Yuan no tuvo más remedio que reunir valor y saludarlos en voz baja:
—Tío… hermano mayor.
—¿Yuan Yuan?
Los dos altos Alfas, vestidos con traje y corbatín, habían salido del estudio con expresiones extremadamente serias. Sin embargo, en cuanto vieron al joven, ambos mostraron casi simultáneamente una sonrisa de alegría.
La escena resultaba bastante divertida.
El Alfa que parecía mayor, de unos treinta años, era Tang Chi, el tío de Tang Yuan.
El de rostro más joven era Tang Ye, el hermano mayor de Tang Yuan.
Tang Chi observó el impecable traje que todavía llevaba puesto y frunció el ceño.
—¿El viejo Jiang te retuvo allí hasta esta hora?
—¡No!
Tang Yuan seguía llevando el mismo traje con el que había ido a ver a Jiang Huaizhi simplemente porque le había dado pereza cambiarse.
Después de reunirse con Jiang Huaizhi, había ido a pasear por la zona comercial cercana y había perdido el tiempo deliberadamente hasta después de las diez antes de atreverse a regresar.
Precisamente quería evitar encontrarse con ellos.
De lo contrario, comenzarían a preguntarle por qué no había regresado a casa durante todo un mes.
Pero ahora que ya se los había encontrado, no podía escapar, así que tomó la iniciativa y preguntó:
—Tío, hermano mayor, ¿de qué estaban hablando? ¿Por qué siguen despiertos a estas horas?
Lo había preguntado sin ninguna intención especial.
Sin embargo, los dos intercambiaron una mirada y sus expresiones se volvieron ligeramente incómodas.
Tang Chi se quejó para sus adentros.
¿Por quién crees que estamos haciendo esto, pequeño desalmado?
Tang Yuan se había encaprichado repentinamente con preparar una propuesta para negociar un proyecto con el Grupo Fengjiang, pero todo lo que había elaborado era un completo desastre.
Así que ellos no habían tenido más remedio que trabajar hasta altas horas de la noche para arreglar el problema que había dejado detrás.
Tang Ye, temiendo herir el orgullo del omega, cambió de tema.
—Yuan Yuan, ¿ya cenaste? Si tienes hambre, puedo pedirle a la cocina que te prepare algo. Dormir con el estómago vacío te hará sentir mal.
—Ah, cierto —añadió Tang Chi con preocupación—. Llevas un mes sin volver a casa. Ahora que regresaste, tienes que cuidarte bien. Mira a nuestro Yuan Yuan, después de pasar un mes en la universidad casi no le queda carne en esas mejillas. Cuando tu abuela te vea mañana, seguro que le dolerá el corazón.
—No, ya comí.
Cuanto más se preocupaban por él, más culpable se sentía Tang Yuan.
Si alguien llegaba a revelar que había quedado embarazado antes de casarse, quien perdería la reputación no sería únicamente él, sino toda la familia Tang.
Tang Yuan solo pudo bajar la cabeza y decir con incomodidad:
—Y-Yo me voy a mi habitación. Tío, hermano, ¡buenas noches!
Y salió huyendo.
Xiaozheng también asintió a modo de despedida ante los dos hombres y se marchó detrás de él.
Tang Chi y Tang Ye se quedaron donde estaban, mirándose el uno al otro.
Nadie supo quién suspiró primero.
Pero pronto un suspiro siguió al otro, cada vez más pesado.
Tang Chi contempló desde lejos la puerta firmemente cerrada de la habitación del joven y le dio unas palmadas en el hombro a Tang Ye.
Con expresión melancólica, dijo:
—Ay… Yuan Yuan ya ni siquiera nos hace caso. ¿No será que está saliendo con alguien en la universidad?
—No creo… Aunque tampoco puedo asegurarlo.
Nada más escuchar aquellas palabras, Tang Ye sintió que todo su ánimo se desplomaba.
Llevaba muchísimo tiempo sin ver a Tang Yuan y lo último que quería era que, nada más regresar, les anunciara que había encontrado a alguien que se convertiría en su cuñado.
Tang Yuan todavía era muy joven.
Probablemente ni siquiera pensaba en ese tipo de cosas.
—Más le vale que no —dijo Tang Chi—. Porque si es así… Je. Me gustaría saber qué pequeño bastardo se atrevió a ponerle las manos encima a nuestro Yuan Yuan.
—…
Tang Ye guardó silencio durante un momento.
—Si de verdad hay alguien, primero llamaré a los otros.
—¿Para qué?
—Para darle una paliza entre todos.
[Nota del autor]: Nuestro Tangyuan tiene tres tíos en la flor de la vida y siete hermanos jóvenes y fuertes. Todos ellos son Alfas y, además, forman el club de fanáticos obsesivos de Tangyuan.
Pequeño teatro:
Yu: Tío Tang, ya no hace falta que sigas adivinando. Ese viejo bastardo es precisamente tu amigo, el de apellido Jiang.
Tío Tang: ¡No escucho, no escucho, no escucho! ¡No existe ningún Alfa bajo el cielo que sea digno de nuestro Yuan Yuan!
Tang Ye: ¡+1!
Los otros seis hermanos: ¡+1, +1, +1, +1, +1, +1!