Maestro del Debuff - Capítulo 987
—¡¿Q-Qué?! ¿¡Que me harás señor demonio?! —chilló Metatron, atónito.
—Sip. Ya eres el señor demonio —respondió Siegfried con un asentimiento.
—¿Q-Qué quiere decir con eso…?
Metatron se quedó sin palabras. Convertirse en señor demonio no era como volverse líder de una pandilla local. No era algo que ocurriera solo porque alguien te dijera que lo fueras.
—¿Su Majestad…? No termino de entender lo que está diciendo—
Fue entonces.
—Mi señor, verá… —lo interrumpió Chaos. Luego se le acercó y le susurró—: Su Majestad tiene una cantidad abrumadora de Monedas de Almas.
—¿Eh? ¿Cuántas?
—Tiene… —Chaos le susurró la cifra.
—¡¿Q-Qué?! ¿¡T-Tiene cientos de millones de Monedas de Almas?! —gritó Metatron.
Quedó absolutamente pasmado al enterarse por Chaos de que Siegfried, un humano, poseía cientos de millones de Monedas de Almas.
Metatron sabía muy bien lo que significaban las Monedas de Almas.
—¿E-Es cierto?
Incluso el poderoso guerrero demonio, Balag, se sorprendió por igual ante la repentina revelación.
¿Por qué?
Porque con esa cantidad de Monedas de Almas, incluso un demonio de alto rango podía convertirse sin muchos problemas en un guerrero del mismo calibre que un señor demonio.
—¡No, espera! ¿Cientos de millones? ¡Con esa cantidad, hasta un demonio común podría empuñar un poder al nivel de un señor demonio! —exclamó Balag, consternado.
Siegfried entrecerró los ojos y preguntó:
—¿Qué…? ¿Mis Monedas de Almas valen tanto?
—¿S-Su Majestad? ¿No lo sabía? Un demonio tendría que asaltar una sucursal mayor del Banco Demoníaco para juntar tantas Monedas de Almas —explicó Metatron.
—¿Oh? —Siegfried alzó una ceja y miró a Chaos—. Cabeza al suelo, trasero arriba. ¡Ahora!
Ante la orden, Chaos se dejó caer de inmediato, pegó la frente al piso y llevó ambas manos a la espalda.
—Oye, lo sabías y me lo ocultaste, ¿verdad? —gruñó Siegfried.
—¡N-No, señor!
—¡Sí lo hiciste! —Siegfried lo caló de inmediato.
El demonio había ocultado deliberadamente el verdadero valor de las Monedas de Almas.
—¡P-Por favor, perdóneme!
—Vaya agallas que tienes, eso sí te lo reconozco.
—Ugh…
—¿Oh? ¿Te vas a desmayar?
—¡Ack!
—Tsk… maldita sea… —chasqueó la lengua Siegfried. Luego explicó—: Cuando arrasé la Fortaleza del Infierno, saqué todo lo que había en el Banco Demoníaco de allá.
—¿Qué…? —murmuró Balag.
—¿P-Perdón, señor…? —balbuceó Metatron.
—Vi que tenían estas monedas, así que barrí con todo —añadió Siegfried, encogiéndose de hombros.
—Uooh…
La sucursal del Banco Demoníaco dentro de la Fortaleza del Infierno era de las más grandes que existían. No era de sorprender: al fin y al cabo, la Fortaleza del Infierno era básicamente un gigantesco antro de apuestas para demonios.
Los demonios destacados ahí apostaban Monedas de Almas y jugaban todos los días, lo que permitía al Banco Demoníaco amasar enormes sumas a diario.
—¿Puedes convertirte en señor demonio con esto? —preguntó Siegfried.
—Sin duda, Su Majestad. Bueno, la naturaleza del poder que empuñaría sería distinta a la de un señor demonio tradicional, pero… con tantas Monedas de Almas, será posible —respondió Metatron con firmeza.
—Hmm… ¿Seguro?
—Sí, Su Majestad. Si me concede las Monedas de Almas, destruiré a Baroque y a sus seguidores, recuperaré los poderes de mi padre y reclamaré el título de señor demonio con mis propias manos.
—Bien. Entonces te conviertes en señor demonio, ¿entendido? —dijo Siegfried con una media sonrisa.
Le agradaban la determinación y la resolución que Metatron mostraba.
—¡Gracias, Su Majestad!
—Pero, ¿dónde cambiamos estas Monedas de Almas?
—Bueno… seguramente tendremos que ir al Banco Demoníaco más cercano para hacer el retiro.
—¿Y nos las darán así como así? Me refiero al poder demoníaco que necesitas.
—Si presentamos las Monedas de Almas, están obligados a proveer el poder demoníaco.
—¿Oh? ¿Entonces es como hacer trámites bancarios normales?
—Sí, podría decirse que son algo similares.
—¿Y entonces qué esperamos? Podemos ir ahora mismo, ¿no?
—Llegar al Banco Demoníaco es una cosa. Pero incluso si cambiamos las Monedas de Almas por poder demoníaco, absorberlo tomará bastante tiempo.
—Hmm…
—Además, no estoy seguro de que la sucursal de aquí tenga suficiente poder demoníaco almacenado para convertir tantas Monedas de Almas de una sola vez. Es una suma enorme…
—Supongo que vayamos de todos modos.
—Sí, Su Majestad. Parece ser nuestra única opción por ahora.
—Además, creo que fortalecernos y voltearles la mesa es mucho mejor que huir, ¿no?
—Desde luego, señor.
—Bien, descansemos por ahora. Luego iremos paso a paso.
Así, Siegfried decidió su siguiente curso de acción: convertir a Metatron en el gobernante del Séptimo Dominio del Reino Demoníaco.
Al mismo tiempo…
‘Si yo fuera Han Tae-Sung… ¿qué haría?’
Chae Hyung-Seok se sentó en el centro de mando e intentó leer las próximas jugadas de Siegfried mientras supervisaba las operaciones bajo la ley marcial.
‘Conozco a Han Tae-Sung mejor que nadie… puedo descifrar lo que piensa. A ver, pensemos: ¿qué haría en esta situación?’
Estaba convencido de que entendía a Siegfried mejor que nadie, así que creía poder descifrar sus intenciones también. Hallaría la respuesta si lo pensaba lo suficiente.
‘Ese roedor es un maestro del engaño. Es muy probable que se esconda en algún sitio fingiendo que ya escapó…’
Chae Hyung-Seok estaba seguro de que Siegfried seguía en algún punto de la Ciudad de la Venganza, pues simplemente no había habido tiempo suficiente para escapar cargando con Metatron.
Además, el Bosque Amarillo, la Plaza Central, el Terreno de Entrenamiento del Ejército Demoníaco y las afueras estaban totalmente sellados.
A menos que Siegfried ya hubiera abierto una puerta y huido del Reino Demoníaco, no era más que una rata atrapada en una jaula.
‘Han Tae-Sung intentará aguantar tanto como pueda. Actuará como si ya se hubiera ido de aquí mientras se atrinchera por semanas. Exactamente ese tipo de terco es.’
Convencido de ello, Chae Hyung-Seok emitió su siguiente orden:
—A partir de este momento, hagan un registro total de la ciudad. No dejen un solo sitio sin revisar. Busquen incluso en las alcantarillas. Asegúrense de sellar cada entrada y hagan un barrido minucioso por dentro.
Tras dar sus órdenes, Chae Hyung-Seok personalmente encabezó a sus tropas. Recorrió la Ciudad de la Venganza y participó activamente en la cacería.
‘No voy a dejar que te me escapas esta vez, Han Tae-Sung. Esta vez, me toca a mí ser el cazador y tú la presa.’
Sus ojos ardían de rabia mientras peinaba la ciudad, decidido a saciar su venganza.
Mientras tanto, Siegfried y su grupo discutían cómo llegar al Banco Demoníaco y cambiar sus Monedas de Almas sin ser vistos. Por desgracia, por más que exprimían el cerebro, no lograban dar con un plan viable.
Con la ley marcial en vigor, la ciudad estaba repleta de tropas de Baroque, así que no había forma segura de infiltrarse en el banco.
—¡Kyuuu! ¡Esto está sin esperanza, dueño punk! ¡Mejor atrincherémonos aquí!
—¿Así que crees que solo debemos esperar?
—¡Eso mismo! ¡Kyuuu!
—Sí, suena como la mejor opción por ahora…
Salir a las calles cuando el enemigo había desplegado a sus tropas por completo era una temeridad absoluta. Por más frustrante que fuera, esperar a que Baroque levantara la búsqueda era la opción más sensata.
—Por ahora, quedémonos—
Fue entonces.
¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!
Un estruendo retumbó desde arriba.
—…!
Todos se pararon en seco ante el repentino ruido.
Algo o alguien estaba rompiendo cosas en el piso de arriba, y estaba claro quiénes eran.
Las tropas de Baroque habían entrado en la casa y la estaban registrando.
—Yo iré a revisar —dijo Balag, ofreciéndose para subir.
—¿Estarás bien? —preguntó Siegfried.
—Este lugar fue mi sala de entrenamiento personal, así que aquí estarán a salvo. En vez de arriesgarnos, mejor los atiendo y los hago irse.
—Hmm…
—No habrá problemas, no se preocupen.
—De acuerdo…
—Entonces, vuelvo en un momento.
Dicho eso, Balag dejó el sótano y subió.
‘Debería estar bien, ¿no?’ pensó Siegfried, recargando la espalda contra la pared y cerrando los ojos un instante.
El cansancio empezaba a ganarle terreno, así que pensó que debía descansar un poco.
A fin de cuentas, ya le debía un respiro a su cuerpo.
Mientras tanto, Balag se acercó a la puerta que los soldados demonio habían destrozado antes.
—¿A qué viene tanto alboroto? —preguntó.
Al verlo, Chae Hyung-Seok, quien lideraba el operativo de búsqueda, entrecerró los ojos.
—¿Y tú quién demonios eres? Tocamos varias veces, y apenas te dignas a salir cuando tiramos la puerta —dijo con frialdad.
—Estaba durmiendo a gusto y no escuché —replicó Balag con calma.
—No me vengas con esa excusa barata. No hay forma de que no nos oyeras aunque estuvieras en sueño profundo. ¿Ni tantita pena te da inventar algo creíble? ¿Crees que soy idiota o—?
Fue entonces.
—¡E-Espera! ¡Lord Hyungseokius! ¡Por favor, deténgase!
Su ayudante lo sujetó de pronto y lo jaló hacia atrás, presa del pánico.
—¡No debe hacerlo, Lord Hyungseokius!
—¿Qué? ¿Que no debo? ¿Y por qué carajos no? —gruñó Chae Hyung-Seok.
—¡P-Por favor! ¡Retírese!
—¿Y por qué habría de hacerlo? Espera, ¿me acabas de decir que me retire?
—E-Eso es…
El ayudante vaciló, nervioso, y los demás soldados parecían igual de inquietos que él.
—¡Hiiiik!
—¡¿C-Cómo…?!
—¿Por qué él…?
Los soldados demonio ya habían reconocido a Balag y estaban paralizados por el terror.
‘¿Qué demonios? ¿Qué les pasa a estos tipos?’ se preguntó Chae Hyung-Seok.
—¿L-Lord Hyungseokius…? —
Su ayudante se inclinó y le susurró al oído, explicándole quién era Balag.
—E-Ese demonio es…
—¿Eh? ¿Balag? ¿El Anciano?
—Sí, Lord Hyungseokius. Fue uno de los ancianos más respetados de nuestro dominio, y el difunto Lord Vernas lo honró personalmente. Un héroe de guerra y una figura venerada por los demonios.
—Ya veo…
—Sería mejor retirarnos de inmediato.
Chae Hyung-Seok era nuevo, así que sabía poco del funcionamiento interno del Reino Demoníaco. Por eso no reconoció a Balag y le habló con brusquedad.
—Debes de ser el nuevo Comandante Supremo —dijo Balag.
—S-Sí, ese soy yo —respondió Chae Hyung-Seok, con un leve tartamudeo.
—Pareces tener las manos llenas.
—Ah, para nada.
—¿Así que quieres registrar mi casa? Entonces adelante —dijo Balag, haciéndose a un lado. Luego despejó el paso y añadió—: Es natural cooperar con las órdenes de Su Majestad, el recién coronado Señor Demonio, Baroque.
—N-No, no será necesario… —tartamudeó Chae Hyung-Seok, rechazando la oferta de registrar la casa.
Meterse con el anciano más respetado del dominio podía provocar una grave agitación, más problema que beneficio.
—Mis disculpas por la molestia, Lord Balag —se disculpó con una reverencia.
—¿Seguro que no necesitan registrar mi casa? —preguntó Balag.
—Puede que no sepa mucho de usted, anciano… pero si mis soldados están en lo cierto, es un hombre de gran honor. No habría forma de que alguien como usted diera cobijo a traidores.
—Si así me ve, le agradezco sus amables palabras.
—De nuevo, mis más sinceras disculpas por la molestia, Lord Balag. Y… sobre los daños a su puerta…
—Ni lo mencione. Me encargaré de las reparaciones —dijo Balag, haciendo un gesto despreocupado.
—¿Está seguro, Lord Balag…?
—¿No eres un hombre ocupado? Deberías volver a tus deberes.
—Gracias por su cooperación. Entonces, le deseo… una siesta agradable…
—Cuídese, nuevo Comandante Supremo.
Con eso, Chae Hyung-Seok se retiró de la propiedad de Balag.
—Maldita sea… De todos los lugares, tuvimos que destrozar la casa de ese vejete.
—Esa fue por poco, Lord Hyungseokius. El Anciano Balag se ha mantenido al margen desde su retiro.
—¿Hmm? ¿A qué te refieres?
—Ha estado en reclusión por años. De hecho, ni siquiera sabíamos que esta propiedad le pertenecía.
Fue entonces.
‘¿Retirado? ¿En reclusión por años? ¿Un anciano respetado que nadie ha visto en años regresa de repente? ¿Y justo en una propiedad venida a menos que claramente estaba abandonada?’
Esas ideas hicieron que Chae Hyung-Seok se detuviera en seco.
Una extraña inquietud le roía por dentro, como si sus instintos le gritaran algo. Luego, de pronto, se volvió hacia sus soldados demonio, que se desconcertaron y se quedaron inmóviles al instante.
—Alto todos —ordenó Chae Hyung-Seok.
Entonces entrecerró los ojos, como meditando algo, antes de decir:
—Den la orden a todas las tropas… de concentrarse en esa propiedad.