Maestro del Debuff - Capítulo 956

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—¿En verdad eres un miembro de los Illuminati? —preguntó Óscar una vez más.

—¡Juro que soy… en verdad un miembro de los Illuminati! ¿Eh? ¡¿Qué?!

Arete, un cardenal de la Iglesia de la Sabiduría, se llevó la mano a la boca después de responder con la verdad.

Siegfried dio un paso al frente y sonrió.

—¿Así que tú eras la rata? ¿Una rata de los Illuminati, eh?

—¿Q-Qué? ¡N-No! ¡No soy una rata de los Illuminati!

—¿Eh?

—¡No! ¡¿Q-Qué clase de brujería es esta?!

El rostro de Arete se deformó en puro pánico, pues seguía diciendo la verdad contra su voluntad.

—¡Maldita sea! ¡Gloria al Único y Verdadero Dios!

Entonces hizo una gran declaración antes de morderse la lengua en un intento de acabar con su propia vida. Su veneno le había sido confiscado cuando fue capturado y atado, así que esa era su última opción.

Por desgracia, suicidarse no era algo que pudiera lograr tan fácilmente sin el veneno.

¡Bam!

Siegfried se lanzó hacia adelante y le dio una patada en la mandíbula.

—¡Gah!

Arete gimió de dolor y cayó al suelo.

—Oye, escucha, amigo —Siegfried lo tomó del cabello, le levantó la cabeza y le gruñó. Luego sonrió y dijo—: No tienes derecho a morir sin mi permiso.

—¡A-Aghh…!

—Si te digo que vivas, vives. Si te digo que mueras, mueres.

Mientras hablaba, Siegfried puso su mano sobre la cabeza de Arete e inyectó microbios radiactivos en él.

—¡G-Guuh…! ¡Krrrghhh!

Los ojos de Arete se pusieron en blanco mientras convulsionaba violentamente, hasta que su cuerpo quedó inerte.

Diez segundos después…

—Saludo a mi amo.

Arete se arrodilló ante Siegfried, mostrándole respeto como un esclavo a su señor. Ahora estaba completamente bajo la influencia de Siegfried, convertido en un Ghoul Radiactivo.

A partir de ese momento, contaría todo lo que sabía por su propia voluntad, incluso sin ser obligado por la Espada de la Verdad: Fragarach.

—Eres miembro de los Illuminati, ¿correcto?

—Sí, amo.

—Dime todo sobre los Illuminati.

—Los Illuminati son…

En ese momento…

—¡Mmph! ¡Mmphhh! ¡Nghhh!

—¡Mmmph!

Algunos de los otros altos clérigos, que hasta ahora habían permanecido en silencio, de pronto se lanzaron sobre Arete. A pesar de estar atados y amordazados, forcejearon contra sus ataduras intentando silenciar al cardenal.

—Oh… ¿así que ustedes también son ratas? —dijo Siegfried con una sonrisa divertida.

No había otra razón para que reaccionaran tan fuerte a menos que también fueran miembros de los Illuminati, ¿verdad? Al fin y al cabo, la existencia de los Illuminati no era algo que un clérigo común conociera.

—Oye, Seung-Gu.

—¿Sí, hyung-nim?

—Ellos también son ratas. Sepáralos, pero vigílalos. Esos bastardos podrían matarse entre sí.

—Entendido, hyung-nim.

Dejando a los demás para después, Siegfried retomó el interrogatorio con Arete.

—Lo preguntaré de nuevo. ¿Qué exactamente son los Illuminati? —dijo.

—Los Illuminati son una organización dedicada a derribar a quienes se atrevieron a traicionar al Creador. La organización trabaja en estrecha cooperación con los ángeles.

—¿Cuántos son?

—La organización opera con una estructura de células, así que no sé el número exacto. Conozco a algunos miembros, pero hay muchos ocultos.

—¿Entonces quién lidera a los Illuminati?

—Está dirigida por gobernantes de varias naciones en…

—¿¡Qué!?

—…en el continente. Varios monarcas son miembros de alto rango de los Illuminati.

—No me jodas…

—Y la Iglesia de la Curación, que sirve al Dios de la Medicina, Hipócrates, es una de las facciones más grandes de los Illuminati.

—¿¡Qué?! ¿La Iglesia de la Curación? —exclamó Siegfried con los ojos abiertos de par en par.

La Iglesia de la Curación era una de las órdenes religiosas más influyentes del continente y contaba con un enorme número de fieles.

¿La razón?

Porque todo ser humano sin excepción sufre enfermedades.

Desde los recién nacidos hasta los ancianos en su lecho de muerte, nadie con un cuerpo mortal podía escapar de las enfermedades.

Por eso, la Iglesia de la Curación era la orden religiosa más grande del continente.

—La Iglesia de la Curación está en el Reino de Seneca, ¿verdad?

—Sí, amo. Es la religión oficial del Reino de Seneca.

—Hmm… El Reino de Seneca es una nación poderosa… y su rey puede ser bastante molesto también… —murmuró Siegfried.

Como una de las grandes potencias, el Reino de Seneca estaba gobernado por el rey Romanson, un monarca altamente conservador. No tenía reparos en rechazar la cooperación incluso con el poderoso Imperio Marchioni, y siempre se había negado a reconocer a Siegfried como un gobernante legítimo.

Ni que decir tiene que jamás permitiría que Siegfried entrara en su reino.

—Supongo que esto lo hace mucho más difícil de manejar… —gruñó Siegfried al darse cuenta de que lograr cooperación sería complicado. Luego se encogió de hombros y dijo—: Bueno, ese es un problema para después. Por ahora, dime todo lo que sepas sobre los Illuminati.

—Como ordene, amo.

Así, Arete comenzó a revelar hasta el último secreto que conocía sobre la organización secreta.

Después de interrogar al cardenal Arete y a las otras ratas, Siegfried logró extraer la siguiente información:

  1. Al reclutar miembros, los Illuminati se enfocan en niños menores de siete años. Su lealtad es inimaginable, pues han sido adoctrinados desde muy pequeños. Su devoción hacia los Illuminati supera incluso a la de quienes han crecido con una fe inquebrantable desde el nacimiento.
  2. Los altos ejecutivos de los Illuminati están dispersos por todo el continente. Entre ellos hay individuos con un poder inconmensurable.
  3. Estos altos miembros forman parte de lo que se conoce como la Orden de la Cruz Negra, pero sus identidades siguen envueltas en misterio.

—Tsk… Estos tipos están bien retorcidos —dijo Siegfried, chasqueando la lengua con disgusto.

El hecho de que los Illuminati reclutaran principalmente niños tenía sentido. Ahora quedaba claro por qué sus miembros eran tan leales, y era, sin duda, un método despreciable y retorcido.

Según el testimonio de Arete, muchos miembros de los Illuminati llevaban generaciones en la organización. En otras palabras, sus familias transmitían la creencia en el Creador y, al mismo tiempo, orquestaban en secreto la destrucción del mundo a sus hijos.

Los Illuminati eran una sociedad secreta ancestral que existía desde hacía decenas de miles de años, y se habían incrustado en todos los niveles de la sociedad.

En otras palabras, no solo estaban en las órdenes religiosas; estaban en todo el continente.

‘Supongo que tendré que empezar por la Iglesia de la Curación’, decidió Siegfried.

Su primer movimiento sería desmantelar la Iglesia de la Curación, la facción más poderosa de los Illuminati. Después de capturar al sumo sacerdote de la iglesia, lo interrogaría para descubrir cómo los ángeles lograban descender a este mundo.

La mejor manera de resolver esta crisis sería identificar y eliminar la ruta que permitía a los ángeles aparecer en el continente.

—Por ahora… deberíamos pedir cooperación al Reino de Seneca —dijo Siegfried a sus camaradas.

Con eso, se dirigió de inmediato a la sala de comunicaciones y contactó al rey Romanson.

—Oh, ¿a qué debo el placer de que el poderoso rey Siegfried van Proa se digne a contactar personalmente a este viejo?

El rey Romanson era famoso por ser un monarca conservador acérrimo, y era evidente por la forma en que saludó a Siegfried. Su saludo destilaba sarcasmo, mostrando abiertamente su desaprobación.

La actitud del rey hacia Siegfried quedaba clara en su tono de voz.

‘¿Oh? ¿Cree que me atreví a contactarlo solo porque me coronaron rey? ¿Es eso?’ Siegfried encontraba molesta la actitud del monarca.

Sin embargo, decidió mantenerse diplomático, pues la situación era urgente.

—Saludos, rey Romanson. Le presento mis respetos más sinceros —saludó Siegfried con una reverencia cortés.

—¿Hmm?

—Me comunico hoy para pedir humildemente su ayuda.

—¡Ja! ¿Y qué podría necesitar alguien tan favorecido por el emperador Stuttgart de un viejo como yo? Si algo te preocupa, ¿no sería más fácil ir a llorarle al emperador para que te resuelva rápido?

—No es el caso, su majestad. Su majestad imperial, el emperador Stuttgart, solo me tiene un poco de estima.

—Hmm…

—Rey Romanson. Tengo una petición importante y espero que al menos me escuche.

—¡Hmph! Habla entonces. Supongo que escucharte no me costará nada.

—Verá… —Siegfried procedió a explicarle la situación.

Le explicó que los Illuminati, la organización secreta que planeaba destruir el mundo invocando a los ángeles, se había infiltrado profundamente en la Iglesia de la Curación, la religión oficial del Reino de Seneca. Y que, si no se controlaba, las consecuencias serían catastróficas más allá de lo imaginable.

—Le pido que nos conceda acceso a la Iglesia de la Curación para que podamos resolver este asunto antes de que se—

—Detente ahí mismo, rey Siegfried. ¿En serio me pides permiso para allanar el templo principal de nuestra religión nacional basándote en tu ridícula afirmación?

—No, eso no es lo que quise decir—

—¿En serio me llamaste para soltarme tales disparates?

—Su majestad debe entender que este asunto es de máxima impor—

—¡Silencio!

—…!

—Estoy muy ocupado preparando la próxima ceremonia religiosa, ¿y vienes con estas tonterías?

—¿Ceremonia religiosa…?

—Será el quincuagésimo aniversario desde que declaramos a la Iglesia de la Curación como religión oficial de nuestro reino, y estamos preparando todo.

—Hmm…

—No sé qué tramas, pero si quieres jugar tus jueguitos, hazlo en otro lado. No me interesa tu cháchara.

El rey Romanson le lanzó a Siegfried una mirada fría que llevaba una amenaza implícita.

—¡S-Su majestad!

—Ya veo por qué la gente dice que eres la última persona en la que se puede confiar.

—¿Disculpe…?

—Tu reputación como héroe es bien conocida en todo el continente, pero eres igual de famoso por traicionar a quienes confían en ti.

—A-Auch…

—Si te atreves a mencionarlo otra vez, lo consideraré un acto de provocación diplomática. No pongas a prueba mi paciencia, rey Siegfried. Y te aconsejo que sigas mi consejo.

—S-Su majestad, rey Roman—

—Esta conversación ha terminado.

Sin dudarlo, el rey Romanson cortó la comunicación, usando la técnica definitiva de Siegfried de colgar unilateralmente… y lo venció en su propio juego.

—¡Ese maldito viejo…! —gruñó Siegfried, rechinando los dientes.

Inmediatamente intentó volver a llamar al Reino de Seneca.

¿La razón?

Porque quería colgar primero, como venganza infantil.

Por desgracia…

—El número que marcó no está disponible. Por favor, deje su mensaje después del tono. Se le cobrará oro adicional por usar este servicio…

El rey Romanson ignoró por completo el intento de Siegfried. Estaba decidido a cerrar ojos y oídos a cualquier cosa que tuviera que decir.

De regreso en el Reino Proatine, Siegfried investigó de inmediato la próxima ceremonia religiosa de la Iglesia de la Curación que se celebraría en el Reino de Seneca.

Y lo que descubrió fue—

—¿Qué demonios…? ¿Por qué es tan grande esta celebración…?

Quedó atónito al recibir el informe. La escala de la ceremonia religiosa era tan enorme que estaban construyendo altares por toda la capital del poderoso Reino de Seneca.

Una ceremonia de ese tamaño ya no era solo un gran evento; estaba al nivel de los festivales organizados por el Imperio Marchioni.

No, era más que eso. Era tan excesiva que, sin duda, afectaría las finanzas del Reino de Seneca, a pesar de ser una gran potencia.

—¿Están gastando tanto… solo porque es el quincuagésimo aniversario? —murmuró Siegfried, incrédulo.

Incluso si era una celebración dedicada a su religión oficial, gastar tanto no solo era derrochar… era una locura absoluta.

—¡Kyuuu! ¡Esto huele raro, dueño tonto! —exclamó Hamchi.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¡No hay forma de que los humanos gasten tanto en un evento religioso! ¡Kyuuu!

—Supongo que tienes un punto…

—¿Y si en realidad es algún tipo de ritual para invocar a los ángeles en este mundo? ¡¿Kyuuu?!

En ese instante, un escalofrío recorrió la espalda de Siegfried, y sintió como si le hubieran dado un martillazo en la cabeza.

La sospecha de Hamchi tenía todo el sentido. Los Illuminati habían estado usando la fe de las personas de alguna manera para ayudar a los ángeles a descender al mundo.

En otras palabras…

‘¿Están reuniendo poder divino a través de esta ceremonia… para abrir una puerta que conecte este mundo con el Reino Celestial?’, dedujo Siegfried.

La magnitud de esta ceremonia religiosa era, sin lugar a dudas, la más grande y fastuosa jamás vista en la historia del continente.

Por su escala, podían usarla para abrir un portal que uniera ambos mundos.

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