Manual de supervivencia de un joven Omega interestelar - Capítulo 71
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- Capítulo 71 - El tribunal militar
La educación que Lin Xin había recibido desde pequeño le había enseñado que, ante todo, un soldado era un combatiente. Sin importar a qué unidad perteneciera ni cuál fuera su rango, en cuanto pisaba el campo de batalla debía asumir la responsabilidad de luchar.
Los compañeros de armas eran las únicas personas a quienes podían confiarles la espalda. Debían confiar unos en otros y poner sus vidas en manos del otro. Incluso si eso implicaba sacrificarse, debían proteger la vida de sus camaradas sin vacilar.
Los estudiantes de una academia militar eran diferentes de los de otras instituciones. Desde el momento en que ingresaban, pasaban a formar parte del registro militar y cualquier infracción disciplinaria quedaba bajo la jurisdicción del ejército.
Cuando estudiaba en la Academia Huadong, aunque Lin Xin era poco sociable, durante los entrenamientos en equipo nunca había tenido problemas con sus compañeros y siempre se coordinaba perfectamente con ellos.
Uno de los instructores de la academia les había dicho una vez:
—Pueden competir, pueden enfrentarse para medir sus capacidades, incluso pueden sentir un poco de celos o tener pequeños roces entre ustedes. Pero jamás se permitirá que utilicen el poder que han aprendido a controlar para atacar o herir a sus compañeros.
Si eso se aplicaba en la Academia Huadong, naturalmente también debía aplicarse en la Academia Wentian.
La discusión entre Zong Yuan y los estudiantes de la especialidad de Logística todavía podía considerarse tolerable. Sin embargo, lanzar un balón imbuido de poder mental contra otra persona y utilizar feromonas ofensivas y poder mental durante un partido de baloncesto contravenía por completo los principios de un soldado.
Lin Xin despreciaba la idea de tener como camarada a alguien así.
Cuando declaró con firmeza que Zong Yuan no merecía ser soldado, todos los estudiantes de la cancha quedaron conmocionados.
El joven permanecía de pie frente al enorme cráter, con el cabello negro como la tinta, la camisa blanca como la nieve y la espalda erguida. Su porte era solemne e imponente.
El intenso sol del mediodía iluminaba su rostro. Las gotas de sudor sobre su piel brillaban como cristales y reflejaban destellos multicolores.
Los Alfas se quedaron embobados contemplándolo, con el corazón latiéndoles aceleradamente.
Zong Yuan seguía sentado miserablemente en el suelo.
Al encontrarse con los penetrantes ojos del joven, sus dedos temblaron inconscientemente.
Aunque siempre había sido dominante y arrogante, normalmente prestaba mucha atención a sus actos y palabras. Era lo bastante astuto para moverse justo al límite de las normas sin dejar ninguna prueba en su contra.
Incluso cuando alguien intentaba denunciarlo, la falta de evidencias concluyentes hacía que el asunto terminara quedando en nada.
Pero aquel día la ira le había nublado la razón.
¡Había cometido una falta fundamental!
Ante los ojos de todos, había utilizado sus feromonas y su poder mental para atacar a un estudiante de la misma academia.
¡Las pruebas eran irrefutables!
La rabia bullía en su pecho.
Su rostro alternaba entre el verde y el blanco y, bajo las miradas extrañas de tantos estudiantes, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.
—Bip, bip, bip…
Justo cuando el ambiente se había vuelto extremadamente tenso, un instructor encargado de mantener el orden en la academia descendió del cielo a bordo de un vehículo volador.
Su fría mirada recorrió el enorme cráter del suelo y luego a los dos estudiantes enfrentados.
Sin expresión alguna, dijo:
—Ustedes dos, acompáñenme al Tribunal Militar.
Al final, Lin Xin no pudo ir al hospital a visitar al instructor Ling.
En ese momento estaba sentado en una sala de interrogatorios del Tribunal Militar, mirando tranquilamente al alférez que tenía enfrente.
Los futuros soldados estaban bajo la jurisdicción del ejército. Si cometían alguna infracción, el caso debía ser examinado por el Tribunal Militar.
Frente al alférez flotaba una pantalla virtual que mostraba los datos personales de Lin Xin.
Cuando llegó al apartado de «futura pareja», parpadeó, esbozó una ligera sonrisa y miró al pequeño Omega, que estaba sentado con cierta rigidez.
—No te pongas nervioso —dijo amablemente—. Es solo un interrogatorio de rutina. Cuéntame con detalle y de manera objetiva lo que ocurrió.
—Sí.
Lin Xin se sentó todavía más erguido.
Su relato fue completamente objetivo, sin mezclar ningún sentimiento personal. Narró todo el incidente de principio a fin y, al terminar, reconoció por iniciativa propia su error.
—Lo siento. Dañé la cancha de baloncesto.
—Ejem.
El alférez dejó de escribir y se aclaró la garganta.
—Coincide básicamente con las grabaciones de vigilancia.
Veinte minutos antes ya había visto las grabaciones de la cancha y conocía perfectamente lo ocurrido.
La razón por la que pedía a los implicados que relataran nuevamente los hechos era, naturalmente, determinar si mentían.
Algunas personas, para eludir responsabilidades, se desvinculaban por completo de lo sucedido y construían relatos impecables. Si además tenían una gran fortaleza psicológica, era difícil quebrar su versión sin presentar pruebas concretas.
—Bip, bip.
El identificador del alférez sonó dos veces.
Activó el modo privado, leyó el mensaje que acababa de recibir y arqueó una ceja.
Luego le dijo a Lin Xin:
—Tu caso no es grave. Una vez pagados los daños ocasionados en la cancha, puedes irte.
El alférez organizó sus notas, las guardó en su dispositivo espacial y se levantó para abrir la puerta de la sala.
—Tu familiar ha venido por ti.
¿Familiar?
Lin Xin se quedó perplejo.
Se levantó rápidamente y se dirigió hacia la puerta. Al llegar, se detuvo y preguntó con cierta vacilación:
—¿Qué hará el ejército con la otra persona implicada?
El alférez sonrió.
—Su caso no está a mi cargo. Tendrás que esperar a que se notifique la resolución.
Lin Xin asintió y no hizo más preguntas.
Salió de la sala de interrogatorios y, tras avanzar unos pasos, vio a un hombre de cabello plateado y uniforme militar sentado en uno de los asientos del pasillo.
El hombre sostenía un libro y leía tranquilamente.
Todos los militares que pasaban junto a él, sin excepción, se detenían para saludarlo.
Las cejas fruncidas de Lin Xin se relajaron.
Aceleró el paso hacia él.
Como si hubiera percibido su presencia, el hombre cerró el libro y volvió la cabeza.
—Ge.
Lin Xin se acercó.
Al recordar que tendría que pagar una enorme suma por haber dañado las instalaciones públicas, su rostro mostró cierta vergüenza.
Li Yao guardó el libro, se levantó y atrajo al joven entre sus brazos antes de examinarlo cuidadosamente.
—¿Te lastimaste?
Lin Xin se apoyó contra él y negó con la cabeza.
—No.
Los estudiantes de la especialidad de Combate tenían, en general, un poder mental inferior al de los de la especialidad de mechas. Zong Yuan solo tenía poder mental de nivel cinco, por lo que no era rival para él.
—Mientras no estés herido, está bien.
Los ojos dorados de Li Yao destellaron con frialdad, aunque la mano con la que palmeó la espalda del joven fue tranquilizadora.
—Vámonos.
Lin Xin tiró de la ropa del hombre. Su pequeño mechón rebelde estaba caído cuando murmuró:
—Todavía tengo que pagar la indemnización.
Todo era culpa suya por no haber controlado sus emociones y haber abierto un enorme cráter en la cancha.
No sabía cuánto tendría que pagar.
Una suave risa sonó sobre su cabeza.
Lin Xin alzó el rostro, desconcertado.
Li Yao flexionó un dedo y le dio un ligero toque.
—Ya está pagada.
Lin Xin se quedó un poco sorprendido.
—¿No estabas ocupado, ge? ¿Por qué viniste?
Li Yao tomó su mano y ambos comenzaron a caminar hacia la salida del Tribunal Militar.
—Estaba resolviendo unos asuntos aquí. Recibí la notificación del Tribunal Militar y, como familiar, naturalmente tenía que venir a recogerte.
En realidad, el Tribunal Militar no le había enviado ninguna notificación.
Después de recibir un video que Li Yu le había mandado, Li Yao había dado directamente la orden de que llevaran a los implicados al Tribunal Militar y que todo se manejara estrictamente según el procedimiento, impidiendo que nadie interfiriera en el caso.
—Lo siento… —se disculpó Lin Xin.
—Tonto, tú no hiciste nada malo.
Li Yao le pellizcó suavemente la nuca, como si acariciara a un gatito.
—El que actuó mal fue él. Como futuro soldado, ni siquiera posee la conducta y el autocontrol básicos. Si algún día entra en el ejército, solo se convertirá en una manzana podrida entre las tropas.
Mientras hablaban y caminaban, un hombre de mediana edad con uniforme militar verde oscuro apareció apresuradamente en dirección contraria.
Por las insignias de sus hombros, debía tener el rango de general.
Al ver a Li Yao, el hombre mostró sorpresa, se detuvo y saludó militarmente.
Li Yao se limitó a asentir con indiferencia y, rodeando los hombros de Lin Xin con un brazo, pasó junto a él.
El general de mediana edad permaneció inmóvil en su sitio.
Solo cuando ambos se alejaron bajó la mano con la que había saludado.
Frunció profundamente el ceño y, con el rostro sombrío, se dirigió hacia la sala de interrogatorios.
Dentro, Zong Yuan discutía con el oficial que tenía enfrente, negándose a aceptar la situación.
—¿Cuántas veces tengo que repetirlo? ¡No cometí la falta deliberadamente! Ese Omega me provocó y perdí el control por la rabia. ¡Pero no lo herí! ¡El herido soy yo! ¡Mira mi cara! ¡Las heridas todavía están sangrando!
—Nosotros solo dictaminamos basándonos en las pruebas.
El oficial continuó escribiendo con indiferencia, ignorando por completo su agitación.
Zong Yuan se dejó caer en la silla, frustrado, y se tiró del cabello con fuerza.
—No herí a nadie… No herí a nadie… ¿Por qué dicen que yo soy el culpable?
—Las grabaciones muestran que tú atacaste primero.
El oficial tocó la pantalla.
Un video virtual apareció en el aire.
Redujo la velocidad de las imágenes y amplió la escena, mostrando con absoluta claridad cada movimiento de Zong Yuan, incluso sus expresiones más sutiles.
El rostro de Zong Yuan se ensombreció.
El oficial levantó un documento.
—También tenemos testimonios de los estudiantes presentes que confirman que intentaste herirlo deliberadamente.
Zong Yuan se desplomó, como una bestia acorralada que hubiera perdido garras y colmillos.
—¿Qué piensan hacer conmigo?
El oficial respondió:
—Después de cumplir el periodo de confinamiento, serás transferido de academia.
—¿Transferido?
Zong Yuan gritó, perdiendo todo el color del rostro.
¡Ser transferido significaba que jamás podría convertirse en militar!
—¡No! ¡No pueden transferirme! —negó con la cabeza, temblando—. ¡Soy un miembro de la familia Zong! ¡Los Zong somos una familia de militares! ¡No pueden expulsarme del registro militar! ¡No lo acepto! ¡Y mi padre jamás lo aceptará!
—¡Bam!
La puerta de la sala de interrogatorios se abrió violentamente.
El general de mediana edad apareció en el umbral.
Zong Yuan volvió la cabeza y, al verlo, exclamó con alegría:
—Papá…
El general entró con expresión severa y una mirada gélida.
Levantó la mano y abofeteó a Zong Yuan.
—¡Paf!
El golpe lo derribó de la silla y lo hizo caer pesadamente al suelo.
Zong Yuan se cubrió la mejilla y alzó la cabeza, mirando al general con incredulidad.
¿Su padre, que siempre lo había consentido, acababa de pegarle?
—¡No me llames papá! ¡Yo no tengo un hijo tan inútil como tú! —lo reprendió severamente el hombre.
El rostro de Zong Yuan se puso rojo.
Cerró los puños, sorprendido y asustado.
El oficial tomó su bolígrafo y golpeó ligeramente la mesa con él.
—General Zong, tenga en cuenta dónde se encuentra. Esta es una sala de interrogatorios.
Zong Feng respondió:
—Le pido disculpas, teniente Zhou. Mi hijo ha causado un problema tan grave porque yo no fui lo bastante estricto al educarlo.
El teniente Zhou dijo:
—Tiene diecinueve años. Es adulto y debe asumir las consecuencias de sus propios errores. Los estudiantes de una academia militar forman parte de la reserva y poseen parcialmente la condición de soldados. Las infracciones se sancionan de acuerdo con el reglamento militar. General Zong, puede esperar fuera hasta que se emita la resolución.
Un músculo junto al ojo de Zong Feng se contrajo.
Miró en silencio al teniente Zhou.
Aunque el rango del teniente Zhou era muy inferior al suyo, este se mantenía absolutamente imparcial y le estaba pidiendo que saliera.
Zong Feng conocía perfectamente las normas militares.
Miró una vez a su hijo y abandonó la sala.
Zong Yuan contempló cómo su padre se marchaba.
Por fin comprendió que, esta vez, ni siquiera él podría protegerlo como había hecho en el pasado.
Comenzó a sentir miedo.
El teniente Zhou cerró la puerta y miró fríamente al joven que seguía en el suelo.
—Continuemos.
Lin Xin y Li Yao abandonaron el Tribunal Militar y subieron a un vehículo flotante.
—Ge, ¿no estás ocupado?
—Ya terminé —respondió Li Yao—. No tengo nada que hacer esta tarde.
—Oh.
Lin Xin miró la hora en su identificador y apretó los labios.
—¿Qué pasa? —preguntó Li Yao al notar que estaba desanimado.
—Es la una y diez.
Lin Xin frunció el ceño.
—Al mediodía pensaba ir al hospital de la academia a visitar al instructor Ling y después volver a la villa para dormir la siesta, pero ahora…
Todos sus planes se habían arruinado.
Al ver que incluso el pequeño mechón rebelde sobre la cabeza del joven parecía abatido, Li Yao sonrió y le revolvió el cabello.
—Todavía podemos ir al hospital.
—Tengo clases por la tarde —dijo Lin Xin, levantando la mirada.
—El ejército ya pidió permiso por ti.
El tiempo que podía durar un proceso en el Tribunal Militar era incierto. Podía ser tan breve como medio día o prolongarse durante varios días. Una vez emitida la resolución, quien hubiera cometido una infracción podía enfrentarse a un periodo de confinamiento y, en los casos graves, incluso a la expulsión del registro militar.
Lin Xin había mantenido una actitud correcta, había colaborado durante todo el procedimiento y no había cometido ninguna falta grave. Una vez pagados los daños, su caso había quedado cerrado.
Quince minutos después, el vehículo flotante se detuvo frente al Hospital Haotian, situado dentro de la Academia Wentian.
El Hospital Haotian era uno de los hospitales más prestigiosos del planeta Xuri. Allí se reunían algunos de los mejores médicos del Imperio Xuanwu y su principal función era atender a los militares.
También recibía pacientes con enfermedades graves que otros hospitales no podían tratar, para investigar sus casos y proporcionarles tratamiento.
Por eso, no fue ninguna sorpresa que Lin Xin se encontrara allí con Rong Fei, el guardaespaldas personal del tercer príncipe.
—¡Hola, Pojun! ¡Cuánto tiempo sin verte!