Me convertí en el malvado esposo de un juren - Capítulo 122
- Home
- All novels
- Me convertí en el malvado esposo de un juren
- Capítulo 122 - El tiempo vuela
Aunque el primer miembro de la tercera generación de la familia Ye era un pequeño ge’er, tanto Ye Daji como el padre Ye estaban muy contentos.
Desde un principio habían mimado mucho al Ye Li original y nunca habían menospreciado a los ge’er frente a los varones.
¿Qué tenía de malo que fuera un pequeño ge’er?
¡Miren a su Li-ge’er, lo capaz que era!
Y Jiang Liu, por ejemplo, no solo era trabajadora y resistente, sino que incluso le había conseguido a Jiang Dahe un excelente yerno.
Por eso, mientras fuera su propio hijo, ¿qué importaba que fuera varón o ge’er?
¡Todos eran buenos hijos!
Además, llevaban muchos años esperando la llegada de aquel precioso nieto. Así que, después de su nacimiento, ni siquiera buscaron a Jiang Ji, el xiucai, para pedirle que eligiera un nombre. Los dos ancianos decidieron llamarlo directamente Ruyi.
Ye Ruyi.
Un nombre auspicioso y fácil de recordar.
Aquello hizo que Liu Yi suspirara secretamente aliviado.
Él mismo había pasado por todas las dificultades para dar a luz a aquel bebé. Aunque fuera un ge’er, lo quería como a la niña de sus ojos.
Que los dos mayores no hubieran cambiado de actitud hacia él por el sexo del bebé hacía que todos estuvieran felices.
En aquel entonces había insistido en casarse con Ye Liang, y ahora parecía que realmente había tomado la decisión correcta.
Actualmente vivía en una casa grande y espaciosa y ganaba varios taeles de plata al mes.
Incluso sus hermanos de la familia materna habían ganado bastante dinero gracias a él.
Cada pocos días, su madre lo elogiaba diciendo que tenía criterio y buen ojo. Ya no era como antes, cuando, por un lado, sufría al verlo pasar dificultades y, por otro, se quejaba de que no hubiera escuchado a sus padres.
Con un estado de ánimo tan bueno, su cuerpo también se recuperó rápidamente.
El padre Ye tampoco escatimó en gastos. Durante todo el mes de recuperación posparto, le dio pollo, pato, cerdo, pescado y toda clase de alimentos nutritivos. No hubo una sola comida en la que faltara carne.
Por eso, cuando llegó el banquete del primer mes del pequeño Ruyi, Liu Yi no había adelgazado en absoluto comparado con el embarazo.
Al contrario, tenía un aspecto excelente y rebosaba energía.
Después de un mes de cuidados meticulosos, el pequeño Ruyi se había vuelto mucho más blanco y regordete. Tampoco le temía a la gente. Cuando Ye Li lo sostenía en brazos, no solo no lloraba, sino que balbuceaba mientras extendía sus pequeñas manos regordetas para interactuar con él.
Además, aquellas mejillas recién estrenadas hacía apenas un mes eran todavía más suaves al pellizcarlas que las de Jiang Ya.
Ye Li estaba encantado.
Ni siquiera quiso sentarse a comer durante el banquete. Siguió cargando a aquella pequeña monada, incapaz de soltarlo.
Jiang Ji, que observaba desde un lado, sintió todavía más que el tiempo apremiaba y que tenía una enorme tarea por delante.
Si no aprobaba el examen provincial el año siguiente, entonces él y Ye Li realmente deberían tener un hijo.
El próximo año ya cumpliría veinte.
De todos modos, tarde o temprano tendrían que tenerlo. En ese caso, sería mejor tenerlo pronto. Cuando el niño creciera, podría acompañarlos a ambos en sus viajes al sur del río.
Pero, si era así, ¿cómo podría concentrarse en estudiar?
Desde que Ye Li quedara embarazado hasta que criaran al niño hasta los dos años, tres años desaparecerían en un abrir y cerrar de ojos.
Lo más probable era que tampoco aprobara el siguiente examen provincial.
Entonces solo podría depositar sus esperanzas en el examen de siete años después.
…
Haber alcanzado el éxito siendo tan joven hacía que, en realidad, sintiera cierto orgullo y confianza en sí mismo.
Pero si tenía que esperar otros siete años, ¿no acabarían desgastándose gran parte de aquella energía y ambición?
¡Tenía que conseguirlo!
Después del banquete del primer mes del pequeño Ruyi, Jiang Ji regresó a la escuela del condado y estudió con todavía más empeño que antes.
Incluso le pidió a Ye Li que dejara de ir a visitarlo.
En primer lugar, hacía frío.
En segundo, quería dedicar toda su atención a los estudios.
Tanto al mediodía como por la noche tenía largos periodos libres. Si los dedicaba a estudiar, ya fuera memorizando textos o consultando sus dudas con sus compañeros, el supervisor académico, el maestro Han y los demás, podría aprender muchísimo.
Jiang Ji estaba dispuesto a esforzarse, así que naturalmente Ye Li lo apoyaba.
Ya era el undécimo mes. El cielo permanecía gris y sombrío todos los días y, de vez en cuando, incluso nevaba. Puesto que Jiang Ji no quería que saliera con frecuencia, Ye Li decidió quedarse tranquilamente en casa a pasar el invierno.
El mes anterior, Jiang Da se había casado. Su esposa era la hija de un xiucai; no solo sabía leer y escribir, sino que además tenía un carácter tranquilo y virtuoso.
Originalmente, Ye Li había pensado entregarle a la esposa de Jiang Da el trabajo de preparar tofu que él realizaba. De esa manera podría ir a la cabecera del condado por las mañanas.
En invierno oscurecía temprano y, en realidad, tampoco le gustaba demasiado salir al atardecer para visitar a Jiang Ji.
Pero ahora que Jiang Ji quería concentrarse en estudiar, Ye Li decidió seguir trabajando en el taller.
En realidad, así también estaba bien.
En su momento había observado a Zhang Xian durante medio año antes de permitirle entrar al taller.
Si ahora dejaba entrar directamente a la esposa de Jiang Da, Zhang Xian seguramente se sentiría incómodo.
En realidad, Zhang Xian, aquel esposo de su primo, era una persona bastante agradable. Tenía un carácter franco, trabajaba con rapidez y, además, preparaba unos encurtidos excelentes. Desde que se había casado y llegado a la familia, Ye Li había dejado de comer los encurtidos preparados por Liang Erxiang y había comenzado a comer los suyos.
Actualmente también ayudaba a preparar el puré de taro. Tanto al lavar los taros como al triturarlos hasta convertirlos en puré, trabajaba rápida y eficientemente.
En realidad, preparar puré de taro era bastante agotador.
Había que ir al taller la tarde anterior para lavar los taros.
Y al día siguiente había que regresar muy temprano para cocerlos y triturarlos.
En pleno invierno, como todos los trabajadores eran gente cercana y, además, las ganancias del puré de taro eran realmente elevadas, Ye Li hizo un generoso gesto y aumentó el salario de todos de treinta a setenta wen diarios.
De esa manera, sumando el trabajo del taller y el del puré de taro, Jiang Dahe, Jiang Tong y los demás podían ganar cien wen al día.
Los aldeanos los contemplaban con envidia.
Pero realmente no tenían manera de meter mano en el trabajo del puré de taro.
Si querían ganar más dinero, solo podían confiar en los huevos preservados.
Por fortuna, después de un año entero de promoción, los huevos preservados ya contaban con varios canales de venta adicionales.
En la capital de la prefectura, además del jefe Yue, varias familias de comerciantes habían firmado pedidos a largo plazo con Yezapo.
Incluso algunos comerciantes de los condados vecinos habían puesto los ojos en aquel negocio.
Gracias a eso, aun durante el invierno podían seguir vendiéndolos.
Sin embargo, la cantidad de comerciantes y viajeros de otras regiones seguía siendo muy inferior a la del verano, por lo que las tinajas de huevos preservados de cada familia habían disminuido considerablemente.
Después de un año entero de intenso trabajo, cada familia había ganado al menos varias decenas de taeles de plata.
Por eso, aquel Año Nuevo sería mucho más abundante que el anterior.
Incluso las familias más ahorradoras, después de recibir el dinero, fueron nuevamente a la cabecera del condado para comprar provisiones para las festividades.
Sin embargo, en casa de Ye Li el ambiente estaba mucho más tranquilo que el año anterior.
Aquel año, Ye Liang, el padre Ye y Liu Yi no estaban allí, y tampoco vendrían después del Año Nuevo.
La razón era que, a principios del duodécimo mes, Tang Yu también había quedado embarazado.
Anteriormente, debido al nacimiento del pequeño Ruyi, Ye Wen y Tang Yu habían descartado temporalmente la idea de alquilar un local en el pueblo. Había mucho trabajo en casa y ambos podían quedarse para ayudar.
Pero a principios del duodécimo mes, mientras Tang Yu mordisqueaba una pata de cerdo, de repente vomitó.
Fueron al pueblo para consultar a un médico y, efectivamente, estaba embarazado.
Aquello hizo inmensamente feliz al padre Ye.
En ese momento, el pequeño Ruyi necesitaba atención constante, por lo que Liu Yi estaba completamente ocupado con él. Tang Yu, por su parte, necesitaba cuidar su embarazo.
Así que el padre Ye decidió que ya no regresaría al taller.
La familia Ye no vendría, y en su propia familia todos estaban bastante ocupados.
Jiang Ji pasaba desde la mañana hasta la noche estudiando en la habitación de Jiang Mai. Solo podían verlo a la hora de comer y de dormir.
Era incluso más disciplinado de lo que Ye Li había sido cuando se preparaba para el gaokao.
Al ver lo dedicado que estaba Jiang Ji, Bao Beiyuan sintió que aquel año no sería apropiado ir a molestarlos.
Lo suyo con Jiang Liu no tenía prisa. De todos modos, en medio año podrían comprometerse.
El examen imperial era más importante.
Jiang Ya, por su parte, no había perdido su interés por la costura y seguía visitando habitualmente a Jiang Liu y Jiang Yu para aprender de ellas.
Jiang Liu también estaba terriblemente ocupada. Además de trabajar con el puré de taro y en el taller, como Ye Li no sabía coser, tenía que preparar ropa, zapatos y calcetines para Jiang Ji, Jiang Mai, Jiang Ya y Ye Li.
Por supuesto, tampoco podían faltar los de Bao Beiyuan.
Y, más importante todavía, tenía que asistir a la escuela de la aldea para aprender a leer y escribir.
Todos estaban tan ocupados que apenas tenían tiempo para descansar.
Solo Ye Li estaba tan ocioso que sentía que le crecería moho.
Después del Año Nuevo, cuando Jiang Ji y Jiang Mai regresaron respectivamente a la escuela del condado y a la escuela privada, en casa solo quedaron él y Jiang Ya, haciendo que todo pareciera todavía más silencioso.
Por fortuna, cuando el clima comenzó a calentarse, Ye Li entregó el trabajo de preparar tofu a la esposa de Jiang Da y empezó a ir con frecuencia a la cabecera del condado.
A veces incluso visitaba a la familia Ye para ver al pequeño Ruyi.
No iba a ver a Jiang Ji, pero podía llevarle algo de comer y beber a Jiang Mai y, de paso, conversar un rato con Yu Cai.
Yu Cai jamás habría imaginado que Jiang Ji, además de vivir separado de Ye Li para poder estudiar, fuera capaz de llevar las cosas todavía más lejos.
Y no lo había hecho durante uno o dos meses.
Había mantenido aquella rutina durante casi medio año.
Su perseverancia era realmente admirable.
Comparado con Jiang Ji, su hermano mayor parecía mucho más negligente.
Recordando lo que su padre mencionaba constantemente, cuando Yu Cai volvió a la familia Wu y vio a Yu Shiting, comparó a su hermano mayor con Jiang Ji.
En cuanto Wu-fulang lo escuchó, comenzó inmediatamente a presionar a Yu Shiting.
Como alguien que debía convertirse en el apoyo de Cai-ge’er, solo sabía hablar. Cuando se trataba de acciones reales, no llegaba ni a una décima parte de Jiang Ji.
Con semejante pereza, ¿cómo pretendía convertirse en juren?
Yu Shiting recibió tal regaño que se le puso todo el rostro rojo y reconoció repetidamente su error.
Anteriormente había puesto a prueba los conocimientos de Peng Ximing y, como durante todo aquel año Peng Ximing se había comportado correctamente sin mostrar intención alguna de volver a estudiar, Yu Shiting se había relajado un poco.
Pero ¿quién habría imaginado que Jiang Ji, diez años menor que él, tendría semejante perseverancia y fuerza de voluntad?
Realmente lo hacía sentir avergonzado.
Era cierto que había conseguido superar a Yu Shixin.
Pero ¿acaso su vida podía limitarse únicamente a competir con Yu Shixin?
Desde entonces, Yu Shiting también comenzó a estudiar con diligencia. Al igual que Jiang Ji, empezó a llevar una vida prácticamente ascética.
Sin embargo, al final era mayor y tenía muchas más preocupaciones y responsabilidades.
Aunque físicamente podía obligarse a estudiar con esfuerzo, mentalmente era incapaz de sumergirse en los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos con la misma concentración que Jiang Ji.
Cada vez que eso sucedía, solo podía recordar aquella escena del pasado para obligarse a continuar.
Solo convirtiéndose en juren podría transformarse verdaderamente en el apoyo de la familia Wu.
Mientras Yu Shiting se concentraba en sus estudios, la señora Yu, al no tener demasiado que hacer, comenzó a visitar Banxianju con mucha frecuencia.
Su hijo mayor, Yu Liqian, ya había comenzado a estudiar en una escuela privada.
Su hijo menor, Yu Linian, permanecía temporalmente en casa y ella misma se encargaba de enseñarle.
En realidad, tenía segundas intenciones al visitar Banxianju.
Porque de repente había descubierto que Ye Li llevaba con frecuencia a Jiang Ya y Jiang Liu allí.
Yu Linian tenía ocho años aquel año.
Sin embargo, comparado con Yu Liqian cuando tenía ocho años, no solo era media cabeza más bajo, sino también más delgado.
Aquello preocupaba secretamente a la señora Yu.
Si no daba pronto el estirón, aquello podría afectar sus posibilidades de casarse en el futuro. Para entonces, quizá su suegro ya se habría retirado del cargo de teniente del condado.
Por eso, cuando descubrió que Jiang Ya iba frecuentemente a Banxianju, comenzó a llevar también a Yu Linian para que comieran juntos.
Si quería crecer, ¡naturalmente tenía que comer mucho!
Aunque Jiang Ya ya era un año mayor, seguía entregándose por completo a la hora de comer. Comía rápido y con enorme apetito, usando tanto sus pequeñas manos como los palillos. Al verlo, incluso la señora Yu terminaba comiendo más de lo habitual.
Qué lástima.
Un niño tan adorable no pertenecía a su familia.
Naturalmente, la razón por la que Ye Li llevaba con tanta frecuencia a Jiang Ya y Jiang Liu a Banxianju era Bao Beiyuan.
Bao Beiyuan acudía todas las mañanas a Banxianju para entregar las bebidas y, además, estaba a punto de completar sus veinticinco meses de luto.
Por eso, Ye Li llevaba consigo a Jiang Liu para que ella y Bao Beiyuan pudieran verse con mayor frecuencia.
Durante aquellos últimos seis meses, Bao Beiyuan había ido a Yezapo al menos dos veces al mes.
Jiang Liu, por su parte, prácticamente todas las semanas le pedía a Ye Li que le llevara algo de comer o alguna prenda que había preparado.
No se veían demasiado a menudo.
Pero cada encuentro llenaba de calidez el corazón de Bao Beiyuan.
Al principio, Jiang Liu le había ocultado que estaba aprendiendo a leer y escribir. No fue hasta el Año Nuevo cuando se lo contó.
Para entonces, Jiang Liu ya era capaz de reconocer todos los platos del menú de Banxianju e incluso podía llevar cuentas.
Cuando Bao Beiyuan se enteró, los ojos se le enrojecieron de inmediato.
A la edad de Jiang Liu, y teniendo que ocuparse de tantas tareas todos los días, ser capaz de avanzar tanto en tan poco tiempo significaba que había dedicado un esfuerzo enorme.
¡Y todo aquel esfuerzo era por él!
En realidad, después de aquella comparación con las malas hierbas, Bao Beiyuan había buscado a Jiang Shun para preguntarle muchas cosas relacionadas con el cultivo de la tierra.
Pero jamás había esperado que Jiang Liu también estuviera esforzándose por acercarse a él.
¡Poder tener una esposa así era una verdadera fortuna!
Por eso, cuando finalmente completó los veinticinco meses de luto, al día siguiente fue directamente a pedir su mano.
Mientras pudieran comprometerse cuanto antes, cualquier día sería un buen día.
Aquel día, la sonrisa en el rostro de Jiang Dahe fue incluso más amplia que cuando Jiang Ji se convirtió en xiucai.
Hasta preparó dos mesas de comida y bebida para celebrarlo con sus familiares y amigos más cercanos.
Cuando los aldeanos se enteraron del compromiso, acudieron uno tras otro a felicitarlos.
Durante aquellos dos últimos años, como toda la aldea se había enriquecido, las expectativas de todos respecto a los matrimonios de los jóvenes en edad de casarse habían aumentado considerablemente.
Sin embargo, Bao Beiyuan era realmente un yerno del que cualquiera podía presumir.
Además, de entrada había ofrecido doscientos taeles de plata como regalo de compromiso.
Era la primera vez que se veía semejante cantidad en Yezapo.
Exceptuando que no tenía tierras ni casa propia, destacaba en todos los demás aspectos.
Pero aquello tampoco suponía ningún problema.
Con los ingresos procedentes de las bebidas y los huevos preservados, la joven pareja ya podía permitirse comprar una residencia en la cabecera del condado.
Jiang Dahe escuchaba los comentarios de los aldeanos con el rostro resplandeciente de alegría.
Con un yerno tan bueno, naturalmente lo trataría como a su propio hijo.
Por eso, al día siguiente del compromiso, no solo devolvió los doscientos taeles del regalo de compromiso, sino que añadió otros doscientos para que Bao Beiyuan pudiera comprar un local.
Bao Beiyuan se sintió profundamente conmovido.
Ya que el tío Dahe lo trataba como a su propio hijo, seguir rechazándolo solo acabaría hiriendo sus sentimientos.
Sin embargo, no había prisa por comprar un local.
En primer lugar, todavía no había encontrado ninguno adecuado.
En segundo lugar, ya tenía uno en mente.
El local que deseaba era precisamente la Casa de Fideos Bao.
Aquel año, Bao Beixing y su esposa habían vuelto a viajar al sur del río, enfureciendo tanto a Gong Lisheng que los había maldecido en varias ocasiones. Incluso decía que, al ritmo que iban, el patrimonio que su padre había dejado acabaría siendo dilapidado por Bao Beixing y su esposa en apenas unos cuantos años.
Quizá quien lo decía no le daba demasiada importancia, pero Bao Beiyuan sí se lo tomó en serio.
Y era verdad.
Con lo perezosos y derrochadores que eran aquellos dos, tal vez en unos cuantos años realmente acabarían teniendo que vender la Casa de Fideos Bao.
Bao Beiyuan había crecido allí.
Aunque aquel lugar guardaba recuerdos desagradables para él, también era fruto del esfuerzo de sus padres.
Naturalmente, no quería que aquel local terminara en manos de extraños.
Por eso, decidió esperar y observar un poco más.
Después de todo, él y Jiang Liu no se casarían hasta el año siguiente.