Maestro del Debuff - Capítulo 979
—Hey, Han Tae-Sung —llamó Cheon Woo-Jin a Siegfried.
Siegfried ladeó la cabeza, confundido, y respondió:
—¿Qué pasa?
—¿Qué… demonios estás haciendo?
—¿No se nota? —replicó Siegfried. Luego mostró la baraja que estaba barajeando y añadió—: Me estoy preparando para jugar Hardstone.
—¿Perdiste la cabeza? ¡La grieta está descontrolada! Si no despejamos la mazmorra en seis horas, entonces…
—Olvídate de eso y ponte esto —lo interrumpió Siegfried y le arrojó una Capa del Velo Fantasmal.
—¿Qué es esto?
—¿No sabes leer? Es una capa que te deja engañar a la muerte.
—¿Eh…?
—¿Y por qué tendríamos que entrar ahí?
—¿Qué clase de pregunta es esa…?
—¿Hasta cuándo vamos a seguir defendiendo? Que ese bastardo salga. Una vez que esté aquí afuera, lo terminamos de una vez por todas.
—¿Eh?
—Ese lugar es el territorio de ese bastardo. ¿Por qué deberíamos pasar un infierno solo para despejarlo? Nos rompemos la espalda para limpiar la mazmorra y ese tipo aparece al último segundo. No es una ni dos veces que nos ha jodido así, ¿o sí?
Siegfried no estaba equivocado, así que Cheon Woo-Jin no pudo replicar.
Entrar en la mazmorra para suprimir el desborde de la gran grieta era solo un arreglo temporal. Tenían que derribar al Caballero Azul de la Muerte, o la crisis nunca terminaría de verdad.
—No tenemos que meternos a la guarida del tigre. Si hay que pelear con el tigre, mejor esperamos a que salga.
—Ok, ya entendí lo que quieres decir —asintió Cheon Woo-Jin, por fin comprendiendo a qué se refería Siegfried.
—Dijiste que nos quedaban seis horas, ¿no? Siéntate. Vamos a matar el rato —dijo Siegfried.
—Ok —respondió Cheon Woo-Jin, tomando asiento a la mesa.
—Tú también únete, Beowulf —añadió Siegfried.
—Seguro —respondió Beowulf con un asentimiento y se sentó a la mesa.
—¡Kyuuu! ¡Dámelas, dueño bribón! ¡Hamchi va a barajar!
—Está bien.
Siegfried le pasó la baraja a Hamchi antes de sacar una botella de Ade de Menta con Chocolate de su Inventario.
Justo entonces…
‘¿Eh?’
Algo colgando de la cintura de Beowulf llamó su atención; era la pata de un conejo blanco.
‘¿Esa es la… Pata de Conejo de la Regresión?’
La pata de conejo que colgaba de la cintura de Beowulf se veía idéntica al objeto Universal, la Pata de Conejo de la Regresión, del que se hablaba en los textos antiguos que Quandt le había mostrado.
‘Espera un minuto…’
Siegfried se tensó al darse cuenta de que el dijecito podría ser realmente la Pata de Conejo de la Regresión.
‘Se ve exactamente como ese ítem, lo mire por donde lo mire…’
Su mente empezó a correr a toda velocidad.
‘El líder de los Illuminati, el Maestro, es coreano, ¿no? ¿Y supuestamente posee la Pata de Conejo de la Regresión también? Pero Beowulf tiene algo que luce exactamente igual, lo cual solo puede significar que…’
Justo entonces…
—¡Kyuuu! ¡Dueño bribón!
La voz de Hamchi perforó sus pensamientos.
—¿Qué haces? ¡Apúrate y revisa tu mano! ¡Kyuuu!
—Ah, cierto.
Siegfried levantó sus cartas y revisó la mano que le habían repartido.
Y así, la partida de Hardstone comenzó.
‘Si Beowulf es de verdad el Maestro, entonces…’
A Siegfried le costaba concentrarse en el juego.
‘Un momento, ¿por eso ayudó a Cheon Woo-Jin y a los Guardianes contra la Iglesia de Osric?’ —pensó, hilando cabos.
Beowulf era un Aventurero excepcionalmente hábil reconocido por la mayoría. Cuando Siegfried apenas alcanzaba el nivel 200, Beowulf ya había puesto un pie en el rango de Maestros.
Ahora que Siegfried había entrado al rango de Maestros, Beowulf ya era un Granmaestro.
¿Cómo se volvió tan fuerte tan rápido?
Incluso Siegfried, que poseía una Clase Oculta, el Maestro de Debuffs, tardó dos años en llegar al rango de Maestros.
‘Seguro que Beowulf también debe ser Clase Oculta. Si no, no tiene ningún sentido. A su nivel, alguien tan poderoso debería llamar la atención de forma natural, pero él siempre ha evitado la fama. Nadie sabe siquiera dónde sube de nivel.’
Las sospechas de Siegfried poco a poco se convirtieron en certeza.
‘Por ahora me quedaré callado.’
Al final, decidió ocultar sus dudas sobre Beowulf.
¿Por qué?
Todo porque, si Beowulf era realmente el líder de los Illuminati, el Maestro, entonces Siegfried podría usar ese conocimiento para darle la vuelta a la situación.
‘Si de verdad eres el Maestro, cometiste un error enorme. Nunca debiste acercarte a mí. Apostaría a que crees que todavía no tengo idea de la Pata de Conejo de la Regresión, ¿eh?’
Siegfried mantuvo cara de póker mientras echaba miradas a Beowulf.
‘Que te apuñalen por la espalda una vez es más que suficiente’, pensó.
El líder de la Iglesia de Osric, Acheron, se infiltró en los Guardianes desde dentro.
Con una vez bastaba.
Siegfried no iba a permitir que lo mismo pasara dos veces.
Siegfried no podía sacudirse una sensación de inquietud mientras esperaba a que el Caballero Azul de la Muerte emergiera de la Gran Grieta del Norte.
Cuanto más sospechaba que Beowulf era el Maestro, más difícil se le hacía concentrarse en el juego de cartas que estaban jugando.
‘De verdad quiero robársela…’ pensó, con los ojos clavados en la pata de conejo que colgaba de la cintura de Beowulf.
Se la arrebataría… si pudiera. Por desgracia, era imposible robar un objeto que ya estuviera vinculado al alma del usuario. Incluso si emboscara y matara a Beowulf, no había garantía de que la Pata de Conejo de la Regresión cayera. Un Aventurero de su calibre tendría muchos objetos valiosos, así que atacarlo sería arriesgarse sin garantizar la recompensa pretendida.
¡Glup!
Así, Siegfried no pudo hacer otra cosa más que tragarse el duro bulto atascado en su garganta: su codicia.
—¡Kyuuu! ¿Tienes buena mano o qué? —exclamó Hamchi.
Curiosamente, Hamchi pareció malinterpretar el lenguaje corporal de Siegfried.
Pero Siegfried ni lo estaba escuchando…
‘Si Beowulf realmente usó la Pata de Conejo de la Regresión… ¿qué me pasaría a mí? Si el servidor se rebobina, entonces todo vuelve a como estaba antes, ¿no? Y eso significaría… que lo perderé todo.’
Sus pensamientos corrían, tejiéndose como una intrincada red de incertidumbres ansiosas.
Sin embargo, ya no quedaba tiempo.
¡Rumble!
Las seis horas ya habían pasado, y la Gran Grieta del Norte había llegado a su límite.
[Caballero Azul de la Muerte: Chronos]
[La encarnación de la muerte.]
[A diferencia de las Cuatro Apocalipsis, Chronos es la personificación de la muerte, una de las leyes absolutas del universo.]
[Tipo: NPC]
[Raza: N/D]
[Nivel: N/D]
[Clase: N/D]
[Nota 1: Es imposible luchar contra Chronos por métodos ordinarios.]
[Nota 2: Los individuos comunes mueren al instante con solo estar cerca de Chronos.]
Por fin, el más temible de las apocalipsis, el Caballero Azul de la Muerte, había llegado.
‘Encarguémonos de este primero.’
Siegfried se obligó a vaciar la mente de pensamientos sobre Beowulf, el Maestro, los Illuminati y la Pata de Conejo de la Regresión.
Ahora mismo, tenía que enfocarse en la calamidad frente a él.
¡Ssseuuu…!
Una densa niebla de muerte se filtró del Caballero Azul de la Muerte, Chronos.
Sin embargo, nadie murió pese a estar expuesto a la niebla.
Gracias a la Capa del Velo Fantasmal fabricada por Quandt, eran inmunes a los poderes del Caballero Azul de la Muerte.
—Qué insensatez… —dijo Chronos con voz grave—. ¿De verdad creen que las criaturas pueden desafiar a la muerte…?
Desde la perspectiva de Chronos, la Encarnación de la Muerte, Siegfried y sus camaradas se veían ridículamente insignificantes.
—Oye, tú. ¿Esperabas salir a tomar aire fresco acá afuera o qué? De veras te deberías haber quedado encerrado en tu jaula en vez de arrastrarte hasta aquí, ¿sabes? —dijo Siegfried, dando un paso al frente.
—Ja, ja… ¿Encerrado? —se carcajeó Chronos.
El Caballero Azul de la Muerte se asemejaba a un esqueleto, así que no tenía expresiones faciales, pero sin duda estaba burlándose de Siegfried en ese momento.
—¿De verdad crees que estuve prisionero? ¿En serio?
—¿No lo estabas?
—Simplemente permanecí ahí —dijo Chronos con indiferencia.
—¿Permaneciste ahí? ¿Por qué? —preguntó Siegfried, desconcertado.
—Para matar al Creador de este mundo —respondió Chronos heladamente.
—¿Qué mamada es esa? ¿Cómo matas al Creador?
—No sabes nada, humano necio.
—¿…?
—El Creador de este mundo fracasó en eliminarme a mí, la Encarnación de la Muerte. Este supuesto dios no es más que un creador incompetente, muy inferior a los seres que forjaron otros mundos. Por lo general, cuando un Creador fabrica un mundo, primero remueve entidades como yo. Pero este… no pudo hacerlo.
Siegfried pudo extraer algunas ideas de las palabras de Chronos.
- Este universo tiene múltiples Creadores.
- El que creó este mundo era demasiado inexperto para eliminar la muerte.
‘¿Por eso algo como la Encarnación de la Muerte anda suelto…?’ se preguntó Siegfried.
—El Creador tenía el poder de crear un mundo, pero no la capacidad de estabilizarlo.
—Oh…
—Basta de charla —dijo Chronos. Luego, convocó una guadaña enorme y advirtió—: Quítense de mi camino, humanos.
¡Whoosh!
El Caballero Azul de la Muerte blandió la guadaña gigantesca.
Como el grupo de Siegfried estaba protegido por las Capas del Velo Fantasmal, que los volvían inmunes al aura de muerte, Chronos parecía haber decidido usar la fuerza física contra ellos.
—¡…!
El grupo de Siegfried quedó tomado por sorpresa por el ataque repentino.
¡Shwiiik! ¡Shwiiik!
La guadaña de Chronos cortó el aire con una fuerza aterradora. Se veía tan letal que con solo rozarla probablemente mataría a sus víctimas al instante.
No, con solo rozarla sí mataba a las víctimas al instante.
—¡Mientras yo esté, no!
Un Aventurero de alto nivel se lanzó al frente con el escudo en alto para bloquear la guadaña.
Sus capacidades ofensivas eran irremediablemente bajas, pero era uno de los tanques más duros del juego. A pesar de sus ataques débiles, su resistencia y tenacidad eran casi legendarias entre los Aventureros, pero…
¡Shwiiik!
En cuanto la guadaña lo alcanzó—
¡Thud…!
El cuerpo del Aventurero fue partido limpiamente en dos.
Chronos parecía haber puesto apenas esfuerzo en el ataque, pero el escudo y el cuerpo del tanque quedaron seccionados a la mitad.
‘¿Q-Qué carajos fue eso?’ gritó Siegfried, horrorizado, tras presenciar a un tanque de nivel 299 ser cortado en dos de un solo golpe.
[Guadaña de la Muerte]
[El arma usada por la Encarnación de la Muerte, Chronos.]
[Una guadaña que corta cualquier cosa con una probabilidad del 100% y siega la vida del objetivo al contacto.]
[Tipo: Arma]
[Rango: Mítico]
[Poder de Ataque: N/D]
[Poder de Ataque Mágico: N/D]
[Efectos: 100% de probabilidad de seccionar (ignora toda defensa), muerte instantánea al ser cortado.]
—¡E-Eso está rotísimo! —chilló Siegfried tras leer los detalles de la guadaña. El arma usada por el Caballero Azul de la Muerte iba más allá de estar “rota”, pues el hecho de que cortara cualquier cosa era absurdo.
Incluso las habilidades del Granmaestro, el Emperador de la Espada Betelgeuse —Desenvaine Rápido y Corte Partecielos— ya eran extremadamente poderosas. Sin embargo, hasta las habilidades de un Granmaestro tenían límites. Por ejemplo, Corte Partecielos requería que su usuario tuviera un nivel superior al de su objetivo para ejercer todo su poder.
Sin embargo, la guadaña de Chronos, la Guadaña de la Muerte, no tenía esas limitaciones. Podía cortar cualquier cosa y, una vez que lo hacía, el objetivo moría al instante.
Si a eso se le sumaba que ese era el efecto innato del arma y no un efecto activo, entonces realmente era un arma ridículamente rota.
‘¡¿Cómo es que esto existe?!’ chilló Siegfried por dentro.
A estas alturas, lo absurdo de todo hacía que ni ganas de pelear le quedaran.
Pero no podían quedarse sentados a esperar la muerte…
¡Woooong!
Siegfried activó de inmediato Abrazo de la Desesperación para infligir un debilitante debuff de lentitud a Chronos. Tenía que hacer algo antes de que ese arma absurdamente rota acabara con todo su grupo.