Maestro del Debuff - Capítulo 1092
A Siegfried le valía madres si los otros señores demonio estaban impactados o no. En lugar de eso, apretó con más fuerza su +16 Garra del Exterminador contra la nuca de Azmodan. La sangre comenzó a escurrir desde la nuca de Azmodan.
—¿Se la corto o no?
—¡¡Aaaaarghhh!!
—Oye, te hice una pregunta. ¿Quieres que te corte el maldito cuello o no? —amenazó Siegfried, viéndose absolutamente despiadado.
Incluso para un demonio, amenazar con rebanarle el cuello a alguien mientras aún estaba vivo era una crueldad que se pasaba de lanza.
‘¡Ese cabrón es un psicópata!’
‘¡E-Está loco!’
‘Con razón… así que este es el humano que se volvió señor demonio… Ahora todo tiene sentido.’
Los señores demonio se encogieron instintivamente ante la brutalidad de Siegfried.
—Te lo pregunto por última vez. ¿Quieres que te lo rebane o no? —dijo Siegfried, lanzando su ultimátum final.
—…
—¿No vas a contestar?
Azmodan no dijo nada pese a tener una hoja pegada a la nuca. Claro que quería vivir, pero su orgullo no le permitía arrastrarse frente a los demás señores demonio.
—¿No vas a responder, eh? Va. Entonces yo haré lo que se me dé la gana. Ahora, quédate quieto. No se va a ver bonito si te mueves —dijo Siegfried encogiéndose de hombros.
—¡E-Espera! —gritó Azmodan, entrando en pánico.
—¿Hm?
—Y-Yo…
—No te escucho. Habla más fuerte.
—Yo fui… grosero…
En vez de dejar que Siegfried le arrancara la cabeza, Azmodan eligió vivir, aunque le costara su orgullo.
—Esta es tu última advertencia. Si vuelves a mencionar el origen de alguien o lo llamas de baja cuna frente a mí, te voy a cortar la cabeza en ese mismo instante —susurró Siegfried con frialdad. Luego sonrió y añadió—. No tengo que recordarte lo que les pasó a Dantalion y Sidon, ¿verdad?
—…
—Contéstame.
—…Entiendo —respondió Azmodan con una voz débil y temblorosa.
—Eso. Así me gusta —dijo Siegfried con una sonrisa, y lo levantó para ponerlo de pie. Luego le sacudió los hombros, le acomodó el cuello de la ropa y le dio un par de golpecitos en la mejilla como si nada.
—Vamos a ser buenos compañeros, ¿va?
—S-Sí…
—Bien —dijo Siegfried, levantando la mano.
—¡H-Hiiiik!
—No tienes que asustarte tanto —dijo Siegfried con una mueca burlona, bajando la mano.
Con eso, Siegfried soltó una risita y regresó a su asiento después de “curarle” gratis los problemas de control de ira a Azmodan.
Mientras tanto, los otros señores demonio estaban en shock absoluto.
¿Por qué?
Porque las acciones de Siegfried les recordaron a alguien.
‘¿B-Baal…?’
‘No puede ser… ¿por qué es igualito al difunto Rey Demonio?’
Vieron la sombra del fallecido Rey Demonio, Baal, en Siegfried.
Baal alguna vez fue lo más bajo entre los de baja cuna, y aun así escaló hasta la cima del Reino Demoníaco. Al principio, los demás demonios se negaron a reconocerlo por su origen, pero él aplastó a todos los que se burlaban de él por haber nacido “insignificante”.
Irónicamente, Siegfried aplastó a Azmodan exactamente de la misma forma en que Baal solía aplastar a quienes se reían de él. Con este incidente, Siegfried dejó su mensaje claro para el resto.
Era un verdadero psicópata con el que nadie quería meterse. Demostró que era capaz de cometer cualquier atrocidad horrenda sin dudar, si se atrevían a cruzarlo.
Tras la dramática entrada de Siegfried y Metatron, la Asamblea del Reino Demoníaco por fin comenzó.
—Eso fue… bastante impresionante —dijo Belial, quien había permanecido en silencio hasta ahora, mirando a Siegfried con curiosidad—. Soy el Señor Demonio del Odio, Belial. Es un placer conocerte, Siegfried von Proa.
—El gusto es mío —respondió Siegfried con una leve inclinación.
Era el mínimo gesto de respeto hacia un señor demonio con mayor antigüedad que él.
—Dicen que eres una estrella en ascenso entre los señores demonio. Parece que tu reputación no estaba exagerada en lo absoluto, Siegfried von Proa.
—Me halaga.
—Llevémonos bien a partir de ahora.
—Igualmente, agradeceré su guía.
—Pero aun así… agradecería que evitaras actuar tan impulsivamente en este tipo de lugares, de ahora en adelante.
—¿Perdón?
—Hay lugar y momento para todo.
—Bueno… lo haría si la otra parte también entendiera eso —respondió Siegfried con una sonrisa ladeada.
—¿Qué dijiste…?
—Él empezó comportándose como un completo imbécil. ¿Se supone que debo quedarme sentado y aguantarme?
—¿Me estás contestando? —dijo Belial en voz baja. Incluso una feroz llama azul parpadeó en sus ojos.
‘Uff… este sí es de a de veras’, pensó Siegfried al sentir el aura que Belial estaba liberando. El Señor Demonio del Odio era claramente distinto de los señores demonio de segunda con los que se había enfrentado hasta ahora.
Pero Siegfried no era de los que se echaban para atrás.
—Ojo por ojo, diente por diente. Si alguien se mete conmigo, no me voy a quedar callado nomás aguantando. A ver… ¿usted lo toleraría, Lord Belial?
—Eso…
—Y seguro usted no es de los que sueltan rollos de viejo de que los juniors no deben contestarle a sus mayores, ¿o sí?
Las palabras de Siegfried le pegaron a Belial justo donde dolía, haciendo que la ira le hirviera por dentro.
Sin embargo, Belial no estalló.
¿Por qué?
Porque no podía refutar lo que Siegfried decía.
La lógica de Siegfried era sólida y, más importante todavía, Metatron estaba justo a su lado. Belial era el segundo demonio más fuerte del reino, pero enfrentarse a Siegfried y a Metatron al mismo tiempo seguía siendo demasiado arriesgado.
—Solo te estaba pidiendo que evitaras causar alborotos innecesarios. Pero no le des importancia… parece que te lo tomaste demasiado personal —dijo Belial, agitándose la mano.
—Ah, si solo era eso, entonces seré paciente… hasta cierto punto —respondió Siegfried con una sonrisita.
Belial lo encontraba insoportable, porque no cedía ni un centímetro. Aun así, el Señor Demonio del Odio se lo tragó.
Ponerse a pelear con palabras con un novato solo haría que él perdiera cara y, si la cosa escalaba, existía el riesgo de que se convirtiera en una bronca en toda regla.
Así que Belial decidió avanzar con la reunión mientras reprimía su rabia.
—La razón por la que estamos aquí hoy, como todos deben saber, es para tratar el fallecimiento de Su Majestad el Rey Demonio. Pero antes de continuar, ahora revelaré su voluntad.
Dicho eso, Belial colocó una esfera negra en el centro de la mesa.
¡Wooong!
La esfera zumbó y brilló. Instantes después, apareció una imagen espectral del Rey Demonio Baal.
Más que un testamento escrito, era un mensaje holográfico proyectado por la esfera.
—Parece que ya se reunieron.
La imagen de Baal habló con naturalidad a los señores demonio sentados en la sala.
—Si están viendo esto, supongo que eso significa que Lucifer me mató.
Al principio, parecía un mensaje pregrabado, pero pronto se dieron cuenta de que no era el caso.
—Tsk, tsk… ¿otra vez abriste el hocico y te dieron tu buena arrastrada?
Baal estaba mirando a Azmodan.
—¡S-Su Majestad!
—Te dije que enfriarás ese temperamento y dejaras de estar hablando de más, ¿no? Pero tu coraje solo se te baja cuando te topas con alguien más fuerte que tú.
—…
—Por la situación, parece que fue él quien te dio el “tratamiento”.
Esta vez Baal miró a Siegfried.
—Sí, mi señor —respondió Siegfried con una leve reverencia.
—¡Bwahaha! Me gusta este. ¡A pesar de ser humano, es más demonio que los demonios de verdad!
—A ver, espérate —reviró Siegfried—. ¿Cómo que soy más demonio que los demonios? Puede que haya renacido aquí, pero sigo siendo humano. Soy diferente de ustedes, demonios malvados. A ver… ¿me estás queriendo decir algo de mi personalidad o qué?
En ese momento…
‘Pues… la verdad sí tiene un punto, ¿no?’
‘¿Por qué se ofende por la verdad?’
Ninguno de los señores demonio pudo ponerse del lado de Siegfried.
Desde el punto de vista de un tercero, Siegfried claramente era un psicópata y un degenerado sin moral. Tenía la personalidad perfecta para un demonio.
De hecho, incluso los señores demonio a los que no les gustaba que fuera humano tenían que admitir que su forma de ser encajaba perfecto con la de un señor demonio.
—¿Te alteraste? ¿No sabes que la negación es una forma de fuerte afirmación?
—Jamás he oído eso en mi vida.
—¡Escuchen a este mocoso! ¿Ahora le contestas a tus mayores?
—¿Y qué? ¿Me vas a pegar?
—No puedo. Como ves, ahora nomás soy un holograma.
—Entonces ya vámonos a lo importante —dijo Siegfried encogiéndose de hombros.
—Este chamaco…
Baal le lanzó a Siegfried una mirada cálida y divertida, y luego dirigió su mirada al resto de los señores demonio.
—Están aquí hoy por la guerra de sucesión que se viene, ¿verdad?
—Sí, mi señor —respondió Belial rápido. Luego pensó—: ¡Fufufu! ¡Por fin! ¡Mi momento!
Estaba seguro de que se convertiría en el sucesor de Baal.
Después de todo, con Baal muerto, él era el demonio más poderoso.
—¡Bwahaha! Me lo imaginé. Conmigo fuera, era inevitable que se pelearan por el trono. Pero si hacen eso, el Reino Demoníaco volverá a caer en el caos. Eso nos debilitaría horrible, y como Rey Demonio, no puedo permitirlo.
—Entonces… ¿qué está tratando de decir? —preguntó Belial con cautela.
—Ya pensé en una forma de elegir a mi sucesor.
—¿Ooh?
—Sin guerras. Solo una competencia entre ustedes, uno contra uno.
—Una propuesta muy sabia, Su Majestad —respondió Belial con una sonrisa.
Por razones obvias, aceptó de inmediato el método propuesto.
‘De todos modos será mío, así que tiene sentido no perder tropas en esto’, pensó Belial, convencido de que el trono ya le pertenecía. No quería heredar un reino en ruinas. De hecho, nadie quería librar una guerra por el trono y destruir el Reino Demoníaco.
¿Qué clase de rey querría gobernar un montón de cenizas?
Una guerra de sucesión podía terminar en que todos perdieran, incluso el ganador.
¿Por qué?
Porque aun si se quedaban con el trono, se pasarían el resto de su vida reconstruyendo.
—¿Y bien? ¿Qué opinan?
—Bueno, yo estoy de acuerdo.
—Yo también.
—Pues… no nos queda de otra, ¿no?
Los diez señores demonio restantes expresaron su aprobación después de Belial.
—Excelente. Entonces haremos lo siguiente: todos ustedes entrarán al Laberinto del Mal.
—¡¿E-El Laberinto del Mal?! —exclamó Belial, brincando del susto.
El Laberinto del Mal era un enorme laberinto subterráneo ubicado en el Distrito Cero, y era un sitio infame que casi nadie en la historia había logrado conquistar.
—Así es. Puse una de mis reliquias sagradas y una parte de mi poder en lo más profundo, en el corazón del laberinto. El primero que llegue será coronado como el siguiente Rey Demonio.
—¡P-Pero! ¿Sabe cuántos en nuestra historia han llegado al centro de ese laberinto? —gritó Belial, incrédulo.
—¿Y qué?
—¿Q-Qué…?
—Tú sabes igual que yo que yo llegué al corazón de ese laberinto cuando era joven. No es tan difícil, ¿sabes? Nomás entra, sufre como perro y eventualmente lo logras.
—¡No puede hablar en serio! —estalló Belial, atónito.
La propuesta no solo era extrema: era completamente ridícula.
—¡Eso solo fue porque era usted! ¿Está bromeando o qué? ¡De todos los demonios, solo dos han logrado atravesar ese laberinto!
—¡Pff! ¿Y así quieres ser el próximo Rey Demonio? ¿Neta? ¿Cuando ni siquiera tienes el valor o los huevos para meterte al Laberinto del Mal?
—¡E-Ese no es el punto! ¡Necesita darnos algo más realista!
—¿Estás diciendo que es imposible?
—¿Qué?
—Pero tú mismo lo dijiste hace rato, ¿no? Yo lo hice antes, así que es posible.
—O sea, sí, pero esto es… demasiado—
Fue entonces.
—¿Y dónde está ese Laberinto del Mal? —preguntó Siegfried, poniéndose de pie.
—Nomás agarra al demonio más cercano y pregúntale. Todos saben dónde está.
—¿Neta? Va pues —respondió Siegfried encogiéndose de hombros. Luego se volteó con Metatron—. Oye, vámonos.
—¡M-Mi señor! —Metatron salió corriendo tras él, en pánico.
Y así, Siegfried y Metatron salieron del salón de reuniones.