Plan para seducir a un Alfa - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - Un pequeño lleno de contradicciones
Apenas terminó de decirlo, Tang Yuan vio que Jiang Huaizhi se quedaba atónito por un instante, mientras él mismo se sonrojaba de golpe.
Pero una cosa era haber hablado impulsivamente y otra poder retractarse. Las palabras pronunciadas eran como agua derramada: ya no había vuelta atrás.
Así que Tang Yuan decidió dejar de ocultarlo.
Mirándolo directamente a los ojos, declaró en voz alta:
—¡Me gustas y punto! ¡Ahora tú sabrás qué haces! Deja de usar a mi tío como excusa. Hoy en día existe la libertad para enamorarse. ¿Qué clase de Alfa es uno que se atreve a hacer algo pero no se atreve a asumirlo?
Tang Yuan aplicó de inmediato lo que acababa de aprender.
Aquella táctica de provocación le salió sorprendentemente bien.
Antes, aunque entre ellos hubiera existido cierta atracción, ambos todavía podían mantenerse dentro de los límites de la cortesía y rechazar con distancia aquellas insinuaciones abiertas o encubiertas.
Pero ahora que Tang Yuan había roto aquella fina barrera entre los dos, Jiang Huaizhi ya no podía seguir fingiendo que no entendía nada.
Había que reconocer que los jóvenes de ahora eran realmente atrevidos.
Tan atrevidos que incluso Jiang Huaizhi sintió un fugaz estremecimiento en el corazón. Al contemplar aquellos ojos claros y firmes del joven, por un instante tuvo el impulso de inclinarse y besarlo.
También recordó aquella noche.
Cuando vio a Tang Yuan completamente perdido, con los ojos empañados por el deseo y cubiertos de lágrimas, despertaba con facilidad dos impulsos completamente opuestos: protegerlo…
o destruirlo por completo.
Qué criatura tan contradictoria.
Jiang Huaizhi no podía explicar con claridad qué sentía por Tang Yuan.
Pero sí sabía una cosa con absoluta certeza:
Tang Yuan lo atraía.
Y aquella atracción, restringida por las advertencias de su amigo y por toda clase de consideraciones morales, solo se volvía todavía más difícil de resistir.
Jiang Huaizhi lo observó durante un largo rato.
Su mirada era tan intensa que Tang Yuan comenzó a sospechar que en cualquier momento podría cargarlo sobre el hombro y arrojarlo sobre la cama.
Incómodo, empezó a pensar para sus adentros cómo debía rechazarlo cuando llegara el momento.
Una cosa era seducir a un Alfa.
Otra muy diferente era acostarse con él.
Tang Yuan consideraba que, dadas las condiciones actuales de su cuerpo, no era conveniente hacer ese tipo de cosas.
Sin embargo, mientras se devanaba los sesos pensando cómo decirle que esa noche no podían hacerlo, vio que Jiang Huaizhi…
se marchaba.
Entró en el dormitorio, aparentemente para buscar algo.
Tang Yuan sintió una punzada de nerviosismo.
No irá a buscar preservativos, ¿verdad?
Si después él se negaba, ¿no arruinaría completamente el ambiente?
Mientras seguía pensando, el aroma de sus feromonas comenzó a escapar sin que se diera cuenta.
Poco a poco, toda la habitación se llenó de un tenue aroma a leche.
Tang Yuan escuchó que los pasos volvían a acercarse.
Rápidamente enderezó la espalda, sacó el pecho y, todavía abrazado a la almohada, avanzó de puntillas unos pasos hasta quedar frente a la cama.
Miró en dirección a Jiang Huaizhi.
Lo que llevaba el hombre en las manos era…
una delgada colcha blanca cuidadosamente doblada.
—…
Tang Yuan vio cómo Jiang Huaizhi colocaba la colcha sobre la cama.
Después tomó la almohada que originalmente le pertenecía y la retiró.
El Alfa dijo:
—Si te da miedo dormir solo, puedes dormir aquí esta noche.
—¿Y tú?
Tang Yuan vio que Jiang Huaizhi no tenía ninguna intención de acostarse con él y abrió mucho los ojos.
Incluso comenzó a tartamudear.
—¿T-Tú no pensarás irte?
—No me voy. Dormiré en la habitación interior.
¿Cómo podía Jiang Huaizhi no darse cuenta de lo que estaba pensando aquel omega?
No era frígido.
Poder contenerse hasta ese momento y no tocar a un omega cuyo cuerpo entero desprendía aquellas dulces feromonas ya estaba llevándolo al límite.
Si encima durmiera en la misma cama con él, Jiang Huaizhi sabía perfectamente que no poseía semejante autocontrol.
Por eso había decidido dormir en la habitación interior.
De alguna manera, aquello también contaba como acompañar a Tang Yuan.
Pero Tang Yuan evidentemente no comprendió sus buenas intenciones.
Su rostro se puso rojo de rabia.
Después de soltar un furioso:
—¡Tú…!
se quedó completamente atascado, incapaz de encontrar qué más decir.
Jiang Huaizhi contempló cómo en un instante había pasado de parecer una joven esposa tímida y recatada a enseñar las garras como un pequeño animal enfurecido.
No pudo evitar sentirse divertido.
Hasta las comisuras de sus ojos dejaron escapar un ligero rastro de sonrisa.
—Duerme.
La voz del Alfa sonó especialmente suave en aquella silenciosa noche.
Aunque no mostrara demasiadas emociones, aquel tono grave bastaba para despertar sutiles deseos.
Jiang Huaizhi retiró suavemente la almohada que Tang Yuan todavía abrazaba, alisó las arrugas de la funda y la colocó sobre la cama.
Pero cuando se volvió…
extendió una mano y revolvió el suave cabello negro del joven.
—¡¿Qué haces?!
Tang Yuan no se esperaba que le tocara la cabeza.
Las puntas de sus orejas ardieron de inmediato y sus mejillas, que hacía apenas un instante estaban infladas de rabia, se desinflaron al instante.
—Nada.
Jiang Huaizhi llevaba mucho tiempo sintiendo curiosidad por aquel cabello que siempre parecía tan esponjoso y suave.
Por fin había podido tocarlo.
Y la sensación era incluso mejor de lo que imaginaba.
El hombre soltó una ligera risa y le deseó:
—Buenas noches.
Al ver la mirada confundida de Tang Yuan, añadió de repente:
—Pequeño, aunque quieras enamorarte, tampoco tienes que tener tanta prisa.
Tang Yuan se quedó paralizado durante varios segundos.
Cuando finalmente reaccionó, Jiang Huaizhi ya había entrado en la habitación interior y cerrado la puerta.
El joven permaneció inmóvil durante un buen rato.
Después, con el rostro completamente rojo, enterró la cara entre las suaves almohadas mientras pensaba en aquel:
«Pequeño».
Qué fastidio.
Siempre lo trataba como si fuera un niño.
¡Ya era adulto!
La cabeza de Tang Yuan se llenó de pensamientos caóticos.
No podía dejar de preguntarse:
Cuando dijo «aunque quieras enamorarte»… ¿quiere decir que sí está dispuesto a salir conmigo?
Tang Yuan no estaba seguro.
Pensó y repensó el asunto sin encontrar una respuesta.
Su estado de ánimo parecía una montaña rusa: por momentos caía hasta el fondo y, al siguiente, volvía a elevarse.
Al final, terminó quedándose dormido entre pensamientos confusos.
En sueños, pareció percibir un tenue aroma a cedro.
Era como una noche nevada bajo la luz de la luna.
Tranquila.
Silenciosa.
Desde que Tang Yuan había descubierto que estaba embarazado, no había vuelto a dormir tan profundamente.
A la mañana siguiente, lo despertó un tono especial de llamada.
Tang Yuan abrió con dificultad los párpados y levantó una mano para protegerse de la luz del sol.
Tardó unos segundos en reaccionar.
Entonces recordó que aquel era el tono que había configurado especialmente para Lin Miao.
—¿Hola, hermano Miao? ¿Me buscabas?
La voz del joven sonaba perezosa y estaba acompañada por un bostezo.
Bastaba con escucharlo para saber que todavía estaba medio dormido.
La voz de Lin Miao sonó algo urgente.
Al escuchar el estado en que se encontraba, preguntó sorprendido:
—No me digas que anoche te quedaste con ese Alfa.
—Ah… sí.
Tang Yuan acababa de despertarse y todavía tenía la cabeza completamente nublada, así que respondió con total naturalidad.
Después de todo, había pasado la noche en casa de Jiang Huaizhi.
Mientras hablaba por teléfono, bajó de la cama y caminó de puntillas hacia la habitación interior.
Abrió la puerta.
No había nadie.
Tang Yuan sintió una ligera decepción.
Era exactamente igual que aquella mañana, cuando había despertado y solo había encontrado una habitación vacía y un fajo de billetes.
Sin embargo, Lin Miao lo sacó rápidamente de aquel estado de ánimo y no le dio tiempo para seguir lamentándose.
—¿Sabes qué día es hoy?
—Hoy… ¿no es domingo?
Tang Yuan respondió por reflejo.
Pero inmediatamente sintió que algo no cuadraba.
Miró la hora.
Nueve de la mañana.
El joven perdió por completo la calma.
—¡¡Aaaaah!! ¡¡Hoy no es domingo, es lunes!! ¿No tenemos clases toda la mañana? ¿Cuál era la primera clase? ¡¿Ya llegó el profesor?!
—La primera clase ya terminó.
Al otro lado de la llamada, Lin Miao dejó escapar un profundo suspiro y dijo con impotencia:
—En esta clase el profesor solo pasó lista. Como vi que no habías venido, respondí por ti. Pero la siguiente clase es con el profesor Zhao. ¡Date prisa en venir! Yo ya no me atrevo a responder por ti otra vez.
—¡Voy para allá ahora mismo!
Tang Yuan entró en pánico. Después de gritar un «¡Gracias, hermano Miao!», colgó apresuradamente y bajó para recoger la ropa que había dejado en la habitación anterior.
Iba tan deprisa que justo se encontró con Jiang Huaizhi, que estaba subiendo las escaleras, y terminó chocando directamente contra él.
—¿Qué pasa? ¿Por qué tienes tanta prisa?
Jiang Huaizhi miró al joven que se había estrellado de lleno contra su pecho. Tuvo ganas de extender la mano y acariciarle otra vez el cabello, pero se contuvo.
El hombre bajó la cabeza y le preguntó con voz suave. A Tang Yuan le pareció increíblemente confiable en ese momento.
—¿Puedes llevarme a la universidad? Voy a llegar tarde a clase.
El omega levantó la cabeza y lo miró con expresión suplicante, lastimero como un pequeño conejo al que hubieran hecho sufrir. Era difícil imaginar que alguien pudiera negarse ante aquella mirada.
—¡Por favor, por favor! ¡Hoy es el mortal lunes! Si falto a la siguiente clase, ¡el viejo Zhao definitivamente me va a matar!
Jiang Huaizhi no pudo evitar sonreír.
Aunque sabía que seguramente no era tan exagerado como Tang Yuan decía, podía entender que aquella clase era importante para él.
Así que se detuvo y asintió, ordenando a un sirviente que preparara el auto y lo dejara esperando afuera.
—Ve a asearte. Yo te llevaré a la universidad —dijo Jiang Huaizhi.
Al escucharlo, Tang Yuan sintió unas ganas enormes de plantarle un beso en aquel apuesto rostro.
Pero, para ahorrar tiempo, decidió guardárselo para después.