Mago de Arena del Desierto Ardiente - Capítulo 86

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Muy temprano por la mañana, Zeon salió de casa.

Una chica con una gorra de visera lo seguía de cerca.

Era Brielle, que tropezaba al caminar como si estuviera ebria.

Brielle le preguntó a Zeon:

“¡Ugh! ¿A dónde vamos?”

“Vamos a un restaurante a comer.”

“¿Un restaurante?”

“Es un lugar donde te dan comida si pagas.”

“Ah, ya veo.”

Al escuchar la palabra comida, Brielle levantó un poco su gorra y miró a Zeon.

Sus ojos seguían desenfocados y turbios, pero dentro de ellos brillaba una intensa curiosidad.

Si había un cambio evidente en Brielle tras ser rescatada por Zeon, era ese: su curiosidad.

Ahora le estallaba la curiosidad por todas las cosas que nunca había conocido.

La comida era una de ellas.

Después de haber vivido alimentándose solo de sopas de dudosa procedencia, anhelaba con todas sus fuerzas probar algo delicioso.

A Brielle se le hizo agua la boca.

Su expresión cambiante hizo que Zeon sonriera involuntariamente.

Fue entonces que ocurrió.

“¡Oh, hyung!”

De repente, una voz llamó a Zeon.

Cuando se giró, vio a un chico con pendientes llamativos y el cabello rapado.

“¡Levin!”

Era Levin.

Levin se acercó a Zeon.

“¿A dónde vas?”

“A comer. ¿Quieres venir?”

“Ya comí.”

“¿Ah, sí?”

La mirada de Levin se posó en Brielle. Al sentirla, Brielle se escondió rápidamente detrás de Zeon.

“¿Quién es ella?”

“Una compañera.”

“¿Eh?”

“Es una historia larga. ¿Tú a dónde vas?”

“A Dongdaemun.”

“¿A Dongdaemun? ¿Por qué?”

“Parece que la escoria ha vuelto a moverse por allá.”

Los ojos de Levin brillaban con frialdad mientras hablaba.

Aunque su boca sonreía, su mirada era tan afilada como un cuchillo.

Zeon se dio cuenta de que Levin había crecido.

‘¿Será rango E?’

Algunos Despertados se quedaban en el mismo rango con el que despertaron. Otros subían.

La diferencia era simple.

El entorno en el que se forjaban sus habilidades.

Por eso muchos Despertados salían a cazar monstruos, pero no todos lograban subir de rango.

Algunos crecían rápido, otros más lento. Algunos ni siquiera avanzaban.

Afortunadamente, Levin parecía de los primeros.

“Ten cuidado.”

“No te preocupes. Ya tengo el poder para protegerme.”

“Está bien.”

“Que disfruten su comida. Cuídense.”

Brielle no respondió a las palabras de Levin. Solo se ocultó más detrás de Zeon.

Su odio hacia los humanos era demasiado profundo como para responder a las palabras cálidas de alguien como Levin.

Levin, al igual que Brielle, también era alguien de emociones secas.

Solo mostraba calidez con Zeon, que lo cuidaba. Para los demás, era frío.

De pronto, el cuerpo de Levin se volvió borroso.

Había activado su habilidad, Ghosting.

Levin atravesó una pared y desapareció al instante.

“¿Qué fue eso?”

Los ojos de Brielle se abrieron de par en par.

Era la primera vez que veía una habilidad así.

Miró a Zeon.

“¿No era un simple matón?”

“Lo era. Ya no.”

“Es un humano interesante.”

“¿Entre los Altos Elfos hay habilidades así?”

“¡No! Ninguno…”

Brielle negó con fuerza.

En su mente, Levin dejó de ser un simple matón y pasó a ser un matón con habilidades.

Zeon sonrió y siguió caminando.

Brielle lo siguió apresurada.

Al cabo de un rato, llegaron a la calle donde estaba el restaurante. Pero el viejo Klexi no estaba.

Zeon frunció el ceño.

Era la primera vez que veía que el viejo Klexi no saliera a trabajar.

‘¿Qué habrá pasado?’

Le preguntó a un comerciante cercano.

“¿El viejo Klexi no viene hoy?”

“Tenía asuntos personales, no va a salir.”

“¿Qué asuntos?”

“Solo sé que son cosas personales.”

“Ya veo.”

Zeon no preguntó más.

No era de los que se metían en la vida ajena.

En esa calle había más sitios para comer, además del de Klexi.

Zeon y Brielle eligieron uno y se sentaron.

El dueño del lugar tenía buena mano.

El caldo se hacía con carne de origen desconocido y verduras igual de misteriosas.

Pero era delicioso.

Aunque no llegaba al nivel del viejo Klexi, el dueño era hábil.

Zeon le preguntó a Brielle:

“¿La carne te sienta bien?”

“¿Por qué?”

“Los elfos no son vegetarianos?”

“Eso es un prejuicio. ¿Qué sentido tiene ser vegetariano cuando te estás muriendo de hambre? También cazamos monstruos y comemos carne.”

Cuando los elfos llegaron a la Tierra, esperaban encontrar naturaleza exuberante. Pero por culpa del terraformado, todo era desierto. Ahora era más fácil conseguir carne que hierbas.

Las verduras que estaban comiendo eran productos artificiales, hechos en fábricas.

Irónicamente, aquí había más cosas deliciosas que en la aldea de los Altos Elfos.

Brielle sudaba mientras comía con gusto.

La mirada de Zeon se posó de pronto en un hombre de la mesa vecina.

El tipo comía con la cabeza baja.

Pero su ropa era extraña.

Vestía una sotana de sacerdote, algo muy raro en estos tiempos.

Una túnica negra con una cruz, como en los días en que la religión aún tenía poder.

Tal vez al sentir la mirada de Zeon, el hombre levantó la cabeza.

Era un hombre maduro, de cabello blanco bien peinado, gafas gruesas y ojos pequeños.

Le sonrió a Zeon.

“La comida de Sinchon es bastante buena.”

“Supongo que viene de otro distrito.”

“Vivo en Dongdaemun. Hace mucho que no venía a Sinchon.”

“Si está tan cerca, ¿por qué no venía?”

“Hay alguien que no me tolera.”

El hombre contestó limpiándose la boca con un pañuelo.

Zeon lo observó con atención.

El hombre no esquivó su mirada.

De repente, un nombre vino a la mente de Zeon.

“Eres Johan.”

“¡Ah!”

Al oír su nombre, el hombre abrió los ojos sorprendido.

Por su reacción, Zeon confirmó que había acertado.

“¿Qué hace el jefe de Dongdaemun en Sinchon?”

“¿Yo? Como ya no hay quien me bloqueé el paso, vine a echar un vistazo.”

“Pero no parece que solo haya venido de paseo.”

“No podía quedarme quieto con tanta curiosidad por saber quién eliminó al estorbo.”

El estorbo era Goran.

Había venido a ver a Zeon.

Su nombre era Johan.

El jefe de Dongdaemun.

Decían que había sido sacerdote.

A pesar de los cambios en el mundo y la aparición de los Despertados, la religión seguía viva.

Johan, que había sido un sacerdote de bajo rango, despertó y tomó el control de Dongdaemun con ayuda de sus seguidores.

Incluso tras despertar, seguía usando sotana.

Por eso Zeon lo reconoció.

Johan y Goran eran enemigos.

Siempre se disputaban el territorio. Pero como sus fuerzas eran similares, estaban en un punto muerto.

Por eso Johan no podía entrar en Sinchon.

Zeon dijo:

“Viniste a verme.”

“Así es. No podía resistirme a conocer al nuevo jefe de Sinchon.”

“Pero ya hay otro jefe, ¿no?”

“¡Jaja! Ese solo es un rostro decorativo. El verdadero jefe eres tú.”

“No me interesa gobernar.”

“No mientas.”

“¿Eh?”

Johan sonrió.

“Los hombres poderosos siempre quieren imponerse. Es la naturaleza del hombre.”

Zeon no respondió.

No le veía el caso.

Johan continuó:

“Oí la voz de Dios. Me dijo: ‘Cumple tu misión’.”

“¿Misión?”

“Guiar a la gente por el buen camino.”

Tras sus gafas, los ojos de Johan desprendían locura.

Zeon lo notó.

‘Está loco. Lleno de fanatismo.’

No era la mirada de un loco cualquiera.

Solo quienes tenían una determinación absoluta podían mostrar una locura tan pura.

Johan estaba dispuesto a quemarlo todo por su misión.

“Gracias a ti, Goran ha desaparecido. Así que puedo difundir la palabra del Señor en Sinchon. En ese sentido, te agradezco.”

“Ethan no lo permitirá.”

“¿Ah sí? Ethan es solo un cascarón. Bajo Goran tenía peso, pero por sí solo no es nada.”

Johan se levantó y se acercó a Zeon.

Señalando su pecho, dijo:

“Todo depende de tu voluntad. Si lo permites, podemos predicar aquí. ¿Nos darás esa oportunidad?”

“¿Qué enseñanzas son esas?”

“Muy simple. Creer en Dios, obrar según Su voluntad y traer paz.”

“¿Y cómo sabes cuál es Su voluntad?”

“A través de mí.”

“¿Tú?”

“Solo yo escucho Su voz en este mundo. Soy Su portavoz.”

Johan lo dijo sin cambiar de expresión.

Zeon preguntó:

“Entonces, ¿tu voluntad es la de Dios?”

“En parte.”

“¿Y venir aquí fue Su voluntad?”

“Así es. Solo queda tu decisión. ¿Qué harás?”

“No creo en Dios.”

Por un instante, Zeon notó una grieta en la expresión de Johan.

Lo dijo en tono sarcástico, pero el mensaje era claro.

No quería que Johan metiera sus asuntos en Sinchon.

Si Johan actuaba, habría problemas.

Y Ethan no podría detenerlo.

Johan intentó persuadirlo.

“¿Es así? Qué lástima. Pero lo entiendo. Cada quien piensa diferente.”

“Gracias por entenderlo.”

“¿No te arrepentirás?”

“No lo creo.”

“Ya veremos. En fin, fue un placer conocerte.”

Johan no insistió más.

Como jefe de Dongdaemun, había conocido a mucha gente.

Y en pocas palabras ya había comprendido qué clase de hombre era Zeon.

No era alguien que se pudiera convencer.

En vez de perder tiempo, era mejor buscar otro camino.

La mirada de Johan se desvió hacia Brielle.

“¿Es tu hija?”

“Algo así.”

“Qué niña tan bonita. Espero que crezca hermosa.”

Tras eso, Johan desapareció de Sinchon.

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