Maestro del Debuff - Capítulo 994

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“¡H-Hermano…! ¡Por favor, perdó—!” balbuceó Baroque, casi suplicando.

“No te atrevas a llamarme así con tu asquerosa boca,” lo cortó Metatrón.

En cuanto Baroque recuperó la cordura, el semblante normalmente sereno y distante de Metatrón desapareció por completo. Con una voz helada y afilada como una hoja, dijo, “Eres una vergüenza que cometió un pecado que ni una bestia cometería. No eres mi hermano.”

“¡P-Pero hermano…!” Baroque captó la situación al instante y se dejó caer de rodillas, suplicando desesperado ante Metatrón. “¡Me equivoqué! ¡Por favor, perdóname, hermano!”

“…”

“Debí haber perdido la cabeza por un momento. ¡No sé por qué hice lo que hice! ¡Ah, eso es! ¡Fue Dantalion! ¡Esa serpiente me engañó para hacer algo tan estúpido!”

La mesa se había volteado; Baroque, que siempre había menospreciado a su hermano mayor, Metatrón, como un don nadie, ahora se arrastraba a sus pies rogando por su vida.

Sin embargo, Metatrón no sintió ni alegría ni satisfacción al verlo humillarse. Aunque los papeles se hubieran invertido, estar del otro lado no le resultaba agradable en absoluto.

Desde que conoció a Siegfried, Metatrón había pasado por toda clase de cosas que jamás habría experimentado en el Reino Demoníaco. Esas vivencias brutales lo obligaron a madurar mental y emocionalmente; ya no era el mismo demonio altivo y vacío al que todos repudiaban.

Alguna vez consideró convertirse en esclavo de Siegfried como la mayor humillación de su vida, pero, irónicamente, ese momento vergonzoso se volvió el punto de quiebre que redirigió su futuro.

De ser un demonio inmaduro considerado una desgracia por su propio padre, Metatrón fue madurando poco a poco hasta volverse digno de ser reconocido como el Gobernante del Séptimo Dominio, el Señor Demonio de la Venganza.

Quizá el viejo Metatrón se habría conmovido si Baroque se arrastrara y suplicara a sus pies, pero el nuevo Metatrón no sintió nada frente a esa escena tan lamentable.

“¿Hasta dónde caíste y qué tan patético te volviste? Si estabas dispuesto a cometer ese pecado, ¿no deberías estar listo para enfrentar las consecuencias? ¿Cómo puedes arrastrarte tan fácil a los pies de alguien solo para salvarte?” gruñó Metatrón con incredulidad.

“¡H-Hermano! ¡E-Eso fue—!”

“Cegado por tu ambición, mataste a nuestro padre con tus propias manos. Si de verdad te llamas demonio, si aseguras ser hijo de un señor demonio, ¿no deberías al menos afrontar tu final con algo de orgullo?”

“¡P-Pero—!”

“Eres una vergüenza.” Escupiendo esas palabras, Metatrón desenvainó al Vengador. Luego, avanzó lentamente hacia Baroque y gruñó, “¿No te das cuenta de que tus patéticas súplicas solo traen más deshonra al nombre de nuestro padre?”

“¡…!”

“¿Vas a deshonrar su nombre? ¿Piensas mancillarlo para siempre?” rugió Metatrón, con la furia impregnando su voz.

Baroque se quedó helado como si le hubiera caído un rayo. Jamás imaginó que terminaría siendo gritado y reprendido por su torpe, incapaz, inmaduro y débil hermano mayor.

“Yo, como hijo del difunto Señor Demonio de la Venganza, Vernas… como nuevo gobernante del Séptimo Dominio del Reino Demoníaco, y… como sucesor del título de mi padre, el nuevo Señor Demonio de la Venganza…” continuó Metatrón mientras se acercaba a Baroque.

“¡H-Hermano! ¡P-Por favor! ¡Por favor, perdóname!” gritó Baroque desesperado.

“Yo, Metatrón, por la presente te sentencio… a muerte.”

Con esa declaración, Metatrón alzó el Vengador y estaba por ejecutar a Baroque, pero—

“¡T-Tú…!” Baroque apretó los dientes y dejó escapar un gruñido sordo. En el instante en que entendió que Metatrón no tenía intención de perdonarlo, su verdadera naturaleza volvió a salir.

“¿Crees que voy a morir así? ¡¿Crees que me iré solo?!” rugió Baroque.

Antes de que el eco de su voz se desvaneciera—

¡Woooong!

Una oleada de energía ominosa surgió de Baroque, envolviéndolo en una mezcla de luz negra y violeta.

“¡…!”

Todos los que vieron aquella luz supieron instintivamente lo que estaba por pasar y sus rostros se torcieron de horror.

Autodestrucción…

Baroque había decidido detonar su poder demoníaco y arrastrar a todos en los alrededores al más allá con él.

“¡Bastardo!” rugió Metatrón con rabia y blandió el Vengador con rapidez.

Si lograba partir a Baroque en dos antes de que se activara la explosión, podría detenerla.

‘¡Maldición!’

En ese momento, Metatrón se dio cuenta de que iba un paso tarde. El poder demoníaco de Baroque ya se había descontrolado, así que la explosión no podía detenerse sin importar lo que hiciera.

‘¿Qué hago? ¡Maldición!’ Metatrón entró en pánico, sin saber ya qué hacer.

Desafortunadamente, no había tiempo que perder.

¡Wooong!

Baroque se hinchó como un globo sobreinflado y estaba a segundos de estallar.

“¡Absórbelo!” retumbó la voz de Siegfried. “¡Absórbelo! ¡No dejes que explote! ¡Tómalo y hazlo tuyo!”

Sus palabras golpearon a Metatrón como una revelación de un sabio iluminado.

“¡E-eso es!” Metatrón se apresuró a seguir el consejo de Siegfried y envainó el Vengador.

Luego, adelantó ambas manos y las hundió contra el pecho de Baroque.

¡Puuuk!

Sus dedos se clavaron en la carne de Baroque. Empujó hasta envolver con la mano el corazón de Baroque.

‘¡El poder del señor demonio…! El poder inmenso que alguna vez blandió mi padre… ¡Lo reclamaré como mío!’ Con ello, Metatrón empezó a absorber el poder demoníaco desbordado desde el corazón de Baroque.

No se produjo ninguna explosión, lo cual demostró que el juicio de Siegfried era correcto.

¡Rumble!

Metatrón siguió absorbiendo el poder demoníaco de Baroque sin mayores contratiempos.

‘Lo sabía.’ Siegfried sonrió al confirmar que tenía razón.

La razón por la que aconsejó a Metatrón absorber la energía fue que había vivido algo similar antes, alrededor de un año atrás, durante el incidente en la Pangea Ártica.

El Primer Dragón Negro, Inkarthus, enloqueció tras casi perder contra Siegfried y, como resultado, el Corazón de Dragón se salió de control. Fue un evento catastrófico que casi llevó a la exterminación de toda la vida del planeta.

Si el Corazón de Dragón hubiera explotado, la energía radiactiva liberada habría contaminado todo el mundo.

Para evitar la destrucción del mundo, Siegfried se lanzó contra el Corazón de Dragón desbocado. Confiaba en el cuerpo que Deus había modificado, así que decidió absorber el maná dentro del Corazón de Dragón de Inkarthus.

Al final, Siegfried absorbió milagrosamente el Corazón de Dragón y salvó el mundo.

Gracias a esa experiencia, Siegfried aprendió cómo manejar un cúmulo de energía descontrolada.

‘La explosión ocurre cuando una cantidad abrumadora de energía revienta su contenedor. Mientras le abras una salida, puedes evitar que explote. Absorber el poder demoníaco desbocado es la respuesta correcta,’ pensó Siegfried.

Bajo esa lógica, absorber la energía antes de que detonara podía prevenir la explosión. Sin embargo, absorber el poder de un señor demonio no era tan sencillo como sonaba.

“¡A-Aargh!”

Metatrón apenas mantenía la conciencia, luchando por absorber y controlar el furioso poder demoníaco. Su cuerpo ya estaba en el límite absoluto tras haberlo forzado para absorber el poder de aquellas Monedas del Alma.

“¡S-Su Majestad! ¡M-Mi corazón…! ¡Arghhhh!”

Al final, Metatrón no pudo soportar la tremenda cantidad de poder demoníaco que lo invadía y dejó escapar un grito de agonía.

“¡Kyuuuu! ¿Qué hacemos ahora, dueño idiota?! ¡Metatrón se va a morir a este paso! ¡Ya llegó a su límite!” chilló Hamchi en pánico.

“¡Maldición!” soltó Siegfried entre dientes al darse cuenta de que la situación era mucho más difícil de lo que esperaba.

‘Su recipiente es demasiado pequeño. No puede con toda esa energía él solo.’

Metatrón ya había absorbido poder demoníaco equivalente a ochocientos cuarenta y cinco millones de Monedas del Alma y ahora estaba absorbiendo el poder que Baroque tomó de Vernas. Esa cantidad descomunal no era algo que el corazón de Metatrón pudiera manejar.

“¡Ggraaah! ¡S-Su Majestad! ¡Rápido! ¡Rápido, huya! ¡Yo… yo no… podré… sostenerlo… por… más… tiempo…! ¡Aaaack!” advirtió Metatrón.

Aunque fuera tarde para él, quería que los demás escaparan.

“¡Corran! ¡Todos! ¡Rápido…! ¡Gaaaah!”

Justo cuando Metatrón lanzó ese grito desesperado—

“Cállate, mocoso.”

Siegfried apareció detrás de él de la nada y lo regañó.

“¿De verdad estás perdiendo la concentración ahorita? ¿Quieres morirte de veras? Estás a nada de convertirte en señor demonio, ¿y ya te vas a rendir? ¿Neta?”

“¿H-¿Eh?! ¡Arghhk!”

“Concéntrate, mocoso. Yo te ayudo.”

“¿C-Cómo…?”

“Solo cállate y concéntrate, carajo.”

“¡S-Sí, Su Majestad—!”

Metatrón se quedó desconcertado al oír que Siegfried iba a ayudarlo. Intentó preguntar cómo pensaba hacerlo, pero solo le cayó una repasada por andar preguntando.

‘¿Q-Qué demonios está pensando—?’

Entonces.

‘¡¿Q-Qué?!’

Metatrón se quedó estupefacto al notar que el caudal de poder demoníaco que corría a su corazón se redujo a apenas un tercio.

‘¿C-Cómo demonios…?!’

Instintivamente giró la cabeza y—

“¡A-Aargh! ¡Ghhhk!”

Para su asombro, Siegfried tenía las palmas apoyadas en la espalda de Metatrón y estaba absorbiendo el poder demoníaco junto con él.

[Gula]

[Tipo: Habilidad de Apoyo]

[Efecto: Permite al Señor de la Desesperación absorber una gran variedad de energías y fortalecerse con ellas. Una energía que no pueda absorberse será almacenada o liberada.]

[Reutilización: N/A]

Siegfried usó Gula para absorber el poder demoníaco del señor demonio, reduciendo la carga sobre el corazón de Metatrón.

‘¡A la mierda todo!’

Chae Hyung-Seok maldijo por dentro al ver lo que estaba pasando ante sus ojos.

Baroque había sido derrotado, lo que básicamente sellaba su destino. Como Comandante Supremo del Séptimo Dominio del Reino Demoníaco, Chae Hyung-Seok disfrutaba incontables privilegios y lujos concedidos por Baroque.

Pronto, todo eso desaparecería. Para colmo, el esclavo de Siegfried, Metatrón, ahora era el nuevo señor demonio. En otras palabras, Chae Hyung-Seok, sin duda alguna, sería expulsado tras perder a su patrocinador en el Séptimo Dominio.

‘¡Ni de chiste voy a permitir eso!’

Chae Hyung-Seok clavó la mirada y rechinó los dientes hacia Siegfried y Metatrón, quienes estaban ocupados absorbiendo el poder demoníaco inestable de Baroque.

Entonces, una idea lo golpeó.

Era una oportunidad única en la vida. Si lograba interrumpirlos, el poder demoníaco desbocado del señor demonio detonaría en una explosión masiva.

Una vez ocurriera la explosión, todos los presentes serían aniquilados. La mitad de la Ciudad de la Venganza, capital del Séptimo Dominio, desaparecería del mapa por la explosión resultante.

Y si eso pasaba…

‘¿El nuevo señor demonio, Metatrón? Muerto. ¿Los ancianos? Todos borrados. Eso significa que solo quedará un puñado de demonios de alto rango, así que…’

Todo lo que tendría que hacer sería revivir después y regresar en medio del caos para reclamar el trono sin dueño para sí mismo.

¡Badump! ¡Badump! ¡Badump!

El corazón de Chae Hyung-Seok latía con violencia. Si todo salía según el plan, él, Chae Hyung-Seok… no, Hyungseokius, se convertiría en el primer jugador en la historia de BNW en ascender al asiento de un señor demonio.

Lograría una hazaña que ningún jugador había conseguido.

‘¡Ja, ja! ¿Por esto dicen que en cada crisis se esconde una oportunidad?’

Una sonrisa retorcida se extendió por su rostro mientras apretaba el arma que había heredado de Baroque.

‘Lo único que tengo que hacer es dar un golpecito, y con eso debería activarse la explosión, ¿no? ¡Jejeje…!’

Siegfried y Metatrón estaban en un estado extremadamente vulnerable, con la espalda totalmente expuesta. Incluso un ataque básico sería suficiente para interrumpir su concentración y, una vez sucediera…

¡Kaboom!

Estallaría la explosión catastrófica que apenas estaban conteniendo.

Con esa explosión, el gran plan de Chae Hyung-Seok se pondría en marcha.

El gran plan que lo convertiría en el primer jugador en convertirse en señor demonio.

‘Bien, vamos a intentarlo.’

Con una mueca maliciosa, Chae Hyung-Seok se fue acercando. Como un depredador experto cazando a su presa, se movió en absoluto silencio hacia Siegfried y Metatrón.

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