Maestro del Debuff - Capítulo 1181

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Las mazmorras que habían comenzado a aparecer por todo el continente marcaban el siguiente contenido final del juego después de la expedición al Planeta Coral.

Por supuesto, el Planeta Coral seguía siendo una zona de caza altamente deseada y codiciada.

Aunque la guerra ya había terminado, las criaturas nativas del planeta continuaban otorgando valiosos puntos de experiencia y botín raro.

Sin embargo, los Aventureros ansiaban zonas de caza que ofrecieran aún más experiencia y mejores recompensas, sobre todo ahora que el Imperio Marchioni por fin había empezado a distribuirles el Elixir de la Trascendencia.

El Elixir de la Trascendencia era un objeto revolucionario que permitía a un Aventurero superar la barrera para alcanzar el Nivel 300.

Naturalmente, el Elixir de la Trascendencia no elevaba automáticamente a los Aventureros hasta el Nivel 300. Simplemente les permitía seguir ganando experiencia y subir hasta el Nivel 300 sin necesidad de romper la barrera.

El hambre por lugares de leveo más eficientes solo se intensificó, ya que aquellos que estaban atascados en el Nivel 299 pero tenían un Elixir de la Trascendencia en sus manos estaban desesperados por entrar por fin en el reino de los Maestros.

Así, los Aventureros inundaron las nuevas mazmorras del continente, conocidas como Mazmorras Antiguas.

Siegfried se mostró más que complacido al escuchar el informe.

‘¡Es hora de que sufran, malditos bastardos!’

Esperaba que el Imperio Marchioni quedara sumido en el caos absoluto con las Mazmorras Antiguas infestando su territorio.

De esa forma, el Imperio Marchioni no tendría margen para amenazar ni invadir al Imperio Proatine.

—Estas son, en efecto, buenas noticias, sire. Gracias a esto, hemos ganado el tiempo que tanto necesitábamos —dijo Michele, entregando el informe con una sonrisa.

—Sí. Pero tampoco es algo por lo que debamos alegrarnos por completo. Los monstruos antiguos que escaparon del Purgatorio son extremadamente peligrosos. Ni siquiera los ángeles pudieron matarlos en el pasado y se vieron obligados a limitase a sellarlos —dijo Siegfried con seriedad.

Luego frunció el ceño y añadió:

—Una vez que esos monstruos antiguos empiecen a arrasar por todas partes, será solo cuestión de tiempo antes de que el mundo entero caiga en el caos.

—Eso es cierto. Pero, aun así, este es sin duda el mejor escenario posible para nosotros, ¿no? Si el Imperio Marchioni empieza a desmoronarse, eso nos beneficia —respondió Michele encogiéndose de hombros.

—Es verdad. Supongo que, por ahora, solo nos queda observar —asintió Siegfried—. Al menos, durante un tiempo no tendrán margen para molestarnos.

—Sí, sire.

—Por cierto, ¿cómo va el proyecto de la prisión?

—Está casi terminado. Podríamos empezar a encerrar Aventureros incluso desde ahora.

—Excelente.

Siegfried se mostró visiblemente satisfecho al escuchar que la prisión capaz de retener Aventureros estaba casi terminada.

Por fin podría comenzar a reunir a los fanáticos de Lee Geon y expulsarlos del juego de forma efectiva.

Todas las piezas finalmente estaban cayendo en su lugar.

Por fin conocía las habilidades de Lee Geon y cómo contrarrestarlas. Encima de eso, la prisión estaba lista para encarcelar también a esos fanáticos.

Ya era hora de contraatacar, y pensaba hacerlo con dureza.

—Empezaremos con Beowulf y sus lacayos. Esos tipos son un dolor de cabeza demasiado grande, así que tenemos que eliminarlos de inmediato.

—Como ordene, sire.

—Veamos dónde se esconden esos bastardos…

¡Wooong!

La insignia del gremio en el dedo de Siegfried comenzó a vibrar.

[¡Solicito refuerzos! ¡Nos han rodeado!]

Era un mensaje de Seung-Gu.

—Me voy ahora mismo.

Siegfried canalizó de inmediato su Fuerza Primordial en la insignia del gremio para localizar a Seung-Gu, y luego corrió hacia la Estatua del Héroe más cercana: Siegfried van Proa.

Como Seung-Gu había sido rodeado por los lacayos de Lee Geon, no podía permitirse perder tiempo.

Seung-Gu se encontraba en una pequeña aldea situada a unos cinco kilómetros de la Estatua del Héroe más cercana.

¡Wooong!

Siegfried se teleportó a la Estatua del Héroe usando Descenso, y luego corrió a toda velocidad hacia la aldea.

Para cuando llegó, la batalla ya estaba en pleno apogeo.

¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!

¡Kaboom!

Montado sobre el Rey Gólem Reventon, Seung-Gu lideraba a un grupo de Gólems de Hierro contra los fanáticos de Lee Geon.

La situación se veía crítica.

Eran demasiados para que Seung-Gu pudiera manejarlos solo. La mayoría de sus Gólems de Hierro ya habían sido destruidos, e incluso la armadura de Reventon estaba a punto de quedar completamente destrozada.

—¡Arghh! ¡Maldición!

—Este es el final… Déjame atrás y huye…

—¡¿Qué demonios estás diciendo?! ¡No pienso dejarte!

—¿También quieres morir?

—¡Si vamos a caer, caeré contigo, bastardo!

Con el tiempo, Seung-Gu y Reventon se habían vuelto mucho más cercanos, y ahora eran como auténticos compañeros de armas.

Por desgracia, hasta allí podían llegar.

—¡Aplástenlos!

—¡Perdedores!

—¡Muéranse de una vez!

—¡Destruyan ese pedazo de chatarra! ¡Kekeke!

Los fanáticos de Lee Geon rodearon a Reventon y lo bombardearon con hechizo tras hechizo. Luego, algunos de ellos treparon por su cuerpo e intentaron sacar a Seung-Gu a la fuerza de la cabina.

Sin embargo, eso fue todo hasta que llegó Siegfried.

¡Fwoooosh!

Llamarada Kármica estalló, envolviendo toda el área en llamas carmesí.

—¡Aaargh!

—¡¿Q-Qué clase de daño es este?!

—¡M-Monstruo! ¡Aquí hay un monstruo!

El incendio engulló a los fanáticos de Lee Geon, infligiéndoles un enorme daño continuo.

—¡Hyung-nim! —gritó Seung-Gu al reconocer las llamas.

—Buen trabajo resistiendo, Seung-Gu —dijo Siegfried con un asentimiento.

Entonces, sacó su +16 Agarre del Conquistador, la transformó en una lanza y se lanzó contra los fanáticos de Lee Geon.

Con cada barrido de la lanza de Siegfried, ellos caían como hojas de otoño, saliendo despedidos y estrellándose impotentes contra el suelo.

Sin embargo, Siegfried no los mató.

En lugar de eso, abrió su Inventario y sacó decenas de cuerdas; eran cuerdas especiales diseñadas para restringir Aventureros.

¡Shwiiiiik!

Activó Espada Voladora para controlar las cuerdas, y estas salieron disparadas como víboras atacando a su presa. Se deslizaron por el campo de batalla y ataron con fuerza a los Aventureros caídos.

—¡Ghhk!

—¡Suéltenme! ¡He dicho que me suelten!

—¡¿Q-Qué es esto?!

—¡No puedo liberarme! ¡Ayuda!

Se retorcían como bestias rabiosas intentando zafarse de las cuerdas, pero era inútil.

Aquellas cuerdas habían sido hechas específicamente para capturar Aventureros, así que eran irrompibles por medios normales.

—Buen trabajo, Seung-Gu —dijo Siegfried, levantando el pulgar.

—No, hyung-nim. Gracias por venir. De verdad me salvaste el pellejo —respondió Seung-Gu con una expresión aliviada.

—No es nada —respondió Siegfried con una carcajada. Luego sonrió con frialdad y dijo—: Ahora es hora de expulsar a estos bastardos del juego.

—¿Eh? ¿Eso significa que la prisión ya está lista?

—Sí. Así que vamos a llevárnoslos.

—¡Entendido, hyung-nim!

Siegfried amarró a los cultistas unos con otros como si fueran salchichas y los arrastró.

—Vamos, escoria.

Los fanáticos de Lee Geon fueron trasladados de inmediato al Imperio Proatine y encerrados dentro de la recién terminada Prisión Aoji.

En ese lugar, Siegfried era juez, jurado y verdugo.

—Por la presente, sentencio a TunaCanLover y a otros veintitrés a diez años de prisión, con ejecución repetida cada vez que tenga tiempo libre.

Luego golpeó el mazo y dictó sentencia.

¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!

La condena era bastante simple. Su punto de reaparición quedaba fijado dentro de la prisión, por lo que no tenían forma de escapar incluso si morían.

Siegfried los mataría dentro de la prisión, recogería los objetos que soltaran, esperaría a que reaparecieran y volvería a matarlos cada vez que tuviera tiempo.

Como habían sido sentenciados a diez años dentro de la Prisión Aoji, terminarían perdiendo absolutamente todos los objetos de su inventario, incluso la basura que tuvieran guardada.

—¡P-Por favor!

—¡Nos equivocamos! ¡Por favor, perdónanos!

—¡Siegfried… por favor…!

—¡Me arrepiento! ¡Condeno a ese bastardo de Lee Geon!

Los prisioneros suplicaban a los pies de Siegfried.

Eran los mismos que antes se deleitaban con los asesinatos, violaciones e incendios cometidos bajo el estandarte de Lee Geon.

Enfrentados a una expulsión de diez años, lloraban como niños y rogaban misericordia.

—La fiesta se acabó. Es hora de que dejen el juego y salgan a tocar pasto —dijo Siegfried con una sonrisa.

No tenía intención alguna de liberarlos.

¿Por qué?

Porque sabía que, si los soltaba, simplemente volverían arrastrándose junto a Lee Geon para provocar más caos.

Por eso, se aseguró de que permanecieran encerrados para siempre.

Y así, el contraataque de Siegfried finalmente comenzó.

El Imperio Proatine formó un Escuadrón de Ejecución compuesto por unidades NPC de élite y lo envió a todos los rincones del continente para capturar a los fanáticos de Lee Geon.

No solo eso, incluso los miembros del gremio Head Crusher y los paladines de la Iglesia de los Héroes fueron desplegados cada vez que los fanáticos de Lee Geon causaban problemas. Los capturaban en el acto y los arrastraban de vuelta a la Prisión Aoji.

Hasta ahora, no había nada que pudieran hacer contra los fanáticos de Lee Geon.

Podían matarlos, pero no contenerlos.

Cada vez que morían, simplemente reaparecían y continuaban su masacre en otro lugar. Eran como un problema sin solución, ya que nada podía resolverlo realmente de raíz.

Pero ahora las cosas eran diferentes.

Con la finalización de la Prisión Aoji, Siegfried por fin podía encarcelar a los fanáticos de Lee Geon en el momento en que fueran capturados, imponiéndoles una expulsión permanente.

Era el momento que habían estado esperando, y los resultados hablaban por sí solos.

Incluso antes de su apertura oficial, la Prisión Aoji ya había alcanzado su capacidad máxima.

Las celdas apenas tenían el tamaño de un pequeño monoambiente[1]. En cada una metían a diez reclusos, apretados como sardinas en una lata.

—Hermoso —murmuró Siegfried con una sonrisa mientras contemplaba la prisión recién construida.

La visión de cada celda llena de pared a pared con fanáticos de Lee Geon era, sin duda, hermosa.

A ese ritmo, sus números se reducirían rápido, y con ello también disminuiría su influencia.

Era solo cuestión de tiempo antes de que fueran erradicados del continente.

‘Ahora tengo que enfocarme en mí mismo. Necesito subir de nivel y aumentar el nivel del Arte de la Lanza Invencible y de Nueve Pasos hacia la Invencibilidad. Lo segundo es importante, porque un solo golpe puede decidir el resultado de una batalla. Tengo que reducir la cuenta de impactos a ocho.’

Siegfried sabía que tenía que mejorar su Arte de la Lanza Invencible si quería derrotar al genio gamer Lee Geon.

Terminó ganando la pelea anterior porque tomó a Lee Geon por sorpresa con Nueve Pasos hacia la Invencibilidad, pero no había garantía de que volviera a funcionar la próxima vez que se enfrentaran.

La habilidad era, sin duda, poderosa, pero necesitaba demasiados golpes para activarse.

‘Como mínimo, tengo que mejorarla hasta Cinco Pasos hacia la Invencibilidad. Si logro bajarla a cinco golpes, podré usarla de manera eficiente.’

Siegfried nunca había dejado de analizar su pelea. Estudió cada intercambio y se exigió aún más en preparación para la revancha.

¿Por qué?

Porque sabía que Lee Geon tampoco estaría descansando.

Siegfried sabía que Lee Geon era el tipo de gamer astuto, calculador e inteligente.

Tan solo su canal de streaming contenía montones de videos en los que desglosaba mecánicas del juego, ofrecía consejos y compartía estrategias.

Eso solo podía significar que Lee Geon casi con seguridad estaba analizando a fondo todo lo que había ocurrido en su batalla y preparándose también para la revancha.

En otras palabras, Siegfried solo tenía una oportunidad para prepararse para el desquite; no habría una segunda.

—¡Hyung-nim!

Justo cuando Siegfried salía de la Prisión Aoji y se dirigía de regreso al palacio imperial, Seung-Gu apareció corriendo hacia él.

—¿Escuchaste… Huff! Huff! ¿Escuchaste la noticia?!

—¿Eh? ¿Qué noticia?

—¡En las Mazmorras Antiguas! ¡H-Hubo un…!

—¿Hm?

—¡Cayó un objeto de rango Universal!

—¡¿Qué?!

Los ojos de Siegfried se abrieron de par en par.

El rango Universal era el más alto posible dentro del juego, y cualquier objeto con ese rango estaba destinado a poseer efectos poderosos comparables a un milagro.

La Pata de Conejo de la Regresión en su posesión era un buen ejemplo de ese tipo de objetos, y la obra maestra inconclusa del Herrero Legendario Herbert era otro ejemplo.

Ambos eran objetos de rango Universal, así que Siegfried sabía perfectamente cuán poderosos eran.

Si un objeto tan poderoso realmente había caído en una Mazmorra Antigua…

—No puede ser —Siegfried negó con la cabeza, incapaz de creerlo.

—¡Es verdad! ¡Incluso hay una captura en los foros del tipo que lo consiguió! —exclamó Seung-Gu.

—¿D-De verdad?

—¡Están diciendo que las Mazmorras Antiguas ahora sueltan botín de rango Universal! ¡Y no son solo materiales! ¡Es un objeto completo listo para usarse!

—Mierda santa…

—¡El primer equipo de incursión publicó su botín! ¡Consiguieron veintitrés objetos Legendarios en una sola incursión!

—E-Eso es una locura…

—Las Mazmorras Antiguas son básicamente una mina de oro ahora, ¿no?

El hecho de que objetos de grado Legendario o superior estuvieran cayendo en las recién aparecidas Mazmorras Antiguas significaba que esas mazmorras eran una mina de oro inexplorada… no, un océano azul.

Sin duda estarían protegidas por monstruos horriblemente poderosos, pero eso no importaba en absoluto.

Los gamers estaban hechos para hacer lo que fuera con tal de poner sus manos sobre botín de primer nivel.

—También aparecieron varias Mazmorras Antiguas dentro de nuestro imperio, hyung-nim —dijo Seung-Gu.

—¿En serio?

—Sí, acabo de recibir el informe.

—¿Dónde? Vamos ahora mismo.

Siegfried y Seung-Gu partieron de inmediato hacia la Mazmorra Antigua más cercana.

Necesitaba subir de nivel para su revancha contra Lee Geon, así que limpiar una Mazmorra Antigua era justo lo que necesitaba en ese momento.

Al completar una Mazmorra Antigua, no solo estabilizaría el imperio, sino que también obtendría una enorme cantidad de Experiencia y quizá incluso algún golpe de suerte.

Era el caso perfecto de matar tres pájaros de un tiro.

[1] En Corea, los monoambientes suelen ser muy pequeños. Algunos tienen menos de 10 metros cuadrados, aunque también existen versiones grandes y lujosas. Además, hay habitaciones llamadas goshiwon, destinadas a estudiantes o personas que buscan trabajo. Los goshiwon suelen medir alrededor de 7 metros cuadrados y a menudo se les llama “gallineros” o “habitaciones ataúd”.

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