Maestro del Debuff - Capítulo 1085
Decenas de miles de espadas barrieron a los Ángeles Caídos de bajo rango que estaban protegiendo a los que cargaban a los Protogenoi.
¡Fwooooosh!
Las espadas llameantes giraron juntas, fusionándose en un ciclón violento que desató una tormenta aún más intensa de fuego infernal. El daño colateral que liberó se tragó enteros a los Ángeles Caídos de bajo rango.
¡Shwaaa!
Arrastrados por el incendio provocado por la Lluvia Floral Torrencial Trascendente, los ángeles caídos quedaron reducidos a nada más que ceniza negra, que al final se dispersó con el viento.
La Lluvia Floral Torrencial Trascendente devoró con avidez a los ángeles caídos, aniquilando a los que habían sido asignados para proteger a los que cargaban a los Protogenoi.
—¡Eh, Hamchi! —llamó Siegfried a Hamchi, que iba montado en su espalda.
—¡Kyuuu!
—¡Bórralos a todos!
—¡Entendido! ¡Kyuuuu! —respondió Hamchi.
Siguiendo la orden de Siegfried, Hamchi abrió la boca y soltó su rayo láser característico.
—¡Kyuoooooo!
El poder destructivo del rayo había aumentado drásticamente junto con el nivel de Hamchi.
¡Ziiiiiing!
Los ángeles caídos que cargaban a los Protogenoi fueron derribados por el láser. Por más fuertes que fueran, era imposible que siguieran volando con un agujero del tamaño de un puño en el torso.
—¿¡Q-Qué?!
—¿¡Qué fue eso?!
Los ángeles caídos entraron en caos cuando sus compañeros fueron abatidos.
—¡E-Estamos cayendo!
—¡Hermanos y hermanas! ¡Aguanten!
—¡Sujétense! ¡No suelten!
Los ángeles caídos que cargaban a los Protogenoi perdieron el equilibrio después de que algunos fueran derribados por Hamchi. Se aferraron con toda la fuerza que les quedaba para evitar desplomarse del cielo, pero fue inútil.
Los Protogenoi eran demasiado pesados; así que la ausencia de tan solo un ángel caído ya complicaba todo para los demás.
—Yo ayudo —dijo Shakiro.
¡Wooong!
Montado sobre su hoja de aura como si fuera una tabla, Shakiro activó su propia versión de Lluvia Floral Torrencial Trascendente.
No iba a dejarse opacar por Siegfried. Aunque no podía invocar espadas elementales imbuídas de fuego o hielo, la fuerza destructiva de la versión de Shakiro era igual de aterradora.
Si la versión de Siegfried se basaba en fuerza bruta aplastante, la de Shakiro se basaba en una precisión quirúrgica, fina como navaja.
¡Swoosh! ¡Chwaaak!
Cada una de las incontables hojas de aura voló en trayectorias que apuntaban a los puntos vitales del enemigo con exactitud de cirujano.
‘Como era de esperarse,’ Siegfried no pudo evitar admirar otra vez las habilidades de Shakiro.
El control de Shakiro sobre Lluvia Floral Torrencial Trascendente estaba en un nivel de precisión completamente distinto. Mucho más allá de lo que incluso Siegfried podía aspirar a lograr.
—¡Aaaagh!
Justo después de que Shakiro desatara su ataque, los Protogenoi empezaron a caer uno tras otro.
Sus portadores, los ángeles caídos, fueron neutralizados por Siegfried y Shakiro. Sin sus alas, la gravedad tomó el control y arrastró a los Protogenoi de vuelta al mundo donde estaban condenados a permanecer por la eternidad.
Y el resultado fue simplemente catastrófico…
¡Splash! ¡Splash!
Los Protogenoi se fueron directo al río de lava que corría abajo y se derritieron al instante.
La lava en esa caverna subterránea era tan absurdamente caliente que incluso los Protogenoi, las primeras creaciones del Creador, no pudieron hacerle frente.
‘¡Eso es!’ exclamó Siegfried por dentro.
Cuando vio que los Protogenoi se derritieron de inmediato al caer en la lava, se dio cuenta exactamente de qué táctica necesitaban usar contra los Protogenoi y los ángeles.
Los ángeles caídos que custodiaban la formación ya habían sido eliminados, lo cual significaba que ya no quedaba nadie para protegerlos.
El resto de ángeles caídos seguía volando en el aire con los Protogenoi a cuestas, lo que significaba que no podían defenderse del bombardeo de ataques que Siegfried y sus compañeros estaban a punto de desatar.
Los ángeles caídos estaban a nada de perder la razón tras recibir una paliza tras otra. No podían contraatacar en absoluto, pues seguían cargando a los Protogenoi, y el hecho de ser blancos fáciles los volvía locos.
Sin embargo, no podían hacer nada más que aguantar.
¿Por qué?
Porque para responder a los ataques tendrían que soltar a los Protogenoi, ya que pelear mientras cargaban a esos gigantes colosales era imposible desde el principio.
Aun así, abandonar a los Protogenoi no era opción.
La misión había sido emitida directamente por nada menos que el Arcángel Jefe actual, Lucifer, así que tenía que cumplirse sí o sí.
—¡M-Maldita sea! —Garuel apretó los dientes y tembló de furia. Como el responsable de toda la operación, ahora estaba atrapado entre dos decisiones imposibles. No lograba decidir qué hacer.
—¡Al carajo! ¡Yo mismo los voy a matar a todos!
Incapaz de soportarlo más, Garuel se lanzó a toda velocidad hacia Siegfried.
Por más poderoso que fuera Siegfried, no había forma de que pudiera enfrentarse a Garuel sin transformarse en el Señor Demonio de la Avaricia y la Traición.
A lo mucho, podría resistir un rato… hasta que inevitablemente perdiera.
Pero esta vez, Siegfried no era el oponente de Garuel.
—¡Garuel! —gritó Michael, bloqueándole el paso—. Esta es tu última advertencia, Garuel. Retrocede.
—¡Eres un traidor a tu propia especie, Michael!
—Garuel… no me dejas otra opción —murmuró Michael con el rostro sombrío, aunque su expresión cambió casi de inmediato.
—Te voy a detener, Garuel —dijo Michael con firmeza, y se lanzó al ataque.
—¡A-Argh!
Michael aplastó por completo a Garuel.
Michael ya era lo bastante hábil como para superar incluso al Arcángel de la Muerte, Zerachiel, en técnica. Solo había perdido contra él en su momento por la diferencia de estadísticas, pero ahora… tenía nueve alas.
Tener nueve alas lo ponía al nivel de, o incluso por encima de, la mayoría de los arcángeles.
En otras palabras, era una pelea que un ángel como Garuel no podía ganar así nada más, sin importar que fuera de rango superior o no. Con Michael marcando a Garuel, el trío restante—Siegfried, Hamchi y Shakiro—quedó libre para desatar el infierno.
Ya no quedaba nadie que los detuviera mientras el ángel más fuerte estaba ocupado.
—¡Argh!
—¡Ack!
—¡Kyaaah!
Uno tras otro, los ángeles caídos fueron cayendo ante los ataques del trío.
—¡M-Malditos insectos!
—¡Aaaaack!
Cuando los ángeles a los que estaban amarrados eran asesinados, los Protogenoi se precipitaban a su muerte y acababan de forma trágica. No tener capacidad de vuelo significaba que estaban prácticamente condenados.
Podían sobrevivir una caída de altura moderada… pero estaban cayendo decenas de miles de kilómetros hacia un río de lava. Ni siquiera los Protogenoi, las primeras criaturas creadas por el Creador, podían sobrevivir a eso.
Mientras tanto—
[Alerta: ¡Has absorbido energía de alma!]
[Alerta: ¡Has absorbido energía de alma!]
[Alerta: ¡Has absorbido energía de alma!]
(omitido…)
[Alerta: ¡Has absorbido energía de alma!]
Siegfried cosechó las almas de los ángeles caídos y fue llenando poco a poco la energía necesaria para activar la habilidad Descenso del Señor Demonio.
Pero eso no fue todo.
[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]
[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]
[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]
(omitido…)
[Alerta: ¡Has obtenido Puntos de Experiencia!]
Se embolsó una cantidad masiva de experiencia por cazar ángeles caídos y, como resultado…
[Alerta: ¡Has subido de nivel!]
[Alerta: ¡Has alcanzado el Nivel 440!]
Ahora le faltaban solo nueve niveles para llegar al muro que se interponía entre él y el reino de los Grandes Maestros. Con nueve subidas más, por fin estaría a un paso de convertirse en Gran Maestro.
—Tendrás que apostarlo todo.
Por supuesto, tendría que superar la prueba otorgada personalmente por Deus para romper el muro y convertirse en un Gran Maestro.
La batalla terminó en un instante.
Garuel, el comandante de la operación, sufrió una herida mortal: un agujero enorme atravesándole el pecho.
—¡No… pensé… que moriría así… a manos de un… traidor…! —escupió Garuel hacia Michael antes de precipitarse a su muerte.
Al final, Michael lo sentenció.
Los demás ángeles caídos y los Protogenoi corrieron la misma suerte.
El grupo de Siegfried no perdonó a ni uno solo de los ángeles caídos, y toda la raza Protogenoi—desde sus líderes hasta el de menor rango—se desplomó al río de lava y pereció.
Las primeras criaturas creadas por el Creador, las que se atrevieron a rebelarse contra Él, habían tenido un final vacío y miserable.
—Creo que ahora sí tuvimos muchísima suerte —dijo Siegfried, negando con la cabeza. Luego refunfuñó—: Se hubiera puesto bien feo si no los deteníamos.
Si esos gigantes armados con poderes divinos hubieran sido liberados en el Reino Intermedio, la catástrofe que habría seguido sería simplemente inimaginable. Solo lograron detenerlos por pura suerte: estaban en el lugar correcto, en el momento correcto.
Si los hubiera agarrado en curva…
Con solo pensar en lo que pudo pasar, a Siegfried le recorrió un escalofrío por la espalda.
—Creo que ya es hora de regresar —dijo Siegfried.
—Sí, estoy de acuerdo.
—¡Kyuuu! ¡Vámonos! —gritó Hamchi.
Hamchi y Shakiro respondieron sin dudar, listos para volver al Reino Intermedio.
Sin embargo, una persona se quedó inmóvil.
—…
Michael no respondió. En su lugar, murmuró por lo bajo:
—¿Cuántos más tendré que…?
La tristeza le llenaba el corazón cada vez que mataba a uno de los suyos con sus propias manos, y esa tristeza lo hacía sentirse dividido con sus decisiones. No era que Michael fuera débil o indeciso; era un ángel tan recto y de buen corazón que nunca podría acostumbrarse a matar a sus propios hermanos y hermanas.
—Michael…
Siegfried entendía la nobleza de Michael, así que ni una sola vez pensó que fuera débil.
Además, si alguien pudiera matar a los suyos sin pestañear… ¿se le podría considerar cuerdo?
—Ah, los retrasé. Vámonos —dijo Michael, volviendo en sí.
Finalmente desplegó sus alas y alzó el vuelo hacia la superficie.
Así, el grupo de Siegfried voló tan rápido como pudo y emprendió el regreso.
El viaje de vuelta a la superficie fue larguísimo. Tan largo que Siegfried se vio obligado a dormir dentro de su cápsula VR mientras Michael lo cargaba.
Habían tardado mucho en llegar al fondo del abismo, pero regresar a la superficie tomó todavía más.
—Gracias por todo su esfuerzo.
Al llegar a la superficie, Siegfried se volvió hacia Michael y Shakiro, mostrando su gratitud sincera.
—No, tú fuiste el que más se rifó.
—Lo hiciste bien, Siegfried.
Michael y Shakiro respondieron con sus propias palabras de aprecio.
—Bueno entonces, cuídense. Yo tengo cosas que atender, así que con permiso—
—Ah, Siegfried.
Siegfried ya estaba a punto de irse de inmediato para preparar la guerra que venía contra la Santa Alianza cuando Michael lo llamó, como si recordara algo.
Al mismo tiempo, Shakiro también lo llamó, como si tuviera algo que decir.
—Hay algo que necesito decirte, Siegfried.
—¿Eh? —Siegfried miró a los dos—. ¿Qué está pasando?
Michael hizo un gesto cortés y dijo:
—Adelante, tú primero.
—Entonces lo haré —Shakiro aceptó el gesto con un asentimiento. Luego se volvió hacia Siegfried y dijo—: Tengo algo que decirte sobre Beggarius.
—Ah… —murmuró Siegfried.
Recordó que Shakiro había mencionado algo sobre el trasfondo del Rey Mendigo, Beggarius, antes de que se adentraran en la Caverna de Lava: Mundo de los Condenados.
—¿Acampamos primero en algún lado? Ya está anocheciendo, Maestro —dijo Siegfried.
—Hagámoslo —aceptó Shakiro.
El grupo se apartó de la cueva y se metió a un bosquecito cercano. Ahí armaron sus tiendas, encendieron una fogata y se reunieron alrededor.
—¿Tú no sabes nada de Beggarius, verdad, Siegfried?
—La neta no, Maestro.
—Ya veo…
—¿Hay alguna historia secreta detrás de él?
—¿Sabes cómo se llama en realidad Beggarius?
—No, Maestro.
—Su nombre real es… Deggendorf von Posteriore.
—Ah, ya veo… Entonces su nombre real era Deggendorf von Posteri—¡¿qué?! —chilló Siegfried y se levantó de golpe. Ni en sus sueños más locos se habría imaginado que esa sería la verdadera identidad del Rey Mendigo, Beggarius.