Maestro del Debuff - Capítulo 1089

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—¿Podrías por favor detener esto? Si tan solo pudieras parar esta locura… —suplicó Michael.

Como siempre, sus ruegos cayeron en oídos sordos.

Los ángeles caídos habían perdido desde hacía mucho tiempo su naturaleza como ángeles. Ahora eran criaturas llenas de odio y furia, así que, a los ojos de ellos, Michael no era más que un traidor a su propia especie.

A estas alturas, las palabras de Michael jamás podrían persuadirlos.

—No me perdonen, hermanos míos… —murmuró Michael en voz baja.

Al final, se vio obligado a endurecer su determinación y atacar a sus propios hermanos.

—Híjole… —Siegfried negó con la cabeza al ver el rostro lleno de tristeza de Michael. Solo aquellos que habían pasado por la misma situación, obligados a matar a sus propios parientes con sus propias manos, podían entender lo que Michael sentía.

—¡Aaaaargh!

—¡G-Ghaaak!

—¡M-Maldito traidor…!

No pasó mucho tiempo antes de que Michael acabara con los ángeles caídos.

Ahora que había recuperado nueve alas, estos supuestos ángeles de élite no eran rival para él.

[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]

[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]

[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]

(omitido…)

[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]

Siegfried obtuvo una enorme cantidad de Puntos de Experiencia gracias a los tres Ángeles Caídos de Alto Nivel derrotados, cortesía de Michael subiéndole el nivel.

[Alerta: ¡Felicidades!]

[Alerta: ¡Has subido de nivel!]

[Alerta: ¡Has alcanzado el Nivel 441!]

Los Puntos de Experiencia acumulados de los Ángeles Caídos de Rango Alto y Medio, combinados con los que acababa de obtener de los tres Ángeles Caídos de Alto Nivel, lo hicieron subir de nivel.

‘Me faltan ocho niveles’, pensó Siegfried, apretando el puño con fuerza. Ya estaba acercándose al muro.

Michael se acercó a Siegfried y dijo:

—Ya terminó.

—Gracias por tu esfuerzo.

—Para nada.

—De verdad no quería pedirte que hicieras esto, pero no podía con ellos yo solo.

Siegfried no quería cargarle ese peso a Michael. Sentía que estaba mal hacerlo, sabiendo que le estaba pidiendo que matara a uno de sus propios hermanos con sus propias manos.

La razón por la que aun así llamó a Michael, pese a saber todo eso, fue que no tenía forma de lidiar con la situación por sí solo.

No podía depender de su habilidad, Descenso del Señor Demonio. Tal vez podría enfrentarse a un Ángel Caído de Alto Nivel si peleaba con todo lo que tenía, pero no tenía ninguna oportunidad si eran dos o más.

Por eso, no tuvo más remedio que llamar a Michael.

¿La razón?

Todo se debía a que Michael había recuperado nueve de sus alas y podía borrar de la existencia incluso a los ángeles más poderosos con suma facilidad.

—Está bien, Siegfried. Llámame cuando me necesites —respondió Michael.

—Jaja… —Siegfried se rascó la nuca con incomodidad. Luego se giró hacia Chae Hyung-Seok y dijo—: Oye, tú también. Buen trabajo.

—¿Trabajo? Por favor, a mí ya me pagaron por esto. Todo bien —respondió Chae Hyung-Seok con una sonrisa burlona. Ya había recibido un jugoso anticipo del Illuminati, así que había salido muy bien parado de toda esta situación.

Además, Siegfried lo había recompensado generosamente por su muestra de lealtad, así que no tenía nada de qué quejarse.

—¡O-Oye! ¡¿Qué diablos es esto?! —gritó de pronto Chae Hyung-Seok, claramente alterado, señalando algo sobre su cabeza.

[Traidor en Potencia]

[Título otorgado a aquellos que acaban de iniciar el camino de la traición.]

[Se obtiene en el primer acto de traición.]

[Tipo: Título]

[Rareza: Común]

[Advertencia: Este no es un título honorable.]

Siguiendo los pasos de Siegfried, Chae Hyung-Seok también obtuvo un título relacionado con apuñalar por la espalda a otros.

Mientras tanto, Baal se encontraba en el Distrito Cero del Reino Demoníaco, preparándose para dirigirse al Reino Celestial.

—Jefe Arcángel Lucifer…

Baal estaba de pie frente a la puerta de teletransportación que conducía al Reino Celestial, imaginando la batalla que estaba por venir.

Pronto, invadiría personalmente el Reino Celestial para tomar la cabeza de Lucifer, así que necesitaba calmar su mente y mantener la compostura antes de eso.

—Derrotaré a Lucifer y reclamaré el título del más fuerte en el Reino Demoníaco, el Reino Celestial y el Reino Intermedio.

Baal había soñado con ser recordado como el ser más poderoso desde el amanecer de la creación, y siempre había sido su mayor motivación. Claro, lograr ese sueño era casi imposible, ya que no había forma de que pudiera derrotar a Deus.

Sin embargo, Deus ya era un ser que trascendía las leyes de la causalidad, alguien más allá de este mundo. En otras palabras, mientras Baal saliera victorioso contra Lucifer, técnicamente podría reclamar el título del más fuerte de los tres reinos.

Si de algún modo obtenía ese título, sería recordado para siempre como el Rey Demonio más grande de toda la historia.

—No… esto no está bien… —Baal negó con la cabeza y se alejó después de observar la puerta de teletransportación completada durante un rato. En lugar del Reino Celestial, decidió teletransportarse al Reino Intermedio.

‘Debería buscar el consejo del Anciano’, pensó.

Decidió consultar a Deus antes de su batalla decisiva contra Lucifer. Deus era un guerrero que había alcanzado el poder de la invencibilidad, así que Baal creía que, si buscaba su consejo, podría recibir al menos una forma de garantizar la victoria sobre Lucifer.

Esto era una prueba de lo verdaderamente poderoso que era Deus, pues incluso el Rey Demonio, Baal, no dudaba en buscar su sabiduría antes de una gran batalla.

‘Seguro me enseñará aunque sea una técnica que pueda usar—’

¡Bzzt! ¡Bzzt!

¡Woooong!

La puerta de teletransportación que conducía al Reino Celestial chisporroteó de pronto y comenzó a girar.

—¡…!

Baal, que estaba a punto de dirigirse al Reino Intermedio, se estremeció de sorpresa al ver que la puerta empezaba a comportarse de manera anormal.

Se giró hacia los hechiceros demoníacos que habían estado trabajando en la puerta y preguntó:

—¿Qué está pasando?

—¡L-La puerta de teletransportación comenzó a activarse por sí sola de repente, señor!

—¡Nosotros tampoco lo entendemos! ¡La puerta no tiene fallas! Pero por alguna razón…

Ni siquiera los hechiceros demoníacos tenían idea de por qué la puerta hacia el Reino Celestial se estaba activando sola.

—¿Pero qué…? —murmuró Baal, frunciendo el ceño.

En ese momento…

¡Bzzt! ¡Bzzt!

¡Flaaash!

La puerta de teletransportación se salió de control y liberó un estallido de luz cegadora.

—¡Aaaaargh!

La luz era tan intensa que incluso Baal tuvo que alzar ambos brazos para cubrirse los ojos.

—¿Qué demonios está pasando?

Thud, thud, thud…

Una figura emergió de la puerta de teletransportación.

—¡…!

Los ojos de Baal se abrieron de par en par, incrédulos.

Un individuo con doce alas negras salió de la puerta y pisó el corazón mismo del Reino Demoníaco, el Distrito Cero.

—¡J-Jefe Arcángel Lucifer…!

Baal quedó en shock al ver a Lucifer salir de la puerta y poner un pie en el núcleo del Reino Demoníaco.

—Rey Demonio Baal —saludó Lucifer con total naturalidad.

—¿Q-Qué…? ¿C-Cómo…? —balbuceó Baal, tan sacudido que apenas podía hablar. Su plan era invadir el Reino Celestial y tomar la cabeza de Lucifer, pero había ocurrido exactamente lo contrario.

—Lo pensé detenidamente. Me pregunté quién era el mayor obstáculo para mi conquista del Reino Celestial, el Reino Intermedio y el Reino Demoníaco. ¿Y sabes a qué conclusión llegué?

—E-Eso es…

—Que no quedará nadie que pueda detenerme si te elimino a ti, el Rey Demonio. —Lucifer empuñó su arma, una lanza larga—. Así que tomé la decisión de atacar primero: invadir el Reino Demoníaco y matar al Rey Demonio.

Claramente, Lucifer había llegado a la misma conclusión que Baal. De lo contrario, no habría razón para que descendiera personalmente al Reino Demoníaco.

—Las frecuencias debieron alinearse cuando intenté abrir una puerta de teletransportación al Reino Demoníaco, así que la puerta se abrió automáticamente desde tu lado.

—Ya veo… ¿Así que viniste aquí por tu propia voluntad?

—¿Y por qué no habría de hacerlo? —respondió Lucifer con una sonrisa burlona. Luego apuntó la lanza hacia Baal y dijo—: No eres rival para mí, Baal. Nací al inicio de los tiempos y he vivido más que tú. Tú, un Rey Demonio nacido de lo más bajo de lo bajo, no eres rival para mí.

—Jeje… ¿Sabes qué les pasó a los que se plantaron frente a mí y dijeron esas mismas palabras arrogantes? Todos y cada uno murieron por mis manos, Lucifer —respondió Baal con una risa baja.

En lugar de ofenderse, Baal parecía divertido por las palabras de Lucifer.

Baal nació como un demonio de bajo rango y se abrió camino a base de sangre y lucha hasta convertirse en el Rey Demonio. Para alguien como él, que había tenido que enfrentarse a tanta discriminación, las palabras de Lucifer resultaban ridículas.

—Tsk… De verdad no conoces tu lugar, escoria demoníaca —bufó Lucifer.

—¿Qué dijiste? —Baal alzó una ceja.

—Déjame mostrarte la diferencia de poder.

En ese instante, las doce alas de Lucifer se desplegaron por completo.

—Muere, alimaña.

Con esas palabras, Lucifer cargó directamente contra Baal.

—¡Ven con todo, Arcángel Caído!

Baal también desenvainó su espada y chocó de frente contra Lucifer.

Rey Demonio Baal vs. Jefe Arcángel Lucifer.

La batalla entre los dos seres que se encontraban en la cúspide de todos los reinos había comenzado.

Después de frustrar el complot de la Santa Alianza para secuestrar a Verdandi, Siegfried regresó de inmediato al campamento de las Fuerzas Aliadas.

—¿Cuál es nuestro siguiente movimiento? —preguntó.

—Reforzar y asegurar nuestras líneas de suministro es nuestra máxima prioridad ahora mismo, su majestad. Nuestras fuerzas ya se han adentrado profundamente en territorio enemigo, así que debemos garantizar que los suministros lleguen al ejército principal —respondió Hansen sin dudar.

—Es cierto.

—Tener una línea de suministro extendida siempre es una debilidad que el enemigo puede explotar en cualquier momento.

—Sí, los suministros son críticos. Necesitas estar bien alimentado y bien equipado para pelear bien.

—Así es, su majestad.

—Entonces, ¿qué tenemos que hacer?

—Para estabilizar nuestras líneas de suministro, debemos asegurar el control total de los territorios que hemos ocupado. Y debemos fortalecer la defensa a lo largo de toda la ruta de suministro.

—Hmm…

—La Santa Alianza también lo sabe, así que han comenzado a enviar pequeños destacamentos para hostigar e interrumpir nuestras líneas de suministro. Así que, a partir de ahora, en lugar de librar batallas a gran escala, debemos ralentizar nuestro avance y priorizar la defensa contra sus ataques de guerrilla.

—Suena a una estrategia sólida. Procede conforme a eso.

—¡Como ordene, Su Majestad Imperial!

—Ah, una cosa más —añadió Siegfried, como si recordara algo—. Dime, ¿cuál es la mayor debilidad del enemigo?

—Hmm…

Hansen no tuvo una respuesta inmediata.

Era una pregunta bastante difícil, ya que en este momento la Santa Alianza no parecía tener debilidades evidentes. Aún contaban con un ejército considerable, y los ángeles caídos podían reforzarlos en cualquier momento.

Además, la Santa Alianza ahora se estaba enfocando únicamente en la defensa, lo que hacía todavía más complicado encontrar una apertura clara.

Sin embargo, ningún ejército, por más indomable que fuera, carecía de debilidades. Incluso la fortaleza más inexpugnable debía tener, en algún punto, un agujero del tamaño de una aguja.

—Según los informes de inteligencia de nuestros agentes… alrededor del ochenta por ciento de los suministros de la Santa Alianza provienen de la Compañía Mercante Midland —dijo Hansen.

—¿La Compañía Mercante Midland?

—Sí, su majestad. Es una enorme compañía comercial que ha existido por siglos, y se especializa en la distribución de grano, carne y alcohol.

—¿Eh?

—Actualmente, la Compañía Mercante Midland tiene un contrato oficial con la Santa Alianza, que les otorga derechos exclusivos para suministrar provisiones militares.

—Entonces… si atacamos los almacenes de la Compañía Mercante Midland… a largo plazo la Santa Alianza estará en serios problemas, ¿no?

—Así es, su majestad.

—Entonces prendamos fuego a los depósitos de suministro de la Compañía Mercante Midland.

—¡¿P-Perdón?! —Hansen quedó completamente desconcertado.

Sin duda, sería un movimiento excelente si fuera posible.

Sin embargo, incendiar depósitos de suministro ubicados en lo profundo del territorio enemigo no era una tarea sencilla. Ni la Santa Alianza ni la Compañía Mercante Midland eran estúpidas, así que sus almacenes —especialmente los que guardaban comida— debían estar fuertemente protegidos.

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