Maestro del Debuff - Capítulo 946

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—¿Los ángeles… tomaron el control del Monte Amon?

—Sí. Ya pasó aproximadamente un mes.

—¿¿Un mes ya…??

Ese lapso coincidía aproximadamente con el momento en que el Arcángel Auriel poseyó a Brunhilde.

‘Ese bastardo… ¿Se me adelantó para asegurarse de que no destruyera la espada sagrada?’

Siegfried estaba convencido de que Auriel había tomado medidas para impedirle destruir su reliquia sagrada, la Espada Sagrada: Fénix.

De otro modo, no había razón alguna para que los ángeles tomaran el Monte Amon, un lugar sin valor estratégico real.

El Monte Amon era un volcán enorme considerado una catástrofe potencial por las naciones que lo rodeaban.

Además de ser un gran volcán, estaba lleno de monstruos salvajes. Estos monstruos, endurecidos por el entorno hostil del volcán, hacían prácticamente imposible desarrollar la zona o explotar sus recursos subterráneos.

El Monte Amon era una tierra que nadie se atrevía a conquistar. Todos rezaban para que permaneciera inactivo y nunca hiciera erupción.

En otras palabras, era una tierra maldita.

‘Pero eso no es lo importante ahora.’

En ese momento, a Siegfried no le importaba un carajo lo que estuvieran planeando los ángeles, porque lo único que le preocupaba era la seguridad de Brunhilde.

‘Ella no está muerta. No hay forma de que una NPC de nivel 299 haya muerto tan fácilmente.’

Siegfried creía firmemente que Brunhilde había sobrevivido al accidente.

Bueno, existía la posibilidad de que hubiese muerto en el impacto, pero él se negaba a aceptarlo. Después de todo, tanto él como el Capitán Alfred lograron salir con vida, así que no había manera de que Brunhilde hubiera muerto.

‘La voy a encontrar. Aunque tenga que buscar por cada rincón del Monte Amon, la encontraré.’

Decidido, Siegfried se dirigió al Dragonkin.

—Gracias por salvarme. Pero no puedo quedarme aquí. Necesito encontrar a mi esposa.

—Hmm… entiendo cómo te sientes, pero sería más sabio esperar un poco más. Solo un par de horas.

—Pero…

—Hay demasiados ángeles allá afuera. Si sales imprudentemente, no solo te matarán, también podrías guiarlos directo a nuestro pueblo.

—Ah…

—Así que, por favor, espera al menos unas horas, por el bien de todos.

—Está bien…

Siegfried no tuvo más opción que dar un paso atrás por ahora. Después de todo, les debía la vida, así que no podía hacer algo imprudente que pusiera en riesgo la aldea.

—Pero me iré en unas horas…

—Eso quedará completamente a tu criterio.

—Gracias.

—Por cierto, aún no nos presentamos. Mi nombre es Draculius, guerrero de esta aldea.

—Mi nombre es Siegfried van Proa.

Tras presentarse, Siegfried sintió curiosidad por la fuerza de su salvador, así que activó su Runa de Perspicacia para examinar las estadísticas de Draculius.

[Draculius]
[El guerrero más fuerte de la aldea Dragonkin en el Monte Amon.]
[Maneja una lanza masiva con habilidad inigualable y posee una destreza de combate formidable.]
[Tipo: NPC]
[Raza: Dragonkin]
[Edad: 566]
[Clase: Dragoon Lances]
[Nivel: 333]
[Rango: Maestro]
[Nota: Guerrero que ha dedicado toda su vida al entrenamiento con la lanza. Ha fusionado las técnicas ancestrales de su aldea con habilidades propias, creando un estilo de combate único. Sin embargo, nunca ha salido de los límites del Monte Amon, por lo que permanece desconocido para el mundo.]

‘¿¡Un Maestro!?’

Siegfried quedó impactado al darse cuenta de que Draculius era un Maestro.

El mundo era vasto, y existían muchos guerreros poderosos ocultos. Resultaba que Draculius era uno de ellos.

‘Bueno, tiene sentido. Los Dragonkin son la raza más poderosa entre los hombres bestia.’

No le pareció extraño que Draculius fuera un Maestro. Entre los hombres bestia, los Dragonkin eran considerados la raza más fuerte, así que era natural que uno de ellos hubiera alcanzado ese rango.

‘Hmm… su nivel es bajo para ser un Maestro, pero irradia un aura increíblemente fuerte. ¿Estaré imaginándolo…?’

Ding!

Una notificación apareció repentinamente ante sus ojos, interrumpiendo sus pensamientos.

[Alerta: El Camino del Rey Supremo ha activado una misión!]
[Alerta: ¡Has recibido una nueva misión – Guerrero sin Nombre!]

Lo último que Siegfried esperaba era recibir una misión, pero de todos modos abrió la notificación para revisar los detalles.

[Guerrero sin Nombre]
[Únete al guerrero Dragonkin, Draculius, para expulsar a los ángeles que ocupan el Monte Amon.]
[Tipo: Misión Especial]
[Progreso: 0% (0/2)]

  • Expulsa a los ángeles del Monte Amon
  • Derrota a Draculius en un duelo
    [Recompensa: Reclutar a Draculius]
    [Nota: El guerrero Dragonkin, Draculius, desea abandonar su aldea y demostrar su fuerza al mundo para obtener el reconocimiento que se le ha negado.]

‘¡¿Whoa?!’ exclamó Siegfried tras leer la misión.

Una misión que ofrecía la posibilidad de reclutar a un Maestro.

Era una oportunidad increíble para reforzar el poder militar del Reino Proatine, y particularmente beneficiosa para Siegfried, quien ya seguía el Camino del Rey Supremo.

‘¡Tengo que reclutarlo, cueste lo que cueste!’

El Emperador Stuttgart contaba con nueve Maestros bajo su mando, y seguramente había aún más Maestros desconocidos. Para alcanzar su objetivo final de romper el control del emperador, Siegfried debía reclutar a Draculius sin falta.

‘Muy bien. Me voy a quedar a su lado por ahora.’

Justo cuando Siegfried tomó su decisión—

—¿Van Proa? —Draculius inclinó la cabeza, intrigado. Luego preguntó—: Si no mal recuerdo, ¿“van” no es un nombre medio usado por la realeza? ¿Entonces eres de sangre real?

—Así es. Soy el rey del Reino Proatine —respondió Siegfried.

—¿El Reino Proatine, dices? —repitió Draculius, claramente sin reconocer el nombre. Luego dijo—: Sé poco del mundo más allá de esta montaña, así que no conozco ese reino del que hablas.

Siegfried no se ofendió esta vez. Draculius simplemente no conocía el mundo exterior, y no era como si estuviera menospreciando su reino.

—¿Qué clase de nación gobiernas? —preguntó Draculius.

—Una gran potencia en ascenso —respondió Siegfried con confianza.

—¿Oh?

—Recientemente ha ganado reconocimiento en todo el continente.

—¿Oh? ¿Y aun así, un rey de semejante nación apareció inconsciente en este lugar?

—Bueno, verás…

Siegfried le explicó cómo había terminado en el Monte Amon.

—¡Ah! ¡Conque eso pasó!

—Y sospecho que por eso mismo los ángeles tomaron el Monte Amon, para impedir la destrucción de la espada.

—Tiene sentido…

—Por ahora, necesito encontrar a mi esposa. Una vez que la encuentre, debo llevar la espada al cráter del volcán y fundirla.

—Si me lo permites… ¿Puedo acompañarte?

—¿Huh?

—Lo que buscas hacer es por el bien del mundo, ¿cierto?

—Así es.

—Entonces, ¿no es justo que te ayude? No sé cuánto pueda aportar, pero quiero ayudarte.

—Significaría mucho para mí —respondió Siegfried, inclinando la cabeza en señal de gratitud. Y pensó—: ‘Este tipo es genial.’

No era fácil encontrar gente dispuesta a hacer lo correcto en un mundo tan brutal e implacable.

Pero ahí estaba Draculius, un guerrero honorable, dispuesto a luchar por lo justo.

‘Un Dragonkin con un fuerte sentido de justicia… ¡Carajo, eso es genial!’ pensó Siegfried mientras lo observaba.

Por alguna razón, Draculius le recordaba al legendario guerrero Guan Yu, al menos por su apariencia.

—Por ahora, esperemos unas horas para no exponer la aldea. Cuando sea el momento adecuado, partiremos juntos —dijo Draculius.

—Está bien. Ah, y… ¿hay algún dispositivo de comunicación o portal cercano?

—No, no hay.

—Ah… entendido.

Con eso, Siegfried abandonó la idea de contactar directamente con el Reino Proatine.

En su lugar, decidió cerrar sesión brevemente para enviarle un mensaje a Seung-Gu.

‘Supongo que por ahora solo dejaré un mensaje.’

Con todo el Monte Amon bajo control de los ángeles, Siegfried no tuvo más remedio que movilizar sus propias fuerzas.

Unas horas después…

—Parece que los ángeles se han ido. Debería ser seguro salir ahora.

—De acuerdo.

Justo cuando Siegfried estaba por seguir a Draculius—

—Ugh… me siento fatal… Necesito un caldo para la cruda…

El Capitán Alfred, que yacía tirado como un cadáver, de repente gruñó como un zombi que volvía a la vida.

—Un caldito de pollo con un chingo de chile en polvo y pimienta negra me caería… ¿Eh? ¿Dónde diablos estoy?

El capitán Alfred parpadeó, se frotó los ojos y escaneó su entorno con confusión.

Al parecer, estaba tan borracho que había olvidado por completo que el dirigible fue derribado. Dándole el beneficio de la duda, podría decirse que sufrió pérdida de memoria temporal por el accidente.

‘Como si me importara.’

A Siegfried no le interesaba el estado del viejo capitán.

Sí, esta vez el accidente no fue culpa de Alfred, pero aun así…

—Parece que tu compañero despertó —comentó Draculius.

—¿Y qué? Ojalá se hubiera muerto en lugar de seguir aferrado a la vida —dijo Siegfried con frialdad.

—¿Hm?

—Ese tipo no tiene remedio, te lo juro.

Siegfried apenas le lanzó una mirada mientras pasaba junto a él.

El viejo capitán era un caso perdido, incluso su propia familia lo había abandonado, así que Siegfried no tenía ninguna razón para prestarle atención.

—¿Eh? ¿No eres ese mocoso de hace dos años? —dijo Alfred, entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño.

Al parecer, su memoria aún estaba nublada.

—Juraría que tú—

—Mejor vete a dormir.

¡Pum!

Siegfried le dio una patada en el trasero que lo mandó directo contra una pared.

—¡Gweeehk!

El Capitán Alfred se estrelló contra la pared y volvió a desmayarse.

—¿Debería matarlo de una vez por todas? —gruñó Siegfried, fulminándolo con la mirada.

Estaba a punto de pisotearlo sin piedad.

Alfred era molesto, arrogante, descarado y completamente inútil.

Pero esta vez, sorprendentemente, el accidente no fue culpa suya. El dirigible fue derribado por los ángeles, no por la imprudencia de Alfred.

Así que Siegfried decidió dejarlo pasar… solo esta vez.

—Tsk… ¿Qué hacen los fantasmas que no se lo llevan de una vez al más allá? —murmuró entre dientes.

—Jajaja… —Draculius soltó una risa mientras veía a Siegfried desahogarse.

—Lo voy a decapitar personalmente la próxima vez que meta la pata —amenazó Siegfried.

Con eso, chasqueó la lengua y salió con Draculius.

Había muchos Dragonkin en la aldea, y casi todos estaban armados con distintas armas.

Claramente, la invasión de los ángeles había puesto a la aldea en máxima alerta.

—¿Estamos todos? —preguntó Draculius.

—¡Sí, señor!

Los Dragonkin respondieron al unísono.

Había alrededor de cincuenta guerreros. Aunque no eran muchos, cada uno era lo suficientemente fuerte como para igualar a un escuadrón completo de caballeros.

—Nuestra misión es localizar a la reina Brunhilde, esposa del rey Siegfried van Proa. Es una elfa de cabello rojo brillante, así que la reconocerán de inmediato.

—¡Sí, señor!

—¡En marcha!

Con eso, Siegfried, Draculius y los guerreros Dragonkin salieron de la aldea.

Ssseuuu…

Una densa niebla cubría la entrada de la aldea.

‘¿Oh? Esta es una niebla hecha con magia.’

Siegfried dedujo rápidamente que se trataba de una barrera mágica para ocultar la aldea de los forasteros. De no ser por esa medida de protección, la aldea ya habría sido encontrada por los ángeles.

—Manténganse alerta. No sabemos cuándo atacarán —advirtió Draculius.

—¡Sí, señor!

Con eso, se adentraron en la niebla y comenzaron su marcha por el bosque.

—Si seguimos por aquí, llegaremos al lugar donde te encontré por primera vez —dijo Draculius.

—Hmm…

—Es posible que tu esposa esté cerca, pero encontrarla no será fácil.

—Lo sé.

Siegfried activó la Clarividencia de Inzaghi y escaneó los alrededores mientras caminaba junto a los Dragonkin.

Como todo el Monte Amon estaba ocupado por los ángeles, esa habilidad resultaba invaluable.

—Vienen hacia acá —advirtió Siegfried, señalando al frente.

—¿Hm? ¿Qué quieres decir? —preguntó Draculius.

—Tres ángeles se aproximan desde esa dirección.

—¿Cómo lo sabes? Yo no percibo nada.

—Puedo verlos con este monóculo. Por su dirección y velocidad, llegarán aquí en unos cinco minutos.

—¿Oh? Ese es un artefacto bastante interesante. Muy bien, confiaré en ti.

Con esas palabras, Draculius dio la orden a sus guerreros.

—¡Prepárense para el combate! ¡Enfrentaremos al enemigo aquí!

—¡Sí, señor!

Los Dragonkin se ocultaron rápidamente, tendiéndoles una emboscada.

‘Bueno… veamos cómo pelea este tipo.’

Siegfried sentía curiosidad por ver de lo que era capaz Draculius, así que decidió no unirse a la pelea de inmediato. En lugar de eso, observaría en acción a otro Maestro.

¿Por qué?

Porque Siegfried sabía que observar a otro Maestro en combate siempre era una experiencia invaluable para aprender.

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