Maestro del Debuff - Capítulo 1318

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—Creo que… simplemente observaré cómo se desarrollan las cosas.

Esa fue la respuesta de C a la pregunta de Oppenheimer.

—Ya veo…

—La verdad es que tengo curiosidad por saber si un solo jugador puede derrotar al Creador.

—Existe la posibilidad de que lo consiga, ¿no cree? Después de todo, el Código Épico 007 es la más poderosa de todas las Clases Ocultas.

—Así es. El árbol de habilidades del Código Épico 007 fue creado por el NPC Oculto de Nivel 999, por lo que es absoluto. Estoy seguro de que sabe que Deus es la existencia más poderosa de nuestro universo.

—Por supuesto, señor presidente. Deus ya ha superado a todos los demás seres del universo de nuestro juego.

—El jugador elegido por Deus quizá pueda derrotar al Creador. Pero lo más probable es que todo dependa de si logra superar el muro que lo separa del reino de Gran Maestro Arcano.

—Estoy de acuerdo, señor presidente.

—Por cierto, se siente bien visitar Seúl después de tanto tiempo —dijo C con una sonrisa mientras contemplaba el paisaje nocturno de la ciudad.

Su apariencia era inequívocamente coreana y también hablaba el idioma con fluidez. Sin embargo, solo unos pocos elegidos conocían su verdadera identidad, pues siempre había permanecido envuelto en un velo de misterio.

—¿Han pasado unos seis años?

—Así es.

Oppenheimer sonrió y dijo:

—Debe sentirse bien estar de vuelta en casa después de tanto tiempo.

—No está nada mal —respondió C con una risita.

Luego volvió la mirada hacia el enorme monitor y dijo:

—Así que finalmente se encontraron.

En la pantalla aparecía Siegfried, quien acababa de entrar en la decimotercera etapa del Vacío.

—Dejemos la charla para después y observemos por ahora. ¿El mejor jugador de esta era derrotará al jefe final del servidor Fantasy? ¿O perderá?

—Sí, señor presidente.

—Sea cual sea el resultado… este será un momento histórico.

C aguardó la batalla final entre Siegfried y el Creador.

[Vacío: Jardín del Éufrates]

Una notificación que mostraba la ubicación actual de Siegfried apareció frente a sus ojos.

—¿Jardín del Éufrates…?

Miró a su alrededor y vio un paisaje familiar. Era exactamente la misma pradera verde de la primera etapa.

—¿Así que este lugar se llama Jardín del Éufrates? —murmuró.

Tras decir eso, preparó el Agarre de la Aniquilación y examinó sus alrededores con mayor atención.

Y poco después, finalmente se encontró cara a cara con él.

Él estaba de pie sobre una colina, mirando en dirección a Siegfried.

«¿Ese es… el Creador?»

Como si algo lo atrajera, Siegfried se teletransportó hasta lo alto de la colina para verlo de cerca. Entonces activó su Runa de Perspicacia y confirmó que él realmente era quien había creado este mundo.

[Creador]

[Este ser tuvo un nombre en el pasado, pero en este mundo es el Sin Nombre.]

[Lo más apropiado sería llamar a este ser Dios o el Creador.]

[El ser que creó este mundo y que ha regresado por voluntad propia.]

[Tipo: NPC]

[Nivel: 998.1]

[Clase: Creador de Mundos]

[Raza: Fusión Divino-Demoníaca]

[Género: N/A]

[Afiliación: N/A]

[Nota 1: Esta no es la forma completa del Creador.]

[Nota 2: No confunda esta forma con la verdadera forma del Creador.]

[Nota 3: Este ser es completamente diferente de los creadores de otros mundos (servidores). No los confunda.]

«¡¿Q-Qué demonios pasa con el nivel de este tipo?!»

Siegfried gritó para sus adentros, sobresaltado al ver el asombroso nivel que aparecía en la información.

Que un nivel apareciera con decimales ya era bastante extraño, pero el hecho de que el Creador tuviera el nivel más alto de todos los oponentes a los que Siegfried se había enfrentado hasta ese momento era más que impactante.

Sin embargo, había algo que lo sorprendía todavía más.

«¡¿E-El nivel del Maestro es más alto?!»

El Creador era de Nivel 998.1, mientras que Deus era de Nivel 999.

«¿Así que el Maestro hablaba en serio cuando dijo que podía derrotar al Creador…?»

Deus no había sido arrogante en absoluto. Realmente era capaz de derrotar al Creador en su propio mundo y quizá fuera el único ser capaz de semejante hazaña.

Aunque el Creador había creado a Deus, este había conseguido superarlo y alcanzar la iluminación necesaria para trascender al mismísimo creador del mundo en el que había nacido.

Siegfried finalmente comprendió lo que significaba poseer el poder de la invencibilidad.

«Así que por eso la ley de causalidad le ha impedido intervenir en acontecimientos importantes…»

Finalmente comprendió por qué Deus siempre se había limitado a observar desde lejos. Deus se había convertido en una existencia cósmica que trascendía al creador de este mundo y, por ello, no tenía más remedio que obedecer ciertas reglas.

Por supuesto, Siegfried tenía la sensación de que Deus podía romper esas reglas en cualquier momento si así lo deseaba.

El Creador habló en voz baja.

—Oh, ser descendido de otro mundo.

La apariencia del Creador era bastante peculiar.

Tenía el cabello blanco pálido, la piel blanca, ojos violetas y un físico bien formado. Solo por su apariencia resultaba difícil determinar si era hombre o mujer.

La cantidad de alas que tenía en la espalda era demasiado grande para contarlas. A simple vista parecía tener únicamente dos, pero, al observar con mayor atención, había casi mil.

El bien y el mal; el yin y el yang.

El Creador era un ser rebosante de ambos, por lo que resultaba imposible saber hacia cuál de los dos lados se inclinaba.

—He estado observándote.

—¿Me has estado observando? —preguntó Siegfried.

Entonces se preguntó:

«¿Acaso estuvo escondido cerca todo este tiempo?»

El Creador negó con la cabeza y dijo:

—En absoluto. No estaba cerca de ti.

—…?

—He estado observando el mundo a través de los ojos y oídos de mis creaciones.

—…!

—Desde el Génesis, el amanecer de la creación, elegí fundirme con este mundo.

—¿Pero por qué? ¿Con qué propósito?

—Concedí libre albedrío a mis creaciones… y quería observarlas. Ver cómo vivirían sin mi control.

—¿Eh? ¿Eso es todo?

—Lo vi todo al fundirme con el mundo. A veces a través de los ojos y oídos de un soldado de bajo rango, otras a través de los de un emperador, a veces como un águila surcando los cielos y otras como un árbol que custodiaba el bosque. Cada ser vivo que compone este mundo son mis ojos y mis oídos.

En otras palabras, cada forma de vida de este mundo se había convertido en una especie de cámara de vigilancia que transmitía información al Creador.

Dado que el Creador era un NPC, todos esos datos debieron haber sido procesados durante muchísimo tiempo mediante una capacidad analítica comparable a la de una supercomputadora.

—Entonces, ¿cómo podría no saber quién eres, Siegfried von Proa?

—¿Adónde quieres llegar con todo esto? —preguntó Siegfried.

El Creador respondió:

—Abandona este mundo.

—¿Por qué debería hacerlo?

—Tú y los de tu especie no forman parte de este mundo. Devolveré este mundo a la nada. Y si quedan atrapados en ello, sus verdaderos cuerpos también sufrirán daños.

Dado que la ambientación de Brave New World consideraba a los jugadores seres procedentes de otro mundo, el Creador se refería a sus cuerpos reales, que se encontraban en el mundo real.

—Te ofrezco mi más sincero respeto, ser de otro mundo.

—¿Eh?

—Has superado constantemente tus propios límites y has continuado asumiendo el papel de salvador de este mundo que ni siquiera es el tuyo. Sin embargo, aquí termina todo. Destruiré el mundo que creé y no hay nada que puedas hacer para impedirlo. Así que ha llegado el momento de que regreses al lugar al que verdaderamente perteneces.

—¿Pero por qué intentas destruir el mundo que tú mismo creaste?

—Porque estoy decepcionado de este mundo.

—¿Qué…?

—Creé todas las cosas y les concedí libre albedrío. Coloqué tanto el bien como el mal en sus corazones.

—¿Y?

—Los seres que coloqué en este mundo que creé… han cometido demasiado mal. Por supuesto, muchos hicieron el bien, pero…

—¿Eso es todo? ¿Esa es tu razón?

—El bien y el mal originalmente son uno. Incluso yo, el Creador de todas las cosas, soy un ser en el que coexisten tanto el bien como el mal. Y lo mismo se aplica a ustedes, los forasteros. El bien y el mal existen dentro de mí del mismo modo que existen dentro de ustedes. Elegir el bien o el mal depende por completo de la decisión de cada individuo.

—Elección, dices…

—Ya no puedo seguir haciendo la vista gorda. Mis creaciones, las almas que habitan en ellas… continúan eligiendo el mal.

Siegfried estaba de acuerdo con lo que decía el Creador, pues no era precisamente incorrecto. El mal estaba en todas partes, mientras que el bien escaseaba, razón por la cual los actos de bondad a menudo se convertían en noticia.

Las buenas acciones eran valiosas, hermosas y dignas de admiración. Siegfried creía que cuanto más inteligente era un ser, mayor era su inclinación hacia el mal.

—¿Así que dices que destruirás el mundo?

—Llamarlo destrucción es incorrecto. Simplemente devolveré las cosas al estado en que se encontraban. Todas las cosas surgen de la nada y regresan a la nada. Yo solo deseo acelerar ese proceso. Esa es la ley del univer…

¡Fiu, fiu, fiu, FIUUU!

El Agarre de la Aniquilación atravesó cuatro veces consecutivas el pecho del Creador.

Un ataque sorpresa perfecto que impactó más rápido de lo que el ojo podía seguir.

Siegfried desató sin vacilar los Cuatro Pasos hacia la Invencibilidad, pues su oponente era el Creador.

[Creador]

[PV: Infinito (∞)]

Sin embargo, fue inútil. El Creador, un ser considerado la verdadera definición de un dios, no poseía el concepto de puntos de vida. Era más parecido a un objeto neutral que no podía eliminarse del juego.

«E-Esto es absurdo…»

Siegfried estaba conmocionado después de que su ataque sorpresa con los Cuatro Pasos hacia la Invencibilidad terminara fracasando.

Era evidente que el Creador del mundo poseería poderes inimaginables, pero aquella no era su verdadera forma completa. Solo era una forma imperfecta, y eso quedaba demostrado por el Nivel 998.1 que aparecía en su ventana de estado.

Y aquello era completamente natural…

El Creador se estaba tomando su tiempo para recuperarse después de haberse fundido con el mundo durante tanto tiempo, y probablemente esa fuera la razón por la que el Vacío había sido creado en primer lugar. Que los Cuatro Pasos hacia la Invencibilidad no funcionaran, aun cuando el Creador se encontraba en un estado incompleto, era verdaderamente impactante.

Llegados a ese punto, no sería exagerado afirmar que ganar aquella batalla era prácticamente imposible.

¿Y qué había de la estrategia? ¿Cómo podía alguien elaborar una estrategia contra un oponente invulnerable con PV infinitos? El Creador era, en esencia, una unidad que no podía ser seleccionada como objetivo ni derrotada mediante simples ataques.

—No puedes detenerme, forastero. Yo creé todo este mundo. No puedes derrotarme, así que simplemente regresa a tu mundo.

—¿Y si no quiero? —respondió Siegfried secamente.

—¿Tu vínculo con este mundo que creé te impide abandonarlo? Todos los vínculos no son más que grilletes del destino. Donde existe un encuentro, inevitablemente habrá una separación. Incluso el vínculo entre padres e hijos debe llegar algún día a su fin. ¿Por qué te resistes a esta verdad?

—Eso es una sarta de estupideces. Eso solo se aplica cuando las cosas siguen su curso natural. ¿Se supone que debo aceptarlo como el destino cuando un psicópata como tú intenta imponer una separación eterna? ¡Ja! He escuchado un montón de excusas de mierda en mi vida, pero esta se lleva el premio.

El Creador preguntó:

—¿No has comprendido mis palabras, forastero?

—Cállate, bastardo egoísta —gruñó Siegfried—. Entonces debiste haber hecho bien este mundo desde el principio. ¿Tú creaste este lugar y ahora simplemente vas a matar a todos porque no te gusta? ¿Tus creaciones no son más que juguetes para ti? Siguiendo esa lógica…

—¿Hm?

—¿Estás diciendo que los padres pueden matar a sus hijos si no les gustan? ¿Solo porque les dieron la vida y los criaron? ¿Esperas que acepten que simplemente se están separando antes de lo que dictaba el destino porque tú así lo decidiste?

»Que tengas boca no significa que puedas soltar semejantes estupideces. De verdad estás empezando a hacerme enojar.

Después de desahogarse, Siegfried no tenía ninguna intención de continuar con aquella conversación. Como jugador, jamás podría comprender la perspectiva del Creador como NPC. Del mismo modo, el Creador nunca podría comprender los pensamientos de Siegfried, un jugador.

En otras palabras, seguir hablando no tenía sentido, pues resolver las cosas mediante palabras ya no era una opción.

Ahora había llegado el momento de enfrentarse al Creador e imponerle su voluntad.

«Hagámoslo.»

Siegfried apretó con fuerza el Agarre de la Aniquilación.

Acortó la distancia en un instante, pero…

«¡Argh!»

Su cuerpo se quedó rígido.

El Creador murmuró con indiferencia:

—Desaparece.

Con una sola palabra, los PV de Siegfried cayeron instantáneamente a cero.

Había muerto.

[Siegfried von Proa]

[PV: □□□□□□□□□□]

¡Pum!

Cayó al suelo.

[Alerta: ¡Los PV han llegado a 0!]

[Alerta: ¡Tu personaje ha muerto!]

[Alerta: ¡La conexión finalizará en 10 segundos!]

[Alerta: 10, 9, 8…]

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