Maestro del Debuff - Capítulo 933

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La situación estaba lejos de ser buena.

Siegfried aún no había terminado los preparativos para detener al Caballero Azul de la Muerte. Si se le permitía liberarse de la Grieta Dimensional del Norte, entonces sería el fin del mundo.

Sin manera de detenerlo, la muerte barrería con todo el continente.

—Maldita sea… ¿Por qué justo ahora…? —Siegfried se mordió el labio inferior.

Luego, se giró hacia el mensajero y dijo:

—Diles que iré pronto. Primero tengo que pasar por el taller del Lord Quandt.

—¡Sí, Su Majestad!

El mensajero salió disparado a toda velocidad para entregar el mensaje de Siegfried a Cheon Woo-Jin.

Siegfried se dirigió al taller de Quandt, pero el nuevo arma de Brunhilde seguía incompleta.

—Debería estar lista esta noche —dijo Quandt.

—Ya veo… ¿Y qué hay de la Túnica de los Muertos?

—Sigue en producción. ¿Por qué lo preguntas?

—Tenemos un problema —dijo Siegfried. Luego procedió a contarle el informe que había recibido.

—¡Hah! Maldita sea… Ya estamos trabajando día y noche… Solo necesitábamos un poco más de tiempo —se lamentó Quandt.

—No hay de otra. Por ahora, solo podemos esperar que el Caballero Azul de la Muerte no aparezca esta vez —dijo Siegfried, con el rostro sombrío.

—Haa…

—De todos modos, entendido. Pero agradecería que pudieras acelerar el proceso, por si acaso lo necesitamos.

—Sí, Su Majestad. Haré mi mejor esfuerzo.

Con eso, Siegfried dejó el taller de Quandt e inmediatamente entró al portal de teletransporte rumbo a la Gran Grieta del Norte.

Destruir la Espada Sagrada: Fénix era importante, pero lidiar con algo que podía aniquilar toda la vida en el continente tenía prioridad.

Siegfried encontró una horda de Aventureros de alto nivel reunidos frente a la Gran Grieta del Norte.

Por supuesto, no eran solo Aventureros los que se encontraban ahí.

—¡Pasta! ¡Pasta deliciosa!

—¡Pociones a precio de ganga! ¡No te las pierdas!

—¡Reparaciones! ¡Repara tu equipo barato!

Los comerciantes NPC se reunían como moscas dondequiera que hubiera Aventureros.

—Tsk… Estos bastardos… —Siegfried apretó los dientes al ver la escena, tronándose los nudillos.

—¿¡Quién diablos les dio permiso para vender aquí, huh?! ¡Kyuuuu! —gruñó Hamchi mientras lanzaba miradas fulminantes a los comerciantes.

Tenían una razón para estar enojados: había una alta probabilidad de que algunos de esos comerciantes fueran Cazadores de Dragones disfrazados.

Siegfried ya había experimentado sus trucos en la Gran Grieta del Este, donde capturó a siete de ellos disfrazados de comerciantes. Bueno, mató a cada uno y cobró una suculenta recompensa de oro de los dragones.

Por supuesto, ofreció una disculpa formal a quienes no resultaron ser Cazadores de Dragones y los compensó generosamente.

Sabía que esta vez no sería diferente.

Probablemente los Cazadores de Dragones estaban infiltrados entre los comerciantes NPC, y atacarían una vez que los dragones aparecieran para detener al Caballero Azul de la Muerte.

—¡Hey! ¡Han Tae-Sung! —gritó Cheon Woo-Jin al verlo.

—Un segundo —respondió Siegfried.

Entonces transformó su Agarre del Vencedor +16 en un bate de béisbol y se dirigió pisando fuerte hacia los comerciantes, destrozando sus puestos y volteando sus mesas.

—¿¡Quién demonios les dio permiso de montar su changarro aquí, huh!?

—¡Kyaaaak! ¿¡Quieres morir o qué!? ¿¡Quién te dio permiso para hacer negocios aquí!?

Siegfried y Hamchi hostigaron a los comerciantes, intimidándolos con rostros aterradores.

—¿¡Hey! ¿Qué demonios estás haciendo, Han Tae-Sung?! —gritó Cheon Woo-Jin mientras él y varios Aventureros corrían para detenerlo.

—¡No me detengan! ¡Están todos coludidos!

—¿Qué quieres decir con eso?

—Hay espías entre ellos. Algunos de estos bastardos trabajan para los ángeles… —explicó Siegfried.

—Oh… —murmuró Cheon Woo-Jin, entendiendo la situación. Luego él y los otros Aventureros se unieron a la redada de NPCs.

Una vez que la conmoción se calmó—

—Llévenselos todos al Reino Proatine.

Con la ayuda de los demás, Siegfried capturó fácilmente a los NPCs y los entregó a los soldados del Reino Proatine antes de finalmente voltear su atención hacia la Gran Grieta del Norte.

Allí, se reencontró inesperadamente con Beowulf.

—¡Oh! ¡Hola! —saludó Siegfried con una sonrisa.

—Ah, hola, Siegfried —respondió Beowulf con una sonrisa cálida.

Había pasado casi un año y medio desde la última vez que se vieron.

Y en ese tiempo—

‘¿¡E-Eh?! ¿¡Nivel 449?!’ Siegfried se quedó boquiabierto al ver el nivel de Beowulf.

Estaba a punto de convertirse en Gran Maestro.

Sin embargo, eso no era tan impactante. Beowulf ya era Maestro cuando Siegfried apenas rondaba el nivel 200, así que alcanzar el 449 en un año y medio no era descabellado.

‘Está bien. Puedo alcanzarlo si me esfuerzo desde ahora.’ Siegfried no se desanimó en lo absoluto.

Después de todo, probablemente Beowulf ya había topado con una barrera.

Romper el muro y alcanzar el Reino Maestro en el nivel 299 ya era difícil, pero romper otro muro en el nivel 449…

Era más fácil arrancar una estrella del cielo.

—¿Oh? ¿Tú también te volviste Maestro? Felicidades, Siegfried —lo felicitó Beowulf con genuina sinceridad.

—Gracias. Veo que tú también te has hecho más fuerte.

—No tanto.

Siegfried recordó de pronto que tenía que decirle algo a Beowulf.

—Ah, cierto, sobre esto…

Metió la mano en su inventario y sacó la Clarividencia de Inzaghi.

—El Mapa de Inzaghi que me prestaste la vez pasada… terminó fusionándose con otros objetos y se convirtió en esto…

—Ah, está bien —respondió Beowulf con un asentimiento.

—¿Huh…? —Siegfried parpadeó sorprendido.

—Ya no necesito ese objeto.

—¿Qué quieres decir con…?

—Mira esto —dijo Beowulf, mostrándole los detalles de su habilidad.

[Sentido Absoluto: Detección de Intención Asesina]
[Detecta enemigos ocultos y trampas.]
[Puede percibir vagamente la ubicación de jefes.]

—¿Oh? —Siegfried quedó impresionado tras leer la descripción de la habilidad.

No estaba al mismo nivel que la Clarividencia de Inzaghi, pero no cabía duda de que era una habilidad rotundamente rota.

—En fin, puedes quedártela. Considéralo un regalo.

—¿En serio? ¡Wow! ¡Muchas gracias!

Siegfried inclinó la cabeza en sincera gratitud, pues la Clarividencia de Inzaghi era un objeto extremadamente útil.

—Me aseguraré de devolverte el favor algún día.

—Ah, no te preocupes por eso.

—No, insisto. Si hay algo en lo que pueda ayudarte, solo dilo. No dudes en pedírmelo. Haré todo lo que pueda.

Siegfried no era del tipo que solo devuelve favores cuando lo obligan. Creía en devolver la bondad con más bondad. Así que si Beowulf alguna vez necesitaba ayuda, él no dudaría en ofrecérsela.

—Bueno, sí insistes… Lo tendré en cuenta. Te avisaré si surge algo —dijo Beowulf con una sonrisa.

—Muy bien, suficiente charla. Hay que empezar la incursión. Cada segundo cuenta ahora mismo —intervino Cheon Woo-Jin.

—De acuerdo. Vámonos —dijo Siegfried con un asentimiento.

Podían continuar la conversación dentro de la mazmorra. En ese momento, despejarla era su máxima prioridad.

—¿Cuántas mazmorras se han abierto en total? —preguntó Siegfried.

—Una —respondió Cheon Woo-Jin.

—¿Hay límite de participantes?

—No, no hay límite.

—¿Oh? ¿En serio?

—No me preguntes. Mejor velo tú mismo.

Cheon Woo-Jin señaló hacia la Gran Grieta del Norte, que se estaba volviendo de un rojo brillante.

Siegfried activó su Runa de Perspicacia frente a la grieta.

[Carnaval de la Muerte]
[Un espadachín anónimo dijo una vez: “La muerte es tan natural como respirar. Siempre está a mi lado.”]
[En esta ciudad de la muerte, donde no queda ni una sola criatura viva, se celebra un festival para conmemorar a los fallecidos.]
[Tipo: Mazmorra Especial]
[Límite de tiempo: 120 horas]
[Límite de entrada: Ninguno]
[Advertencia: Esta mazmorra rebosa de muerte. Incluso el error más pequeño puede llevar a tu fallecimiento. Se recomienda extrema precaución.]

—Hmm…

Siegfried estaba convencido de que esa mazmorra era perfecta para que el Caballero Azul de la Muerte apareciera como jefe final.

—¿El jefe es el Caballero Azul de la Muerte? —preguntó.

—¿Quién sabe? Solo apareció después de que derrotamos al jefe la vez pasada —respondió Cheon Woo-Jin con un encogimiento de hombros.

—¿Pero cuáles son las condiciones para que aparezca?

—Ni idea, bro. No tenemos suficiente información para saberlo.

Hasta ahora, solo habían logrado calmar una mazmorra fuera de control una sola vez.

Eso significaba que no tenían suficientes datos como para sacar conclusiones confiables.

—Tiene sentido. Supongo que no sirve de nada preocuparnos. Tendremos que averiguarlo sobre la marcha.

—Sí, exacto.

—Dile a todos que se reúnan.

—En eso estoy.

Con eso, Siegfried, Cheon Woo-Jin, Beowulf y los Aventureros se prepararon para asaltar la mazmorra del Carnaval de la Muerte.

No entraron de inmediato.

La mazmorra tenía un impresionante límite de tiempo de ciento veinte horas, lo que les daba bastante margen para prepararse. Como cualquier cosa podía pasar adentro, decidieron abastecerse con pociones y alimentos.

Además, prepararon una forja portátil, ya que la durabilidad del equipo era otra preocupación clave en esas mazmorras.

En lo que respecta al equipo, Yong Seol-Hwa era una aliada invaluable, pues su forja portátil podía reparar el equipo más rápido que la mayoría de los herreros, y a una fracción del costo.

Unos treinta minutos después…

—¡Muy bien, es hora de entrar!

Siegfried y su grupo entraron a la mazmorra del Carnaval de la Muerte.

Ding!

En el instante en que entraron, un mensaje apareció frente a los ojos de Siegfried.

[¡Alerta: Has sido maldecido por la Muerte Acechante!]
[Muerte Acechante]
[Existen muchas causas de muerte.]
[Esta maldición las amplifica todas.]
[¡Ahora eres extremadamente susceptible a morir!]
[Efecto: +250% de probabilidad de Muerte Súbita.]
[Nota: Los efectos de la maldición se reducen drásticamente para quienes tengan estadísticas altas de Suerte.]

La maldición de la Muerte Acechante era aterradora, pero Siegfried estaba protegido.

Después de todo, tenía no uno sino dos artefactos que aumentaban su suerte: los Pendientes del Suertudo, que elevaban tanto su estadística que los efectos de la maldición quedaban prácticamente anulados.

—Ponte esto, Hamchi.

—¿Kyu?

—Podrías caer muerto si no lo usas, así que póntelo.

—¡Kyuuu! ¡Entendido!

Siegfried le entregó uno de sus Pendientes del Suertudo a Hamchi antes de escanear su entorno.

—¿Huh?

Notó algo extraño. De los más de dos mil Aventureros que habían entrado, parecía que solo quedaba una décima parte.

Incluso miembros clave como Cheon Woo-Jin, Beowulf, Yong Seol-Hwa, Seung-Gu, Gosran, Yong Tae-Pung y Daytona estaban desaparecidos.

—Nos dividieron… Tsk —chasqueó la lengua Siegfried al darse cuenta. Pero no era algo particularmente inusual. Las mazmorras especiales a menudo separaban a los jugadores al entrar, incluso podían aparecer en distintas líneas temporales.

—Muy bien, todos. No entren en pánico y avancen con cuidado —dijo manteniendo la compostura.

Tomó el mando y guió a los Aventureros.

El Carnaval de la Muerte era una mazmorra masiva que parecía una ciudad gris en ruinas. Era tan vasta que ni siquiera la Clarividencia de Inzaghi podía mapear toda el área.

Así que Siegfried decidió avanzar hacia el centro de la ciudad.

Fue entonces que—

—¡A-A-Achís!

Uno de los Aventureros estornudó.

Y entonces—

¡Thud!

Cayó al suelo en el acto. Sus ojos se pusieron en blanco y empezó a convulsionarse violentamente.

—¡¿Q-Qué diablos le pasó?!

—¡Curar! ¡Necesitamos un sanador, ahora!

—¿¡Es un enemigo!?

Los Aventureros corrieron a hacer primeros auxilios.

Desafortunadamente, fue en vano.

—Ugh…

Con un último gemido, el Aventurero se quedó inmóvil mientras exhalaba su último aliento.

Muerte Súbita.

El Aventurero murió por estornudar.

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