Maestro del Debuff - Capítulo 1113

  1. Home
  2. All novels
  3. Maestro del Debuff
  4. Capítulo 1113
Prev
Next
Novel Info
                 

Justo cuando Siegfried estaba por dirigirse a Felix…

—¡Su Majestad Imperial!

Quandt llegó corriendo, gritando desesperado hacia Siegfried, que volaba a toda velocidad en el cielo.

—¡Por favor, espere un momento! ¡Su Majestaaad Imperial!

—¡Kyuuuu! ¡Maldito punk dueño! ¿Neta vas a dejar a Hamchi atrás?!

Quandt no venía solo: Hamchi también venía corriendo tras él, jadeando mientras gritaba a todo pulmón.

Siegfried, que iba volando rumbo a Felix, cambió de dirección en el aire y se volvió hacia ellos dos.

—¡Kyaaaak! ¡¿De verdad ibas a abandonar a Hamchi?! —bufó Hamchi, con el pelaje erizado.

—¡M-Mi culpa! Todo estuvo tan caótico y urgente que me clavé demasiado en llegar lo más rápido posible.

—¡Kyaaak! ¡Traidor! ¡Ni una pizca de lealtad! ¡Ni honor!

—No vuelvo a dejarte atrás, lo juro. Perdón, carnal —dijo Siegfried, y le dio una palmada suave en la cabeza al hámster gigante.

—Entonces sí lograste romper el muro, ¿eh, punk dueño? ¡Kyuuu! ¡Lo siento! ¡Tu aura está muchísimo más fuerte ahora!

—Sí, lo logré. Te dije que no te preocuparas, ¿no? —respondió Siegfried con una sonrisa.

—¡Kyuuu! ¡Eso! ¡Hamchi sabía que podías! ¡Pero el corazón de Hamchi se habría hecho pedazos si de verdad te morías! En fin… ¡Felicidades, punk dueño!

—¡Jaja! Pinche escuincle —se rió Siegfried.

Quandt se acercó y dijo:

—Felicidades, sire.

Después de escuchar el intercambio, Quandt ya había deducido que Siegfried por fin era un Gran Maestro.

—No lo habría logrado sin ti, Quandt. Siempre me has dado el mejor equipo posible —respondió Siegfried, haciendo una ligera reverencia en señal de agradecimiento.

—¡Para nada, sire! ¡Yo soy quien debería estar agradecido de que Su Majestad Imperial siga usando los artefactos que yo he forjado!

Quandt lo decía en serio, pues el Taller Bávaro había superado tanto al Taller Autonika como al Taller Mercedes en los últimos días, consolidándose como el taller número uno del continente.

No solo eran los que más vendían, sino que también habían asegurado el primer lugar en el Índice de Satisfacción del Consumidor, ganándose el mayor valor de marca. Como resultado, los tiempos de los eventos con descuentos quedaron muy atrás, y aun así las ganancias seguían subiendo brutalmente.

De hecho, su fama había crecido tanto que incluso los artefactos de segunda mano conservaban su valor muchísimo mejor que los de otras marcas en el mercado.

Todo eso era gracias a Siegfried.

El hecho de que Siegfried usara de manera constante los artefactos del Taller Bávaro se había difundido como incendio.

Últimamente, entre los Aventureros estaba de moda seguir los pasos de Siegfried y usar artefactos del Taller Bávaro.

La gente creía que parte de su éxito se debía a la sinergia entre él, un guerrero habilidoso, y el herrero igualmente habilidoso que le suministraba artefactos de calidad.

Este era el efecto de marketing orgánico que la mayoría de los talleres buscaban, y la razón por la que estaban dispuestos a abastecer a guerreros poderosos con artefactos a mitad de precio o incluso gratis.

—Tenga, por favor tome esto —dijo Quandt, sacando un set de armadura de su inventario.

[Set Forma Demoníaca Trascendente]

[Una versión mejorada del Set Forma Demoníaca, creada para proteger la sala de maná y permitir que el usuario aproveche por completo sus poderes.]

Después de enterarse de que el Set Forma Demoníaca que le había forjado a Siegfried terminó destruido, Quandt se apresuró a fabricar uno nuevo.

—Como puede ver, es de un solo uso, sire —dijo Quandt.

El Set Forma Demoníaca Trascendente tenía una durabilidad de solo uno, lo que significaba que solo podía usarse una vez.

—No tuve tiempo de reforzar su durabilidad. Pero por ahora, al menos esto le servirá para una sola batalla.

—De verdad, muchas gracias —respondió Siegfried, genuinamente agradecido.

Al fin y al cabo, desde que su Set Forma Demoníaca fue destruido, había estado usando cualquier cosa que encontraba a la mano, un equipo que bien podría llamarse un Set de Artículos del Daiso[1].

Así que recibir una armadura de verdad no podía llegar en mejor momento.

—La usaré bien.

—No hay necesidad de agradecerme —Quandt negó con la cabeza. Luego añadió—: Cuando regrese, le forjaré una verdadera obra maestra. La mayor obra de mi vida.

—¿En serio?

—Un guerrero de su calibre merece el mejor artefacto que exista. Ya tengo el plano listo; lo único que falta es que Su Majestad Imperial regrese con vida.

—Va, entendido —respondió Siegfried con una sonrisa y tomó el set de armadura.

[Alerta: ¡Has obtenido el Set Forma Demoníaca Trascendente!]

Ahí mismo, Siegfried se equipó la armadura y dejó que Hamchi se trepara a su hombro.

—Ah, y una cosa más —dijo Quandt, recordando algo. Entonces sacó otro objeto y se lo entregó—. Esta es la réplica que solicitó. Hecha con la máxima calidad, así que ningún Aventurero debería notar la diferencia.

—¡Ah! —Siegfried soltó un jadeo al ver de qué se trataba.

El objeto que recibió no era otro que la réplica meticulosamente elaborada de la Pata de Conejo de Regresión.

[Alerta: ¡Has obtenido la Pata de Conejo de Regresión!]

Ni siquiera el sistema indicaba que el artefacto era una réplica, lo cual lo hacía perfecto para un cambalache discreto.

‘Ahora que yo también soy Gran Maestro, por fin puedo robarle la verdadera a Beowulf.’

Con eso, los preparativos quedaron completos.

Todo lo que Siegfried tenía que hacer era hacer contacto con Beowulf y cambiar de forma sutil el colgante que siempre llevaba consigo.

—Muchísimas gracias.

—No es nada, sire. Solo hice lo que debía.

—Bueno, entonces…

—Vaya.

Con eso, Siegfried se elevó alto en el cielo y se lanzó directo hacia Felix.

—Su Majestad Imperial… —murmuró Quandt para sí mientras veía a Siegfried desvanecerse en la distancia como un puntito en el cielo—. Por favor… salve nuestro mundo…

Ya no veía a Siegfried como un simple socio de negocios o un soberano. A sus ojos, Siegfried era ahora el salvador: aquel que libraría al mundo de la destrucción.

La guerra se cernía sobre Felix mientras disipaban la barrera, pero el ambiente no se sentía sombrío en absoluto gracias a los Aventureros.

—Ya voy a repartir.

—Ni se te ocurra hacer trampa. Puedo saber cuándo alguien hace trampa nomás por el sonido de las cartas.

—¿Dónde están los buenos ahora? El juego ya está demasiado fácil.

Con nada que hacer durante la espera, los Aventureros habían puesto mesas por todos lados y estaban jugando Hardstone.

—¡Vendo consumibles aquí!

—¡Botín en venta!

—¡Vendo Estatuas Enanas muy por debajo del precio de mercado! ¡Échenme sus mejores ofertas!

Algunos incluso montaron puestitos callejeros y se pusieron a vender sus cosas.

Como siempre, los Aventureros—que no soportaban el aburrimiento—encontraban maneras de matar el tiempo. Incluso ante una catástrofe global inminente, estaban jugando minijuegos o armando su mini-mercado.

—Increíble… —Siegfried, al llegar a Felix y ver a millones de Aventureros, negó con la cabeza, incrédulo. El mundo estaba al borde de la aniquilación y, aun así, ahí estaban, cotorreando como si nada.

Si esto no era comportamiento gamer en su máxima expresión, entonces nada lo era.

—¡¿Qué?!

De pronto, alguien lo vio.

—¡Es Siegfried!

—¡Siegfried está aquí!

—¡Ooooh!

La noticia de que Siegfried había aparecido se regó como pólvora, y los Aventureros comenzaron a correr hacia él en masa. Era lo más normal, pues Siegfried era prácticamente una superestrella entre quienes jugaban BNW.

‘¡Chingado!’ Siegfried hizo una mueca.

Viéndolo en retrospectiva, quizá no fue la mejor idea mostrarse tan abiertamente.

—¡¿Eh?!

—¡¿Nivel 450?!

—¡Ya es Gran Maestro!

—¡Siegfried se volvió Gran Maestro!

—¡Eso está loquísimo!

Algunos Aventureros lograron usar su Runa de Perspicacia sobre Siegfried para ver su nivel, y se quedaron en shock con lo que vieron.

Normalmente, la Runa de Perspicacia de Siegfried era mucho más poderosa que la de la mayoría de los Aventureros de bajo nivel, así que ni de chiste podían asomarse a sus estadísticas.

Pero se le había olvidado ajustar sus configuraciones después de la metamorfosis, así que su ventana de estado quedó expuesta.

—¡Oye, vámonos de aquí!

—¡Kyuuuu! ¡Va!

Siegfried agarró a Hamchi del pellejo y desapareció al instante usando teletransportación.

¡Pop!

No era una clase tipo mago, pero ahora Siegfried por fin podía usar una teletransportación básica que le permitía brincar distancias cortas.

Tras teletransportarse con Hamchi, Siegfried se fue directo hacia Verdandi. Pronto encontró a la Guardia Imperial del Imperio Proatine y a sus compañeros de confianza formando un muro alrededor de ella.

—¡Amor!

Brunhilde había estado al lado de Verdandi, y corrió hacia Siegfried en cuanto escuchó que había llegado.

—Ya volví —dijo Siegfried con una sonrisa.

—¿A-Acendiste a un reino superior? —preguntó Brunhilde.

De inmediato sintió que Siegfried se había vuelto Gran Maestro, y no era ninguna sorpresa.

Tras su metamorfosis, Siegfried había cambiado drásticamente. Para empezar, sus ojos se habían vuelto de un dorado profundo en vez de café. Su piel se aclaró, y su cabello se volvió más brillante y largo, fluyendo como sombras que parpadeaban en la oscuridad.

Más que nada, su aura había cambiado por completo. Antes de la metamorfosis, Siegfried emitía un aura tan intensa que cualquiera podía ver que era alguien peligroso.

Ahora, en cambio, emitía un aura tranquila y suave. Era tan distinta que, a menos que uno se fijara bien, la mayoría pensaría que solo era otra cara entre la multitud.

Un Gran Maestro podía controlar su aura al grado de eliminar cualquier energía innecesaria que su cuerpo liberara.

—Sí, mi vida. Pude romper el muro y ascender. Todo es gracias a ti —respondió Siegfried con una sonrisa.

—¡Felicidades, mi amor! —gritó Brunhilde, lanzándose a sus brazos.

—¡¿Wow?! ¡¿Ya eres Gran Maestro, hyung-nim?!

—¡Increíble!

—¡Felicidades, oppa!

Sus compañeros, que estaban cerca, le ofrecieron sus felicitaciones de corazón.

Entre ellos también estaba él.

—Felicidades, Siegfried.

Beowulf se acercó y le extendió la mano.

En el instante en que Siegfried vio la cara de Beowulf, sintió como si le hubieran echado un balde de agua helada encima.

‘¿Qué pedo? ¿Por qué chingados está este cabrón aquí?’ gruñó por dentro.

¿Por qué?

El hecho de que Beowulf—fuertemente sospechoso de ser el líder de los Illuminati—estuviera aquí, en este mismo lugar, era profundamente inquietante.

‘Este tipo está demasiado sospechoso…’ Siegfried entrecerró los ojos, con una enorme cautela ante la presencia de Beowulf.

Si Beowulf no fuera el líder de los Illuminati, entonces quizá había venido con intenciones puras de ayudar.

Sin embargo, a ojos de Siegfried, eso era poco probable.

‘No me digas que…’

Miró hacia Verdandi, que seguía concentrada en desentrañar la barrera. Casi parecía como si Beowulf estuviera esperando una oportunidad para sabotear o, peor aún, asesinarla.

Claro, Beowulf todavía no hacía ningún movimiento, así que Siegfried no podía adelantarse y acusar falsamente a un hombre inocente frente a todos.

—Gracias por venir. Parece que siempre estoy en deuda contigo —respondió Siegfried, ocultando cualquier rastro de sospecha mientras sonreía y le estrechaba la mano a Beowulf.

—Para nada —respondió Beowulf con su típica sonrisa bonachona. Luego dijo—: Por cierto, de verdad es increíble que por fin te hayas vuelto Gran Maestro. Felicidades otra vez.

—Está siendo demasiado amable —respondió Siegfried, agitando la mano con modestia. Luego, con total naturalidad, jaló a Beowulf a un lado y lo guió hacia una mesa cercana—: ¡Ándenle, banda! No se queden ahí parados sin hacer nada. Vamos a matar el tiempo con un poquito de Hardstone y a platicar mientras esperamos.

Mientras hablaba, Siegfried se pegó a Beowulf como chicle.

No lo hacía por convivir ni nada por el estilo. Era un movimiento deliberado para vigilarlo y mantenerlo bajo supervisión constante, para que no tuviera ni la mínima oportunidad de hacerle algo a Verdandi.

Pero eso no era todo…

Siegfried todavía tenía otra carta bajo la manga.

Planeaba usar la habilidad única del Abismo Oscuro: Collar de Avaricia y Traición para robarle el colgante con forma de pata de conejo que Beowulf llevaba—el colgante que Siegfried sospechaba fuertemente que era la verdadera Pata de Conejo de Regresión.

  1. Daiso es como una tienda de a dólar. ☜
Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

You must Register or Login to post a comment.

Apoya a este sitio web

Si te gusta lo que hacemos, por favor, apóyame en Ko-fi

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first