Maestro del Debuff - Capítulo 932

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Siegfried convocó inmediatamente a Ganeva III.

—Levanten la cabeza del prisionero —ordenó Oscar.

El maltratado y magullado Ganeva III apenas logró alzar la mirada para ver a Siegfried.

—¡R-Rey Siegfried…!

—¡No, hombre! ¡Mírate nada más! ¿Qué es esto? ¿Por qué hacer las cosas tan incómodas entre nosotros? ¡Estás haciendo que parezca que soy un salvaje! ¿Te da gusto? ¿Te sientes mejor?

—¡Y-Yo… lo lamento…!

—Pero ahora, ¿qué se supone que hagamos? Me comuniqué con el Reino Sacon, pero se negaron a negociar tu liberación.

—¿Q-Qué quieres decir con eso?

—Ya decidieron coronar al príncipe como el nuevo rey. Ah, no, de hecho ya terminaron la coronación.

—¡E-Esos malditos bastardos! —Ganeva III rechinó los dientes, recordando cómo sus súbditos lo entregaron a los dragones.

—Incluso te depusieron oficialmente, ¿sabes?

—¿¡D-Depusieron!?

—Usaron como excusa que gobernaste con tiranía y que te capturaron los dragones para legitimar al nuevo rey. Hasta tu hijo se veía bastante indiferente con todo el asunto.

—¡E-Ese malnacido…! —Ganeva III temblaba de rabia.

Ser abandonado por sus ministros ya lo enfurecía, pero podía entenderlo.

¿Por qué?

Porque asumía que no les quedó de otra más que inclinarse ante la presencia abrumadora de los dragones.

Pero que ni siquiera intentaran negociar su rescate… eso ya cruzaba la línea.

A estas alturas, estaba claro que jamás le fueron leales, y era muy probable que llevaban tiempo planeando deponerlo. Sin embargo, la traición definitiva fue su hijo, que ni siquiera intentó negociar su liberación.

¿Cómo podía un hijo no hacer ni el intento por recuperar a su padre?

Claramente, ese bastardo había estado ansioso por tomar el trono.

—¿Sabes qué? Hasta les ofrecí un descuento, ¡y aún así dijeron que no!

—¡E-Ese ingrato…!

Mientras Ganeva III escupía maldiciones y se retorcía de ira…

—Y eso me lleva al siguiente punto… —dijo Siegfried, inclinándose y susurrando con una voz baja y tentadora—. Es hora de que reclames tu trono, ¿no lo crees?

Era el susurro del diablo.

—¿Q-Qué quieres decir con eso?

—¡Vamos, hombre! ¡No te hagas como que no entiendes!

—¿Hmm?

—¡Este es el momento perfecto! ¡Haz un regreso triunfal, azota a ese mocoso y junta a los ministros traicioneros!

—¡E-Eso es…!

Los ojos de Ganeva III se abrieron de par en par. Sabía que recuperar el trono no solo era posible con la ayuda de Siegfried: era casi un hecho.

—Entonces, ¿qué dices? ¿Negociamos para devolverte la corona? ¿O prefieres pudrirte como esclavo en mis minas, abandonado por tus súbditos y tu propio hijo?

—Bueno, obviamente… No tengo más opción que aceptar tu oferta, ¿no?

—Excelente —dijo Siegfried con una sonrisa.

—¡Ejem!

—Entonces aquí va el trato. Yo te reinstalo como rey, pero a cambio, me cedes algo de tierra. Hmm… ¿Qué te parece este territorio de aquí? —Siegfried desplegó un mapa y señaló una región del Reino Sacon.

No era cualquier región; equivalía a una quinta parte de todo el reino.

—Trato hecho —aceptó Ganeva III sin dudarlo.

Ceder una quinta parte del reino a cambio de su vida y del trono era un precio pequeño. Pero lo más valioso que ganaría con este trato era vengarse de su hijo ingrato y de los ministros traicioneros.

Era una oportunidad para matar dos pájaros de un tiro… no, ¡una bandada entera!

—Acepto tu oferta, Rey Siegfried.

—¡Una sabia decisión!

Siegfried sonrió y extendió la mano, que Ganeva III estrechó con fuerza.

Unas horas después…

Siegfried, acompañado del Dragón Plateado Keanus, partió hacia la capital del Reino Sacon con Ganeva III a cuestas.

Los dragones rara vez se involucraban en los asuntos banales de los humanos.

Sin embargo, Keanus era el dragón guardián del Reino Proatine. Como esto no era un ataque, sino una demostración de poder, no tuvo reparos en aceptar la petición de Siegfried.

—¡U-Un dragón! ¡Ha aparecido un dragón!

—¡Los dragones han vuelto!

—¡Corran por sus vidas!

Mientras tanto, el palacio real del Reino Sacon se convirtió en un caos total al ver a Keanus.

El reino apenas comenzaba a recuperarse del ataque anterior de los dragones, y lo último que esperaban era otra visita tan pronto.

Keanus aterrizó sobre el palacio, aplastando parte de este, y rugió:

—¡Hawkes! ¡Sal de inmediato, infeliz!

—¡G-Gran Ser! —El rey Hawkes corrió en pánico al escuchar que el Dragón Plateado lo llamaba.

Detrás de él venía un grupo de altos funcionarios.

Igual que con Ganeva III, los ministros habían empujado a su rey al frente una vez más.

—¿M-Me has llamado, Gran Ser? ¡Soy Hawkes! —exclamó, postrándose ante Keanus.

—¡Escoria desleal e ingrata!

—…!

—¡Nuestros dragones mostraron clemencia con tu padre, y tú osaste rechazar su regreso negociado!

—¡E-Eso fue…!

—¡Tamaña traición es imperdonable! —gruñó Keanus, alzando su garra para sujetar al rey Hawkes del cuello.

—¡G-Gran Ser! ¡Me equivoqué! ¡P-Por favor, perdóneme! ¡A-Aaaaah!

—¡Tu traición filial no tiene redención! ¡Desde hoy pasarás el resto de tu miserable vida limpiando mi guarida!

—¡A-Aaaack!

Y así, el rey Hawkes fue ascendido nuevamente apenas después de haber tomado el trono. Su nuevo título era aún más destacado: el conserje personal del Dragón Plateado.

—¡Su Majestad! ¡Jamás olvidaremos tu sacrificio!

—¡Nunca lo olvidaremos!

Los ministros del Reino Sacon despidieron a su nuevo rey sin ofrecer resistencia, tal como lo habían hecho al desechar a Ganeva III.

Siegfried observó y susurró:

—Oye, Keanus. Esos tipos son realmente repugnantes, ¿no crees? Desechando no solo a uno, ¡sino a dos reyes solo para salvar el pellejo! No hay ni una gota de lealtad en ellos.

—¡Asquerosos gusanos desleales! ¡No veo ni una pizca de lealtad en ustedes! ¡¿Cómo se atreven a llamarse súbditos?!

—¡G-Gran Ser! Nosotros solo—

—¡Silencio!

—…!

—¡Han traicionado su juramento sagrado de lealtad al rey! ¡No son más que insectos traicioneros! ¡No toleraré su presencia ni un segundo más! ¡Se unirán a este ingrato infeliz limpiando mi guarida hasta el fin de sus días!

—¡G-Gran Ser! ¡Nos equivocamos! ¡Por favor, perdónanos!

—¡Silencio! —rugió Keanus antes de teletransportar al ex-rey Hawkes y a todos los ministros directo a su guarida.

Y así, el Reino Sacon perdió a su rey y a todo su gabinete de ministros en un instante.

Siegfried se volvió hacia Ganeva III y dijo:

—Bueno, puedes volver a ser rey.

—A-Ah, s-sí… —balbuceó Ganeva III.

Gracias a este giro de eventos, Siegfried logró reclamar una quinta parte del Reino Sacon sin derramar una sola gota de sangre, lo cual equivalía a los noventa mil millones de wones que había gastado en el mundo real.

Fue entonces cuando…

¡Ding!

Obtuvo un nuevo título.

【Alerta: Has obtenido el título Negociador Milagroso】

【Negociador Milagroso】

【Nadie derramará sangre si entregan el oro voluntariamente】

【Un título otorgado a quienes logran imponer condiciones totalmente injustas a otros】

【Tipo: Título】

【Rango: Único】

【Efecto: +30% de probabilidad de imponer condiciones injustas a otros】

Siegfried obtuvo este título porque, en lugar de esperar a que el rey Hawkes comprara de vuelta a Ganeva III, simplemente cambió de comprador.

‘Nada mal. En las negociaciones siempre se debe salir ganando, ¿cierto? ¡Jojojo!’

Con eso, Siegfried se tragó una quinta parte del Reino Sacon y regresó al Reino Proatine junto con Keanus.

A la mañana siguiente, Tae-Sung entró a BNW en cuanto despertó y fue directo al taller de Quandt.

Al llegar, se topó con una escena peculiar.

—¡Hiya! ¡Hiyah!

Verdandi estaba en el campo de entrenamiento privado de Siegfried, balanceando con seriedad una espada de práctica en sus pequeñas manos.

Estaba totalmente concentrada en su entrenamiento.

Y…

—¡Sí! ¡Así es! ¡Muy bien hecho! ¡Jojojo!

Sorprendentemente, quien la entrenaba era nada menos que Deus.

—Hola, Maestro —saludó Siegfried con una reverencia.

No podía simplemente pasar de largo al campo de entrenamiento con Deus ahí, así que decidió presentarse.

—Ya llegaste —respondió Deus sin siquiera mirarlo. Sus ojos estaban completamente enfocados en Verdandi.

—¡Hiya! ¡Hiyah! ¡Haaap!

Incluso con su papá ahí, Verdandi no perdió ni un segundo de concentración.

—Mi nieta quería aprender esgrima, así que decidí enseñarle unas cuantas cosas.

—Gracias, Maestro.

—Bah, tonterías. Una niña con talento vino por su cuenta y me pidió que la hiciera más fuerte. ¿Qué mayor alegría puede tener un viejo como yo?

—¿D-De verdad dijo eso?

—Es una chica fuerte —dijo Deus con ojos llenos de afecto. Luego añadió—: Después de todo lo que ha pasado, podría haberse quedado en el miedo. Pero en lugar de eso, se levantó y vino a pedirme que la entrenara.

—Ah…

—¿Dime si no es admirable? ¿Cómo podría negarme a una petición así? —dijo con una gran sonrisa. Luego lanzó una mirada de reojo y murmuró—: En cambio tú, eres un caso totalmente distinto.

—Jajaja… —Siegfried se rascó la cabeza con vergüenza.

Pero no estaba molesto. Deus, quien era probablemente el maestro más exigente de todos, no escatimaba elogios para Verdandi.

Como padre orgulloso, eso era lo más feliz que podía hacerlo.

—Mi talentosa nieta y yo no tenemos tiempo para perder con tipos como tú. Lárgate ya —dijo Deus, haciéndole señas para que se fuera.

—Sí, Maestro —respondió Siegfried con una reverencia antes de irse rápidamente.

Sabía por experiencia que si se quedaba, recibiría un golpecito en la frente… que bien podía matarlo.

‘La espada debería estar lista ya, ¿no?’

Además, Siegfried planeaba ir al Monte Amon con Brunhilde tan pronto como su arma de reemplazo estuviera lista.

—¡Su Majestad! ¡Su Majestaaad!

Justo entonces—

—¡Un informe urgente, señor!

Un mensajero se acercó corriendo hacia Siegfried.

—¿Qué ocurre? —preguntó.

El mensajero se arrodilló y reportó:

—¡Su Majestad! ¡La Gran Grieta del Norte ha comenzado a descontrolarse otra vez!

—…!

—¡Cheon Woo-Jin ha enviado un mensaje urgente solicitando asistencia inmediata en la Gran Grieta del Norte!

—Maldición… —Siegfried apretó los dientes, su expresión se endureció.

Había estado preguntándose cuándo volvería a descontrolarse la grieta, y parecía que ese momento finalmente había llegado.

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