Maestro del Debuff - Capítulo 1120
Las alas en la espalda de Siegfried se dividieron en dos colores distintos: negro y blanco.
Al mismo tiempo, le crecieron dos cuernos en la frente y apareció un halo radiante detrás de él. Eran los símbolos que representaban al Rey Demonio y al Arcángel Supremo.
Y entonces sus ojos se volvieron heterocrómicos; el ojo izquierdo se volvió dorado mientras que el derecho adoptó un tono carmesí. Esta era la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco, un cuerpo que nadie excepto el Creador había logrado.
No era perfecto como el del Creador, pero aun así, era más que suficiente.
‘Soy fuerte. Lo siento. Ahorita de verdad estoy fuerte’, pensó Siegfried, observando su nueva apariencia transformada.
Sus estadísticas se habían disparado mil por ciento, y el poder explosivo que le recorría el cuerpo dejaba clarísimo cuánto se había fortalecido.
[Alerta: ¡Quedan 59 minutos 59 segundos antes de que termine la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco!]
[Alerta: ¡59 minutos 58 segundos!]
[Alerta: ¡59 minutos 57 segundos!]
Solo podría mantener esa forma durante una hora, pero era más que suficiente para saldar cuentas con Lucifer.
Lentamente, Siegfried giró la cabeza y miró en dirección a donde estaba Lucifer.
—¡Arghh!
—¡Ghhhk!
Belial y Metatron, quienes estaban bloqueando a Lucifer, salieron volando a la distancia.
Por suerte, ninguno de los dos murió.
En pánico, Lucifer los apartó de un manotazo en lugar de rematarlos, y se lanzó directo hacia Siegfried.
Siegfried lo miró y no se inmutó.
¿Por qué? Porque tenía la certeza de que podía ganarle.
Habiendo logrado la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco, no tendría sentido que terminara perdiendo contra Lucifer.
‘Lo siento… lo voy a aplastar bien fácil’, pensó Siegfried.
Todas las dudas desaparecieron de su mente, y solo una idea ocupó su lugar: venganza.
Había recibido golpe tras golpe sin poder dañarlo ni tantito por la aplastante diferencia de estadísticas. Había sido humillante, frustrante y, de plano, irritante.
Pero ahora, tras lograr la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco, era momento de cobrárselo con intereses.
Lucifer era, sin duda, un oponente aterrador… pero no se acercaba ni de lejos al único ser que le había grabado a fuego el verdadero significado de la desesperación y el miedo a Siegfried: Deus.
Ahora que sus estadísticas se habían disparado gracias a la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco, Siegfried estaba más que seguro de que podía ganar.
Así que Siegfried empezó a caminar hacia Lucifer.
—¡T-Tú…! ¡¿Qué eres?! ¡¿Cómo puede una alimaña como tú lograr eso?!—gritó Lucifer, completamente sacudido.
Había nacido en el amanecer de la creación, un descendiente directo del propio Creador.
A sus ojos, Siegfried acababa de lograr algo incomprensible. Ni siquiera él, hijo del Creador, se atrevía a soñar con alcanzar la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco.
Y aun así, esta alimaña, que ni siquiera pertenecía a ese mundo, lo había conseguido.
Era un golpe brutal a su realidad.
—¿Una alimaña como yo?—murmuró Siegfried. Luego sonrió con descaro y dijo—: Para mí, la alimaña eres tú.
—…¿Qué?
—Ya llegó la hora—dijo Siegfried, teletransportándose para aparecer justo enfrente de la cara de Lucifer.
—¿La hora de qué? ¿De qué estás hablando?
—La hora de que te pongan una madriza.
¡Boom!
La +16 Garra del Conquistador cayó con todo sobre la coronilla de Lucifer.
—¡Ghhhhrk!
La sangre salió a borbotones de la boca de Lucifer: un golpe limpio.
Después de pegarle incontables veces sin siquiera dejarle un rasguño, por fin Siegfried le había sacado sangre a Lucifer.
‘Ya le puedo hacer daño’, sonrió Siegfried al ver cómo la barra de HP de Lucifer se reducía tras ese golpe.
Si ese era el caso, entonces…
‘Ya es hora de dejarlo hecho papilla.’
Sus ojos brillaron con malicia. Luego, sin pausar ni un segundo, empezó a estrellar sin piedad su +16 Garra del Conquistador sobre Lucifer.
—¡Ghhhrk! ¡Aaagh!
Aunque Lucifer era el Arcángel Supremo, lo único que podía hacer era gemir de dolor e intentar defenderse. Intentó contraatacar, pero fue inútil.
Tras lograr la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco, las estadísticas de Siegfried ahora aplastaban por completo a las de Lucifer, así que para el Arcángel Supremo era casi imposible responder.
¡Fwoosh!
Siegfried lanzó Llamarada Kármica, envolviendo el cuerpo entero de Lucifer en llamas.
¿El resultado?
La Defensa y la Resistencia Mágica de Lucifer quedaron hechas trizas.
‘Y de una vez, le metemos ralentizaciones.’
Siegfried lanzó Abrazo de la Desesperación, cargando a Lucifer con un debuff debilitante que lo dejaba lentísimo.
—¡K-Krrhhhk!
Lucifer se retorció de dolor al quedar atiborrado de debuffs. La autoridad y la presencia temible que había impuesto momentos antes se desvanecieron sin dejar rastro ahora que Siegfried lo estaba aplastando.
—¡E-Esto no tiene sentido! ¡¿Cómo puede una alimaña como tú—?!
—Cállate.
Lucifer intentó abrir distancia, pero Siegfried levantó la mano hacia él.
¡Rumble!
Una fuerza de succión brutal arrastró a Lucifer de vuelta, como si una aspiradora gigante e invisible lo jalara directo a la mano de Siegfried.
Lo más impactante: no era ninguna habilidad especial. Siegfried lo jaló usando nada más que pura telequinesis.
¡Kwachik!
Siegfried le cerró la mano alrededor del cuello a Lucifer.
—Si das el primer golpe, también tienes que aguantar los golpes, ¿no? Así de simple—dijo Siegfried con una sonrisa.
¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!
¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!
Una cadena de explosiones brutales estalló desde la mano de Siegfried.
Desató Temblor Aplastante con la mano desnuda.
—¡Aaaaargh!—Lucifer soltó un grito desgarrador.
Ojo por ojo; diente por diente.
Era hora de que Siegfried se vengara por todo el sufrimiento que Lucifer le había hecho pasar… y claro, esto apenas iba empezando. Aventó a un lado su +16 Garra del Conquistador y apretó ambos puños. Ya no tenía intención de usar arma: quería moler a golpes a Lucifer con los puros nudillos.
—Hora de darte en tu madre—dijo Siegfried antes de soltarle un diluvio de puñetazos como ametralladora.
—¡Ghhk! ¡Aargh! ¡Gaaaah! ¡Ack!
El poderoso Arcángel Supremo del Reino Celestial, Lucifer, ahora estaba siendo golpeado, aplastado y humillado por los puños de Siegfried.
Por impactante que fuera la escena, en teoría no tendría que haber sido tan fácil para Siegfried darle semejante paliza a Lucifer incluso después de lograr la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco. Entonces, ¿por qué lo estaba dominando de manera tan unilateral?
Los debuffs lo cambiaron todo.
Llamarada Kármica destrozó las defensas de Lucifer, mientras que Abrazo de la Desesperación lo ralentizó hasta casi inmovilizarlo.
Gracias a los debuffs, Siegfried podía reventarlo sin piedad.
—¡Arghh!
—¿Te encanta echarle la culpa a todos menos a ti mismo, verdad?
¡Whoosh!
Lucifer salió disparado hacia el cielo y huyó sin voltearse.
En ese instante lo entendió: no podía vencer a Siegfried, no después de que el humano lograra la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco.
—Haa…—Siegfried soltó un suspiro largo mientras veía a Lucifer correr como cobarde.
El Arcángel Supremo que antes metía terror a todos ahora se veía patético, escapando sin siquiera mirar atrás.
‘Sí… esto es el verdadero poder’, pensó Siegfried.
Por fin entendía lo que significaba empuñar poder real. Con esto podía destruir incluso al Arcángel Supremo, un ser supremo que alguna vez amenazó la existencia misma de los tres reinos.
Aún no le rompía la mente a Lucifer, pero le había destrozado por completo ese complejo de dios arrogante.
—¿Huyendo?
Una sonrisa malvada se dibujó en los labios de Siegfried.
Lucifer ahora no era más que un chiste.
Para Siegfried, que había logrado la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco, Lucifer estaba bailando en la palma de su mano.
‘No hay forma de que eso sea permanente. Esa Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco debe ser temporal. Solo tengo que esperar… y cuando se le acabe la transformación temporal… será mi turno. Le devolveré diez veces esta humillación que se atrevió a hacerme…’
El juicio de Lucifer era afilado. Al notar que la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco de Siegfried era solo temporal, decidió hacer una retirada táctica.
Por desgracia, eso solo era una ilusión.
—…!
En ese momento, a Lucifer casi se le detuvo el corazón al ver a Siegfried justo en su camino.
—¿A dónde crees que vas? ¿Traes prisa?—se burló Siegfried, con una sonrisa altanera.
—…!
—¿Qué tal si platicamos un ratito—?
¡Boom!
Lucifer no lo dejó terminar y salió disparado en la dirección contraria.
Era rápido. Cruzó el horizonte a velocidad brutal, recorriendo decenas de kilómetros en un segundo.
Pero Siegfried era más rápido.
—Se ve que traes prisa. ¿A dónde vas?—dijo, apareciendo otra vez frente a Lucifer para cerrarle el paso.
Siegfried no necesitaba “perseguirlo”. Por más lejos o más rápido que volara Lucifer, a él le daba igual. Solo tenía que pensar a dónde quería ir y se teletransportaba ahí al instante sin mover un solo músculo.
—Si sigues corriendo así, me vas a obligar, ¿eh?
En cuanto dijo esas palabras, un enorme agujero negro retorció el espacio en el cielo y los tragó a ambos. Siegfried arrastró a Lucifer al dominio del Señor de la Desesperación: el Mundo de la Desesperación.
—¡E-Este lugar es…!
Lucifer quedó atónito al verse atrapado en otra dimensión. Era el Arcángel Supremo; jamás se le habría ocurrido que alguien pudiera arrastrarlo a la fuerza a otra dimensión.
—Bienvenido al infierno, hijo de la chingada—escupió Siegfried, con la voz cargada de odio.
Y como si fuera una señal, la dimensión a su alrededor se convirtió en el mismísimo infierno.
¡Fwoosh! ¡Krwaaaang!
Infierno Infernal prendió fuego a los alrededores, y de inmediato fue seguido por Infierno Congelado. Dos de las habilidades de área más poderosas de Siegfried se activaron al mismo tiempo dentro del Mundo de la Desesperación.
Ese dominio ahora estaba lleno tanto de llamas capaces de incinerar el alma como de un frío helado capaz de congelar el tiempo mismo.
—¡G-Ghhhrk! ¡Aaaargh!—Lucifer gritó de dolor, torturado por las temperaturas extremas.
En esa dimensión, su grandeza y majestuosidad como Arcángel Supremo eran casi inexistentes. Ese era un mundo gobernado por el Señor de la Desesperación.
Siegfried ahora era tanto el Señor de la Desesperación como el primer ser en lograr la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco desde el amanecer de la creación, así que era el amo absoluto de ese lugar.
Ahí, la voluntad de Siegfried era la ley.
¡Wooong!
Una oleada poderosa de energía brotó de Siegfried, se reunió y se envolvió alrededor de su puño.
Era la habilidad ofensiva definitiva del Señor de la Desesperación: Toque de la Muerte.
—¡N-No! ¡Detente!—gritó Lucifer, con los ojos abiertos por el terror.
Sabía exactamente qué venía.
Al final, él mismo había hecho lo mismo justo antes de que Siegfried lograra la Fusión del Recipiente Divino-Demoníaco: atravesó el pecho de Siegfried con el puño y casi le aplastó el corazón con la mano.
Toc… toc… toc…
Siegfried caminó hacia él, y la pura presión que emitía hizo que las piernas de Lucifer temblaran como ramitas.
—¡N-No…! ¡E-Eso…!
Por primera vez en toda su existencia, Lucifer sintió cómo un miedo paralizante lo agarraba. Nacido como el segundo al mando del Reino Celestial, jamás supo lo que era tener miedo.
Siempre había reinado sobre otros, salvo por el Arcángel Supremo de aquel entonces, su hermano Michael, y el propio Creador. Pero ahora, esa emoción desconocida le tomó por completo la mente y, por primera vez en su vida, entró en pánico.
—¡M-Maldición!—maldijo Lucifer y se dio la vuelta para huir. Sus instintos le gritaban que corriera, pero no había forma de escapar del Mundo de la Desesperación.
—…!
Mientras más intentaba correr, más pequeño se hacía el espacio a su alrededor. No había salida del dominio de Siegfried, y solo había una forma de salir de ese lugar.
Morir y salir como cadáver… esa era su única opción.
Siegfried apareció justo enfrente de Lucifer y dijo:
—Mira, yo soy de los que tienen que devolver todo lo que les hacen, si no, no duermo en paz.
—¿Qu—?
—Ya es hora de pagarte.
¡Puuuuk!
El puño de Siegfried, cargado con Toque de la Muerte, atravesó el pecho de Lucifer.
Le devolvió exactamente el mismo golpe que él había recibido.
—¡G-GUUURRK!
Lucifer chilló, y sus ojos se le saltaron como si fueran a reventarle.
Shwooong… ¡KAAABOOOM!
La energía cargada del Toque de la Muerte explotó desde el interior del pecho de Lucifer. Era un poder tan absoluto que podía desintegrar el alma en partículas, sin dejar ni el más mínimo rastro.
Esta era la autoridad de la destrucción que Deus le había legado a Siegfried, y la usó para aplastar el corazón y el alma del Arcángel Supremo, Lucifer.