Manual de supervivencia de un joven Omega interestelar - Capítulo 112

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La médica responsable se llamaba Duan Rong, una doctora militar Omega que se encontraba entre las cinco mejores de la base militar de Leishan.

En realidad, aquel día era su día libre. Después de cenar, estaba haciendo una videollamada con su hija cuando recibió una llamada del hospital.

Había llegado un paciente especial y necesitaban que acudiera inmediatamente.

Duan Rong se apresuró a llegar al hospital y, al entrar en la sala de urgencias, vio al paciente.

Un joven Omega.

Un joven Omega herido que, además, se encontraba en pleno período de celo.

La situación era crítica.

Sin pensarlo dos veces, comenzó a tratarlo.

Dos horas después, las heridas del joven finalmente se habían estabilizado y, por el momento, su vida ya no corría peligro.

Sin embargo, durante el examen completo que realizaron al final, el detector inteligente arrojó un resultado completamente inesperado.

El joven Omega estaba embarazado.

Duan Rong contempló al mariscal, que por una vez tenía una expresión completamente atónita, y comprendió perfectamente cómo se sentía en aquel momento.

La sorpresa había llegado demasiado de repente.

Muchos futuros padres entraban en pánico al recibir una noticia así. El mariscal no había empezado a saltar ni a gritar, por lo que ya podía considerarse bastante sereno.

—Hace dos horas, la señora entró repentinamente en período de celo. Durante este período, un óvulo se unió a un espermatozoide y se formó un óvulo fecundado.

Duan Rong había consultado el historial médico previo de la señora en el Hospital Haotian y también había hablado por teléfono con la doctora Wei, por lo que conocía aproximadamente la situación.

Aunque resultaba difícil de creer, no podía evitar maravillarse ante los misterios de la vida.

Después de todo, Li Yao había atravesado innumerables situaciones peligrosas. Tras escuchar la explicación de la médica, recuperó rápidamente la calma.

—¿Entró en celo? ¿Por qué se adelantó?

Según sus cálculos, Xiao Xin no debería haber entrado en su período de celo hasta después de terminar el entrenamiento de campo.

Duan Rong explicó:

—La constitución de los Omegas es bastante especial. Los estímulos intensos pueden adelantar el período de celo. He oído que la señora se enfrentó solo a una bestia mutante de alto rango durante más de ocho horas. No solo participó en combate, sino que estuvo varias veces al borde de la muerte. No resulta extraño que su período de celo se haya adelantado.

Li Yao frunció el ceño.

Por sus ojos cruzaron la culpa y el dolor.

No había protegido bien a Xiao Xin.

Una y otra vez había permitido que se viera envuelto en situaciones peligrosas.

Aunque hacía apenas media hora había matado personalmente a aquella bestia mutante de séptimo rango, capturado al pirata Xu Hai, desaparecido desde hacía tantos días, y completado con éxito la misión, no conseguía sentir la menor alegría.

Porque su pareja todavía estaba tendida en la sala de urgencias, inconsciente.

Duan Rong no tenía tiempo para esperar a que el mariscal asimilara sus emociones.

Lo que iba a decir a continuación era lo verdaderamente importante.

—Con el estado físico actual de la señora, me temo que no es adecuado que continúe con el embarazo.

Ante la expresión sorprendida de Li Yao, Duan Rong apretó entre los dedos el tubo de sangre azul y continuó:

—La toxina de la bestia mutante es extremadamente agresiva y ya ha invadido los distintos órganos de su cuerpo. Necesitaremos al menos cinco horas para fabricar el antídoto. Ese tiempo es suficiente para que la toxina contamine el óvulo fecundado. Si no tomamos medidas de emergencia cuanto antes, el óvulo fecundado morirá o el bebé podría nacer con malformaciones.

Una capa de hielo pareció cubrir los ojos dorados de Li Yao.

Todo su cuerpo se tensó.

Su poder mental se desbordó repentinamente, como si hubiera perdido el control.

No solo Duan Rong quedó paralizada del miedo, sino que los dos generales que acompañaban a Li Yao comenzaron a sudar profusamente.

Cuando se enteraron de que la esposa del mariscal estaba embarazada, además de sorprenderse, se habían alegrado por él.

Sin embargo, las palabras que pronunció la médica después fueron como una montaña rusa que los lanzó de lo más alto a lo más bajo.

No era extraño que el mariscal perdiera momentáneamente el control de sus emociones.

Incluso ellos estaban estupefactos.

Li Yao cerró los ojos por un instante.

Cuando volvió a abrirlos, ya se había calmado.

—¿Qué medida debemos tomar? —preguntó con voz grave.

La presión desapareció bruscamente.

Duan Rong suspiró aliviada.

—Extraer el óvulo fecundado y trasladarlo a un útero artificial para que continúe desarrollándose allí.

En la habitación de cuidados intensivos, Lin Xin dormía tendido en la cama, con el rostro pálido.

Li Yao estaba sentado en una silla junto a él, contemplándolo sin apartar la mirada.

—Bip… bip…

Los aparatos situados junto a la cama emitían sonidos rítmicos que se escuchaban con especial claridad en la silenciosa habitación.

No se sabía cuánto tiempo había pasado cuando las pestañas del joven temblaron ligeramente.

Parecía estar a punto de despertar.

Li Yao se estremeció.

Extendió la mano y tomó la de Lin Xin, que descansaba fuera de las mantas.

Sus dedos temblaban ligeramente.

—Xiao Xin… —lo llamó con suavidad.

La conciencia de Lin Xin todavía vagaba entre el sueño y la vigilia.

Sin embargo, al escuchar aquella voz masculina tan familiar, recuperó inmediatamente la lucidez.

Abrió los ojos con dificultad.

La luz lo deslumbró y giró ligeramente la cabeza.

Entonces se encontró directamente con aquellos ojos dorados llenos de preocupación.

Sus propios ojos se humedecieron.

Abrió los labios.

—…Hermano…

Su voz era ronca.

Li Yao se inclinó hacia él y apretó su mano.

—Estoy aquí.

Las lágrimas resbalaron por las mejillas de Lin Xin.

Quería incorporarse y arrojarse a los brazos del hombre en busca de consuelo, pero su cuerpo parecía haber perdido toda sensibilidad y permaneció completamente inmóvil.

Preguntó desconcertado:

—Yo… ¿qué me pasa…?

Li Yao bajó la cabeza y le besó la frente.

—La toxina todavía no ha sido eliminada por completo. Tu cuerpo permanece temporalmente paralizado. Cuando te administren el antídoto, te recuperarás.

Al sentir la suavidad de sus labios sobre la frente, la inquietud de Lin Xin disminuyó poco a poco.

Contempló con avidez el rostro de su hermano y murmuró:

—Yo… no estoy… soñando, ¿verdad?

—Pequeño tonto. Claro que no estás soñando.

Li Yao levantó la mano derecha y acarició suavemente su cabello.

—Ya maté a ese monstruo de tentáculos. Xu Hai fue capturado y también encontramos el cadáver de Leon Hess. Lo hiciste muy bien. Has conseguido un gran mérito.

Una sonrisa apareció en el rostro de Lin Xin.

—Qué bien…

Sin embargo, las cejas de Li Yao seguían fruncidas.

Poco a poco, la sonrisa de Lin Xin desapareció.

Parpadeó, desconcertado.

—Hermano, ¿qué ocurre?

Habían matado a la bestia mutante, capturado al pirata y completado la misión.

¿No debería estar contento?

Li Yao tomó su mano y la apoyó contra su propia mejilla.

—Hay algo que tenemos que decidir juntos.

—¿Mmm?

Lin Xin acababa de despertar y todavía estaba débil y somnoliento.

Li Yao escuchó durante unos segundos los estables pitidos de los instrumentos y apretó su mano.

Finalmente habló.

—Estás embarazado.

Lin Xin se quedó a mitad de un bostezo.

Su boca permaneció abierta mientras miraba fijamente al hombre, completamente atónito.

Li Yao no le dio tiempo a asimilar la noticia.

—Todavía tienes la toxina de la bestia mutante en el organismo. El antídoto tardará otras cuatro horas en estar listo. El bebé no puede esperar tanto…

Después de hablar con la médica responsable, Li Yao había insistido en esperar a que Lin Xin despertara antes de tomar una decisión.

El bebé era de ambos.

Trasladarlo o no a un útero artificial requería el consentimiento de su pareja.

Había esperado una hora hasta que Lin Xin finalmente despertó.

Pero apenas les quedaba tiempo para decidir.

Dentro de otra hora, cuando la toxina invadiera el útero, el óvulo fecundado quedaría contaminado.

Aunque Lin Xin seguía extremadamente débil, Li Yao no tuvo más remedio que contarle aquella cruel realidad.

—¿Yo… estoy embarazado?

Lin Xin no podía creerlo.

No estaba preparado psicológicamente en absoluto.

Si aquellas palabras no hubieran salido de la boca de su hermano, habría pensado que alguien estaba bromeando con él.

Sin previo aviso…

¿De repente había aparecido un bebé en su vientre?

Pero…

¿Qué quería decir su hermano con lo que había dicho después?

Todavía tenía la toxina de la bestia mutante en el organismo.

¿Y aquella toxina podía afectar al bebé?

El joven miró al hombre con impotencia.

Era la primera vez que se enfrentaba a algo semejante y no sabía qué hacer.

Además de la conmoción por descubrir repentinamente que estaba embarazado, lo que más le preocupaba era el bebé.

Preguntó con voz temblorosa:

—Hermano… ¿el bebé va a morir?

—No morirá.

Li Yao limpió con el pulgar las lágrimas acumuladas en el rabillo de sus ojos.

—Mientras lo traslademos a un útero artificial, la toxina no podrá afectarlo.

Lin Xin se quedó inmóvil.

Después de un largo rato, preguntó en voz baja:

—Entonces… si se queda dentro de mí… morirá, ¿verdad?

Li Yao guardó silencio.

No lo negó.

Lin Xin se mordió el labio.

Sus ojos enrojecieron.

Pasó un largo rato antes de que consiguiera preguntar entre sollozos:

—Entonces… cuando hayan eliminado por completo la toxina de mi cuerpo… ¿pueden volver a ponerlo dentro de mí?

Era bien sabido que los niños gestados en úteros artificiales presentaban, en mayor o menor medida, ciertas carencias emocionales.

Debido a un grave accidente ocurrido en el pasado, todos los países habían clasificado aquella tecnología como un procedimiento médico especial.

Ahora su bebé tendría que ser trasladado a un útero artificial.

De lo contrario, se enfrentaría a la muerte.

Bajo la mirada expectante de Lin Xin, Li Yao negó impotente con la cabeza.

Naturalmente, él también le había hecho esa pregunta a la médica.

Duan Rong le había explicado:

—Eliminar completamente la toxina requerirá al menos una semana. Para entonces, el desprendimiento anormal del endometrio impedirá que el óvulo fecundado vuelva a implantarse. Si la implantación fracasa, provocará un aborto espontáneo.

Un aborto espontáneo significaba el fin del embarazo.

Li Yao le transmitió las palabras de la médica.

Después de escucharlas, Lin Xin no pudo contener las lágrimas.

Ni siquiera sabía que podía llorar tanto.

Sollozaba hasta quedarse sin aliento.

Su cuerpo ya estaba debilitado y, al llorar con tanta intensidad, estuvo a punto de perder el conocimiento.

Li Yao, dominado por la preocupación, pulsó apresuradamente el botón de llamada.

Los médicos entraron corriendo.

Le colocaron rápidamente una mascarilla de oxígeno a Lin Xin y le administraron un sedante.

Li Yao había sobrevivido a innumerables batallas.

Había matado personalmente a una bestia mutante de séptimo rango sin pestañear.

Era el mariscal del imperio, respetado y apoyado por incontables soldados.

Pero en aquel momento, mientras observaba a los médicos rodear a su pareja para atenderlo, solo podía permanecer a un lado, impotente y angustiado, sin rastro de su habitual serenidad.

Una tristeza infinita llenaba el corazón de Lin Xin.

Aquella pequeña vida había llegado demasiado de repente.

Y él no había sido un padre responsable.

Si pudiera volver atrás, no habría insistido en participar en el entrenamiento de campo.

Se habría quedado tranquilamente en casa, habría escuchado las indicaciones de la médica y habría esperado hasta su siguiente período de celo.

Sin embargo, se había aferrado a la esperanza de que nada ocurriría.

Había estado convencido de que podría terminar el entrenamiento antes de que llegara su período de celo.

Pero los accidentes siempre llegaban cuando menos se esperaban.

Tomar una decisión nunca era sencillo.

Aunque ahora el bebé no fuera más que un óvulo fecundado, ya poseía vida.

Lin Xin no tenía derecho a arrebatársela.

Sin embargo, un niño con carencias emocionales podría enfrentarse a innumerables dificultades imprevisibles durante su crecimiento.

Incluso podría llegar a resentir a sus padres cuando creciera.

Lin Xin estaba atrapado en una profunda contradicción.

Sus emociones fluctuaron demasiado y los aparatos junto a la cama comenzaron a emitir pitidos rápidos.

Duan Rong se hizo a un lado y dejó acercarse a Li Yao.

Li Yao avanzó, se arrodilló sobre una rodilla junto a la cama y tomó la mano de Lin Xin.

—Xiao Xin, no estés triste. Nos tendrá a nosotros. Si no sabe amar, se lo enseñaremos poco a poco. Le daremos el doble de amor.

Lin Xin reunió fuerzas para apretar débilmente su mano.

Asintió despacio.

Le daría muchísimo amor a su bebé.

Sin importar cómo fuera en el futuro, jamás lo abandonaría.

Al ver que ambos habían tomado una decisión, Duan Rong se apresuró a organizar la intervención para realizar el traslado.

Li Yao permaneció a su lado durante todo el procedimiento.

Vio cómo extraían del vientre de Lin Xin aquel diminuto óvulo fecundado y lo trasladaban al útero artificial.

Dos días después, una vez eliminada la toxina del organismo de Lin Xin, lo trasladaron al Hospital Haotian para continuar su recuperación bajo los cuidados de la doctora Wei.

Al mismo tiempo, el útero artificial que contenía el óvulo fecundado fue llevado a una sala especial de gestación.

En una habitación privada del hospital, Lin Xin estaba tendido sobre la amplia cama con una mano apoyada sobre su vientre plano.

La crema reparadora celular era muy eficaz.

Después de aplicarla durante dos días, la cicatriz de la operación había desaparecido por completo.

Su piel estaba tan lisa como si nunca hubiera pasado por una intervención.

Li Yao abrió la puerta y entró.

Al ver al joven absorto con una mano sobre el vientre, se acercó y acarició el pequeño mechón rebelde que sobresalía de su cabeza.

—¿En qué estás pensando? —preguntó con una sonrisa.

Lin Xin levantó la mirada.

Contempló el hermoso rostro del hombre y preguntó preocupado:

—Hermano, ¿puedo volver a quedar embarazado?

—¿Mmm?

Li Yao se quedó sorprendido.

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