Maximizar el carisma y heredar los recursos del juego - Capítulo 323
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- Capítulo 323 - La alcancía explosiva, pollo frito y cerveza
Luces de colores se entretejían, iluminando todo el mercado nocturno de la calle peatonal.
Puestos a ambos lados de la calle, y hombres y mujeres abriéndose paso entre la multitud bulliciosa.
Fideos salteados, brochetas, pollo frito, tofu apestoso, manzanas confitadas…
Risas, cotorreo y pregones llenaban el aire.
Tang Song caminaba por la vía peatonal, mezclándose con la gente.
Conocía bastante bien esta calle; la había visitado muchas veces durante sus años universitarios.
De no ser por las vacaciones de verano, este lugar estaría aún más animado de lo que ya estaba.
En su línea directa de visión, una alcancía dorada se hacía cada vez más nítida.
Tras rodear un puesto de parrilladas envuelto en humo, aparecieron a la vista algunos puestecitos más tranquilos.
La mirada de Tang Song se fijó de inmediato en la “alcancía”.
Flotaba sobre la cabeza de una chica, rebotando juguetona, y el tintineo de monedas sonaba cada vez más rápido y urgente.
Cuando por fin vio la figura y los rasgos de la chica, Tang Song entendió al instante por qué Qian Lele salía cada tarde con un bolso.
A mediados de julio, incluso de noche, el aire en Yancheng era sofocantemente húmedo.
Qian Lele llevaba unos jeans sencillos y una polo gris; la frente le brillaba de sudor bajo las luces.
El cabello largo lo traía recogido de manera casual, con algunos mechones rozándole suavemente las mejillas, y su piel lucía un rubor saludable.
Era como una margarita floreciendo en silencio, irradiando un encanto fresco y singular.
Estaba en cuclillas junto a un pequeño escalón, sentada en un banquito plegable sencillo, con un foco recargable en la mano.
Frente a ella había una tela beige extendida en el suelo, mostrando un surtido de pulseras de cuentas, cada una en una bolsita simple de PVC.
A un lado, un letrero blanco de plástico decía: “5 yuanes por pulsera, escoje la que quieras”.
Su lugar no era muy grande y, como la mercancía estaba directa en el piso, no llamaba mucho la atención.
Esta universitaria realmente se esforzaba por ganar dinero.
Estaba por entrar a tercer año, compaginando un trabajo de medio tiempo en el Café Crepúsculo durante el día y un puestecito en el mercado nocturno por las tardes.
Vivía con frugalidad, rotando entre dos o tres mudas de ropa.
Saliendo de un breve ensimismamiento, los ojos afilados de Tang Song volvieron a la “alcancía” que flotaba encima de ella.
Justo cuando pensaba cómo “derrotar a este monstruo salvaje”, líneas de texto aparecieron de pronto ante sus ojos:
【El monstruo salvaje “Alcancía” ha entrado en rango de ataque.】
【Está vinculada a la dueña del puesto “Vendedora de Pulseras Qian Lele”.】
【Por cada artículo que venda la dueña del puesto, el monto correspondiente se depositará en la “Alcancía”. Cuando la “Alcancía” se llene, quedará derrotada.】
【Alcancía (Monstruo Salvaje Aleatorio): Capacidad restante 500】
【Se solicita a los jugadores ayudar a la dueña a incrementar ventas y derrotar al monstruo salvaje. Límite de tiempo: 2 horas.】
【Nota: Como “Dios Erudito” calificado, solo puedes usar tu propio conocimiento y habilidades. Si haces trampa o buscas ayuda externa, el monstruo salvaje escapará.】
En ese momento, un cliente tomó del puesto una pulsera de cinabrio.
Qian Lele alzó la vista de inmediato y se la presentó con una voz suave y clara.
El cliente jugueteó un momento con la pulsera, charló un poco con ella y luego escaneó el QR para pagar.
La alcancía, con forma de cerdito dorado, se meció ufana y abrió el hocico.
Un destello dorado emergió de Qian Lele, transformándose en una moneda que la “Alcancía” se tragó.
【Alcancía (Monstruo Salvaje Aleatorio): Capacidad restante 495】
Tras leer la explicación del sistema, Tang Song comprendió rápido el proceso para derrotarla.
Llegar a un total de ventas de 500 yuanes significaba vender 100 pulseras.
Y la razón de que este monstruo salvaje apareciera sobre Qian Lele probablemente se debía a su propio atributo 【Suerte +2】.
Como eran amigos, las cosas serían más sencillas.
Tang Song apretó los labios y dio un paso al frente.
—Hola, ¿te gustaría ver unas pulseras? —Qian Lele notó que alguien se acercaba a su puesto y sonrió con calidez.
Se puso de pie de inmediato.
—Buenas noches, hermano Song. ¿Saliste a caminar?
Su voz era suave, y el rostro se le tiñó de una ligera vergüenza y timidez.
No le daba pena ganar dinero poniendo un puesto: la mayoría a su alrededor lo sabía y ya estaba acostumbrada.
Lo que la inquietaba era la dedicación de Tang Song al estudio: su sed de conocimiento y su esfuerzo incansable prácticamente irradiaban brillo.
Ella misma era universitaria, pero en vez de estudiar o leer por las noches, estaba vendiendo pulseras. En comparación con Tang Song, se sentía un poco apenada.
—Buenas noches —la cara de Tang Song se iluminó con una sonrisa cálida—. He estado estudiando todo el día y salí a despejarme.
—Ajá, tomar descansos adecuados es bueno para la salud —Qian Lele entrelazó las manos frente a sí y le devolvió la sonrisa.
A su lado, Zhang Wen, que acababa de terminar de asar una salchicha, se volteó con curiosidad y preguntó:
—Lele, ¿es tu compañero de la uni?
Mientras hablaba, su mirada se posó en Tang Song, que estaba ahí de pie.
Era alto, de aspecto limpio y con un estilo ligeramente rudo.
Sus tenis pirata eran baratos, su playera y jeans eran sencillos pero pulcros, y la piel y el cabello se le veían un poco grasosos.
Pero su porte destacaba: sus ojos concentrados e inteligentes y su aura estudiosa le daban un encanto singular.
Parecía uno de esos estudiantes de élite a los que les encanta estudiar: un “dios del estudio” comprometido, lo cual resultaba curiosamente atractivo.
Qian Lele negó con la cabeza y respondió:
—El hermano Song es mi colega del café donde trabajo de medio tiempo.
—Ah, ya —Zhang Wen asintió, comprendiendo, y lo saludó con ánimo—: Mucho gusto, soy Zhang Wen.
—Hola, soy Tang Song.
Tras un breve intercambio de cortesías, Tang Song se colocó justo al lado de Qian Lele.
Al notar su leve incomodidad, sonrió y dijo:
—¿Te importa si me quedo por aquí un rato?
—¡No, no, para nada! —Qian Lele agitó las manos con prisa y movió el banquito plegable a un lado—. Hermano Song, siéntate.
Tang Song miró el banquito sencillo y concluyó de inmediato que no aguantaría su peso.
—Me quedo de pie. He pasado sentado todo el día. No te preocupes por mí; tú sigue vendiendo tus pulseras.
Quería observar primero, mirar de cerca las ventas y el comportamiento de los clientes de Qian Lele, y luego idear una estrategia para ver cómo derrotar al monstruo salvaje.
—Está bien —Qian Lele se sentó de nuevo en su banquito; los jeans le ceñían la figura, acentuando una curva redonda y tentadora.
La calle peatonal bulliciosa tenía un flujo constante de gente.
De vez en cuando, alguien se acercaba al puesto, tomaba una pulsera, preguntaba por el material o la hechura, y luego se iba sin comprar.
Tang Song estuvo allí de pie unos diez minutos. A pesar del entusiasmo sincero de Qian Lele, no había vendido ni una sola pieza.
Tras una breve reflexión y cotejar la información de sus lentes, Tang Song llegó rápido a una conclusión.
Estas pulseras eran de calidad mediocre, por no decir mala, con costos de producción bajísimos.
Su público objetivo principal debía ser el estudiantil, dado que la zona estaba cerca de la Normal.
Sin embargo, con las vacaciones de verano en pleno, el tránsito peatonal se componía sobre todo de residentes y oficinistas cercanos.
Para ellos, estas pulseras baratas, que costaban poco más de un yuan fabricarlas, no valían la pena.
Aun con tácticas de marketing ingeniosas, sería difícil alcanzar la meta.
Para derrotar al monstruo salvaje “Alcancía”, debía pensar fuera de la caja.
Por suerte, para alguien en estado “Semidiós” como él, no era un gran reto.
Mientras cavilaba, Zhang Wen, de pie cerca, soltó una risita:
—Tang Song, nomás un recordatorio amistoso: quedarte parado aquí podría perjudicarle el negocio. Lele es una chica tan bonita, y muchos solteros se le acercan con cualquier pretexto para platicar, preguntar por las pulseras y quizá comprar. Pero contigo aquí, la gente podría pensar que ustedes son pareja y pues, ya sabes…
Qian Lele se levantó de inmediato, con el rostro encendido.
—Wen-jie, ¿qué andas diciendo? ¡Para nada!
—Bueno, bueno, era broma —Zhang Wen le guiñó un ojo juguetona, le echó una mirada a Tang Song y no dijo más.
La figura y el aspecto de Qian Lele eran innegablemente llamativos: rostro ovalado, ojos de fénix, nariz fina y labios carnosos.
Su cuerpo era curvilíneo, con piernas largas y esbeltas.
Aunque la piel se le había puesto algo áspera por la intemperie, no dejaba de ser una joven belleza deslumbrante.
Especialmente bajo la luz tenue del mercado nocturno, era prácticamente un anuncio andante que atraía miradas.
Su buen ver naturalmente impulsaba su negocio.
Nerviosa, Qian Lele dijo en voz baja:
—Hermano Song, no lo malinterpretes.
Tang Song se inclinó un poco y le susurró cerca:
—Lele, ¿cuál es tu margen de ganancia en estas pulseras?
Qian Lele se mordió el labio y respondió, apenada:
—Tres con cincuenta. Estas cosas salen baratísimas al mayoreo.
Mirándola a los ojos, claros y brillantes, Tang Song dijo con suavidad:
—Mira, déjame ayudarte a subir las ventas. Repartimos las ganancias mitad y mitad. Yo no tengo planes esta noche; lo tomo como un extra.
Conociendo la personalidad de Qian Lele, planteó esa sociedad para que ella se sintiera cómoda.
Al oírlo, Qian Lele se quedó congelada un instante y luego asintió con entusiasmo.
—¡Claro, me late!
—¡OK! Entonces quédate aquí y espérame: voy a preparar unos materiales y regreso en corto.
Dicho eso, Tang Song se internó a grandes zancadas entre la gente.
Cuando desapareció, Zhang Wen preguntó con curiosidad:
—Lele, ¿qué va a hacer Tang Song?
—El hermano Song dijo que me va a ayudar con una promoción.
—Eh… —A Zhang Wen se le puso un poco rara la cara—. Perdón por lo que dije hace rato. No debí bromear así.
—No pasa nada, Wen-jie. El hermano Song no lo tomó así —Qian Lele negó con la cabeza y volvió a sentarse.
Era lo bastante lista como para entender los beneficios invisibles que su aspecto le brindaba.
Por ejemplo, su tasa de éxito al conseguir trabajos de medio tiempo era mucho más alta que la de otros.
O que podia atraer más fácilmente atención cuando ponía su puesto.
En la vida, a menudo recibía amabilidad y buena voluntad de los demás.
Claro que tenía sus principios y valores: no usaría su apariencia para ganar dinero de formas inapropiadas.
Unos cinco minutos después, justo cuando Qian Lele logró vender una pulsera, Tang Song regresó a paso vivo.
En las manos traía un banquito, un cuaderno de bosquejos grueso y un plumín fino.
Puso el banquito junto a Qian Lele y abrió el cuaderno.
Sostuvo el plumín con ligereza en la derecha, miró a Qian Lele y comenzó a mover la mano con rapidez.
Su expresión era concentrada e intensa; la mirada, segura y firme.
El plumín parecía fundirse con sus dedos largos y elegantes.
La punta deslizaba suave sobre el papel, produciendo un rítmico “shhh, shhh”.
Curiosas, Qian Lele y Zhang Wen se asomaron a mirar… y se quedaron perplejas.
¿Estaba… dibujando?
Las líneas fluían con naturalidad por el papel, delineando con rapidez una figura a trazos limpios y poderosos.
Desde los mechones en la coronilla hasta el mentón apenas alzado, y bajando a los hombros relajados: con pocos trazos, la figura cobraba vida.
Las dos chicas fueron quedando cautivadas poco a poco.
Con cada trazo leve o marcado, surgían detalles y sombras.
En el papel apareció una chica radiante de coleta alta, con una polo.
Qian Lele se quedó mirando embobada el retrato, idéntico a ella; la boca se le fue abriendo poquito a poco. Las mejillas se le calentaron, y no pudo evitar echarle una ojeada al perfil afilado de Tang Song.
Su nariz recta, los labios finos bien contorneados, y esos ojos brillantes y enfocados…
Por un momento, su mente se quedó en blanco. Sentía como si Tang Song estuviera resplandeciendo.
No por nada tenía fama: no solo era un genio tech y un estudioso empedernido, sino también polifacético.
Simplemente increíble.
La mirada de Zhang Wen pasó del bosquejo a Tang Song.
En apenas cuatro o cinco minutos, había completado un retrato vívido y realista.
Ni siquiera se había quedado mirándola fijamente al dibujar, como si la imagen ya estuviera grabada en su mente.
En ese instante, emanaba el aura de un artista.
Hasta su atuendo un poco gastado parecía transformarse en una elegancia discreta, deliberada.
Y otra cosa que no había notado antes: ¡sus manos eran increíblemente atractivas!
…
—Listo —Tang Song sonrió satisfecho, arrancó la hoja del cuaderno y la colocó con cuidado sobre el puesto.
—Hermano Song… esto…
Tang Song se volvió hacia ella y preguntó:
—Lele, ¿cómo te parece mi dibujo?
—¡Impresionante! —exclamó Qian Lele, con las mejillas encendidas, viendo el retrato de sí misma exhibido en el puesto.
—Me alegra oírlo —repuso Tang Song, alzando una ceja con media sonrisa. Luego tomó el letrero de plástico blanco donde Qian Lele tenía anotado el precio y añadió otra línea:
“¡Compra una pulsera y entra al sorteo de un retrato gratis!”
Después, Tang Song sacó su teléfono y abrió una ruleta de premios que ya tenía configurada en un miniprograma. El premio: un solo ítem—“Retrato rápido”—con 10% de probabilidad de ganar.
Había muchas apps para crear sorteos sencillos, y Tang Song sabía que eran útiles y fáciles de usar.
Al ver la secuencia de acciones, Qian Lele por fin entendió a qué se refería Tang Song con “promoción”. En esencia, estaba convirtiendo las pulseras en una especie de boleto de rifa, mientras que el producto real eran los retratos.
Apretó los labios. Le jaló del brazo a Tang Song y le susurró:
—Hermano Song, esto es perder mucho para ti.
Había visto antes gente ofreciendo retratos en puestos callejeros. Incluso quienes tenían bastante menos habilidad que Tang Song cobraban decenas de yuanes por cada uno. Ya se imaginaba a la gente comprando pulsera tras pulsera, decidida a ganarse el retrato.
Tang Song alzó la cabeza y le dio una sonrisa tranquilizadora.
—Lele, yo solo me encargo de dibujar. Tú te encargas de la promoción, las ventas y los cobros. Repartimos las ganancias conforme a nuestros roles.
Sus miradas se cruzaron, y los labios de Qian Lele se apretaron en una rayita.
Tras un momento de silencio, terminó asintiendo.
—Gracias, hermano Song.
Tomando aire, Qian Lele se puso de pie y empezó a llamar a los clientes con entusiasmo.
—¡Este retrato está increíble! ¡Perfecto para foto de perfil!
—Señorita, señorita, ¿de veras el retrato sale así de bien?
—¡Claro! Calidad garantizada. ¡Nuestro guapo artista dibuja en vivo, con velocidad y técnica profesional!
—Bueno, compro dos pulseras primero y veo si gano. Estas dos, ¿va? Diez yuanes—¡pagado!
—Ay, no gané. ¡Déjame intentar con dos más!
—¡Wow, gané! ¡Sí gané!
—¿Puedo ver mientras dibuja?
—¿Ya terminó? ¡A ver! ¡Wow, esto está increíble, gracias, jefe! ¡Es usted un crack!
En nada se juntó gente alrededor del antes ordinario puestito de pulseras.
Con cada nuevo retrato, cargado de personalidad y arte, estallaban exclamaciones y vítores entre los curiosos.
La gente alucinaba con lo competitivas que se habían puesto las cosas.
Para vender pulseras de cinco yuanes, este artista—claramente de otra liga—se había rebajado a sentarse en un banquito a dibujar retratos al cliente.
Algunos sacaron el teléfono para grabar a Tang Song dibujando en tiempo real y compartieron el video en Moments y en Douyin (TikTok).
Hasta Zhang Wen, la de las salchichas del puesto vecino, vio sus ventas dispararse a un máximo histórico.
Al recordar lo que le había dicho a Tang Song antes, se le calentaron las mejillas de pena. Por primera vez entendió de verdad el poder de un “ataque por reducción de dimensionalidad”.
Si ella tuviera una habilidad así—o siquiera un amigo con ese talento—, vendiendo salchichas se volvería rica.
Su mirada se posó en Qian Lele, con un dejo de envidia.
Conocía a Qian Lele desde hacía más de un año y sabía bien que muchos admiradores rondaban a su alrededor.
Muchachos guapos y soleados de la universidad se detenían a menudo a charlar con ella.
Y ahora, un colega talentoso y bien parecido había entrado en escena, tratándola tan bien. ¿Se podía pedir más?
Un sonido de notificación resonó en el oído de Tang Song:
¡Ding! [Monstruo Salvaje – Alcancía] ha sido derrotado.
Tang Song alzó la vista hacia la alcancía dorada que flotaba sobre la cabeza de Qian Lele.
[Alcancía (Monstruo Salvaje Aleatorio)]: Capacidad restante: 0
Empezaron a formarse grietas en la superficie de la alcancía y, con un satisfactorio “clin, clin”, monedas doradas estallaron como fuegos artificiales, dispersándose en un despliegue brillante.
La pantalla del sistema apareció de nuevo:
Has obtenido el objeto especial: “Alcancía Mágica”.
[Alcancía Mágica]: En entornos de mazmorra o escenarios de rol, esta alcancía acumulará efectivo continuamente. Tras limpiar la mazmorra, se podrá retirar el dinero acumulado.
Nota: La cantidad de efectivo acumulado depende del desempeño del jugador.
Tras leer la descripción del objeto, una sonrisa satisfecha apareció en los labios de Tang Song.
¡Un objeto que da efectivo!
Era común que los juegos soltaran monedas en mazmorras, a menudo en cantidades considerables.
Como ahora estaba en un entorno de mazmorra y sus proyectos de medios estaban temporalmente en pausa, había estado preocupándose por formas de ahorrar efectivo. Este objeto le resolvía el problema a la perfección.
¡Parecía que el “Susurro de la Humanidad” en la tienda pronto estaría a su alcance!
Al mirar de nuevo el puesto de Qian Lele y su bolsa, Tang Song notó que quedaban unas 40 pulseras.
Pensó que bien podía ayudar a rematar la mercancía. Para ella, sería un buen extra.
Para las 9:30 p. m., se habían agotado todas las pulseras.
La gente refunfuñó un poco por la falta de stock antes de dispersarse.
Tang Song guardó su cuaderno y los plumines, se puso de pie y sonrió:
—Parece que hoy puedes cerrar temprano.
—¡Sí! ¡Hora de checar salida! —Qian Lele sonreía de oreja a oreja, con el rostro todavía encendido.
Se vendieron todas las 150 y tantas pulseras que había traído.
Como el QR de pago era de ella, su teléfono se llenó de notificaciones de cobros, haciéndola sentirse rebosante de alegría.
—Hermano Song, ¿puedo quedarme con este retrato para mí? —Qian Lele tomó con cuidado el dibujo de su rostro, con ojos llenos de esperanza.
—Por supuesto, es tuyo.
—¡Gracias, hermano Song!
Tras empacar sus cosas y despedirse de Zhang Wen, ambos volvieron hombro con hombro hacia los departamentos de docentes de la universidad.
A esa hora, entre semana, la calle peatonal ya estaba más tranquila, dando a la noche un aire de sosiego.
Justo cuando estaban por salir de la calle, Qian Lele se detuvo de pronto y dijo:
—Hermano Song, espérame tantito—voy a comprar algo.
—Sale, ve.
Qian Lele trotó a un puesto cercano y regateó un rato con el vendedor hasta que por fin compró 40 yuanes de trocitos de pollo frito.
—¡Listo! ¡Pollo frito para esta noche! —dijo, agitando la bolsa de plástico como cazadora triunfante. Su cara se iluminó con satisfacción y felicidad.
Aparte de los palitos picantes, el pollo frito era su antojo favorito.
Pero como el pollo frito era relativamente caro, Qian Lele solo compraba una porción pequeña cuando el antojo le era insoportable—más o menos una vez cada dos meses.
Esta noche, sin embargo, estaba contentísima y rebosante de emoción; quería consentirse, solo por esta vez.
Al entrar al edificio de departamentos de los maestros, el entorno se volvió gradualmente más silencioso.
La luz suave de la luna caía, cubriendo el suelo con un velo plateado.
Luces tenues en los edificios punteaban la escena, mezclándose con la luz lunar para crear una atmósfera única.
Era tranquilo, acogedor y apacible.
Qian Lele ladeó un poco la cabeza, atrapando vistazos del perfil sereno de Tang Song y su figura alta y erguida.
Los ojos le brillaron mientras un cálido sentido de seguridad le llenaba el corazón.
Una sonrisa juguetona y vivaz apareció en su cara, y su paso se volvió notablemente más ligero.
La sala estaba bien iluminada.
Qian Lele vació el pollo frito en un plato y lo colocó en la mesa del comedor.
Tras pensarlo un poco, fue al refri y sacó dos latas de cerveza.
Cuando salía con Ding Yao, en el dormitorio acompañaban el pollo frito con cerveza.
Aunque a Qian Lele la cerveza le parecía algo amarga, la combinación con pollo frito tenía su encanto único.
En cuanto a las dos cervezas del profesor Jiang, luego las repondría con unas de la tiendita.
Se sentaron frente a frente en la mesa.
—Salud~ —las latas chocaron suavemente.
El líquido frío y ligeramente amargo le resbaló por la garganta, haciendo que Qian Lele se estremeciera un poquito. Luego tomó un trozo dorado y crujiente de pollo frito y se lo pasó a Tang Song.
Con los ojos chispeando de emoción, dijo:
—¡Pruébalo! Está buenísimo.
—Gracias —Tang Song sonrió, tomó el pedazo de pollo y le dio una mordida bajo la mirada expectante de ella.
Levantó el pulgar y dijo:
—Está muy rico—crujiente por fuera, jugoso por dentro. Delicioso.
El rostro de Qian Lele se iluminó con una sonrisa satisfecha, y ella también empezó a comer.
Masticaba lento y con cuidado, saboreando cada bocado.
—Hermano Song, ya hice cuentas. Vendimos en total 156 pulseras y ganamos un neto de 546 yuanes. Eso significa que a cada uno nos tocan 273 yuanes. Normalmente yo solo puedo vender…
Mientras hablaba, Tang Song comía el pollo frito y observaba a esta universitaria sencilla y de buen corazón.
Sus ojos eran hermosos—claros y brillantes.
Cuando sonreía, las cejas se le arqueaban, haciéndola ver radiante.
Al notar la mirada de Tang Song, las mejillas de Qian Lele se ruborizaron, y agachó la cabeza con torpeza.
—Lele, ¿has pensado en cambiar de giro? Con la uni en vacaciones de verano, es difícil vender estas pulseras—no le pegan al público correcto.
Qian Lele levantó la cabeza de inmediato y respondió con seriedad:
—Lo sé. Cuando vivía en el dormitorio, muchas cosas eran incómodas, así que solo podía vender cositas así. Ahora que ya no hay stock, he pensado en cambiar de producto. ¿Tienes alguna sugerencia, hermano Song?
Los ojos de Tang Song titilaron mientras sus pensamientos iban a toda velocidad, y de inmediato dio con la respuesta más adecuada para ella.
—En el depa del profe Jiang hay electrodomésticos de cocina completos, y con el verano encima, podrías considerar hacer tés fríos de frutas o limonadas. Solo compra una hielera de espuma y unas bolsas de hielo. Los ingredientes son sencillos y el proceso, fácil…
Mientras Tang Song hablaba, los ojos de Qian Lele chispeaban de emoción.
Siempre había deseado una amistad afín, alguien con quien compartir sus alegrías y sus penas.
Alguien con quien discutir soluciones cuando se sintiera perdida.
Tang Song parecía ser exactamente esa persona.
Era incluso más puro que ella: desbordaba talento y, aun así, era humilde y reservado. Estudiaba sin descanso, con enfoque y empuje inquebrantables.
Cuando se enteró de que quizá había afectado su negocio, encontró otra forma de ayudarla, expresando su amabilidad y calidez.
Su presencia era vívida y contundente, inspirando constantemente a quienes lo rodeaban.
Tener un amigo así era, de verdad, una bendición.
En silencio, deseó poder ser su amiga de por vida: ¡compartiendo pollo frito y cerveza para siempre!