Me convertí en un dios entre los Zerg escribiendo novelas BL en directo - Capítulo 135
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- Capítulo 135 - La cola
—Acepto tu solicitud —dijo Shi Cunjin.
La respiración de Anushka se volvió pesada al instante.
Shi Cunjin levantó una mano y enganchó con un dedo la borla dorada del hombro izquierdo del mayor general. Sonrió.
—Pero no hoy. No ahora.
—……
En cuestión de segundos, Shi Cunjin vio cómo Anushka pasaba de una excitación muda a una completa inexpresividad y, de ahí, a esa expresión arrogante y sarcástica que tanto aterrorizaba al Sistema.
Las dos manos de Anushka rodearon la cintura de Shi Cunjin.
Su voz salió desafinada.
—Oh.
Después, casi como si exprimiera una risa fría desde la garganta, añadió:
—Explícate.
Lo miró fijamente, sin pestañear.
Sus ojos heterocromáticos parecían dos cuentas talladas en hielo. El dorado claro resultaba gélido y el rojo oscuro, inquietante.
Shi Cunjin no sintió el menor miedo.
Incluso tuvo tiempo para pensar que, si el Sistema no se hubiera escondido para deprimirse, ya estaría chillando dentro de su cabeza como una tetera hirviendo.
—Esta llamada holográfica solo puede durar treinta minutos como máximo —explicó Shi Cunjin en voz baja—. Siento mucho haber llegado tan tarde. De las tres horas que te prometí, ya solo queda este poco de tiempo.
—Lo que te prometí antes sigue siendo válido. Solo que este momento no es adecuado para cumplirlo.
—Dentro de cuarenta minutos tengo que pasar por aduanas. Y hoy estás vestido de manera tan formal que seguramente tienes más de una reunión, ¿verdad?
Shi Cunjin acarició suavemente la borla del hombro de Anushka.
Su palma pasó sobre la insignia militar y terminó deteniéndose en su corbata.
Anushka seguía con aquella cara fría y desagradable, completamente inmune.
—Esas reuniones pueden aplazarse. También pueden celebrarlas sin mí. Solo necesitan mi firma. No es obligatorio que asista.
—Tú tienes que pasar por aduanas dentro de cuarenta minutos. Deja el resto de los asuntos en manos de Jack. En sesenta minutos como máximo terminarás todos los procedimientos que requieren tu firma y revisión personal.
—Puedo esperarte en el entorno holográfico hasta que vuelvas.
La hembra militar de cabello dorado habló con firmeza:
—Si quieres hacer algo, hazlo. No existe nada que tenga derecho a retrasar la satisfacción de tus emociones.
—No necesitas preocuparte por esas cosas.
—Mis Zerg se ocuparán de todo por ti.
Vaya.
Shi Cunjin sintió ganas de reír y suspirar al mismo tiempo.
Parecía que cualquier comportamiento emocional, al colocarse sobre la especie Zerg, se magnificaba diez o cien veces.
La pegajosidad típica de una pareja en plena etapa de enamoramiento, puesta en Anushka, no se sentía pegajosa en absoluto.
Él la expresaba como una presión absoluta.
Algo parecido a:
¿De verdad quieres hacerlo? Bien.
¿Ahora no te conviene? Está bien.
Cinco minutos después, Anushka:
Eliminaré físicamente todo aquello que te resulte inconveniente. Ahora ven a enamorarte conmigo.
—¿Por qué estás tan contento? —preguntó Anushka sin expresión.
—Estaba pensando que, si de verdad sigo lo que quiero y dejo que «todo lo prometido» ocupe nuestro tiempo…
La mano de Shi Cunjin se quedó en el borde del cuello de Anushka.
Sonrió de manera amable y educada.
Con un dedo levantó ligeramente la corbata militar.
El dedo blanco aflojó aquella corbata negra que hasta entonces había estado perfectamente ajustada y, con un movimiento hábil, la sacó de debajo del uniforme formal.
—Quizá terminemos necesitando todo un día —dijo lentamente Shi Cunjin—. No soy de madera.
—También deseo cosas.
—Abrazos, consuelo, besos…
—Quiero que podamos disfrutar bien de un día completo.
Shi Cunjin miró a Anushka.
Recordó el poema que este había enviado tiempo atrás al streamer Fett en la Red Estelar.
—…«Condúceme hacia la primavera, báñame en vida. El amor que germina no necesita súplicas; crecerá por sí solo, dentro del deseo más prolongado».
Shi Cunjin modificó algunas palabras del poema y lo recitó con suavidad.
La luz holográfica descendía desde arriba.
De pronto, Anushka sintió que aquella luz le deslumbraba los ojos.
Iluminó las pestañas plateadas de Fett.
Iluminó también sus pupilas.
Y convirtió su sonrisa en un pequeño pez.
El pez nadaba dentro del lago cristalino de sus ojos plateados, levantando ondas.
La luz de sus pupilas brillaba como agua.
Anushka finalmente reaccionó.
Todo su cuerpo quedó petrificado.
La expresión desagradable que había adoptado por reflejo se convirtió en una lámina seca de madera y se quebró lentamente sobre su rostro.
Sus pupilas animales, antes reducidas a agujas, se relajaron hasta hacerse redondas y después volvieron a contraerse en diminutos puntos.
Juventud.
Pureza.
Desconcierto.
Todas esas emociones se filtraron a través de su rostro rígido y sus ojos inmóviles.
El uniforme militar, su personalidad dominante, su deseo de control incapaz de aceptar oposición…
Toda aquella coraza adulta fue hecha añicos por un simple movimiento de los dedos de Shi Cunjin.
—Oh.
—Ah.
—Mm.
Anushka respondió una vez cada exactamente dos segundos, puntual como un reloj cucú.
Shi Cunjin terminó de sacar la corbata con un dedo.
La hizo girar suavemente alrededor de la punta.
La corbata negra, lisa y perfectamente formada, se deformó bajo el control de aquellos dedos blancos.
—Tomaré eso como que aceptas cambiar el momento —dijo Shi Cunjin sonriendo—. La próxima vez terminaré todos mis asuntos con anticipación, cerraré mi cuenta social y dejaré abierta únicamente una línea de comunicación directa contigo.
Los ojos de Anushka no daban abasto.
A veces miraban involuntariamente la mano de Shi Cunjin.
A veces volvían, incapaces de contenerse, hacia su sonrisa.
Sus pestañas doradas temblaban como si recibieran pequeñas descargas eléctricas.
—Bien.
Anushka cerró los ojos.
—Está bien. De acuerdo. Organízalo como quieras.
Mantuvo los ojos cerrados mientras intentaba calmar la agitación de su interior.
De pronto…
sintió un beso en la punta de la nariz.
Anushka volvió a abrir los ojos.
—Aprovechemos el tiempo —dijo Shi Cunjin—. Lo de que quería besarte no era mentira.
Sostuvo el rostro de Anushka con ambas manos y, enganchándolo por la barbilla, ajustó su cabeza hasta colocarla en un ángulo cómodo para besar.
—……
¡Pum!
En ese instante, Anushka incluso sintió dolor entre las costillas.
Su corazón latía tan rápido que, por uno de sus oídos, alcanzó a escuchar la alerta médica que el dispositivo de su cuerpo real estaba emitiendo.
La ligera caricia de su pareja había destrozado su coraza adulta.
La sangre ardiente de Anushka tomó el control de su cerebro.
Apretó con fuerza la cintura de Shi Cunjin y alzó la cara para besarlo casi como si estuviera embistiéndolo.
…
La capacidad de aprendizaje de Anushka no tenía rival entre los de su generación.
Fett había utilizado sus besos para conquistarlo y él rápidamente había aprendido nuevas maneras de besar.
Las mariposas poseían una ventaja natural en cuanto a la longitud de la lengua.
…
…
—Ah…
Shi Cunjin intentó empujarlo hacia atrás.
Una tos incontenible comenzó a subirle por la garganta.
—Cof, cof… cof…
Giró el rostro y tosió con fuerza.
En aquel momento quedó en evidencia la desventaja de tener la piel demasiado blanca.
La falta de aire hizo que su piel se enrojeciera rápidamente, desde el rostro hasta el cuello.
—Lo siento.
Pero Anushka ya no tenía cerebro suficiente para ceder o mostrarse considerado.
Shi Cunjin se cubría la boca mientras tosía, así que él acercó la cabeza y empezó a besarle el dorso de la mano.
La lengua de mariposa intentaba meterse entre sus dedos para seguir succionando.
Shi Cunjin acabó incapaz de soportarlo.
—Ya, ya. Detente un momento.
Le sujetó la cabeza de una vez y enterró aquel excitado cráneo dorado contra el hueco de su cuello.
Quién habría imaginado que eso volvería a estimular a Anushka.
Shi Cunjin había sido apretado con tanta fuerza que apenas podía respirar.
Jadeaba rápidamente.
Las venas del cuello se marcaban y el sudor aparecía sobre su piel.
Toda aquella piel blanca estaba teñida de rojo.
En cuanto Anushka apoyó el rostro allí, su mente quedó completamente en blanco.
De repente olvidó el beso.
Como hechizado, pegó la cara a la arteria y a la garganta de Shi Cunjin.
Utilizó los ojos, el puente de la nariz y el olfato para percibir la sangre que corría violentamente bajo la piel de su pareja.
Aquella sangre era bombeada sin descanso desde el corazón.
Transportaba una vitalidad impetuosa.
Prisa.
Alegría.
La sangre caliente enrojecía la piel de su pareja y hacía brotar pequeñas gotas de humedad.
Anushka bebió aquel rocío.
Era como si hubiera probado una rendición franca que su amante nunca expresaba con palabras.
Empujó con fuerza el cuello de la ropa de Fett.
Quería aquel rocío.
Y no solo aquel rocío.
…
Shi Cunjin sostuvo de golpe la cara de Anushka y detuvo aquella cabeza dorada que seguía bajando.
¡Sintió que Anushka había mordido y abierto con los dientes el cuello de su ropa perfectamente abrochada!
¡Era una llamada holográfica!
Shi Cunjin impidió inmediatamente que siguiera bajando y lo guio hacia arriba con un beso.
Anushka no opuso la menor resistencia.
El aliento caliente de su pareja le rozó los labios.
Sin dudarlo, escupió el botón que había roto con los dientes y levantó la cabeza para perseguir torpemente la respiración de Fett.
Poco después, los dos volvieron a enredarse en besos caóticos.
La forma de intimidad de Anushka tenía un estilo extremadamente claro.
Primero tenía que rozarlo con el ojo.
Solo después besaba.
Shi Cunjin tenía la piel erizada y, al mismo tiempo, cada vez menos aire.
Los besos dirigidos por Anushka eran caóticos, sin orden ni método.
Durante aquellos treinta minutos hubo varios en los que Shi Cunjin terminó besando, a través del párpado, el suave ojo dorado de Anushka.
Las pestañas doradas le rozaban los labios como pequeñas espinas blandas, casi como si lo invitaran a probar algo.
En otros momentos, Shi Cunjin tuvo que meter los dedos en la boca de Anushka.
Introdujo el pulgar entre sus dientes para obligarlo a contenerse por miedo a morderle el dedo y reducir así la fuerza con la que succionaba.
Durante todo el proceso, Shi Cunjin no pudo respirar por la boca.
En cuanto separaba los labios…
la lengua era atrapada y succionada hacia fuera.
Incluso en la realidad, Shi Cunjin empezó a percibir un leve sabor metálico en la raíz de la lengua.
Eso ya era demasiado.
—¡Anushka!
Shi Cunjin metió los dedos entre su cabello dorado y tiró con fuerza hacia atrás.
Arrancó incluso un pequeño mechón.
Anushka permaneció inamovible.
Sin razón alguna, completamente fanático, seguía besándolo.
Había convertido el beso francés en un arma.
Shi Cunjin estaba siendo atacado hasta quedarse sin oxígeno.
Ante sus ojos aparecieron colores brillantes.
La actividad de sus ondas cerebrales se volvió demasiado intensa.
El Sistema, confundido, salió a echar un vistazo.
Y al instante se convirtió en una tetera hirviendo.
—¡¡¡AAAAAAAAAAH!!! ¡¡¡PROFESOR SHI!!!
—¡¡¡SUS HORMONAS ESTÁN A PUNTO DE AGOTAR LA BATERÍA DEL COLLAR!!!
—¡¡¡SI LAS HORMONAS SE FILTRAN Y EL CHIP HOLOGRÁFICO LAS DETECTA, LA RED ESTELAR CLASIFICARÁ ESTA LLAMADA COMO UNA ESTAFA ILEGAL DE COMPRAVENTA DE HORMONAS MASCULINAS!!!
El Sistema colapsaba como de costumbre.
Shi Cunjin también empezaba a llegar a su límite.
No había imaginado que dos simples frases románticas pudieran dejar a Anushka así.
Lección aprendida.
Con este mayor general cuya capacidad de autocontrol subía y bajaba sin previo aviso, había que pensarse tres veces cada frase romántica.
Un descuido y podía activar el efecto negativo de lengua echando chispas.
…
—Vas a besarme hasta desconectarme —dijo Shi Cunjin entre jadeos y toses.
Apoyó la frente contra la de Anushka.
—Hasta aquí.
Anushka no se detuvo inmediatamente.
Todavía sacaba la lengua.
Shi Cunjin no dudó.
Levantó una mano hacia la sien, donde tenía pegado el chip sensorial.
Bastaba con retirarlo para forzar la desconexión.
Las antenas plumosas de Anushka se tensaron de golpe.
Su mirada se aclaró al instante.
Retrajo la lengua y, por reflejo, quiso hundir el rostro en el cuello de Shi Cunjin.
De repente frenó.
Al final apoyó la cara sobre su hombro y trató de regular la respiración.
—No utilices la desconexión como amenaza.
Anushka se enfadó por un instante.
Reprimió sus jadeos.
Después de un momento habló con voz seca.
—Escucharé tus órdenes.
—Si dices que pare, pararé.
—No volveré a ignorarte.
—No uses eso para castigarme.
Shi Cunjin le rodeó el cuello con los brazos.
Su pecho subía y bajaba mientras trataba de recuperar el aliento.
Con los dedos peinó el cabello dorado empapado.
—Ya veremos la próxima vez.
Como todo aquello era holográfico, Shi Cunjin tiró ligeramente de una de sus antenas de mariposa.
No le dio una respuesta frontal.
En cambio, dijo:
—General Kash, esfuérzate en portarte bien.
Anushka levantó la cabeza y lo miró.
—¿Estás enfadado?
—No.
Anushka no dijo nada.
Solo siguió mirándolo.
Parecía enfadado.
O quizá no pensaba absolutamente nada.
Simplemente se había quedado rígido, sin saber cómo resolver aquella situación.
Shi Cunjin conocía una manera sencilla de hacerlo.
Bastaba con decir:
Bien, la próxima vez no volveré a amenazarte así.
Anushka se relajaría de inmediato.
La ligera tensión desaparecería.
Podrían abrazarse tranquilamente hasta que terminara la llamada.
Pero no.
Anushka había crecido desde pequeño dentro de un entorno de enorme presión, donde debía poseer una agresividad extrema para sobrevivir.
La ofensiva y el deseo de control formaban parte de su personalidad.
No sabía equilibrar una relación.
Si Shi Cunjin lo trataba siempre con indulgencia, Anushka avanzaría paso tras paso.
Acabaría utilizando por costumbre métodos invasivos para profundizar la relación con su pareja.
Pero una relación saludable no consistía en que uno tolerara sin límites mientras el otro avanzaba eternamente.
El impulso que Anushka había mostrado hoy al intentar ir más lejos dentro del holograma había sido imprudente.
No bastaba para enfadar a Shi Cunjin.
Pero sí para hacerle pensar que necesitaba dibujar una línea clara.
Shi Cunjin sostuvo el rostro de Anushka.
Besó suavemente sus ojos.
Sonrió.
—Si vuelves a actuar con la misma imprudencia de hoy, me enfadaré.
—Pero ahora no estoy enfadado.
—Ya sabes dónde está el límite.
—No lo cruces.
Shi Cunjin añadió:
—No hagas que realmente me enfade, Anushka.
—…Bien.
Anushka tomó su mano.
Bajó la cabeza.
Pegó el rostro y los labios contra la palma.
Shi Cunjin sintió cómo sus labios temblaban ligeramente sobre su mano.
Después, Anushka demostró que hablaba en serio.
—Durante un tiempo desactivaré el modo holográfico de mi dispositivo.
—Controlaré mi estado. Cuando sea necesario utilizaré sedantes para regular mis emociones.
—Estabilizaré esto cuanto antes.
Anushka no dijo que había sido incapaz de controlarse.
Tampoco ofreció excusas.
Shi Cunjin solo le había dado una pequeña advertencia y él ya se había metido en un callejón sin salida dispuesto a ejecutarla hasta el extremo.
Shi Cunjin:
—……
¿Por qué justo ahora tenía que ser tan obstinado?
Shi Cunjin solo quería dibujar una línea para que Anushka aprendiera a controlar sus impulsos.
Pero Anushka, que poseía una disciplina extremadamente estricta, había respondido inmediatamente con una solución radical.
Shi Cunjin guardó silencio.
Sin embargo…
un límite era un límite.
Solo una frontera clara permitía que los afectos duraran.
Permitía que ambas partes conservaran su identidad.
Y mantenía viva, durante mucho tiempo, la frescura y el amor.
Eso se aplicaba a cualquier tipo de relación.
Anushka sujetó entonces la mano de Shi Cunjin.
La apretó una vez y después la soltó.
—No te decepciones de mí.
—Mi capacidad de ejecución es muy fuerte.
Los tontos sinceros terminan dando ternura.
El cielo protege a los ingenuos.
Shi Cunjin suspiró para sus adentros.
Los viejos dichos no mentían.
—El 10 de septiembre.
Shi Cunjin rodeó los hombros y el cuello de Anushka y apoyó el rostro sobre su cabello dorado.
Le dio una nueva sorpresa.
—Iré al carnaval.
—Nos veremos allí.
—No puedes ir.
Anushka abrió mucho los ojos, mostrando una ferocidad inmediata.
—Todo el universo está observando ese evento.
—Todos están preguntándose si aparecerás.
—Esta vez la Alianza Capital solicitó dos destacamentos completos de armamento interestelar.
—¡Y también está la Corte! ¡La Corte movilizó la mitad de sus fuerzas de guardia!
Shi Cunjin dijo:
—Los que me odian no serán tan estúpidos como para iniciar una persecución y rodearme en público.
—Esta vez vendrán Excelencias de Ojo de Gato.
—Todo el carnaval será transmitido en directo.
—Las cuatro grandes regiones, incluida Ojo de Gato, tendrán acceso a la transmisión.
—Por muy locos que estén, no van a perder la razón delante de todo el universo.
Shi Cunjin continuó:
—Y aun suponiendo lo peor…
—No estoy indefenso.
—Desde que aparecí en internet hasta hoy, la Alianza Capital, la Corte y las Avispas han intentado capturarme.
—¿Cuál de ellos lo consiguió?
—Además, el Zerg que me invitó esta vez propuso un intercambio difícil de rechazar.
—Después de evaluar lo que tiene en sus manos, decidí ir.
—¿Qué tiene? —preguntó Anushka con mala expresión.
Hizo una pausa.
—Si puedes decírmelo, dímelo.
—Un Zerg de Ojo de Gato quiere verme.
Shi Cunjin pensó en el verdadero motivo y difuminó un poco la realidad.
—Está relacionado con mis orígenes.
Anushka dejó de preguntar inmediatamente.
Ese tema lo hizo recuperar la calma.
Sostuvo la mano de Shi Cunjin que llevaba el anillo.
Después volvió a quitárselo y le mostró el interior.
—A.C. Anushka —leyó Shi Cunjin al ver las letras grabadas.
—Mm.
Anushka respondió.
—Quería enseñártelo desde que entramos.
Shi Cunjin captó el detalle.
Sonrió.
—Te olvidaste, ¿verdad?
Anushka, en silencio, volvió a colocarle el anillo.
Shi Cunjin bajó los ojos.
Sabía perfectamente que todo era holográfico.
Y aun así Anushka había repetido por segunda vez el gesto de ponerle el anillo.
Idiota obsesivo.
—Hay otra razón por la que iré al carnaval.
Shi Cunjin miró a Anushka.
—Tú estarás allí.
—Tú haces que me sienta seguro.
—Por eso decidí ir.
—Anushka, entre mis objetivos al ir al carnaval estás tú.
—Quiero volver a verte.
—Quiero abrazar al verdadero tú.
Toda la oscuridad de Anushka desapareció bajo la cantidad de información contenida en aquellas palabras.
Sus ojos se animalizaron en un instante.
¡Las antenas de mariposa volvieron a levantarse!
¡Con tanta rapidez que golpearon la oreja de Shi Cunjin!
Shi Cunjin desvió la cabeza.
Después de unos segundos dijo con impotencia:
—Respira, Anushka.
Anushka apretó su mano.
—…Nombre.
—Dame un nombre.
—Cuando volví pregunté discretamente a través de varios canales.
—Los Zerg de… aquella generación no pueden usar apellidos familiares.
—Un nombre fijo y una identificación fija deben cambiarse cada tres meses.
Anushka guardó silencio unos segundos.
—Aparte de Fett, ¿tienes algún nombre que estés acostumbrado a usar?
—Si no…
Se produjo otra pausa de más de diez segundos.
Anushka apartó la mirada.
—…Yo te puse uno.
—Y el anillo con ese nuevo nombre grabado también lo llevas contigo, ¿verdad? —preguntó Shi Cunjin.
—…Mm.
Los ojos de Anushka miraban hacia un lado.
—Déjame verlo.
Anushka tocó el bolsillo de su uniforme.
Shi Cunjin ni siquiera alcanzó a distinguir el movimiento.
Cuando levantó la mano otra vez, un nuevo anillo de platino blanco había aparecido entre sus dedos, como por arte de magia.
—Destiny.
Shi Cunjin leyó el grabado interior.
Le resultó algo extraño en la pronunciación.
Lo repitió mentalmente en inglés y de pronto entendió.
Era otra forma de traducir «destino».
—Mm —respondió Anushka—. Investigué la raíz de tu nombre de usuario.
—Su significado era destino.
—Nadie utiliza esa clase de palabra rara como nombre.
Anushka puso aquel anillo en la mano de Shi Cunjin.
Después se quitó el guante negro de una mano.
Hizo una pausa de un segundo.
Y de pronto apareció aquella extraña voz perfectamente formal que utilizaba cuando debía hablar en público.
—Ahora posees mis derechos.
—Y yo te pertenezco.
—Ha llegado el momento de que ejerzas lo que te corresponde.
Shi Cunjin lo miró varios segundos.
Conservó la sonrisa.
Y colocó el anillo en el dedo de Anushka.
Las antenas de Anushka temblaron.
Después se aplastaron contra el cabello dorado, intentando contenerse.
Su voz sonó completamente normal.
—Mm.
—Muy bien.
—Sí tengo un nombre que estoy acostumbrado a usar —dijo entonces Shi Cunjin suavemente.
—……
La mirada de Shi Cunjin volvió involuntariamente hacia las antenas plumosas de Anushka, que primero se curvaron y después se enderezaron de golpe.
Por muchas veces que las viera, seguían pareciéndole largas orejas.
Y cuando se movían tenían una comicidad extraña.
—Pero ese nombre no puede aparecer en ningún archivo ni en ninguna situación donde pueda quedar registrado.
—Anushka, mira bien.
Shi Cunjin tomó su mano.
Y, sin emitir sonido, articuló frente a él:
—Shi Cunjin.
Anushka observó sus labios.
—¿Lo recuerdas? —preguntó Shi Cunjin.
—Besos —dijo Anushka de repente.
—¿Qué?
Shi Cunjin quedó confundido.
Anushka dijo:
—Tu nombre tiene dos besos.
Shi Cunjin repitió mentalmente su propio nombre por reflejo.
Había vivido con él durante tantos años que jamás lo había pensado desde ese ángulo.
—…Ah.
Shi Cunjin sonrió ligeramente.
—Es verdad.
—Quedan diez minutos.
Anushka miró la hora.
Habló rígidamente y sin demasiadas esperanzas.
—…Solicito un beso.
—Claro —respondió Shi Cunjin con ligereza.
El labio superior de Anushka se contrajo.
Su rostro casi se lanzó hacia delante por reflejo.
Pero se detuvo de golpe.
Sus labios se movieron.
Y, como si ofreciera un beso, articuló silenciosamente:
—Shi Cunjin.
Shi Cunjin respondió encantado.
Los labios de ambos se rozaron suavemente.
Como si degustaran comida…
se tragaron aquel sonido que no podía quedar registrado.
…
…
—El suboficial Jack está llamando a la puerta, profesor Shi.
—De verdad ya no pueden seguir pegados…
—Además, necesita volver a llenar el collar con inhibidores hormonales…
El Sistema le susurró.
Dentro de la llamada holográfica, Shi Cunjin volvió a ser besado por Anushka hasta que vio destellos blancos.
Metió un dedo en su boca para separarlo.
—Detente.
—…Sí…
Anushka se obligó a parar.
Tenía la cabeza completamente revuelta.
Y la lengua se le trabó.
—Sí, comandante…
El pecho de Shi Cunjin subió y bajó un par de veces.
No pudo contener la risa.
—Tengo frío en la cintura. Ayúdame a bajarme la ropa.
—Y la punta de tu cola de mariposa volvió a enrollarse en mi mano.
Anushka reaccionó lentamente.
Durante dos segundos no entendió.
Al tercero…
todo su cuerpo pareció recibir una descarga eléctrica.
Bajó la cabeza sin expresión.
La parte inferior de la ropa de Shi Cunjin estaba completamente desordenada.
Dejaba al descubierto un tramo de cintura y…
¿?
…
¿?
La mano izquierda de Anushka sostenía una cola blanco plateada cargada de simbolismo y significado.
Aquella cola plateada estaba cubierta por escamas suaves.
Su textura era lisa y flexible.
La parte final se ensanchaba ligeramente, como un capullo de loto cerrado.
Las escamas de la punta eran duras.
En el interior ocultaban nervios sensoriales capaces de tranquilizar en un instante a una hembra enloquecida.
Y ahora…
aquella cola estaba enrollada alrededor del antebrazo izquierdo de Anushka.
Él la sujetaba por una sección.
Las pupilas de Anushka se dilataron.
—……
Las leyes de Ojo de Gato que había leído una y otra vez desde los dieciocho años aparecieron en su mente con letras enormes:
¡Solo se permite tocar el gancho de cola de una Excelencia con su consentimiento!
¡En cualquier otra circunstancia se considera una ofensa grave!
¡Tocar de improviso: rechazo de la Excelencia, 100 %!
¡Lista negra permanente de la Corte!
Esta vez…
Anushka fue el primero en desconectarse.
—¡Débil! —se burló el Sistema.
—Sí —dijo Shi Cunjin.
Se quitó el chip holográfico y negó con la cabeza.
Después se levantó y fue al baño para rellenar el collar, ya vacío, con nuevos inhibidores.
—Activa la ventilación y limpia el aire de la habitación.
—¡Entendido!
Veinte minutos después.
Shi Cunjin tomó de las manos a Raleigh y Rolly y comenzó los trámites de entrada.
La familia de Amy los seguía de cerca.
—Síganme.
Jack llevaba una tableta en la mano.
Guio a Shi Cunjin y al resto para que se separaran del vestíbulo principal de aduanas y entraran por un corredor especial con mucho menos tránsito.
Debido a la presencia de los otros familiares, Jack mantuvo su típica expresión fría de especie de alto nivel frente a la familia del señor Fett.
Pero, al mismo tiempo, utilizaba la tableta para enviar explicaciones continuas al dispositivo de Fett.
J: 【Tal como solicitó, ya está preparado el corredor especial sin análisis de sangre ni examen físico.】
J: 【El ejército de las Avispas ya controla completamente Gamma, pero ha aflojado bastante la revisión aduanera. Mientras los “archivos estén completos”, todos pasan sin necesidad de sello adicional.】
J: 【Además…】
Shi Cunjin llevaba auriculares.
Escuchaba cómo cada mensaje de texto se convertía en voz.
El Sistema, Jack y el ejército de las Avispas estaban relajando al mismo tiempo la inspección.
Shi Cunjin pasó la aduana sin el menor obstáculo.
En un abrir y cerrar de ojos, su grupo desapareció entre la multitud que entraba y salía.
…
Al mismo tiempo.
Ojo de Gato.
Baño.
—…No puede ser…
Valentine estaba sentado sobre la tapa del inodoro, encendiendo y apagando el dispositivo.
La pantalla de inicio seguía mostrando que no podía acceder a aquella cuenta.
Se mordió una uña.
—¿La encontró el equipo de redes de Ojo de Gato…?
Pero la información de Fett era demasiado importante.
No podía limitarse a esperar.
¡Esperar no servía de nada!
Valentine guardó primero el dispositivo.
Después de pensarlo un momento, decidió ir a buscar al profesor Gobelier.
Gobelier era uno de los máximos oficiales de protocolo.
Tenía dispositivos con acceso al exterior.
Seguro que también tenía terminales de repuesto.
Tengo que… tengo que encontrar una buena excusa para pedirle uno.
No puedo revelar que Fett tiene junto a él a un superviviente del caso de 1980.
Valentine se lavó la cara para despejarse.
Se miró al espejo.
Se animó a sí mismo.
Durante el camino rechazó que los sirvientes fueran por delante para avisar al profesor Gobelier.
Tampoco permitió que lo llevaran en vehículo.
Eligió caminar hasta su residencia.
Por las normas de protocolo, el palacio donde vivía Gobelier estaba a un kilómetro del Palacio Expuesto del Templo donde residía Valentine.
Aquella distancia le dio tiempo suficiente para pensar en una excusa.
Cuando llegó, un sirviente salió a recibirlo.
—El oficial Gobelier está trabajando en el estudio.
—El oficial dejó dicho que, si usted viene, puede acercarse directamente a llamar a su puerta sin importar la hora.
—Bien. Gracias.
Valentine asintió.
Su ánimo, hasta entonces inquieto, mejoró un poco.
Guiado por el sirviente, llegó pronto frente a la puerta del estudio.
Llamó tres veces.
El intercomunicador junto a la puerta emitió una voz.
—Entra.
Valentine se quedó inmóvil un instante al escucharla.
Abrió la puerta.
La lámpara principal del estudio estaba apagada.
Solo había unas pocas luces ambientales.
La habitación estaba muy oscura.
El estudio de Gobelier era enorme.
Todas las paredes habían sido convertidas en estanterías circulares.
Los libros llenaban cada espacio, como si fueran una red de innumerables casillas.
Gobelier estaba sentado detrás del escritorio.
Parecía sostener algo entre las manos.
La silla estaba colocada de lado respecto a la puerta.
Valentine solo podía ver la mitad de su hombro, una mano apoyada en el reposabrazos y parte de su largo cabello plateado ligeramente desordenado.
Valentine avanzó unos pasos con preocupación.
Percibió un leve olor a sangre.
El aroma estaba casi completamente cubierto por un perfume intenso y por el olor vegetal de la madera de las estanterías.
Valentine no estaba seguro de haberlo olido realmente.
Avanzó un poco más.
Entonces pudo ver mejor el interior.
—¿Profesor Gobelier?
—¿Está bien?
—Su voz suena un poco mal.
—¿Está enfermo?
Valentine dio varios pasos más.
De repente se detuvo.
El suelo…
El suelo estaba cubierto de fotografías.
Las pupilas de Valentine se contrajeron.
Todas eran primeros planos de ganchos de cola de Excelencias.
Cada fotografía llevaba un código.
Valentine miró alrededor.
Incluso reconoció la forma de las colas de varios amigos suyos.
En aquel estudio oscuro, las fotografías se superponían unas sobre otras.
Parecían una nevada gris pisoteada innumerables veces.
Su profesor seguía sentado de espaldas.
Valentine aguzó el oído.
Solo con mucho esfuerzo consiguió distinguir la respiración de Gobelier entre el ruido del aire acondicionado silencioso y el leve siseo del dispensador de perfume.
Al mirar con más atención, Valentine descubrió que la cinta negra que Gobelier utilizaba normalmente para atarse el cabello estaba tirada en algún lugar sobre aquella alfombra de fotografías.
La seda negra había sido rasgada en tres trozos.
Se encontraba dispersa en el suelo.
Los extremos de los hilos estaban deformados y retorcidos.
Parecían varios mechones de cabello negro arrancado.
Eso hizo que Valentine se preocupara todavía más.
Dio unos pasos hacia delante.
Y pudo ver más.
De pronto, un escalofrío le subió por la espalda.
Finalmente vio lo que Gobelier sostenía con la mano que quedaba de lado.
Era una fotografía con el código de su propio gancho de cola.
Pero su fotografía no estaba nueva e intacta como las del suelo.
Gobelier la sostenía casi como si sujetara una flor.
Sin embargo…
sus dedos habían perforado una esquina.
Habían abierto un agujero en el papel.
Más que sostenerla…
la estaba agarrando.
Valentine permaneció varios segundos en silencio.
Una inquietud imposible de explicar comenzó a crecer en su interior.
—…¿Profesor?
Valentine se detuvo.
La puerta seguía abierta.
La luz del pasillo entraba en la habitación.
Él permanecía justamente en la frontera entre la luz y la oscuridad.
No se atrevió a avanzar otro paso.
Pasó un momento.
—Valentine.
El oficial de protocolo que estaba de espaldas respondió con suavidad.
—Sí.
—No me siento muy bien.
«Criiic».
La silla giró con un ruido.
El corazón de Valentine dio un salto.
¿Cómo podía una silla del oficial de protocolo tener ese tipo de defecto ruidoso?
¿No era un sonido propio de una pieza interna fina que había sido golpeada o dañada?
—Mm.
Valentine respondió.
Aunque ya estaba inquieto, Gobelier lo había cuidado durante tantos años que la preocupación por su salud terminó imponiéndose.
—¿Por qué no llamó a un médico?
—No es nada grave —respondió Gobelier desde las sombras.
La habitación era enorme.
Y había muy pocas luces encendidas.
Valentine apenas podía distinguir que Gobelier sonreía dentro de la oscuridad.
Pero no conseguía ver sus ojos.
Valentine llevó las manos detrás de la espalda.
Entrelazó nerviosamente los dedos.
—Profesor, vine porque quería…
—Valentine.
El profesor que sonreía entre las sombras lo interrumpió.
—Tengo una pregunta que necesito que respondas.
—¿Mm? Ah… claro.
Valentine dijo:
—Pregunte.
—Normalmente, cuando tu gancho de cola se golpea o roza contra algo…
—¿qué sientes?
—Eh…
Valentine quedó confundido.
¿No era eso conocimiento básico en Ojo de Gato?
La cola de una Excelencia contenía como mínimo treinta nervios sensoriales.
Algunas tenían más de cien.
Aquellos nervios solo estaban protegidos por una fina capa de carne y escamas blandas.
Y, por supuesto, los nervios de la piel y las escamas también eran controlados por la red nerviosa interna de la cola.
—…Pues duele.
Valentine respondió con desconcierto.
—¿Y si las escamas blandas fueran arrancadas?
Valentine frunció el ceño por reflejo.
Sintió rechazo solo de imaginarlo.
—¿En qué se diferencia eso de arrancar la piel?
—Nadie puede hacer algo así.
—¡Es ilegal!
Pero aquel día Gobelier, uno de los oficiales encargados de supervisar e incluso redactar parte de las leyes de Ojo de Gato, parecía haberse convertido de repente en un analfabeto legal.
—Entonces…
—¿y si las escamas tuvieran marcas de desgaste imposibles de recuperar?
Valentine soltó un siseo.
Solo imaginarlo le resultaba doloroso.
—Si son marcas permanentes…
—Dios.
—Después de perder las escamas, eso significaría que la herida estuvo sometida a presión durante mucho tiempo.
—¿Una parte de los nervios regenerativos se habría necrosado?
—Profesor, no puedo imaginarlo.
—¿Ha aparecido algún caso nuevo durante el mes de adultez en la Ciudad Médica? ¿Alguna Excelencia perdió escamas?
—……
Su profesor dejó de hablar de repente.
Valentine esperó un momento.
Después habló en voz baja.
—¿Profesor Gobelier?
—Hay algo que quería pedirle…
—Valentine.
El profesor dentro de las sombras habló con suavidad.
—Hoy no me siento bien.
—¿Puedes volver primero?
—Lo que sea que quieras decirme, podemos hablarlo más tarde.
—¿De acuerdo?
—…Mm.
Un día antes Valentine habría protestado un poco.
Pero ahora no tuvo ninguna intención de hacerlo.
Respondió y se dio la vuelta inmediatamente.
Contuvo la respiración mientras salía.
…
Gobelier escuchó cómo Valentine se alejaba.
Primero caminó.
Después empezó a correr.
Los pasos fueron haciéndose cada vez más lejanos.
Hasta desaparecer.
Gobelier bajó la cabeza y miró la fotografía que sostenía.
El gancho de cola de la imagen era de color marrón claro.
Estaba cubierto de escamas suaves.
El brillo de las escamas parecía jade pulido.
Bajo la luz del sol, parecía una turmalina de excelente calidad.
Era una cola sana.
Hermosa.
Llena de vitalidad.
—…Así que duele tanto.
Gobelier murmuró suavemente.
Las puntas de sus dedos se transformaron en garras animales.
Una hoja afilada perforó otra vez la fotografía.
Abrió un segundo agujero.
…
…
—¡¡¡MIERDA, PROFESOR SHI!!! ¡¡¡LA CARTA DE GOBELIER VOLVIÓ A MOVERSE!!!
Polaris.
Gamma.
Una de la tarde.
Shi Cunjin bebió el último sorbo de sopa fresca.
Preguntó mentalmente:
—¿Cuánto avanzó?
—¿Sigue sin desbloquear…?
—¡¡¡DESBLOQUEÓ, DESBLOQUEÓ!!!
El Sistema gritó:
—¡¡¡GOBELIER DESBLOQUEÓ DOS CAPÍTULOS COMPLETOS DE LA NOVELA ORIGINAL!!!
¿Tan generoso?
Shi Cunjin preguntó:
—¿Cuánto progreso desbloqueó?
—¿Cuántos puntos de trama dio?
El Sistema quedó en silencio de repente.
—Eh…
Shi Cunjin:
—¿?
—Eh…
—0,5 %.
El Sistema habló con una expresión difícil de describir.
—El progreso de Gobelier aumentó un 0,5 %.
—Y el progreso general de la trama original… también un 0,5 %.
Shi Cunjin:
—……
¿Cómo podía este personaje ser al mismo tiempo tan generoso y tan miserable?
¿Hasta para desbloquear contenido tenía que hacerlo de 0,5 % en 0,5 %?