Maestro del Debuff - Capítulo 1307

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La civilización submarina de Atlantis era un lugar verdaderamente misterioso.

Para empezar, la ciudad estaba construida en las profundidades del mar, donde no llegaba ni un solo rayo de luz, por lo que el ambiente general era oscuro. Sin embargo, luces de diversas formas y colores iluminaban toda la ciudad, ofreciéndole una vista impresionante, como la de una bulliciosa metrópolis que nunca dormía.

La luz que escapaba de la barrera protectora se reflejaba sobre la vida marina y los arrecifes de coral, haciéndolos parecer la Vía Láctea.

‘Vaya… Nunca imaginé que existiera un lugar así’, pensó Siegfried mientras contemplaba el paisaje, admirando su belleza.

La apariencia de los atlantes casi estaba a la altura de la de los ángeles.

Aunque todos tenían rasgos distintos, cada atlante poseía una tez pálida y una piel tersa e inmaculada que sin duda despertaría la envidia de cualquier mujer del mundo.

Sus ojos, de colores nunca vistos en el continente, también les otorgaban una apariencia exótica.

—¿Cómo surgió este lugar? —le susurró Siegfried a Albion, quien era transportado atado sobre una gran carreta.

Los atlantes no eran peces, así que no había agua de mar dentro de Atlantis. De hecho, la ciudad submarina contenía cierta cantidad de oxígeno, lo que significaba que no tenían más remedio que transportar a Albion, que tenía la forma de un cachalote, sobre una carreta.

—Bueno, eso… —Albion comenzó a explicarle la historia de Atlantis.

Según él, Atlantis había sido creada poco después del amanecer de la creación. Los atlantes no eran considerados humanos, pero seguían siendo una especie humanoide.

Se decía que, entre las criaturas inteligentes que vivían en tierra firme, la especie más cercana a ellos eran los elfos, por lo que resultaba más sencillo considerarlos elfos que habitaban en las profundidades del mar.

—Mmm… Siento como si últimamente estuviera visitando todos los mapas ocultos —murmuró Siegfried.

¿Quién habría imaginado que terminaría explorando una civilización submarina cuya existencia ni siquiera conocían los NPC?

—Bienvenidos a Atlantis —los saludó un atlante de mediana edad, vestido con un atuendo que parecía sumamente lujoso incluso para los estándares humanos.

—¡Tú! ¡Perseus! ¡Hijo de un perro de mar! —arremetió Albion.

La razón de su repentino estallido era sencilla. Aquel atlante de mediana edad era quien lo había incriminado por el asesinato del difunto rey y ahora gobernaba Atlantis como regente.

En otras palabras, era el enemigo jurado de Albion.

El atlante de mediana edad lo miró de reojo y ordenó:

—Silencio, traidor. ¡Guardias! ¡Amordácenlo!

—¡Mmf! ¡Mmmf! —Albion continuó gritando incluso después de que lo amordazaran.

Perseus lo ignoró y se volvió hacia el grupo de Siegfried.

—¡Bienvenidos a Atlantis! Han pasado decenas de miles de años desde la última vez que los habitantes de la superficie pusieron un pie aquí.

—Agradecemos la cálida recepción —respondió Siegfried.

—No es necesario que lo agradezcan. Ese Albion fue en otro tiempo nuestro príncipe. Sin embargo, asesinó al difunto rey en un intento por usurpar el trono. Sus crímenes fueron descubiertos y fue arrestado. Por desgracia, logró escapar justo antes de su ejecución.

—Sí, ya hemos escuchado la historia.

—Nuestros valientes guerreros han perseguido a ese traidor durante incontables años, pero ninguno consiguió capturarlo. ¡Sin embargo, ustedes lo atraparon y lo trajeron de vuelta! Por eso, nosotros, los atlantes, les debemos nuestra más sincera gratitud.

—¡Ja, ja, ja!

—Por ahora, acompáñenme. Les ofreceremos un gran banquete que solo podrán encontrar en Atlantis.

—¡Me parece bien! ¡Vamos!

Dicho eso, el grupo de Siegfried fue invitado a un banquete.

Esa noche, Siegfried y los demás fueron agasajados con un gran festín en el Palacio Real de Atlantis. La gastronomía de la civilización submarina era muy peculiar. Como cabía esperar de una civilización situada bajo el mar, los atlantes dependían principalmente del pescado, los mariscos y las algas como alimentos básicos.

Por lo tanto, todos los platillos servidos durante el banquete estaban preparados exclusivamente con ingredientes provenientes del mar.

—¿Esto no se parece un poco a comer comida japonesa, hyung-nim? —susurró Seung-Gu después de ver los platillos servidos.

—No estoy seguro. Lo único que sé es que no parece haber nada de carne. ¿Cómo puede no haber carne en un banquete? —refunfuñó Siegfried en respuesta.

Amaba la carne más que cualquier otra cosa, por lo que la idea de comer únicamente productos del mar no le resultaba precisamente agradable. Para empeorar las cosas, la comida preparada despedía un olor a pescado extremadamente fuerte, lo que hacía bastante difícil que Siegfried y los demás pudieran comerla.

‘Ugh…’, gimió Siegfried para sus adentros mientras fingía disfrutar de la comida. Sentía que lo estaban torturando con ella, pero no tenía otra opción. Debía mantener las apariencias y esperar hasta que los atlantes bajaran la guardia si quería rescatar a Albion.

Mientras comía, observó con atención las reacciones de los atlantes.

—Mañana se disipará la maldición del traidor. Cuando eso ocurra, será ejecutado frente a todos los atlantes —dijo Perseus.

—¿Ah, sí? —respondió Siegfried con indiferencia.

—Y un nuevo rey será entronizado —añadió Perseus.

—¿Mmm? ¿Un nuevo rey? ¿Por qué no lo han hecho hasta ahora?

—Porque el traidor posee nuestro tesoro, el símbolo del rey.

—¿Qué tesoro?

—El Tridente de Atlantis.

—¿Eh?

—Nadie puede sentarse en el trono sin el tridente.

—Pero no recuerdo que ese tipo tuviera ningún tridente.

—¡Ja, ja, ja! —Perseus estalló en carcajadas. Luego explicó—: El Tridente de Atlantis no es un arma física.

—¿Eh? Entonces, ¿qué es?

—El Tridente de Atlantis es un arma incrustada en la columna vertebral de Albion.

—¿Qué demonios…? —murmuró Siegfried, abriendo los ojos de par en par por la sorpresa.

—Por eso no podíamos tener un nuevo rey sin capturar a Albion.

—Entonces, lo que estás diciendo es que… ¿van a disipar la maldición para devolverle su verdadera forma únicamente para abrirle la columna y extraer el Tridente de Atlantis?

—Así es. Eres bastante perspicaz, habitante de la superficie —respondió Perseus con una sonrisa.

—Ugh… Eso será un espectáculo bastante repugnante… —Siegfried hizo una mueca y se estremeció al imaginarlo.

—¿Qué otra cosa podemos hacer? Además, la mayoría de los atlantes considera que semejante castigo es demasiado indulgente para un traidor que asesinó a nuestro difunto rey.

—Bueno, supongo que tienen razón.

—Una vez que nuestro nuevo rey ascienda al trono, se abrirá la Puerta del Mar.

—¿La Puerta del Mar? ¿Qué es eso?

—Es el santuario de Atlantis, uno que solo puede abrir el rey que empuñe el Tridente de Atlantis.

—¿Oh? ¿Y qué hay en su interior?

—Me temo que no puedo decirte nada acerca del santuario.

—Ah, fue culpa mía por preguntar —dijo Siegfried mientras levantaba ambas manos.

No insistió más, pues sabía que presionarlo en ese momento solo terminaría mal.

‘El altar y el incensario podrían estar dentro de ese santuario…’, sospechó.

Era casi seguro que Atlantis era el lugar donde se alzaría el quinto pilar de luz, por lo que existía una alta probabilidad de que el altar y el incensario se encontraran dentro del santuario.

‘Así que planean arrebatarle el Tridente de Atlantis a Albion, abrir el santuario y después realizar el ritual para invocar al Creador. Es una teoría bastante plausible…’

Siegfried fingió disfrutar del banquete mientras se devanaba los sesos intentando comprender la situación.

Después del banquete, los sirvientes guiaron a Siegfried y a los demás hasta sus habitaciones.

Una vez dentro de la suya, Siegfried invocó a los Acechadores Nocturnos y los envió a observar los movimientos dentro del palacio.

—Todos, ocupen sus posiciones y permanezcan a la espera. En cuanto reciban la orden, nos desharemos de los habitantes de la superficie.

—¡Sí, capitán!

Tal como esperaba, los atlantes ya estaban planeando eliminar a Siegfried y a los demás.

—Mmm… Así que de ese modo quieren jugar, ¿eh? —murmuró Siegfried con una sonrisa. Luego les ordenó a los Acechadores Nocturnos—: Vayan a informarles a los demás. Ah, tú no. Tengo algo que quiero que hagas.

Le ordenó a uno de los Acechadores Nocturnos que vigilara la zona donde se alojaba Perseus, pues quería confirmar si este era realmente un miembro de los Illuminati.

Mediante la Clarividencia de Inzaghi, Siegfried encontró a Perseus en las profundidades de una cámara secreta del palacio real, hablando con alguien.

Siegfried envió al Acechador Nocturno hasta ese lugar y escuchó a escondidas la conversación entre Perseus y el individuo desconocido.

—Me pregunto de qué estarán hablando.

Perseus estaba hablando con un individuo que no tenía nada de normal.

El individuo llevaba una capa con capucha que le cubría casi por completo la cabeza, pero ni siquiera eso bastaba para ocultar su horripilante apariencia. Aunque la capucha ocultaba gran parte de su rostro, la poca piel expuesta supuraba pus y estaba cubierta de percebes.

Definitivamente, aquel individuo no era humano.

El ser encapuchado preguntó:

—¿Cuándo comenzará la operación?

—Planeamos deshacernos de los habitantes de la superficie cuando el reloj marque las cinco —respondió Perseus.

—¿Y la llave para abrir la Puerta del Mar?

—La recuperaremos seis horas después de deshacernos de los habitantes de la superficie.

—Asegúrate de que todo proceda sin contratiempos. Su Santidad el Papa ha fallecido y uno de los seis santuarios ha sido destruido. Si este santuario también es destruido, perderemos para siempre la oportunidad de provocar el descenso de nuestro Señor. Por eso, no se tolerará ni el más mínimo error. ¿Entendido?

—¡Sí, cardenal!

Tras escuchar la conversación a escondidas, Siegfried confirmó que sus deducciones eran correctas.

Un cardenal de los Illuminati se había infiltrado en Atlantis y estaban conspirando para abrir el santuario y realizar el ritual que invocaría al Creador.

Perseus se removió con nerviosismo y preguntó:

—Una vez que Él descienda…

El ser encapuchado lo interrumpió con un deje de irritación en la voz:

—¿Acaso no te he dicho ya lo que sucederá? Él levantará una gigantesca ola que arrasará todo el continente y lo sumergirá bajo el agua. Entonces ustedes, los atlantes, se convertirán en los gobernantes del nuevo mundo.

—¡Ah…! —exclamó Perseus.

—Él les ha prometido prosperidad eterna a ustedes, los atlantes.

—¡Nosotros, los atlantes, estamos agradecidos! ¡Gracias, cardenal!

—Este es el comienzo de una nueva era. Debes cumplir esta misión sin falta.

—¡Como ordene!

La conversación secreta terminó allí.

—Lo sabía —dijo Siegfried con una sonrisa socarrona.

Ahora que había confirmado que su deducción había sido correcta desde el principio, lo único que necesitaba era actuar.

‘Atacaremos primero, a las cuatro’.

A través de los Acechadores Nocturnos, envió mensajes a todos sus compañeros. Cada uno de ellos seguía conectado, pues ya les habían advertido que podía producirse exactamente aquel escenario.

[Seung-Gu: Solo da la orden, hyung-nim. Bombardearé este lugar hasta reducirlo a escombros.]

[Goseuran: Estoy en espera.]

[Daytona: Entendido.]

[Cheon Woo-Jin: Comprendido.]

[Yong Seol-Hwa: Está bien, oppa.]

[Chae Hyung-Seok: Ah, ¿en serio? Ahora mismo tengo muchísimo sueño. ¡¿Cómo demonios esperas que permanezca despierto hasta las cuatro?! (ㅡ.ㅡ;;)]

De entre todos sus compañeros, solo Chae Hyung-Seok refunfuñó y expresó su descontento.

Por supuesto, a Siegfried no le importaba en absoluto lo que Chae Hyung-Seok pensara.

¿Por qué? Bueno, Chae Hyung-Seok no tendría más opción que obedecer en cuanto Siegfried diera la orden.

Unas horas después.

—¿Cómo avanzan los preparativos? —le preguntó Perseus al capitán de la guardia real.

—¡Su Excelencia! Atacaremos en cuanto el reloj marque…

¡Bum!

Un estruendo ensordecedor sacudió el lugar.

—¡…!

Sobresaltados, Perseus y el capitán salieron corriendo para evaluar la situación.

Y fueron recibidos por enormes masas de metal que sembraban el caos en los terrenos del palacio real.

¡Tum! ¡Tum! ¡Tum!

Eso no era todo.

¡Fuuush!

¡Shiiiik!

Las llamas abrasadoras y un frío glacial también cubrían todo el lugar.

—¡E-Esas cosas son… gólems! ¡¿Cómo pudieron aparecer tantos gólems de la nada?! —gritó Perseus, horrorizado mientras contemplaba cómo sembraban el caos.

Los atlantes enviaban con frecuencia exploradores al mundo situado sobre las aguas para recopilar información, por lo que sabían qué aspecto tenía un gólem.

Sin embargo, seguían siendo una civilización aislada en las profundidades del mar, así que era imposible que supieran todo acerca del mundo exterior, por muy diligentes que fueran recopilando información.

La repentina aparición de tantos gólems los dejó estupefactos, pues no tenían idea de que alguien pudiera invocarlos de la nada.

—¿Qué demonios…?

¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!

Mientras Perseus todavía intentaba recuperarse de la conmoción, los Gólems de Hierro invocados por Seung-Gu, fortalecidos por las mejoras de Chae Hyung-Seok, desataron un bombardeo despiadado que redujo a ruinas la mitad del palacio real en un abrir y cerrar de ojos.

Gracias al aura debilitadora de Siegfried y a las mejoras de Chae Hyung-Seok, la capacidad de combate de los Gólems de Hierro había aumentado en más de un trescientos por ciento.

—Perseus, traidor.

—¡T-Tú! ¡¿Cómo lograste salir?!

Perseus retrocedió horrorizado al reconocer al joven de cabello dorado que se encontraba frente a él.

—Yo, Albion, príncipe de Atlantis, te condeno a muerte por el delito de traición y por asesinar a mi padre, el difunto rey.

Albion, que antes tenía la forma de un cachalote, ya había recuperado su verdadera apariencia y ahora estaba de pie frente a él, apuntándolo directamente con un tridente resplandeciente.

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