Maestro del Debuff - Capítulo 1114

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Así comenzó el juego de Hardstone.

—¡Kyuuu! ¡Hamchi repartirá las cartas! —exclamó Hamchi, barajando el mazo con sus ágiles patitas y repartiendo las cartas a los que estaban sentados en la mesa.

Mientras tanto, Siegfried se recargó con naturalidad contra Beowulf, rozándole los hombros y dándole empujoncitos, como si estuviera borracho.

Lo hacía a propósito para activar la habilidad única del Abismo Oscuro: Collar de la Codicia y la Traición, Cleptomanía.

—¿S-Siegfried? ¿Pasa algo? —preguntó Beowulf, visiblemente incómodo por el repentino contacto físico.

—Oh, nada, solo intento acercarme un poco más a ti —respondió Siegfried, mostrando una sonrisa traviesa.

—¿P-Perdón…? —murmuró Beowulf, parpadeando.

—Ya sabes, crear camaradería es bastante importante. Además, los Grandes Maestros deberíamos llevarnos bien, ¿no? —dijo Siegfried, agitando la mano. Luego se inclinó aún más y susurró—. Relájate. No estoy intentando ver tus cartas ni nada.

—…

Beowulf se quedó sin palabras y no dijo nada más. Ya era bien sabido que Siegfried tenía un lado juguetón y descarado, así que decidió pensar que simplemente estaba siendo él mismo.

—Tomemos algo. Salud —dijo Siegfried, levantando su copa.

Después de eso, chocó su copa con la de Beowulf, le dio un codazo, le dio palmaditas juguetonas en el brazo y no dejó de iniciar todo tipo de contacto físico.

Sin embargo, Cleptomanía simplemente se negaba a activarse.

No tenía nada de extraño, ya que Cleptomanía tenía una probabilidad de activación absurdamente baja. Siegfried podía estar rozándose con alguien todo el día y aun así no lograr que se activara ni una sola vez.

Después de todo, era una habilidad rota que le permitía robar un objeto del inventario de otra persona. Desde un punto de vista de equilibrio, era importante que una habilidad tan desbalanceada no pudiera abusarse a voluntad.

‘¡Vamos! ¡Actívate de una vez!’ rugió Siegfried por dentro, frustrado.

De todas las veces en que el collar podía activarse, esta era la más crítica. Siegfried necesitaba que respondiera más que nunca.

Como si percibiera su desesperación, el Abismo Oscuro: Collar de la Codicia y la Traición se mantuvo obstinado y se negó a activar Cleptomanía.

‘Maldición…’

Dos horas después de iniciado el juego de Hardstone…

—Tomemos un descanso.

—Sí, descansemos un poco.

El juego se detuvo.

—Oye, Han Tae-Sung. ¿Tienes un minuto? —Cheon Woo-Jin se acercó y susurró.

—Claro —respondió Siegfried.

Cheon Woo-Jin lo llevó a cierta distancia y luego se giró hacia él.

—Entonces, ¿qué opinas?

Siegfried frunció el ceño.

—¿Opino sobre qué?

—¿Qué opinas de Beowulf?

—Bueno, he estado intentando robarle ese colgante de pata de conejo, pero no he tenido suerte. La habilidad se niega a activarse. Y se nos acaba el tiempo.

Se esperaba que Verdandi disipara por completo la barrera en unas pocas horas, así que lo ideal era robarlo ahora.

—¿Y tú qué? Tú también lo has estado vigilando, ¿no? —devolvió la pregunta Siegfried.

—Es bastante sospechoso, la verdad. Lo he estado observando y parece que ronda constantemente a Verdandi —respondió Cheon Woo-Jin.

—¿Qué? —murmuró Siegfried, entrecerrando los ojos.

El hecho de que Beowulf merodeara alrededor de Verdandi podía interpretarse como que estaba esperando el momento perfecto para atacar.

—Pero siendo realistas, Beowulf es absurdamente fuerte. Obvio. Es un Gran Maestro, después de todo. Además, no es fuerte de forma condicional como yo.

—Ajá, ¿y?

—Bueno, no sería tan extraño que alguien como él se quedara cerca de tu hija. Digo, tendría sentido si fuera un aliado, ¿no?

—Mmm…

—No pude sacar una conclusión clara, así que simplemente me mantuve cerca de él. Quién sabe qué desastre podría causar si lo dejan solo.

Cheon Woo-Jin no estaba equivocado. Si Beowulf se volvía hostil, Cheon Woo-Jin probablemente sería el único capaz de detenerlo.

—Pero aún existe la posibilidad de que sea inocente, así que me siento un poco mal por asumir lo peor.

—No —Siegfried negó con la cabeza—. Estoy medio convencido de que es un enemigo.

—¿Por qué lo dices?

—Tú eres un caso especial. Pero él… es distinto.

—¿A qué te refieres?

—No ha hecho nada digno de mención. Ninguna gran hazaña, ningún logro, ¿y aun así es un Gran Maestro? Para alguien con un rango tan alto, simplemente no hay información sobre su pasado.

—Sí, buen punto.

—Siempre son los sospechosos los que tienen algo que ocultar. En fin, mantenlo vigilado. Mientras tanto, yo intentaré robarle ese colgante.

—Entendido.

Con eso, Siegfried regresó a la mesa y se sentó junto a Beowulf.

‘Solo una vez. Por favor, que se active aunque sea una vez.’

Se aferró a esa única y desesperada esperanza de que Cleptomanía se activara.

Una hora después…

—La barrera se disipará en dos horas —susurró Brunhilde.

—Entendido —respondió Siegfried, asintiendo.

No deseaba nada más que correr y animar a Verdandi, pero se obligó a quedarse en su lugar. En este momento, robarle a Beowulf esa pata de conejo era una prioridad mucho mayor.

—Bien, ya basta de jugar. Preparémonos para la batalla —dijo Siegfried, volteando la mesa y dando por terminado el juego.

—¡Kyaaaak! ¡Maldito! —rugió Hamchi, con el pelaje erizado.

—¡Eso estuvo mal, hyung-nim!

—¡En serio!

—¡Eso no se vale, oppa!

Los demás también estallaron en protestas.

Y con justa razón, ya que Siegfried estaba perdiendo estrepitosamente en esa última ronda y estaba a punto de quedarse sin todas sus fichas. Justo cuando el juego estaba a punto de sellar su derrota, usó la excusa de los preparativos de batalla para terminarlo volteando la mesa.

Dadas las circunstancias, no era raro que sus compañeros estuvieran furiosos.

—¡Vamos! ¿De verdad unas apuestas insignificantes son más importantes que salvar el mundo? —dijo Siegfried, ignorándolos con una sonrisa descarada.

Luego, aprovechando la distracción, guió discretamente a Beowulf lejos del grupo.

—Vamos.

—Ah, claro…

Con eso, los preparativos para la batalla comenzaron oficialmente.

Los aventureros detuvieron sus actividades y siguieron las órdenes, formándose en sus respectivas unidades.

—Nosotros tomaremos la vanguardia, justo en el centro. Peleemos hombro con hombro —dijo Siegfried.

—Será un honor —aceptó Beowulf sin dudarlo. Tácticamente, tenía todo el sentido que los dos guerreros más fuertes tomaran la vanguardia en el frente.

—Tengo ganas de luchar a tu lado —dijo Siegfried, extendiendo la mano.

—Lo mismo digo —respondió Beowulf, estrechándola.

Fue entonces.

¡Ding!

Una notificación apareció frente a los ojos de Siegfried.

[Alerta: ¡Cleptomanía se ha activado!]

Siegfried estuvo a punto de gritar de alegría.

‘¡Por fin!’

Aun así, mantuvo la compostura y fingió que no había pasado nada.

Mientras conservaba su cara de póker, echó un vistazo al inventario de Beowulf.

Estaba lleno de objetos tan caros que hicieron que Siegfried apretara la mandíbula de pura envidia. Cada objeto parecía suficiente para comprar un gremio pequeño, y uno de ellos, Amanecer de la Mañana, era un arma legendaria que se había vendido recientemente por más de treinta mil millones de wones.

‘¡Gulp!’

Los ojos de Siegfried temblaron. Casi sucumbió a la tentación de robar el arma legendaria en ese mismo instante.

‘¡No! ¡Concéntrate!’

Ejerciendo un autocontrol sobrehumano, se recompuso.

No podía dejar que algún objeto —bueno, un objeto carísimo— lo distrajera de su verdadero objetivo.

Siegfried reprimió su codicia y siguió revisando el inventario.

—…!

Se quedó congelado al ver cierto objeto en la última fila del inventario de Beowulf.

[Pata de Conejo de Regresión]

El objeto que había estado buscando y la razón por la que había llegado a sospechar que Beowulf era el líder de los Illuminati estaba ahí, en el inventario.

¡Badump! ¡Badump! ¡Badump!

El corazón de Siegfried latía con fuerza. La adrenalina recorrió todo su cuerpo en el momento en que sus sospechas se confirmaron.

‘Maldito… así que de verdad eras tú’, gruñó por dentro.

Mostrando una sonrisa, intercambió rápidamente la Pata de Conejo de Regresión del inventario de Beowulf por la copia falsa que Quandt había fabricado.

¡Ding!

[Alerta: ¡Has obtenido la Pata de Conejo de Regresión!]

Así de simple, un objeto de rango Universal cayó en manos de Siegfried.

—Iré a dar una vuelta rápida para revisar a las tropas y ver si necesitan algo —dijo con naturalidad, manteniendo la calma.

—Siempre trabajas tan duro, Siegfried —respondió Beowulf con una sonrisa.

—Solo hago lo que se tiene que hacer —dijo Siegfried, mostrando una sonrisa con un significado distinto antes de darse la vuelta y alejarse.

Beowulf no lo siguió, pues no tenía idea de que la Pata de Conejo de Regresión acababa de ser robada frente a sus narices. Cuando la zona estuvo despejada, Siegfried se metió en un lugar tranquilo, abrió su inventario y examinó el objeto que acababa de robar.

‘A ver…’

Era la primera vez que veía con sus propios ojos un objeto de rango Universal, así que su corazón latía con expectación. Con manos temblorosas, usó su Runa de Perspicacia sobre el objeto.

[Pata de Conejo de Regresión]

[Un colgante místico imbuido con el poder de la regresión.]

[Usar este colgante permite retroceder el tiempo a un punto designado.]

[Sin embargo, las consecuencias de su uso son completamente impredecibles.]

[Tipo: Accesorio]

[Rango: Universal]

[Durabilidad: 1/1]

[Advertencia 1: Este objeto desaparecerá después de usarse.]

[Advertencia 2: Usar con precaución.]

—No mames… no puedo creer que exista un objeto que te permita rebobinar el tiempo —murmuró Siegfried, incrédulo, al leer la descripción.

Si Beowulf tenía esto y lo activaba, las consecuencias eran obvias. Tendría tiempo de sobra para eliminar cualquier amenaza potencial y luego abrir de inmediato la Puerta Celestial para permitir que los ángeles descendieran al Reino Medio.

‘Este objeto debe ser destruido’, pensó Siegfried, sabiendo que no podía volver a caer en manos enemigas. No tenía intención de usarlo él mismo, pues no era alguien que se aferrara al pasado.

Claro, su pasado había sido duro e incluso doloroso, pero ahora era feliz. Creía que el futuro que le esperaba sería aún más brillante de lo que podía imaginar, así que la idea de retroceder en el tiempo no le atraía en absoluto.

‘Mmm… lo conservaré por ahora y luego lo destruiré.’

Por más poderoso que fuera un objeto de rango Universal, no era más que basura hasta que se usaba. Así, Siegfried decidió destruir la Pata de Conejo de Regresión y volvió a moverse.

‘Este era el último obstáculo. Ahora solo queda pelear’, pensó. Ahora que tenía en sus manos el último as bajo la manga de los Illuminati, solo restaba la batalla que se avecinaba.

Cuando Verdandi terminara de disipar la barrera, se enfrentarían de frente a la Santa Alianza y a los Illuminati para detener la apertura de la Puerta Celestial.

Si lo lograban, esta larga y amarga guerra que amenazaba la existencia del mundo finalmente llegaría a su fin.

‘Podemos hacerlo. Podemos ganar’, pensó Siegfried, completamente seguro.

Acababa de ascender al reino de Gran Maestro, así que su confianza rebosaba como un sol ardiente. Sentía la sangre hervirle mientras ansiaba poner a prueba sus nuevos poderes y demostrarse en el campo de batalla.

Para Siegfried, este enfrentamiento final era el escenario perfecto para su debut como Gran Maestro.

‘Hora de acabar con esto. Voy a terminarlo de una vez por todas.’

¡Bzzz! ¡Mmm!

En ese momento, una oleada de luz azul brotó de la barrera que rodeaba a Felix.

Era una señal clara de que la disipación de la barrera estaba casi completa, y eso solo podía significar una cosa…

‘Es hora.’

Al darse cuenta, Siegfried se apresuró hacia la barrera.

—Huff… huff…

Diez minutos después, Verdandi finalmente colapsó por el agotamiento—

Shhhh… Shhwaaa…

Y la barrera alrededor de Felix se volvió delgada.

Cuando se disolvió, el paisaje oculto de la ciudad comenzó a revelarse lentamente.

—Todas las fuerzas, prepárense para la batalla —ordenó Siegfried con voz baja que, de algún modo, resonó como un trueno, pero…

—¿Eh? —Siegfried parpadeó, confundido.

La escena frente a él no era en absoluto lo que había esperado.

Pensó que el campo de batalla sería una ciudad bañada en sangre, con personas retorciéndose de dolor mientras se desarrollaba el ritual para abrir la Puerta Celestial.

Sin embargo, la escena que apareció ante sus ojos en el momento en que la barrera se disipó fue completamente distinta.

Vio filas de ángeles completamente armados, esperando en silencio y en perfecta formación.

Por desgracia, eso solo podía significar una cosa—

‘¿Y-ya está abierta…?’, pensó Siegfried.

Instintivamente, levantó la mirada hacia el cielo sobre Felix.

¡Flash!

¡Krwaaaang!

Un rayo iluminó los cielos mientras el trueno retumbaba por encima.

Y ahí, dominando ominosamente el cielo sobre Felix, se encontraba una enorme puerta dorada.

La Puerta Celestial estaba completamente abierta y irradiaba una cantidad demencial de poder divino.

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