Maestro del Debuff - Capítulo 1067
Siegfried no regresó directo a tierra firme, ya que aún tenía asuntos pendientes.
Blandió su +16 Garra del Vencedor y remató al calamar gigante antes de voltearse hacia Shakiro.
“Maestro.”
“Habla.”
“¿Podría amarrar esa cosa al barco?”
“¿Te refieres a los restos del calamar gigante?”
“Sí, Maestro.”
“¿Pero para qué?”
“Pues, obviamente… la voy a vender.”
“¿Eh?”
“¿Alguna vez ha visto un calamar de ese tamaño? Nos vamos a forrar con sólo llevar esa cosa al mercado de pescado más cercano.”
“…»
“¡Oh! ¡Mire! ¡Sus tentáculos también están flotando!” exclamó Siegfried, señalando los ocho tentáculos gigantes que ahora flotaban en la superficie del agua. Luego dijo emocionado: “¡Con que sea una sola pata podemos sacar kilos de oro! ¿Cómo cree que los voy a dejar ahí tirados?”
“Supongo que… no estás equivocado,” murmuró Shakiro en respuesta.
Estaba totalmente impactado por la obsesión de Siegfried con el dinero. Pensó que su discípulo ya habría superado esa etapa para ahora, siendo un emperador y todo eso, pero parecía que el dinero era una obsesión de la que su discípulo jamás se desprendería.
Al final, Shakiro decidió verlo por el lado bueno: al menos, en ese aspecto, Siegfried no había olvidado sus raíces.
Pero eso no fue todo…
Lo que hizo Siegfried a continuación dejó a Shakiro en estado de total shock.
“Oye, ahorita ando algo ocupado, así que no tengo tiempo para escuchar tu triste historia,” le dijo Siegfried al cachalote.
“¿Eh…?” Albion inclinó la cabeza, confundido.
“Voy a dejarte ir por ahora.”
“G-Gracias…”
“Pero con una condición,” dijo Siegfried. Luego, esbozó una sonrisa que sólo un demonio podría hacer y añadió, “Vas a soltar todo lo que tengas en la panza. Cada maldito pedazo.”
“¿D-De qué estás hablando…?”
“Quiero tu vómito,” declaró Siegfried con tono serio. Luego sacó un trozo de ambergris de su inventario y añadió con una sonrisa, “Esta cosa es ridículamente valiosa, ¿sabías?”
“¿Qué rayos te pasa por la cabeza—?”
“Suéltalo mientras sigo de buenas,” lo interrumpió Siegfried con un gruñido. Luego puso cara de matón y dijo, “Oye tú, ¡te estoy dejando ir, así que mínimo págame algo de compensación, no? ¡¿O quién crees que va a pagarle a las familias de mis muchachos?! ¿Tú sabes cuánto cuesta hacer un funeral hoy en día, eh?!”
Los monstruos marinos no tenían familia en duelo ni nada parecido. De hecho, aunque la tuvieran, lo más probable es que ni siquiera tuvieran la inteligencia para preocuparse por eso.
“…”
Albion sabía perfectamente que todo lo que Siegfried acababa de decir era puro cuento. Era demasiado obvio que el humano sólo se estaba inventando excusas para quedarse con el ambergris, pero Albion no protestó.
¿Por qué?
Porque sabía que, si hacía enojar a Siegfried ahora, fácilmente terminaría exhibido sobre una cama de hielo en algún puesto de pescadería.
“Ya deja de preguntar y escúpelo.”
“E-Está bien…”
Al final, Albion no tuvo más opción que vomitar todo el ambergris almacenado en su estómago, tal como Siegfried le había pedido.
Sin embargo, eso tampoco fue suficiente para satisfacer al codicioso humano.
“Más.”
“¿M-Más?”
“¿De verdad crees que con esto ya me voy a ir contento?”
“O-Oye, hay un límite de cuánto puedo vomitar de golpe—”
“¡Sácalo a la fuerza! ¿Eso llamas excusa? ¿Necesitas ayuda para vomitar o qué?”
“…”
“Quiero más ambergris, así que no me obligues a sacártelo yo mismo.”
“O-Ok… ¡ya entendí…!”
Albion tembló antes de comenzar a hacer arcadas violentamente, vomitando todo el precioso ambergris de sus entrañas según la exigencia de Siegfried.
¡Bleeeergh!
Pero ni siquiera eso fue el fin de la avaricia del humano…
“Hombre, eres pésimo para vomitar, ¿eh? ¿Sabes qué? Déjame echarte una mano.”
“¿Q-Qué?”
“Quédate quieto, compa,” dijo Siegfried antes de lanzarle un puñetazo directo al plexo solar de Albion.
¡Kuheok!
Albion ahogó un grito. La fuerza que llevaba el puñetazo de Siegfried le sacó todo el aire de los pulmones, y exactamente tres segundos después…
¡BLEUUUUUURGH!
Albion soltó el contenido de su estómago con tanta fuerza que parecía una cascada. Era como si su alma quisiera salir junto con el vómito. Ya se sentía mareado de tanto forzarse a vomitar, así que la fuerza del golpe hizo imposible que pudiera retener nada.
“¡No manches, ve nada más eso!” exclamó Siegfried encantado.
Ignoró por completo la miseria del cachalote y se concentró únicamente en recoger cada pedazo de ambergris que alcanzaba.
El hedor que desprendía el ambergris era absolutamente repulsivo, pues acababa de salir del estómago de Albion.
Sin embargo, a Siegfried no le importó en lo absoluto; más bien, era como si su sentido del olfato hubiera dejado de funcionar por completo.
“¡Wow! ¿Tienes idea de cuánto vale todo esto?” exclamó, lleno de alegría.
No importaba qué tan asqueroso oliera algo. Si se podía vender, Siegfried no tenía reparo en agarrarlo con las manos desnudas.
“¿Se… murió pobre en su vida pasada o qué…?” murmuró Shakiro para sí mismo, mirando la escena con total incredulidad. Luego negó con la cabeza y cerró los ojos, haciendo su mejor esfuerzo por no seguir viendo.
Después de recolectar todo el ambergris vomitado por Albion, Siegfried dejó la disposición del cadáver del calamar gigante en manos de Shakiro y regresó al Imperio Proatine.
Luego fue directamente a la enfermería real, donde Michael seguía tambaleándose entre la vida y la muerte.
¡Fssshhh!
Siegfried le entregó el ala y, en cuanto lo hizo, ésta emitió una luz radiante y empezó a fundirse con el cuerpo de Michael.
“¿D-Dónde… estoy?”
Unos momentos después, Michael abrió los ojos.
“¿Estás bien, Michael?” preguntó Siegfried.
“Me… siento algo mareado,” respondió Michael con debilidad.
“Al menos ya despertaste. Eso es lo que importa,” dijo Siegfried, dejando escapar un suspiro de alivio.
“No entiendo ni cómo sigo vivo. En mi condición actual, debería haber sido completamente impotente ante la Guadaña del Reposo,” dijo Michael, todavía aturdido.
“Logré encontrar una de tus alas,” explicó Siegfried.
“¿…Eh? ¿Cómo?”
“Dejemos eso para después. Lo importante es que sobreviviste.”
“Estoy realmente agradecido por tu— ¡argh!”
Michael trató de incorporarse para expresar su gratitud, pero soltó un gemido de dolor y casi se desplomó.
Siegfried se apresuró a sostenerlo. “¡Michael! No intentes levantarte aún. Tu condición podría empeorar si te fuerzas demasiado.”
“Y-Yo… lo siento… Sólo he sido una carga cuando debería estar ayudando…”
“Oye, no digas eso. Si no nos hubieras ayudado aquella vez, estaríamos todos muertos.”
“Pero aun así—”
“Por ahora, concéntrate en descansar. Puede que hayas sobrevivido, pero tu cuerpo está lejos de haberse recuperado. Debe ser un suplicio apenas mantener los ojos abiertos,” dijo Siegfried, ayudándolo cuidadosamente a recostarse de nuevo.
“La verdad es que… apenas si puedo mantenerlos abiertos…”
“Me lo imaginé.”
“Pero no puedo quedarme acostado así. Tenemos que detener a Zerachiel. Él no es… malvado por naturaleza, pero no entiendo por qué está haciendo algo tan absurdo…”
“Ah, cierto. Sobre eso…” Siegfried procedió a contarle a Michael todo lo que había visto en los recuerdos de Zerachiel. Cómo el arcángel se separó de su amante después de que ella sucumbiera a su enfermedad, y cómo eso lo llevó a ver la vida de los mortales como algo fugaz.
“Ah… eso tiene sentido. Hubo una época en la que Zerachiel… descendía con frecuencia al Reino Medio,” comentó Michael lentamente, asintiendo mientras lo escuchaba, con una expresión de realización en el rostro.
“¿Eh? ¿Te acuerdas de eso?”
“Los recuerdos no son algo que se desvanezca para los inmortales. Son más bien como… marcas grabadas en nosotros, que no desaparecen aunque queramos.”
“Ya veo…”
“Aunque los dragones son criaturas perezosas por naturaleza, en eso son algo parecidos a nosotros. No se molestarían en recordar el pasado si no fuera necesario, pero recuerdan todo. La única diferencia es que nosotros, los ángeles, estamos mucho más cerca de la verdadera inmortalidad que ellos.”
“Entiendo…”
“Entre los arcángeles, Zerachiel siempre fue el más amable y también el más sensible. No es sorpresa que se quedara dándole vueltas al asunto él solo durante eras, después de pasar por algo así. Y al final… terminó formando su propia ideología torcida…”
“Hmm…”
“Sólo dame dos días. Me encargaré de recuperarme para entonces, así podré detener a Zerachiel,” dijo Michael.
“¿Seguro? ¿No es muy pronto?” preguntó Siegfried.
“Puede que me hayan depuesto, pero sigo siendo el antiguo Arcángel en Jefe. Dos días son más que suficientes para recuperarme.”
“Si tú lo dices,” Siegfried decidió confiar en Michael y esperar dos días más.
Además…
‘Sí, yo también necesito tiempo.’
Él también necesitaba un respiro. Después de su última transformación, había agotado toda su energía de alma, así que no tenía suficiente para usar el Descenso del Señor Demonio.
Contra un oponente como Zerachiel, tenía que transformarse en el Señor Demonio de la Codicia y la Traición si quería tener alguna oportunidad.
‘Supongo que tendré que ir a causar estragos por ahí y recargar primero.’
Con ese pensamiento en mente, Siegfried salió de la enfermería. Su objetivo para los siguientes dos días era reunir suficiente energía de alma para activar y mantener su habilidad de transformación, el Descenso del Señor Demonio.
Después de salir de la enfermería, Siegfried se dirigió al lugar donde estaba Brunhilde.
La Santa Alianza había estado maquinando constantemente para abrir la Puerta Celestial, obligándolo a recorrer el continente para intentar impedir que trajeran la destrucción del mundo.
Como resultado, no había podido prestarle atención ni a Brunhilde ni a Verdandi.
Aunque quisiera, una y otra vez se encontraba en situaciones en las que no le quedaba más remedio que intervenir personalmente, por lo que ni tiempo tenía de ver sus rostros.
‘Tengo que ser padre… aunque sea sólo esta mañana,’ pensó Siegfried.
Y así, decidió no moverse sin importar la crisis que surgiera.
Había momentos en los que, sin importar lo grave que fuera la situación, un hombre tenía que quedarse al lado de su familia. Para Siegfried, ese día era hoy.
“Hola, cariño.” Como siempre, Brunhilde lo recibió con calidez.
“Lo siento,” se disculpó Siegfried en cuanto la vio.
No tenía excusa alguna, pues ni siquiera la veía una vez a la semana, a pesar de ser su esposo.
“Está bien. Sé por qué estás ocupado, así que ¿cómo podría enojarme por eso? Sólo estoy agradecida de que te tomes el tiempo de venir así.”
“Cariño…”
“Te amo,” dijo Brunhilde, rodeándolo con sus brazos.
Hacía tiempo que no lo abrazaba con esa mirada.
‘Ella es realmente… maravillosa…’ pensó Siegfried, correspondiendo el abrazo.
Al menos en ese momento, Han Tae-Sung no existía.
El hecho de que estuviera saliendo con Yong Seol-Hwa era algo que no podía, y no debía, recordar en ese instante. En ese momento sólo existía Siegfried von Proa, y él tenía la intención de sumergirse por completo en su personaje mientras estuviera conectado al juego.
Sin embargo, en cuanto regresara al mundo real, volvería a vivir como Han Tae-Sung.
Esa estricta separación entre el mundo virtual y el mundo real era esencial para evitar perder la cabeza y terminar dejando que ambos mundos se mezclaran.
De lo contrario, un día olvidaría el mundo real y se obsesionaría sólo con el virtual.
Y en ese momento, habría cruzado un puente sin retorno, convirtiéndose en un adicto a los videojuegos.
Por ello, eligió olvidar el mundo real y enfocarse únicamente en su personaje, Siegfried von Proa, mientras estuviera dentro del juego. Sorprendentemente, lo estaba manejando bastante bien.
Después de jugar durante tanto tiempo y convertirse en un pro gamer de fama mundial, Han Tae-Sung no sólo se había vuelto más fuerte, sino también más maduro.
Al mismo tiempo, el equipo de monitoreo del desarrollador y distribuidor de BNW, Hive Games Entertainment, estaba trabajando a todo lo que daba dentro de la sede.
Desde el principio, BNW había sido diseñado para que los operadores nunca pudieran interferir en el mundo del juego de ninguna manera, lo que significaba que el papel principal de Hive era monitorear el mundo dentro del juego.
Todo estaba programado para ser manejado por inteligencia artificial, así que lo máximo que hacía Hive era asignar equipos de monitoreo dedicados a figuras clave y vigilar cómo progresaba el escenario principal del juego.
Sin embargo, debido a la escala gigantesca del juego, había una gran cantidad de individuos clave, así que Hive no tuvo más opción que contratar a decenas de miles de agentes de monitoreo.
Ésta era precisamente la razón por la que la sede de Hive albergaba más de cincuenta salas de monitoreo, cada una construida con un diseño hexagonal.
De ahí que la empresa se llamara Hive Games Entertainment, y el departamento central recibiera el nombre de Hexagon.
‘Hoy sí parece colmena de verdad,’ pensó Oppenheimer, el vicepresidente de Hive Games Entertainment. Paseó la mirada por las enormes pantallas que mostraban de un vistazo todas las salas de monitoreo.
El Hexagon siempre era un lugar ajetreado, pero hoy se sentía más que nunca como una colmena literal.
‘¿Así se verá la inteligencia colectiva de las abejas?’ se preguntó.
“Señor vicepresidente.” Justo entonces, el directivo a cargo de todo el departamento de monitoreo se le acercó y reportó, “Parece que está ocurriendo algo inusual, señor.”
“¿Hmm? ¿A qué te refieres con inusual?” preguntó Oppenheimer, confundido.
Su reacción era natural, ya que no se suponía que hubiera incidentes “inusuales” en este juego. Cada evento o accidente dentro del juego no era más que el resultado de los algoritmos de la inteligencia artificial reaccionando a las decisiones de los jugadores.
“¿Qué podría estar pasando como para llamarlo inusual?”
“Bueno… Parece que algunos NPCs han…”
“¿Hmm? ¿Qué pasa con ellos?”
“…Han empezado a recopilar información sobre el mundo real, nuestro mundo.”
“¿Q-Qué—?!”
Al escuchar esas palabras, el rostro de Oppenheimer se puso lívido.