Maestro del Debuff - Capítulo 1140

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Gracias a los buffs de Chae Hyung-Seok, Siegfried logró llevar a Betelgeuse y a Daode Tianzun hasta el centro de mando del Ejército Imperial Marchioni.

[Alerta: ¡Has completado la misión – ¡Los viejos guerreros nunca mueren!]

[Alerta: ¡Recoge tu recompensa con el Emperador Stuttgart!]

Siegfried estaba a punto de ponerle las manos encima a una Piedra de Trascendencia de grado SS, un objeto que otorgaba nada menos que veinte niveles de golpe. Claro, el detalle era que tenía que regresar con el Emperador Stuttgart para reclamarla.

‘Las misiones y mazmorras de alto nivel siempre son una mina de oro,’ pensó Siegfried con una sonrisa. Cualquier gamer estaría de acuerdo en que subir niveles a lo bestia de un jalón era de lo más satisfactorio que podía haber.

Pero esa sensación de felicidad no duró mucho.

‘¿Y qué hago con lo del lavado de cerebro? Parece que el daño ya está hecho…’

Siegfried no pudo evitar preocuparse profundamente por Daode Tianzun y Betelgeuse. Apenas había logrado rescatarlos antes de que el lavado de cerebro se completara, así que sabía que no sería nada fácil que recuperaran la cordura.

Aun así, al menos el proceso no se había terminado por completo.

—Oye… esta vez sí te dieron en la torre, ¿eh? —soltó de pronto Chae Hyung-Seok, con un comentario totalmente fuera de lugar.

—¿Eh? ¿Que me dieron en la torre? ¿Quién? ¿Cómo? —preguntó Siegfried, parpadeando confundido.

—Lee Geon te retó públicamente, ¿no?

—Ah, eso. Es molesto, pero ni modo. Lo arreglaremos a golpes o algo así. No me estoy clavando.

—No creo que estés en posición de estar tan tranquilo…

—¿Por qué?

—Te pegaron primero. Y bien duro.

—¿Eh? ¿A mí? ¿Quién me pegó?

—Esta vez sí te dieron un golpe de aquellos, hermano.

—¿De qué diablos estás hablando?

—Mira… la cosa estuvo así…

Chae Hyung-Seok empezó a contarle lo que había pasado mientras él estaba ausente. Le relató cómo Lee Geon y sus fanáticos habían llevado a cabo ataques terroristas contra los camaradas de Siegfried.

—¡E-¡Ese maldito hijo de—! —rugió Siegfried, furioso.

Podía reírse si lo atacaban a él. Pero terrorismo indiscriminado contra la gente que lo rodeaba era algo que jamás podría tolerar.

Sin embargo, lo que realmente lo hizo estallar fue lo que Lee Geon le había hecho a Daytona. Más que rabia, lo que sintió fue odio genuino.

Era natural. Cualquiera que jugara BNW terminaba formando lazos muy fuertes con los NPC. Eran tan realistas que era imposible no encariñarse con ellos.

Por eso no era raro que algunos jugadores sintieran un dolor real cuando perdían a un NPC querido. De hecho, había clínicas psiquiátricas que ofrecían servicios especiales para gamers que pasaban por ese tipo de duelo.

‘Ese bastardo sí que cruzó la línea esta vez,’ gruñó Siegfried para sus adentros.

Jamás tomaría a la ligera lo que Lee Geon le hizo a Daytona. La herida psicológica que le había causado era, a los ojos de Siegfried, igual que un asesinato.

Por desgracia, todo había ocurrido dentro de un videojuego, así que no había manera de castigarlo legalmente.

Aun así, existía una regla no escrita entre gamers: no meterse con los NPC de otros.

Pero Lee Geon rompió esa regla sin dudarlo ni un segundo. Era el tipo de persona a la que le importaban un comino las reglas si con eso obtenía la satisfacción que buscaba.

—¿Cómo está Daytona?

—Desde que pasó eso no ha vuelto a iniciar sesión.

—Chale…

—Y tampoco contesta el teléfono.

—Ha…

Siegfried soltó un largo suspiro. Ni siquiera podía imaginar cuánto dolor debía estar sintiendo Daytona.

—La verdad, yo no soy de encariñarme tanto con NPC. Pero aun así, prefiero no meterme con ellos si puedo evitarlo.

—¡Ja! No me hagas reír. Tú también intentaste matar a mi esposa y a mi hijo, ¿ya se te olvidó? —bufó Siegfried.

—Buen punto —respondió Chae Hyung-Seok, encogiéndose de hombros—. Pero tú y yo teníamos bronca pesada. Yo quería venganza, así que hice lo que fuera necesario.

—¡Bah!

—Pero tú y Lee Geon ni siquiera tienen un pleito tan profundo, ¿o sí? Y Daytona ni siquiera tenía que ver en eso.

—Bueno… sí, en eso tienes razón.

—Por eso. Hasta yo creo que se pasó esta vez.

Incluso Chae Hyung-Seok, que había hecho sus propias cochinadas en el pasado, no pudo evitar negar con la cabeza ante lo que Lee Geon había hecho.

—Lee Geon sí que hace honor a su nombre. El nivel de su depravación está en otra liga —añadió.

—¿Me estás diciendo que estás impresionado? —gruñó Siegfried.

—Digo, tienes que estar medio psicópata para hacer algo así. No me sorprendería que un día lo apuñalen por ahí. Está bien enfermo el tipo.

—Va a pagar por esto. Voy a hacer que pague.

Los ojos de Siegfried ardían de hostilidad.

Después de lo que le hizo a Daytona, no había forma de que lo dejara ir. Hasta que no se lo cobrara cien veces… no, mil veces, su ira no se apagaría.

Lo primero era asegurarse de que Daode Tianzun y Betelgeuse estuvieran estables. Luego, esperó con ellos la nave de transporte que los llevaría al Continente Nurburg.

Planeaba confiarles ambos a Lord Dragón Gerog. Estaba convencido de que, como Señor de los Dragones, él era el único capaz de romper el lavado de cerebro que los Corales les habían impuesto.

Mientras esperaba la nave, Siegfried fue al mercado a vender los objetos que había conseguido esta vez.

Las armaduras de los Coral Ranger, sin importar su grado, otorgaban +10 niveles a una habilidad.

Por desgracia, ninguna coincidía con su set de habilidades. Aun así, eran tan buenas que terminó sacándoles bastante oro.

Sin embargo, lo que más quería no era oro, sino objetos que potenciaran sus propias habilidades. En especial, soñaba con una armadura Coral que aumentara el nivel de Karma Flare. Pero por más que buscó, no encontró ninguna en venta.

—Maldita sea…

Cuando la hora de llegada de la nave se acercó, salió del mercado con un pesar enorme.

Llevaba días revisando cada rincón del mercado en cuanto tenía oportunidad, pero todavía no encontraba nada que realmente necesitara.

—Vámonos, Hamchi.

—¡Kyuuu! ¡Vámonooos!

En ese momento, un Aventurero gritó:

—¡Peto con Nivel 5 de Toque de la Muerte en venta!

Siegfried se quedó congelado.

‘¿¡Qué!? ¿Nivel 5 de Toque de la Muerte?’

En cuanto lo escuchó, salió disparado hacia la voz.

Aunque no fuera Karma Flare, no podía dejar pasar esa oportunidad. Toque de la Muerte era una de sus habilidades ofensivas más poderosas, su remate definitivo.

Muy pocos quedaban de pie después de recibir ese ataque. Jamás había dudado de su poder desde que lo aprendió.

¿Y ahora había una armadura que aumentaba su nivel en cinco?

‘¡Tengo que conseguirla!’

Era momento de lucirse.

—Oye, compro ese peto —dijo, acercándose.

—¿Eh? ¿Quieres este?

—Sí.

—Llévatelo al precio estándar. Precio de mercado.

El Aventurero no parecía saber lo mucho que Toque de la Muerte significaba para Siegfried, así que lo ofreció al precio normal.

En realidad, las armaduras que daban cinco niveles a una habilidad eran relativamente comunes, así que no eran tan caras.

—Gracias.

Siegfried compró el Peto Real Coral que aumentaba Toque de la Muerte en cinco niveles sin dudarlo. Considerando cuánto dependía de esa habilidad, prácticamente era un regalo.

Después del trato, Siegfried dijo:

—Oye, espera un segundo.

—¿Sí? ¿Hay algún problema?

—Creo que esto me salió demasiado barato.

Abrió su Inventario, sacó varios lingotes de oro y se los entregó al Aventurero.

—¡¿Eh?! ¿Por qué me das todo esto?

—Pagué el precio de mercado, sí. Pero para mí esto vale mucho más. Tómalo como una muestra de agradecimiento.

—¡Muchas gracias!

Una enorme sonrisa apareció en el rostro del Aventurero. Siegfried pudo haberse ido sin más y nada habría cambiado. Ese gesto realmente lo alegró.

—¡De verdad, gracias! ¡Esto es más de lo que gano en un mes!

—No, el agradecido soy yo. Que te vaya bien en el juego.

—¡Igual tú! ¡Que la pases chido!

Tras esa transacción breve pero satisfactoria—

—¡Kyuuu! ¡La nave ya va a salir, dueño punk! ¡Apúrate!

—Sí, ya voy.

Siegfried corrió y abordó la nave de transporte que lo llevaría de regreso al Continente Nurburg.

Al llegar al continente, llevó de inmediato a Daode Tianzun y Betelgeuse ante Lord Dragón Gerog.

—Ugh… Bienvenido.

Gerog yacía extendido dentro de su guarida, gimiendo de dolor.

Se veía fatal. Con solo mirar las incontables heridas que cubrían su enorme cuerpo, era evidente lo feroz que había sido la batalla contra los Corales.

—Gracias por su arduo trabajo, anciano —dijo Siegfried, inclinándose con profundo respeto.

Últimamente, Gerog y los demás dragones habían cumplido su deber con absoluta dedicación. Se habían unido voluntariamente a la expedición para repeler a la Raza Coral y proteger el mundo, convirtiéndose en verdaderos guardianes, que era su razón de ser.

Habían estado flojeando desde el inicio de la creación, así que ya les tocaba ponerse a chambear.

—¿Arduo trabajo? Solo cumplí la misión que el Creador me encomendó cuando fui creado. ¡Hohoho!

—Aun así, ha hecho muchísimo. Gracias a usted, la expedición avanza sin problemas.

—Bueno, me alegra escucharlo. Hoho. Así vale la pena el esfuerzo.

—Es todo gracias a usted, anciano.

—Entonces… ¿por fin habrá paz duradera?

—Bueno… —Siegfried dudó un instante—. Los monstruos antiguos sellados en el Purgatorio escaparon.

—¿¡Qué!?

—…Así que la situación se complicó otra vez.

—¡Esto es terrible! ¡No estamos en condiciones de enfrentar a esas bestias!

En ese momento, los dragones estaban completamente agotados por la guerra contra los Corales. Necesitarían al menos varios siglos de descanso para recuperarse por completo.

En otras palabras, casi habían agotado todo su poder de combate.

—Yo me encargaré de alguna forma. Por favor, no se preocupe, anciano.

—¡Hoho! Es un alivio contar contigo.

—Por cierto… ¿podría curarlos, anciano? —preguntó, señalando a Daode Tianzun y Betelgeuse.

—¿Curarlos? No parecen heridos.

—Fueron víctimas de lavado de cerebro por parte de los Corales.

—Lavado de cerebro… Hmm… Manipular la mente es un arte delicado, y deshacerlo es igual de complicado.

—Pero sé que si hay alguien capaz de hacerlo, es usted, anciano.

Siegfried sabía perfectamente cómo tratar con dragones, así que apeló directo al orgullo de Gerog.

—¡Hoho! ¿Acaso lo dudas? Puede que tome algo de tiempo, pero nada es imposible para mí, el Señor de los Dragones.

—¡Como era de esperarse! ¡Usted es el ser más grande que ha existido en este mundo!

—¡Kekeke! ¡Esto es pan comido! Déjalos aquí en mi guarida. Los iré sanando poco a poco.

—Gracias, anciano. Debo partir. No puedo desperdiciar ni un segundo mientras esos monstruos antiguos andan sueltos por el mundo.

—Muy bien. Ve.

Así, Siegfried dejó a Daode Tianzun y Betelgeuse bajo el cuidado de Gerog y salió de la guarida.

—¡Kyuuu! ¿Y ahora qué sigue, dueño punk? —preguntó Hamchi.

—Voy a descansar un rato.

Hacía bastante que no cerraba sesión, y no era solo por el cansancio.

‘Me pregunto cómo estará…’

Siegfried no podía evitar pensar en Daytona, que seguramente estaba destrozado. Aunque su esposa fuera solo un NPC, no podía dejar de preocuparse por cuánto debía estar sufriendo tras perder al amor de su vida.

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