Mi esposo despertó del coma y ahora quiere echarme - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - Indiferencia
Había pasado un mes.
Además de haber ganado algo de fuerza, Qingyao sentía que su cuerpo estaba mucho más saludable.
Todos los días seguía al fisioterapeuta y a Qiu Ying para ayudar con los cuidados de Enbo.
Durante todo ese tiempo, Ye Enbo nunca lo había reprendido, así que Qingyao pasaba los días muy contento.
Sin embargo, aquella noche Ye Enbo volvió a echarlo.
—Cuerpo… no. Vete.
Antes de dormir, ya no quería que Qingyao ayudara a asearlo.
Qingyao se quedó un poco sorprendido, pero rápidamente recompuso su expresión.
—De acuerdo. Entonces dejaré que Qiu Ying se encargue. Estaré justo afuera; si necesitas algo, puedes llamarme.
Ya fuera de la habitación, Qingyao aguzó el oído para escuchar lo que ocurría dentro.
Pero aparte del conocido sonido del agua corriendo, no oyó nada más.
Bueno.
Enbo prefería que Qiu Ying lo aseara antes que dejar que él lo hiciera.
Al día siguiente, durante los ejercicios de rehabilitación física, Enbo volvió a rechazarlo.
—No eres… profesional. Vete.
Cada vez había menos cosas en las que Qingyao podía ayudar.
Aquello comenzó a provocarle cierto pánico.
No lo necesitaban para la terapia psicológica ni para la terapia del habla, y Enbo tampoco quería que hubiera personas innecesarias a su alrededor durante aquellas dos sesiones de rehabilitación.
—¿Te hice daño? —preguntó Qingyao, sintiéndose herido.
—Doctor… suficiente.
Después de convivir con él durante otro mes, Qingyao ya era capaz de comprender casi todas las palabras y frases que Enbo pronunciaba.
Enbo claramente lo despreciaba por no ser un profesional.
Con el doctor era suficiente.
—Entonces me esforzaré más.
Qingyao no se desanimó y permaneció obedientemente a un lado, observando.
—Sal.
Enbo volvió a echarlo.
—De acuerdo, señor Ye. Entonces me retiro.
Qingyao mantuvo su educación hasta el final.
Pero en cuanto salió y quedó bajo la luz del sol, su tristeza y su sensación de inferioridad ya no tuvieron dónde esconderse.
Quería llorar.
Caminó unos pasos.
Después comenzó a correr.
Corrió hasta el sendero junto al mar al que solía ir con Enbo antes de que este despertara.
«Quizá sería mejor caer dentro de una concha y convertirme en una perla».
Qingyao tuvo aquel pensamiento absurdo.
Permaneció allí solo durante mucho tiempo, hasta que sintió que la luz del sol había disipado todo el frío de su cuerpo.
Solo entonces regresó.
A partir de aquel día dejó de ir corriendo al gimnasio.
Después de comer, pasaba el tiempo con el teléfono.
Leer noticias de actualidad y chismes del mundo del entretenimiento le permitía sentir que todavía estaba conectado con el mundo real.
Utilizando una cuenta en una red social, envió un mensaje privado a Lin Benben:
【Soy Qiu Yi.】
Pero nadie respondió.
Aburrido, también buscó en internet información sobre alguien llamado Qiu Yi.
El resultado que apareció correspondía a un hombre de unos cincuenta años dedicado a la política.
Qingyao lo encontró bastante interesante y leyó su biografía con gran atención.
—¿Qué estás haciendo?
—¡Ah, tía!
El tono severo lo sobresaltó.
Al ver a Qin Ning, los ojos de Qingyao se iluminaron.
—Viniste. Hacía muchos días que no te veía.
Cuando una persona estaba sola y de repente veía aparecer a alguien conocido, a alguien a quien consideraba cercano…
La sensación era de auténtica alegría.
Era casi como decir:
«¿Por qué tardaste tanto en venir? Llevo muchísimo tiempo esperándote».
Pero la señora Ye no sonrió.
Durante los últimos días había visto claramente a través de las cámaras de vigilancia todo lo que estaba ocurriendo y sabía que a su hijo no le agradaban los arreglos que ella había hecho.
Además, acababa de librarse de aquellos viejos zorros que solo sabían exigir dinero y que, sin razón aparente, armaban escándalos cada vez que intentaba reformar la empresa.
Había conseguido conservar su posición.
En ese momento no tenía ninguna intención de mostrarle buena cara al muchacho.
—Te traje aquí para que tuvieras comida y un lugar donde vivir, no para que pasaras el día acostado jugando con el teléfono. Eres la pareja de Enbo. ¿También necesitas que alguien te enseñe cómo debes comportarte?
Qingyao se asustó.
Era cierto.
Llevaba más de dos meses comiendo y viviendo a costa de la familia Ye.
—Pero Enbo realmente no me necesita.
—Hijo, si no te necesita, tienes que encontrar la manera de hacer que te necesite. Ya sabes cómo son los hombres. Si lo tratas bien, él también te tratará bien.
—Entonces yo… yo…
Si se tratara de estudiar o aprender, Qingyao sabría qué hacer.
Pero pedirle que complaciera a otro hombre…
¿Cómo se hacía algo así?
Había pasado tantos años siendo trasladado de un lugar a otro como si fuera una mercancía y, aun así, nunca había conseguido complacer verdaderamente a nadie.
—El afecto se construye pasando tiempo juntos. Si sigues mostrándote tan indiferente, si yo fuera Enbo, tampoco me agradarías.
No le agradas.
Para un muchacho que había sido abandonado una y otra vez, aquellas palabras fueron como un rayo cayendo directamente sobre su cabeza.
Qingyao tardó apenas unos segundos en pensar en una solución.
—Tía, ¿puedo continuar estudiando?
Adquirir conocimientos y habilidades.
Esforzarse mucho.
Aprender a cuidar bien de Enbo.
—¿Estudiar?
Qin Ning frunció el ceño.
—Puedo aprender algunas cosas siguiendo al doctor Jian y a los demás, pero al final no es una formación sistemática. Creo que, si pudiera estudiar de manera formal, cuando terminara podría cuidar bien de Enbo.
Qingyao pensaba que era una excelente solución.
Mientras hablaba con entusiasmo, incluso se puso ligeramente de puntillas y levantó la mano derecha.
En aquel entonces, Qin Ning había llevado a ese muchacho allí con un único propósito:
que acompañara a su hijo al otro mundo.
Pero ahora su hijo había despertado.
Qin Ning reflexionó un momento y resopló.
—Para cuando termines de estudiar, Enbo ya se habrá recuperado.
—Aprendo muy rápido. En uno o dos años podré cuidar de las personas que me rodean durante toda su vida —respondió Qingyao lleno de energía.
Qin Ning recordó las calificaciones del examen de ingreso a la universidad que figuraban en el expediente del muchacho.
Varias ideas pasaron por su mente.
Sin embargo, no quiso aceptar inmediatamente.
—Lo pensaré.
—Gracias, tía. Muchas gracias.
Qingyao hizo una pequeña reverencia.
Qin Ning quedó satisfecha con su actitud.
Antes de marcharse, le advirtió:
—No pierdas el tiempo constantemente con cosas inútiles. Enbo es tu sustento.
—Entiendo.
En realidad, Qingyao no comprendía del todo qué quería decir con «cosas inútiles».
Después de la visita de la señora Ye, los días de Qingyao parecieron mejorar un poco.
O quizá simplemente había pasado suficiente tiempo sin aparecer delante de Enbo como para que este olvidara cuánto le molestaba.
Sin embargo, cuando llegaba el momento del aseo nocturno, Enbo seguía sin permitir que Qingyao lo tocara.
«Si no quiere, pues no quiere. En realidad, así me ahorro trabajo».
Qingyao intentó consolarse con aquel pensamiento.
Aunque la señora Ye había dicho que consideraría el asunto de sus estudios, transcurrió una semana sin que le diera una respuesta definitiva.
Qingyao comenzó a sospechar que lo había olvidado.
Aquel día se levantó temprano, se arregló cuidadosamente y esperó en la habitación de Enbo.
Pero pasó todo el día sin ver a la señora Ye.
Más tarde, un sirviente le informó que había regresado a la ciudad de Qin.
Qingyao se enfadó un poco consigo mismo.
¿Por qué no se lo había preguntado el día anterior?
Si podía salir a estudiar…
quizá también podría abandonar Isla Dorada.
Pasó otra semana.
Cuando la señora Ye regresó, llegó acompañada por un grupo bastante numeroso.
Entre ellos había un joven apuesto que parecía muy competente.
Después de observarlos a escondidas durante bastante tiempo, Qingyao comprendió que la señora Ye había llevado a un equipo de la empresa para reunirse con Enbo.
Como consecuencia, las oportunidades que Qingyao tenía para relacionarse con él se volvieron todavía más escasas.
Qingyao comenzó a entrar en pánico.
Tenía que salir de allí y empezar a estudiar cuanto antes.
Finalmente, al día siguiente encontró un hueco en la apretada agenda de la señora Ye y se acercó a preguntarle:
—Tía, ¿sería posible lo de ir a estudiar?
Sus ojos estaban llenos de una súplica humilde y cautelosa.
Parecía un niño preguntándole a un adulto:
«¿Hoy puedo comer un dulce?».
La señora Ye había estado tan ocupada con los asuntos de la empresa que lo había olvidado por completo.
No había nada malo en que estudiara.
Además, en el futuro tampoco sería apropiado que la gente dijera que la pareja de su hijo solo tenía estudios de preparatoria.
Qin Ning decidió concederle aquella petición.
—Últimamente estoy muy ocupada. Busca al mayordomo Ning. Él se encargará de organizarlo para ti.
—¡Gracias, tía! ¡Muchas gracias!
Qingyao se lo agradeció inmediatamente y salió corriendo, lleno de alegría, en busca del mayordomo Ning.