Maestro del Debuff - Capítulo 1146
‘¿Pero cuántos niveles da?’
Siegfried no perdió tiempo y fue directo hacia el Aventurero que estaba vendiendo los pantalones que aumentaban el nivel de habilidad de Karma Flare.
Decidió preguntar sin rodeos. No tenía sentido gastar una fortuna si solo aumentaba uno o dos niveles.
Que el objeto mejorara el nivel de Karma Flare ya era bastante bueno… pero lo que realmente importaba era cuántos niveles otorgaba.
—Hola. ¿Cuántos niveles da? —preguntó Siegfried.
El Aventurero respondió:
—¿Cuál? Ah, ¿los pantalones de Karma Flare?
—Sí, esos.
—Míralo tú mismo.
El Aventurero abrió la ventana de intercambio y colocó los pantalones de coral dentro.
[Coral Cardinal’s Pants]
[Un par de pantalones usados por un líder religioso de la Raza Coral.]
[Se ven algo desgastados, pero siguen siendo perfectamente utilizables.]
[Tipo: Armadura]
[Clasificación: Único]
[Durabilidad: 389/500]
[Requisito de nivel: 299+]
[Efecto: +20 Karma Flare]
‘¡S-Santa madreee!’
Siegfried estuvo a punto de caerse de sentón ahí mismo. Los Coral Cardinal’s Pants aumentaban el nivel de su habilidad principal en la increíble cantidad de veinte niveles.
‘¡T-Tengo que comprarlos! ¡Aunque me estafen, tengo que comprarlos!’
El dios de las compras impulsivas poseyó a Siegfried.
Incluso un +10 en una habilidad principal ya era absurdamente raro. Un +20 era simplemente ridículo.
Tener veinte niveles extra en tu habilidad principal era como subir veinte niveles completos.
Solo un idiota dejaría pasar algo así. Siegfried estaba dispuesto incluso a endeudarse con tal de conseguir ese objeto. Un ítem que otorgara veinte niveles de habilidad era tan raro que casi podía considerarse legendario.
—¿Cuánto por esto? —preguntó.
El Aventurero se encogió de hombros.
—Hazme una oferta.
—Hmm…
Siegfried pensó un momento y ofreció un precio aproximadamente un diez por ciento por encima del valor de mercado de los objetos Coral de alto nivel. Para él, era una oferta justa considerando los veinte niveles.
El Aventurero soltó una carcajada.
—¡Pfff! Perdón, amigo.
Rechazó la oferta sin siquiera fingir que iba a negociar.
—¿Es muy bajo?
—Sí. Muy bajo.
—Entonces te doy más.
—Haz una oferta.
—Bien. Veinte por ciento arriba del mercado.
—Nope.
—¿Treinta por ciento?
—Lo siento.
El tipo no se movía ni un centímetro.
Y tenía sentido. Un objeto que daba veinte niveles no era algo que pudiera simplemente etiquetarse con un precio normal.
Era de esos ítems donde alguien decía una cifra… y o se cerraba el trato o no.
—Mira, dame tú una cifra para igualarla. ¿Cómo quieres que ofrezca si no sé cuánto quieres? —dijo Siegfried, algo irritado.
—Pues no lo compres. Problema resuelto.
Fue entonces cuando…
‘¿Y si mejor lo mato?’ pensó Siegfried, sintiendo cómo la intención asesina brotaba desde el fondo de su ser.
El trato podría cerrarse si el tipo solo diera un número. Pero no. Tenía que hacerse el imbécil.
—Está bien. Si el oro es muy ambiguo, hablemos en efectivo.
—Adelante.
—…
—Suéltalo. Tú eres el que lo necesita, ¿no?
—Quinientos millones de won.
—Nope.
—Setecientos millones.
—Newp.
—Mil millones de won.
—Gracias por la oferta, pero no. No vendo.
El Aventurero se dio la vuelta sin la menor duda.
‘¿Y si mejor lo mato? Sería más simple…’
Si lo mataba ahí mismo, quizás los pantalones caerían como botín.
‘No. Cálmate…’
Siegfried se obligó a mantener el autocontrol.
Era un bastardo codicioso, sí, pero tenía una regla: jamás dañar a un inocente solo por querer sus objetos.
‘Está bien. Pensaré que es una donación a los pobres. Dinero me sobra.’
Respiró hondo y volvió a acercarse.
—Oye, te doy dos mil quinientos millones. Eso ya es muchísimo más de lo que vale—
—Suerte con eso, compa. No vendo.
—Tres mil millones. Es mi última oferta.
—¡Pfff! ¿Solo tres mil millones por esto? ¡Jajaja! Suerte encontrando otro vendedor.
—Oye, tres mil millones ya es una oferta bastante buena. No seas exagerado.
—No lo compres si soy exagerado. ¿Por qué lloras?
—¿Cómo quieres que decida si no me das una cifra? No quiero gastar más de tres mil millones.
—Entonces no lo compres.
—…
—Quizá lo considere si ofreces veinte mil millones de won. Y desde ahí hablamos.
Se volvió a ir.
Siegfried casi se le lanza encima para estrangularlo.
‘Está bien. Pago y ya. No estoy pobre.’
Lo detuvo.
—Te doy veinte mil millones. Ya. Véndelo y terminemos.
El Aventurero sonrió con malicia.
—Hazlo veinticinco mil millones.
‘Lo voy a matar.’
Siegfried lo agarró del cuello de la ropa. En ese momento sentía que golpearlo era mejor que seguir con ese abuso.
¡Ding!
[Alerta: ¡Kleptomania se ha activado!]
Por pura casualidad, Kleptomania se activó cuando lo sujetó del cuello.
El Aventurero apartó la mano.
—¡Quítame las manos de encima! ¿Quieres pelear?
Gracias a la Máscara de Metamorfosis, el Aventurero solo veía un nombre falso y estadísticas inventadas.
Pensaba que Siegfried era un cualquiera.
—No, no —rió Siegfried—. Solo te ibas muy rápido.
—No parecía eso…
—Sí lo es.
—¿Ah, sí?
—Treinta mil millones. Ni más ni menos. Es mi máximo.
—Hecho.
Aceptó de inmediato.
‘¡Qué idiota! ¡Sí está pagando! ¡Qué menso!’
En realidad, el Aventurero esperaba unos tres mil millones. Si se veía presionado, incluso lo soltaba por mil millones. Solo estaba probando hasta dónde llegaba Siegfried.
—¿Cómo pagarás los treinta mil millones?
—En oro.
El Aventurero palideció.
—¿¿Oro?? ¿Todo en oro?
—Sí.
—Está bien… hagámoslo.
Abrió la ventana de intercambio.
Pero Siegfried no puso el oro.
[Alerta: ¡Has robado Coral Cardinal’s Pants!]
Ya los había robado cuando lo agarró del cuello.
‘Jejeje…’
Luego colocó treinta mil millones en oro en la ventana.
—Espera… ¿qué? ¿Dónde está?
El Aventurero empezó a revisar su inventario frenéticamente.
No encontraba los pantalones.
Porque Siegfried ya los había robado.
—¡¿Dónde está?! ¡Mi objeto!
Parecía a punto de llorar.
—¿Qué pasa? ¿No lo vas a poner? —preguntó Siegfried con total inocencia.
—¡Espera! ¡Lo tenía aquí!
Revisó todo. Nada.
—¿No lo tienes?
—¡Espera, por favor!
—Olvídalo. Ya no me interesa.
Siegfried se dio la vuelta.
—¡Espera! ¡Lo encontraré!
—Nope.
—¡No puedes hablar en serio! ¡Ten paciencia!
—Que tengas buen día.
Y desapareció con Teletransporte.
—M-Mi dinero… mis treinta mil millones…
El Aventurero quedó ahí, murmurando como loco.
—¡Ja! Bien merecido por querer pasarse de listo conmigo —bufó Siegfried.
Si hubiera aceptado los veinte mil millones, estaría celebrando como si hubiera ganado la lotería.
Ahora se quedó sin nada.
Y Siegfried obtuvo +20 niveles de Karma Flare completamente gratis.
Silbando alegremente, regresó al centro de mando.
Mientras tanto, el Imperio Proatine finalmente vivía en paz.
A pesar de incontables guerras, sus fronteras jamás habían sido vulneradas.
Si alguien preguntaba cuál era la nación más segura del continente, la respuesta era obvia: el Imperio Proatine.
Incluso el poderoso Imperio Marchioni había sufrido golpes. Pero Proatine era casi una utopía.
Aunque… incluso esa utopía tenía una pequeña perturbación.
Thud, thud, thud…
Un hombre caminaba por el palacio imperial como si fuera suyo.
Su apariencia era miserable. Cabello largo y desaliñado como melena de caballo salvaje. Vestía un traje azul que parecía uniforme de prisión. Grilletes negros pesados en sus extremidades.
Parecía un convicto recién escapado.
Y aun así… nadie podía detenerlo.
Todos los guardias que intentaron hacerlo quedaron inconscientes en el suelo.
—Alto.
Oscar apareció con un escuadrón y bloqueó su paso.
—Este es el palacio imperial del glorioso Imperio Proatine. ¿Cómo te atreves a profanar estos salones?
—Este palacio insignificante no es mi destino. No te interpongas, caballero —respondió el hombre con calma.
—Dije, alto.
—Y yo dije que solo voy de paso.
—¿Pasar por el palacio imperial? ¿A dónde te diriges exactamente?
Oscar podía sentir la presión que emanaba de él. Al menos nivel Maestro… o más.
—Yo… —murmuró el hombre. Luego, en voz baja— …Voy a ver a mi maestro.