Me convertí en un lagarto en evolución en una novela de artes marciales - Capítulo 317

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En realidad, esto era justo lo que más deseaba.

De todos modos tenía que pasar por el Palacio de las Bestias Bárbaras del Sur y buscar a Gigano.

Era una petición del anterior Gomodo, y necesitaba la información sobre Spino que me ofreció como compensación.

Y, bueno… personalmente, también me daba mucha curiosidad ese tal Gigano.

El problema era cómo acercarme a él, pero ahora se resolvió de forma muy conveniente.

Qué suerte la mía.

En serio, nada más por escuchar a Nephila, me caen Gerorongs del cielo hasta en mis sueños.

¡Vámonos de una vez!

…es lo que quería decir, pero soy un lagarto listo.

Aceptar de inmediato sería sospechoso.

Incluso si no me dejaban ir, ya planeaba hacerlo de todas formas. Y si trataban de detenerme, iba a trepar en la espalda de alguien en forma de lagarto y seguirlos.

Pero no hay necesidad de que los demás sepan que eso era lo que tenía en mente.

Saber jugar con el tira y afloja es importante, siempre y en cualquier lugar.

—Gehk…

Ah, qué flojera me da ir.

Gemí de esa manera, como si de verdad no quisiera ir.

Voy a fingir que sólo voy porque la Maestra y Seolhwa me lo piden.

Así tal vez logre sacarle aunque sea un Gerorong más a esto.

—Sí, seguro que Hui ya ha pasado por mucho. Siempre estamos agradecidas por todo lo que haces por el Culto del Demonio Celestial.

—Gehk gehk.

Si lo dicen así… supongo que no me queda de otra que ir.

—Sí, aunque seas mi discípulo, eres verdaderamente digno de elogio.

Mi Maestra me sentó en su regazo y me acarició suavemente la cabeza.

Sentí como si mi cara se derritiera.

—Geeeehng…

Mi cola se movió por reflejo, pero tuve que mantener una expresión preocupada.

Todavía no había conseguido lo que quería.

Miré fijamente a Seolhwa.

Seolhwa se sobresaltó un poco al cruzar nuestras miradas.

—Tu carita… se ve más puntiaguda de lo normal, ¿eh?

Tienes razón, está más puntiaguda.

Porque me sigues debiendo algo.

—Gerong.

Me lo prometiste la vez pasada, y aún no me lo has dado.

Voy a aprovechar esta oportunidad para cobrártelo de verdad.

—Ugh, está bien. Trataré de convencer a la Líder del Culto…

Al oír esas palabras, la Maestra ladeó la cabeza.

Como diciendo: ¿De qué demonios estás hablando?

Ah, ya veo cómo está la cosa.

¿Ni siquiera lo has pedido aún?

No es que no hayas podido convencerla… ¡ni lo intentaste!

Eso suma un cargo más a tu lista de faltas.

—Gkerong.

—Gke… ¿¡hasta Gerorong ahora!?

No, no. Eso no fue Gerorong.

—Gerurung.

—¡Gerurung está prohibido!

El rostro de Seolhwa se puso rojo como jitomate.

Pero ni modo.

Si quieren que haga algo, tienen que ofrecer una recompensa justa.

—¿Qué es ese ‘Gerurung’ por el que estás armando tanto escándalo?

Preguntó mi Maestra, exasperada, pero por supuesto que no iba a explicarlo en voz alta.

Tras unas dramáticas negociaciones, al fin se decidió: yo iría a la región del Sur.

Cuando anuncié que me dirigía al Sur, Shik-Shik y la Reina Serpiente me atiborraron de rollos de arroz.

Especialmente la Reina Serpiente: su abrazo con la cola se había vuelto mucho más fuerte, apenas logré zafarme.

Estuve a punto de quedarme atrapado ahí un mes.

Como el pobre Jaekjaeki, que seguía tirado en el suelo.

Fasir parecía querer venir también, pero su energía interna aún no se había estabilizado del todo, así que no podía.

Lo mejor que podía hacer por mí en este momento era enfocarse en estabilizar su energía mientras comía los elixires y las comidas calientes que le daba el Culto del Demonio Celestial.

Ni que decir tiene, pero no podía ir solo al Sur.

La vía correcta sería que el Culto del Demonio Celestial asignara a varias personas para acompañarme, pero… yo no quería eso.

Sólo mantenerme en forma humana ya consume mucha energía interna.

Así que cuando estoy con gente que conoce mi verdadera forma, prefiero andar en modo lagarto, es más cómodo.

Viajar hasta la región del Sur con gente del Culto que no sabe quién soy en realidad… sería agotador.

Incluso si revelara mi identidad, no sería un gran problema, pero podrían malinterpretar todas las travesuras turbias que haga un lagarto desconocido y pensar que fui yo.

Por eso descarté por completo llevar humanos del Culto.

Los compañeros que me acompañarían serían…

—¡Kiyong!

Primero: los Protectores del Dharma Izquierdo y Derecho de la Secta Gae Gak.

Tus y Pus.

—¡Kiyeng!

Nuestras adorables hermanitas araña que, a pesar de sus caritas lindas, tienen un poder de combate aterrador.

Pueden convertir a un artista marcial de nivel pico en un verdadero dumpling en segundos.

El hecho de que So-Yeong no haya acabado como dumpling todavía demuestra lo pacientes que son.

Para lo que se viene, necesito afilar aún más los instintos de combate de Tus y Pus.

Aunque se han vuelto muchísimo más fuertes, casi no tienen experiencia real en combate.

Este viaje al Sur será una oportunidad muy valiosa para ellas.

Ya que vienen Tus y Pus, normalmente su hermana mayor, Nephila, vendría también.

Pero esta vez, se quedará.

Tiene deberes en el Culto del Demonio Celestial.

Seolhwa, que llama a Nephila “pequeña sacerdotisa”, estaba ayudándola a guiar su cultivo.

Por lo visto, le está enseñando a usar correctamente sus poderes divinos—una oportunidad rara y valiosa, más viniendo de alguien como Seolhwa.

Además, ese poder divino de las sacerdotisas está más allá de mi comprensión. Mejor que Nephila se quede aquí con Seolhwa.

Nephila parecía querer venir también, pero se contuvo.

Claro que… me mordió varias veces por dejarla atrás.

Sí, literal. Me mordió.

Sus colmillos me clavaron en el cuello varias veces.

También necesitábamos un guía.

Más o menos sabía hacia dónde ir, pero era una jungla densa—no sería fácil encontrar el camino.

Necesitábamos a alguien que conociera bien la ruta hacia el Palacio de las Bestias Bárbaras del Sur.

Alguien que también conociera mi verdadera identidad.

—Bueno, aquí me gusta estar…

Así que jalé a Hoya mientras estaba tostando pan.

Ella es originaria del Sur, así que debería conocer bien el camino.

—Si es sólo una misión diplomática… mientras no vayamos a pelear, supongo que está bien.

Ya que Gigano le robó su territorio, bien podría aprovechar para cobrarle un poquito.

—Vamos como enviados, ¿verdad?

—Gehk gehk.

La siguiente candidata: Lizamoun.

Sus poderes son simples, pero abrumadores.

Una dragona del tamaño de una casa que controla el fuego.

Ese tipo de poder destructivo sería una gran ventaja en el Sur.

El Palacio de las Bestias está oculto en una selva densa.

Con bichos venenosos y bestias salvajes por doquier, Lizamoun podría neutralizarlos a todos de un solo aliento.

Su poder es el contraataque natural para ese lugar.

Un par de runas de fuego grandes desde el cielo y probablemente se autodestruirían en el acto.

Pero no podemos llevarla esta vez.

Porque nuestro objetivo no es arrasar con el Palacio de las Bestias.

Vamos estrictamente como enviados.

Un pequeño altercado (o sea, darle una paliza a Gigano) está bien, pero quemar toda la selva no.

La Dragona de Fuego dijo que se portaría, pero decirlo es fácil…

Y el mayor problema es…

Lizamoun es muy conocida.

Que la líder del Monte Hwa aparezca como enviada del Culto del Demonio Celestial… levantaría demasiadas cejas.

Si fuera una bestia espiritual como Tus o Pus, a quienes nadie conoce, pensarían: “Ah, seguro la crio el Culto.” Pero con Lizamoun… no.

Así que Lizamoun queda descartada.

Si esto fuera una misión de guerra, ella sería perfecta. Pero no lo es.

Por lo tanto, el equipo de enviados quedaba en Tus, Pus y Hoya.

Pero incluso eso presentaba un problema.

Uno muy fatal.

No teníamos bolsillo.

Una verdadera tragedia.

Sí, Hoya estaba ahí, pero yo no soy un lagarto pervertido que se mete en cualquier bolsillo.

Yo soy de los que pide permiso como todo un caballero.

No puedo andarme metiendo en la bolsa de otra bestia espiritual que ni es seguidora.

Además, Hoya suele cambiar a formas… cuestionables. Así que descartada por varios motivos.

También necesitaba a alguien llamativo. Alguien que tuviera técnicas de gran escala.

Por una razón simple.

Necesitaba a alguien que cubriera mi transformación.

Si llego en forma humana al Palacio y estalla una pelea de inmediato…

Si me transformo en lagarto en medio de eso, descubrirían que soy una bestia espiritual al instante.

Si alguien usa una técnica grande para cubrirme, se resolvería el problema.

Claro, es un pretexto medio chafa, pero si me mantengo firme, no podrán decirme nada.

Si trajera a Lizamoun, resolvería ambas cosas: un bolsillo calientito y magia de cobertura.

Pero no puedo llevarla.

Entonces, ¿qué hacer?

Tendré que ir a buscar a alguien yo mismo.

Tch. Ya debería estar llegando…

—¡Croargh!

Vi la sombra de un Wyvern.

Gracias al entrenamiento de la Dragona de Fuego, el Wyvern ya es un transporte confiable.

—¿Cuándo atrapaste a este? …Sería práctico tener uno en el nido.

Una voz fría, pero claramente encantada de verme.

Buen poder de combate, sin problemas de identidad, con bolsillo, y técnicas llamativas.

La que decidí llevar no es otra que Baekrang.

Tiene el cargo único de “contadora” entre mis seguidoras, y será una gran ayuda en este viaje.

Además, personalmente, quiero ayudarla a desarrollar más sus poderes.

Siempre la opacaba Lizamoun—y después de su evolución, la diferencia fue aún mayor.

Baekrang bajó del lomo del Wyvern.

—No vine a ayudarte, ¿ok? Vine porque así me doy un descanso del trabajo, no te hagas ideas. No tienes idea de lo agotador que es convivir con esas bestias de doble cuerno…

Fwip fwip fwip.

A pesar de sus palabras, su cola se movía rapidísimo.

Whoosh whoosh whoosh.

Sus pupilas se agrandaron al verme.

—T-tú… ¿por qué luces así?

¿Por qué luzco así?

Pues porque es más cómodo montar el Wyvern en forma humana, obviamente.

…Un momento.

¿Será que a Baekrang le disgusta verme así?

Siempre decía que el pelaje era mejor que las escamas, tal vez también odia mi forma humana.

Estaba a punto de considerar volverme lagartito.

Tap.

La mano blanca de Baekrang agarró mi manga.

—…Oye.

Bajó un poco la cabeza y habló en voz bajita.

Sólo para mí.

—Últimamente… Chillang se ha visto algo solito, ¿sabes?

¿Chillang solito?

¡Mi adorable bolita de pelos…!

Cuando regrese, tendré que pasar tiempo con Chillang y los lobitos.

La cola de Baekrang se movía aún más rápido.

Parecía que quería decir algo, pero guardaba silencio.

Pasaron unos segundos, su carita blanca se puso roja como jitomate.

¿Le pasaría algo?

Estaba a punto de preguntarle, cuando sus labios se movieron.

—O sea… lo que quiero decir es…

Arrastraba las palabras, ni muy rápido ni muy lento.

Miró a su alrededor y se acercó aún más, sin soltar mi manga.

Tan cerca que podía sentir su respiración.

Con el rostro rojo como tomate, Baekrang me susurró al oído.

—¿Quieres tener una sobrinita conmigo?

…¿Cómo llegamos a esto?

¿No nos saltamos como… muchísimos pasos?

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