Maestro del Debuff - Capítulo 931
“Whoa… Mierda… Tsk…”
Tae-Sung chasqueó la lengua mientras observaba la escena del accidente.
Un auto compacto se había estrellado contra la parte trasera derecha de su Rolls-Royce Phantom, destrozando completamente la luz trasera.
Un Rolls-Royce Phantom con todos los extras superaba fácilmente el billón de wones.
¿Y el parachoques trasero y la luz de un coche tan caro habían sido destruidos?
Tan solo la reparación costaría una fortuna. Sin duda estaría en decenas de millones, y eso solo serían los estimados iniciales.
Justo en ese momento, el jefe de escoltas de Tae-Sung se le acercó.
“¿Qué pasó?” preguntó Tae-Sung.
“Parece que el coche venía bajando la pendiente a exceso de velocidad,” respondió su guardaespaldas, señalando la calle frente a la inmobiliaria.
‘Ugh… Por eso uno necesita estacionamiento subterráneo…’ gruñó Tae-Sung para sus adentros.
“¿Y el conductor?”
“Afortunadamente, no parece estar herido de gravedad.”
“Entonces déjalo ir y que nuestra aseguradora se encargue de reparar el coche.”
“¿Perdón…?”
El jefe de escoltas se quedó atónito, dudando de lo que acababa de oír. Después de todo, el accidente había sido completamente culpa del coche compacto, sin lugar a dudas.
El Rolls-Royce Phantom estaba correctamente estacionado cuando lo chocaron.
“Mi coche es ridículamente caro. El conductor seguramente está muerto de miedo en este momento. Y su prima de seguro se va a disparar si lo arreglamos entre ambas aseguradoras. Mejor déjalo así.”
“¿Joven Amo…?”
“No quiero que los reporteros hagan un escándalo por esto.”
“Sí, Joven Amo.”
A pesar de ser joven, rico y exitoso, Tae-Sung no se había dejado marear por la fama. No era indiferente al sufrimiento ajeno, y estaba dispuesto a comerse el golpe por otros de vez en cuando.
Además, sabía que manejar cerca de un coche de lujo ya podía intimidar a los conductores comunes, ¡y ni hablar de estrellarse contra uno!
“De verdad deberías tener más cuidado al conducir en calles estrechas co—”
Fue entonces que…
“¡Agh!”
El conductor del auto compacto gimió al salir del coche, sujetándose el cuello.
‘¿Huh?’ Tae-Sung entrecerró los ojos.
El conductor del auto compacto no era otro que Chae Hyung-Seok.
“¡Ah, joder! ¡Qué pinche fastidio!” gruñó Chae Hyung-Seok con frustración al darse cuenta de que había causado un accidente.
Pero entonces—
“¿Q-Qué carajos? ¡¿Ese no es mi coche?!”
La voz de Chae Hyung-Seok temblaba.
El Rolls-Royce Phantom que acababa de chocar no era cualquier coche; era el coche que él había tenido antes y que tuvo que vender tras pasar por dificultades financieras.
Semanas atrás, Tae-Sung había comprado ese mismo Phantom de segunda mano… sin saber que era el coche de Hyung-Seok.
“Jefe.”
“¿Sí?”
“Olvídate de lo que dije hace rato.”
“Jaja… jajajaja…”
“Haz el reclamo al seguro. Que pague la reparación, el costo del coche de alquiler mientras el otro está en el taller, y la depreciación del valor por el accidente.”
“S-Sí, Joven Amo.”
“Ah, y también… véndelo apenas lo reparen. Ese coche está maldito,” agregó Tae-Sung, señalando el vehículo.
Si no hubiera sabido de quién era, habría estado bien. Pero ahora que lo sabía, no podía quitarse el mal sabor de boca.
¿Tener el auto viejo de Chae Hyung-Seok? Ni de chiste.
Tras dar las órdenes, Tae-Sung se dirigió directamente hacia Hyung-Seok.
“¡Oye! ¡Hyung-Seok!”
“¿H-Han… Tae-Sung…?”
“¡Vaya sorpresa! ¿Estás bien, bro?”
“¡Vete a la mierda!”
“¡Ey, no seas así!”
“¡Dije que te largues!”
Apenas reconoció a Tae-Sung, Hyung-Seok echó a correr de inmediato.
‘¿A dónde crees que vas?’
Tae-Sung no tenía intención de dejarlo ir.
¿Por qué?
Porque apenas dos días antes, Chae Hyung-Seok había atacado Elondel, donde estaban Lohengrin, Brunhilde y Verdandi.
Intentó matarlos solo para vengarse de él.
Así que, para Tae-Sung, Chae Hyung-Seok tenía que pagar.
Una vez que terminó su visita a la inmobiliaria, Tae-Sung regresó directo a casa y se conectó al juego.
“Bienvenido de regreso, Su Majestad.”
El chambelán saludó a Siegfried.
“Hola, buenas tardes.”
“Su Majestad la Reina ha despertado.”
“¿De verdad? Iré con ella de inmediato.”
Al saber que Brunhilde había despertado, Siegfried fue corriendo a sus aposentos.
“Hola, querido,” lo saludó Brunhilde.
Su rostro lucía pálido, los labios azulados. Al parecer, el haber sido poseída por un arcángel la había drenado por completo. Y además, las heridas que sufrió durante la batalla contra Credos la habían debilitado aún más.
“Lo siento, amor,” dijo Siegfried, tomando sus manos con suavidad.
“No te disculpes. Viniste a rescatarnos, ¿cierto?” respondió ella con una sonrisa.
Incluso esa leve sonrisa era deslumbrante.
“Estoy feliz de que nadie resultara herido,” agregó.
“Nadie debería salir herido,” dijo Siegfried con firmeza. Luego añadió, “Prometo que no dejaré que algo así vuelva a pasar jamás.”
“Estoy de acuerdo. Yo también me haré más fuerte,” dijo de repente Brunhilde.
“¿Eh? ¿A qué te refieres?”
“He descuidado mi entrenamiento por mucho tiempo. Pero eso se acabó. No importa qué tan poco tiempo tenga, me voy a dedicar a entrenar. Alcanzaré el nivel de Maestra y me haré más fuerte. Tengo que proteger a nuestra familia.”
“¡Ah!”
Siegfried se conmovió con la determinación de Brunhilde.
“Te ayudaré. Haré lo que sea necesario para apoyarte.”
Siegfried prometió respaldar su entrenamiento con todo lo que tuviera.
“Gracias, mi amor.”
“Cariño…”
Se miraron a los ojos—
“Con su permiso, nos retiramos.”
Las sirvientas se retiraron con rapidez al captar la atmósfera.
Y entonces…
¡Boom! ¡Boom!
Una feroz tormenta estalló sobre el palacio real.
¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!
¡Ba-da-boom! ¡Bam! ¡Ratta-ta-ta!
¡Boom! ¡Boom! ¡Pum!
¡Auuuuuu!
¡Guau! ¡Guau!
¡Oh sí!
Mientras tanto…
“¿Qué demonios?”
Desde su habitación en el palacio real, Irene frunció el ceño al escuchar los estruendos de truenos resonando por los pasillos. Miró por la ventana y vio que el cielo estaba despejado.
Después de jugar a papá y mamá…
“Ah, cierto.”
Siegfried le explicó a Brunhilde la situación que llevó a Irene a quedarse en el palacio real.
“Lo siento. No había nada que pudiera hacer.”
“Está bien, querido.”
“¿Eh?!”
Siegfried se sorprendió de lo fácilmente que Brunhilde aceptó la situación.
¿Por qué estaba tan tranquila?
La presencia de Irene no era diferente a la de una mujer entrometiéndose en su hogar y tratando de quitarle a su esposo.
“¿De verdad… estás bien con esto?”
“Confío en ti.”
“…”
“Y ahora mismo, necesitamos al Imperio Marchioni. Para proteger a nuestra hija de los ángeles, necesitamos la ayuda del imperio.”
“¿Huh?”
“Me duele que ella tenga sentimientos por ti… pero en este momento no podemos darnos el lujo de preocuparnos por eso. La seguridad de nuestra familia y el bienestar del reino son lo primero.”
“No puede ser…” murmuró Siegfried. Luego preguntó, “¿Estás diciendo… que deberíamos usarla?”
“Si así quieres llamarlo, adelante. Pero ahora no estamos en posición de rechazar la propuesta del emperador Stuttgart. Así que es mejor mantener las cosas como están… al menos hasta que seamos lo suficientemente fuertes como para no depender del imperio.”
“Ah…”
Siegfried por fin comprendió las intenciones de Brunhilde.
Como reina y madre, había optado por la razón sobre los sentimientos.
“Hagámonos más fuertes juntos.”
“Sí, mi amor.”
Y así, Siegfried y Brunhilde se abrazaron con fuerza, jurando hacerse aún más poderosos.
La situación era difícil en muchos sentidos, pero enfrentarían la crisis juntos.
Lo siguiente en la lista de Siegfried era ir al Monte Amon con Brunhilde para destruir la Espada Sagrada: Fénix.
Pero antes de eso, visitó de nuevo el taller de Quandt.
¿Por qué?
Porque Brunhilde necesitaba un arma nueva. Una que se convirtiera en su compañera de batalla.
“¿Se puede fabricar algo rápido? Solo algo temporal que pueda usar por ahora.”
“Puedo tenerlo listo en uno o dos días si es algo temporal. Pero no puedo garantizar su durabilidad, así que tarde o temprano necesitarás una verdadera.”
“Por favor, lo agradeceré.”
“Entonces me pondré a ello de inmediato.”
Con eso, Siegfried encargó un arma nueva para Brunhilde y pasó a otros asuntos importantes.
Primero: tratar con Ganeva III del Reino de Sacon. Le encantaría torturarlo horriblemente antes de ejecutarlo públicamente, pero se contuvo.
‘Sigue siendo un rey. Su rescate debe valer una fortuna. Matarlo de inmediato sería un desperdicio.’
Siendo un hábil negociante, decidió vender de vuelta a Ganeva III al Reino de Sacon por una buena suma.
‘¡Esto sí que es reventa! ¡Mwahaha!’
No pudo evitar sonreír de oreja a oreja al imaginarse ganando dinero fácil con Ganeva III, y procedió a contactar al Reino de Sacon.
Por desgracia, sus esperanzas se desvanecieron de inmediato.
— Ah, me temo que debo disculparme respecto a ese asunto.
El Rey Hawkes, quien había ascendido al trono tras Ganeva III, parecía bastante indiferente. Incluso cuando Siegfried ofreció negociar un rescate, no mostró entusiasmo.
— Agradezco su oferta, pero dadas las circunstancias… debo declinar.
“¿Eh? ¿Cómo que eso?”
— Creo que no necesito explicarlo con lujo de detalle.
“…?”
— Como sabrá, mi padre fue llevado por los dragones debido a su tiranía.
“Sí, supongo que eso pasó…”
— Y como ya he ascendido al trono y lo depuse oficialmente, traerlo de vuelta causaría un enorme problema.
“Ah…” asintió Siegfried.
No solo Ganeva III era una pésima persona, también había hecho un pésimo trabajo como padre.
— Así que, la postura oficial del Reino de Sacon es que… ya ha sido depuesto.
“¿Rechazan negociar entonces?”
— Espero comprenda nuestra situación.
“¿O sea que puedo hacerlo guiso y comérmelo si quiero?”
— ¿¡Huh!?”
El rey Hawkes se horrorizó ante la idea de que Siegfried se lo tomara literal.
— S-Seguramente no lo hará de verdad… ¿o sí?
“¡Era una expresión, idiota!”
— Jajaja…
Hawkes rió incómodo, limpiándose el sudor de la frente, claramente aliviado.
‘¿De verdad cree que soy un caníbal?’ gruñó Siegfried por dentro.
“Entonces, ¿de plano no van a pagar?”
— No puedo justificar pagar el rescate por un rey depuesto.
Estaba claro que el Rey Hawkes no tenía intención de recuperar a su padre.
‘¡Malagradecido de mierda!’ Siegfried se sintió extremadamente irritado por su falta de piedad filial.
Pero bueno, no era tan sorprendente.
En el juego del poder, no había espacio para los sentimientos. Para Hawkes, era mucho más conveniente que Ganeva III desapareciera para siempre.
Además, pagar un rescate afectaría al reino.
“Va, te hago descuento,” dijo Siegfried, intentando un último trato.
— Lo lamento, pero… no negociaremos.
“Ah, ¿sí? Bueno, ahí muere,” dijo Siegfried con una sonrisa helada.
¡Beep!
Una vez terminada la llamada…
“¿No compran? ¡Jeje! No hay problema. Tengo otras formas de sacarle jugo a este tipo,” murmuró Siegfried con una sonrisa siniestra.
Aunque Ganeva III había perdido su valor como moneda de cambio, eso no iba a impedirle a Siegfried exprimirlo.
El Reino de Sacon seguía siendo poderoso, y podía sacarle una fortuna si jugaba bien sus cartas.
‘Gaste noventa mil millones en la vida real. No voy a dejar pasar esta oportunidad de hacer dinero.’
Con eso en mente, Siegfried sonrió con intención mientras planeaba su próximo movimiento.
No pensaba rendirse.
Ni tantito.