Manual de supervivencia de un joven Omega interestelar - Capítulo 135
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Lin Xin abrió con impaciencia el correo que Li Yao le había reenviado.
No era largo, apenas superaba las trescientas palabras. Aunque breve, explicaba con claridad todos los puntos importantes.
Resultaba que su padre no había muerto en aquella batalla. Para recuperar el material genético de la Madre de las Bestias, robado por una bestia mutante de alto nivel, había abandonado el Grupo Local y después se había perdido todo contacto con él.
Su madre tampoco lo había abandonado porque no quisiera llevárselo de regreso al Reino del Pájaro Bermellón, como había declarado su padre adoptivo ante la policía.
Por la supervivencia de la humanidad, se había visto obligada a separarse dolorosamente de él y confiarlo a la señora Han, en quien confiaba. Esperaba que, por tratarse de un descendiente de la familia Lin, lo criara y formara adecuadamente.
Sin embargo, movida por sus propios intereses, la señora Han se dio la vuelta y lo entregó a quienes terminarían convirtiéndose en sus padres adoptivos.
Como sus padres habían partido para cumplir una misión de máxima clasificación, el ejército mantuvo todo bajo el más estricto secreto.
Después de dieciocho años y tras superar innumerables dificultades y situaciones en las que estuvieron al borde de la muerte, sus padres finalmente habían completado la misión y regresado a la Tierra.
Con ello, la amenaza para la humanidad había desaparecido.
Al final del texto había una fotografía adjunta.
En ella aparecía una pareja vestida con pieles de animales. Parecían agotados por el largo viaje y, aunque estaban demacrados y delgados, sus ojos profundos brillaban llenos de inteligencia, firmeza y vitalidad.
Con una sola mirada, Lin Xin supo que eran sus padres biológicos.
La atención de Li Yao permanecía fija en el joven, sin perderse el menor cambio en su expresión. En cuanto mostrara el más mínimo rastro de tristeza, estaba preparado para ofrecerle el consuelo más cálido.
Sin embargo, Lin Xin estaba más tranquilo de lo que había imaginado.
Cerró la interfaz virtual del correo, flexionó las piernas, las rodeó con los brazos y apoyó la barbilla sobre las rodillas mientras contemplaba a los pastores que bailaban alegremente a lo lejos.
Li Yao no soportaba verlo encogido de aquella manera, como un pobre pequeño carente de seguridad.
Extendió sus largos brazos y lo levantó con facilidad.
Lin Xin soltó una exclamación de sorpresa cuando Li Yao lo acomodó sobre su regazo, apoyándole la espalda contra su amplio pecho.
—Hermano… —Lin Xin se removió, algo avergonzado.
Li Yao cerró los brazos y lo abrazó con más fuerza. Apoyó la cabeza sobre su hombro y le susurró:
—Somos compañeros íntimos. Puedes contarme cualquier cosa que estés pensando. No te lo guardes todo y te quedes imaginando cosas tú solo.
Al comprobar que nadie les prestaba atención, Lin Xin se relajó poco a poco y se recostó tranquilamente contra el hombre, escuchando los latidos firmes y poderosos de su corazón.
—No estoy imaginando cosas —refutó en voz baja.
El daño que le habían causado sus padres adoptivos había sido demasiado profundo, por lo que nunca se había permitido esperar demasiado de sus padres biológicos.
Sobre todo después de enterarse por la policía de que su madre lo había «abandonado» por razones desconocidas. Desde entonces, aún se había atrevido menos a albergar esperanzas.
Pero ahora que conocía la verdadera razón por la que sus padres se habían marchado, su corazón comenzaba a vacilar.
Como cadete de reserva de mechas, comprendía profundamente que proteger la patria y a su pueblo era la responsabilidad y la misión de todo soldado.
Cuando la humanidad se enfrentaba a una amenaza existencial, cualquier militar se pondría al frente sin temor a sacrificar su vida.
Sus padres lo habían hecho.
Y él tampoco sería una excepción.
—¿Quieres verlos? —preguntó Li Yao.
Lin Xin se quedó inmóvil y no respondió inmediatamente.
Li Yao no lo presionó y esperó con paciencia.
Después de leer por la mañana el correo del jefe Qian, había comprendido a grandes rasgos la situación de los padres de Xiao Xin.
Los respetaba profundamente.
Sin embargo, tenía bastantes objeciones respecto a la actuación de los altos mandos de la República del Dragón Azul.
El material genético de la Madre de las Bestias había sido robado. Las otras tres grandes potencias tenían derecho a conocer la verdad.
Las bestias mutantes eran enemigas comunes de toda la humanidad. Los cuatro grandes países deberían haberse unido para discutir una estrategia segura con la que afrontar la situación.
De lo contrario, si la misión de los padres de Xiao Xin hubiera fracasado y las bestias hubieran conseguido replicar una nueva Madre de las Bestias a partir de aquel material genético, la República del Dragón Azul habría tenido una responsabilidad ineludible.
Y la humanidad habría estado a un paso de la extinción.
Por supuesto, no le correspondía intervenir en los asuntos internos de otro país.
Pero eso no le impedía reprocharle algunas cosas al jefe Qian en privado.
Por ejemplo, ¿por qué el ejército no había protegido adecuadamente al hijo de dos héroes y había permitido que Xiao Xin terminara en una situación tan peligrosa?
Las preguntas de Li Yao habían hecho que el jefe Qian se sintiera bastante avergonzado.
—Mientras no hubiera noticias concretas de la misión, el ejército no podía prestar demasiada atención a Lin Xin o habría despertado sospechas. Solo podíamos asegurarnos de que creciera sano y recibiera una buena formación. En cuanto a todos los acontecimientos ocurridos después de que se diferenciara como Omega, fue una negligencia nuestra. Sin embargo, cuando supimos que estaba en la Estrella Oscura, decidimos enviar gente a rescatarlo. Simplemente no esperábamos que tú llegaras antes.
Al saber que en realidad no habían ignorado por completo a Xiao Xin, la ira de Li Yao disminuyó un poco.
—Lin Ye y Ji Jue quieren viajar al Imperio Xuanwu para ver a Lin Xin. ¿Qué opinas? —le había preguntado el jefe Qian.
—Eso dependerá de Xiao Xin —respondió Li Yao.
Aunque Lin Xin y él eran compañeros, no tenía derecho a decidir por él en un asunto como aquel.
Ver o no a sus padres biológicos debía ser elección de Xiao Xin.
Los dedos del joven acariciaban inconscientemente el dorso de la mano de Li Yao. Tenía los labios apretados y una expresión seria.
Li Yao sabía que estaba dudando.
—¡Jajaja! ¡Papá, arre! ¡Arre!
La potente voz de un niño llegó desde cerca.
Los dos miraron instintivamente hacia los pastores que reían y jugaban no muy lejos.
Qiqi estaba sentada sobre los hombros de un hombre alto y corpulento, agitando una pequeña fusta de juguete y riendo a carcajadas.
El hombre se movía ágilmente entre la multitud con ella sobre los hombros, corriendo mientras imitaba los sonidos de un caballo.
Padre e hija se divertían muchísimo.
Cuando los demás niños los vieron, corrieron a buscar a sus propios padres porque también querían montar a caballito.
Los padres los levantaron con facilidad y los colocaron sobre sus hombros antes de salir corriendo tras Qiqi y su padre.
Por un momento, toda la pradera se llenó de risas y de una cálida felicidad familiar.
La envidia apareció en los ojos de Lin Xin.
No pudo evitar preguntar:
—Hermano, tú…
Apenas formuló la pregunta, se detuvo.
El padre de Li Yao había muerto heroicamente cuando él todavía era muy pequeño.
—No pasa nada.
Li Yao acarició el suave cabello del joven y sonrió.
—Cuando tenía cuatro años, vine con mi papá a jugar a la pradera. También me llevaba sobre los hombros y hacíamos carreras como ellos. Mi papá era increíble y quedó primero. Sun Jianlong tenía más o menos mi edad en aquel entonces. Como perdió, se revolcó por el césped llorando y gritando que no valía, que quería repetir la carrera. Y volvió a perder.
Lin Xin imaginó la escena y no pudo contener la risa.
Sun Jianlong era ahora un hombre fuerte e imponente.
¿Quién habría imaginado que de pequeño había sido un mal perdedor?
Li Yao bajó la cabeza y besó su cabello.
—Si no quieres ver a tus padres, entonces no los veremos.
—No. Quiero verlos.
Lin Xin dejó de dudar y habló con firmeza.
Solo después de encontrarse con ellos podría saber qué sentían realmente sus padres por él.
Si no los veía, jamás sabría si lo amaban.
—Está bien.
La expresión de Li Yao se volvió cálida.
La República del Dragón Azul y el Imperio Xuanwu estaban separados por una enorme distancia. Incluso en una nave espacial, el viaje más rápido requería un mes.
Cuando se enteraron de que Lin Xin estaba dispuesto a verlos, Ji Jue y Lin Ye se emocionaron muchísimo y abordaron una nave espacial con destino al planeta Xuri.
Tenían seis meses de permiso, tiempo suficiente para realizar el viaje de ida y vuelta.
—Si lo hubiera sabido, habría solicitado una nave militar al jefe Qian.
Ji Jue estaba frente al mirador panorámico de la nave mientras hablaba con pesar.
Como viajaban para visitar a unos familiares en calidad de civiles, el matrimonio se había quitado los uniformes militares y llevaba ropa informal y moderna a juego.
—Una nave militar necesita autorización de entrada para acceder al territorio del Imperio Xuanwu —explicó Lin Ye—. Los trámites tardarían medio mes. Sumándolo todo, acabaríamos tardando prácticamente lo mismo que con una nave civil.
Ji Jue suspiró.
A través del cristal contempló la inmensidad del universo, con el corazón consumido por las ganas de ver a su hijo.
—Dime… —vaciló antes de preguntar—. ¿Qué haremos si Xiao Xin nos odia?
Aquello era lo que más le preocupaba.
Aunque jamás habían dejado de amar a su hijo ni un solo instante, al final lo habían dejado atrás y aquello le había causado daños irreparables.
—Entonces haremos todo lo posible por compensarlo, hasta que pueda perdonarnos —respondió Lin Ye, tomando la mano de su esposa.
—Sí.
Ji Jue asintió.
Esperaba que…
todo saliera bien.
En el aula de la clase A01, todos los estudiantes escribían con la cabeza inclinada sobre sus exámenes.
El semestre estaba a punto de terminar y toda la academia se encontraba en plena temporada de exámenes finales.
Aquel era el tercer día.
Después de terminar esa última asignatura, comenzarían oficialmente las vacaciones de invierno.
Lin Xin escribía muy rápido. Casi bastaba con echar un vistazo a una pregunta para saber cómo resolverla.
Aunque durante aquel semestre había asistido a clases durante menos de dos meses en total, no se había quedado atrás en ninguno de los conocimientos que debía aprender.
Durante los diez días anteriores a los exámenes había estudiado frenéticamente. Cada vez que encontraba algo que no entendía, se lo preguntaba a Li Yao.
Hasta el punto de que el agradable tiempo que ambos solían compartir por las noches se había convertido por completo en tiempo de estudio.
Dentro de siete días sus padres llegarían al planeta Xuri.
Lin Xin se sentía nervioso y expectante.
No sabía cómo debería hablar con ellos cuando finalmente se encontraran, pero quería causarles una buena impresión.
Naturalmente, debía obtener excelentes calificaciones.
Por eso se había esforzado todavía más en estudiar y entrenar para prepararse para los exámenes finales.
Durante el examen oficial estaba completamente seguro de sí mismo.
Escribía rápido y con una caligrafía hermosa. En menos de media hora ya había terminado cinco páginas del examen, mientras los demás apenas iban por la segunda.
Cuando llegó a la séptima página, el identificador de su muñeca, puesto en silencio, vibró dos veces.
Lin Xin frunció ligeramente el ceño y lo ignoró.
Siguió escribiendo.
Consultar el identificador durante un examen se consideraba hacer trampa.
Dos minutos después, volvió a vibrar.
Lin Xin lo miró de reojo y descubrió que el número de comunicación que parpadeaba en la pantalla era el de su hermano.
Se quedó inmóvil.
Qué extraño.
Su hermano sabía perfectamente que hoy tenía los exámenes finales.
¿Por qué lo llamaba durante el examen?
¿Había ocurrido algo importante?
Lin Xin apretó los labios y levantó la mano derecha.
—Instructor, quisiera atender una llamada.
El instructor encargado de supervisar el examen se negó con seriedad:
—¡Está prohibido hacer o recibir llamadas durante el examen!
Lin Xin respondió con dificultad:
—Lo siento, lo sé, pero… mi compañero podría estar buscándome por una emergencia…
—¿Tu compañero?
El instructor pertenecía a otra clase y no recordó de inmediato quién era el compañero de Lin Xin. Su expresión se volvió aún más severa.
Tang Xuefei levantó la mano.
—Instructor, el compañero de Lin es el mariscal imperial.
El instructor abrió mucho los ojos.
Finalmente hizo la conexión.
¿Quién era el mariscal imperial?
Li Yao, aquel mocoso al que él mismo había enseñado años atrás.
Conociendo su personalidad, no llamaría a su compañero durante un examen a menos que hubiera ocurrido algo serio.
—Sal al pasillo para contestar —dijo.
—¡Gracias, instructor!
Lin Xin dejó el bolígrafo y salió apresuradamente del aula.
Los demás estudiantes lo siguieron con miradas curiosas.
El instructor golpeó la mesa con los nudillos y les ordenó severamente que continuaran con el examen.
En cuanto Lin Xin salió del aula, respondió a la llamada.
—Hermano, ¿pasó algo?
La grave voz de Li Yao llegó desde el identificador.
—Xiao Xin, hace diez minutos recibí un informe de una patrullera. La nave espacial en la que viajan tus padres fue atacada por bestias mutantes en el cinturón de asteroides del sector estelar UI475.
Lin Xin se quedó completamente paralizado.
—Hermano… ¿la… la situación es grave?
Pasó un buen rato antes de que recuperara la voz.
La pregunta salió temblorosa.
—Ya enviaron una nave militar para rescatarlos, pero tardará al menos dos días en llegar al sector UI475 —respondió Li Yao con suavidad—. ¿Estás bien, Xiao Xin?
Lin Xin respiró profundamente y se obligó a tranquilizarse.
—Estoy bien, hermano. ¡Yo también quiero ir al rescate!
Su voz sonó firme y poderosa.
—¿Y tu examen? —preguntó Li Yao.
Lin Xin volvió la cabeza y miró la puerta del aula.
—Solo me queda una página. Aunque no la termine, aprobaré sin problemas.
En ese momento, sus calificaciones ya habían dejado de importarle.
—Haré que el mayordomo Bai vaya a recogerte —dijo Li Yao.
—Hermano, quiero ir directamente a la zona militar en mi mecha.
Lin Xin movió los dedos de la mano donde llevaba el anillo espacial.
Tianji ya había sido actualizado a supermecha biológico. Su velocidad de vuelo era decenas de veces superior a la de un vehículo flotante.
Desde la Academia Wentian hasta la estación espacial de la zona militar tardaría apenas unos minutos.
—De acuerdo. Te habilitaré el permiso de vuelo aéreo —respondió Li Yao, apoyándolo sin reservas.
Lin Xin invocó la esfera de mecha, se acercó al borde del pasillo y ordenó:
—¡Tianji, transfórmate!
—¡Recibido!
Tianji salió flotando del pasillo y comenzó a descomponerse, expandirse y reorganizarse directamente en el aire.
En apenas un instante, un mecha azul y negro de diecisiete o dieciocho metros de altura apareció frente al edificio de enseñanza.
Lin Xin saltó ágilmente sobre el mecha y se dirigió hacia la entrada de la cabina.
El instructor, al escuchar el alboroto, salió corriendo del aula.
Al ver a Lin Xin y su mecha, gritó:
—¡Estudiante Lin! ¿Adónde vas? ¡El examen todavía no ha terminado!
—¡Lo siento, instructor! ¡Tengo que ir al espacio a rescatar a mis padres!
Sin esperar respuesta, Lin Xin entró rápidamente en la cabina.
El instructor se quedó boquiabierto.
Ante sus propios ojos, el mecha salió disparado con un silbido y desapareció en el horizonte.