Maestro del Debuff - Capítulo 1033
Después de la reunión, Siegfried se dirigió directamente a la prisión.
En la capital del Reino de Proatine, Preussen, existía una enorme prisión conocida como la Prisión de Aoji[1].
La Prisión de Aoji albergaba no solo a criminales del Reino de Proatine, sino también a criminales de guerra y prisioneros de guerra capturados de naciones enemigas durante los conflictos. Era una de las instalaciones más infames de todo el continente, y eso se debía a que no era una prisión común.
Era, en esencia, un campo de trabajos forzados.
Los prisioneros eran obligados a trabajar en las minas de piedras de maná ubicadas en la montaña detrás de Preussen. También se les forzaba a fabricar suministros bélicos, materiales industriales y prácticamente todo tipo de trabajo extenuante imaginable.
Cualquiera pensaría que un trabajo tan brutal acabaría matando a los reclusos tarde o temprano, pero había un detalle sobre este infame lugar: tenía una reputación por su “excelente bienestar”.
El Reino de Proatine no permitía que los prisioneros de Aoji murieran simplemente. Lejos de torturarlos o atormentarlos, se les proveía de comidas balanceadas y descansos regulares.
Aunque esto sonaba como un trato humano, en realidad era un método perversamente eficaz: estaban creando un ambiente donde los prisioneros no tenían otra opción más que seguir trabajando.
Como resultado, los reclusos pasaban el resto de sus vidas trabajando incansablemente, manteniéndose lo bastante saludables como para seguir esclavizados hasta el día en que la muerte, por fin, los liberara.
Era un destino que algunos consideraban incluso más cruel que la muerte misma.
Los prisioneros eran obligados a trabajar todos los días, sin descanso, hasta quedar exhaustos, solo para ser cuidados lo suficiente y luego enviados de vuelta al trabajo.
Era un ciclo interminable de infierno.
“¡Ughh…!”
“¡Tú! ¡Muévete!”
“¡Maldita sea…! ¿Tenemos que terminar todo esto hoy? ¡Solo mátame de una vez!”
Como siempre, la Prisión de Aoji se encontraba en paz.
“Ah, qué bello espectáculo,” dijo Siegfried, sonriendo con satisfacción ante la escena que se desplegaba ante él.
Los reclusos trabajaban duro para ganar dinero para él, y eso por sí solo bastaba para alegrarle el día.
“¡Bienvenido, Su Majestad!”
“¿Dónde están recluidos los criminales más peligrosos?”
“Por aquí, señor.”
Siegfried se dirigió hacia la parte de la instalación que albergaba a los despojos humanos tan viles que ni siquiera se les permitía trabajar.
Ahí estaban los criminales imposibles de controlar por ningún medio, aquellos cuyas vidas ni siquiera valían la pena preservar.
En otras palabras, los criminales de guerra que habían cometido atrocidades como asesinato, violación, incendios o saqueos durante los conflictos.
“Reúnan a todos los condenados a muerte y tráiganlos al patio.”
“¡A sus órdenes, Su Majestad!”
Treinta minutos después, unos tres mil criminales, fuertemente atados, fueron forzados a arrodillarse frente a Siegfried en hileras. Todos ellos habían cometido crímenes atroces y estaban sentenciados a ser ejecutados o torturados en el futuro cercano.
“…”
Un silencio absoluto cayó sobre los reos en cuanto Siegfried apareció. Nadie dijo una palabra.
¿Por qué?
Porque todos estaban amordazados con fuerza.
Todo lo que podían hacer era observar a Siegfried con ojos llenos de ansiedad.
“Traigan al primero,” ordenó Siegfried.
“¡A sus órdenes, señor!”
A su comando, los soldados arrastraron a un prisionero desde la primera fila hasta colocarlo frente a él.
“Oh~” murmuró Siegfried con satisfacción al examinarlo usando su Runa de Perspicacia.
El hombre era un caballero de nivel 299, un material perfecto para convertirlo en un Irradiador.
“¡Excelente! ¡Aprobado!”
“¡Mmph! ¡Mmpfh! ¡Mmpf!”
El prisionero intentó gritar, pero con la mordaza en su boca, solo salieron gemidos incomprensibles.
No es que importara: incluso si pudiera hablar, no tendría voz ni voto sobre lo que le sucedería a partir de ahora.
“Voy a hacer de ti un nuevo hombre. ¡Hehehe!”
Con esas palabras, Siegfried le sujetó la cabeza y le inyectó sus microbios radiactivos.
“¡Mmph! ¡Mmmphf!”
Los ojos del hombre se pusieron en blanco mientras su cuerpo temblaba violentamente, para luego colapsar completamente inerte.
Treinta segundos después…
“Quítenle la mordaza,” ordenó Siegfried.
“Como ordene, Su Majestad.”
Al retirarle la mordaza, el prisionero habló:
“Saludo a mi amo.”
El criminal había renacido como un esclavo leal, y se arrodilló ante Siegfried.
“El siguiente,” dijo él, moviendo la mano.
Después de convertir al primero, Siegfried siguió transformando a más y más prisioneros.
Al principio fue fácil, pero conforme avanzaba, el proceso se volvió agotador, ya que cada Irradiador requería una enorme cantidad de microbios radiactivos para ser creado.
Aun así, no podía detenerse ahora.
“¡El siguiente!”
“¡Bienvenido, cliente!”
“¡Siguiente cliente, por favor!”
“¡Pase por aquí!”
“¡Le doy la especial de la casa!”
Siegfried pasó todo el día produciendo Irradiadores en masa.
Y como resultado…
“Saludo a mi amo.”
“Saludo a mi amo.”
“Saludo a mi amo.”
Terminó comandando una unidad especial de casi tres mil Irradiadores.
Uno de los oficiales se volvió hacia él y preguntó:
“¿Cómo los llamaremos, Su Majestad?”
“Hmm… veamos…” Siegfried pensó por un momento antes de responder:
“Llámenlos la Unidad de Chantaje Suicida Explosiva.”
Y así, los Irradiadores recibieron su nombre oficial como grupo:
La Unidad de Chantaje Suicida Explosiva.
La Alianza Sagrada estaba ocupada preparando una gran ceremonia para celebrar la ascensión del Papa Bismarck II.
Mientras tanto, el Reino de Proatine también se encontraba sumido en preparativos.
Tras consultar con numerosos aliados, habían establecido formalmente una alianza y comenzaron a reunir un enorme ejército de coalición que pronto estaría listo para el combate.
Al mismo tiempo, comenzaron los preparativos para la coronación de Siegfried.
“Bien, desde este momento…”
Siegfried reunió a los tres mil Irradiadores de la Unidad de Chantaje Suicida Explosiva y los instruyó sobre la operación.
Su plan era el siguiente:
- Siegfried se infiltraría en el corazón de la Alianza Sagrada.
- Una vez allí, usaría la Manija de la Puerta de Inzaghi para abrir una pequeña puerta de teletransporte.
- Siegfried y la Unidad se mantendrían ocultos dentro del territorio enemigo hasta que comenzara la ceremonia de coronación de Bismarck II.
- En cuanto la ceremonia comenzara, los tres mil Irradiadores se autodetonarían, provocando una explosión equivalente a una bomba nuclear.
- Siegfried saldría caminando tranquilamente, completamente ileso.
‘¡Bismarck II va a estar tan emocionado que ni sabrá cómo reaccionar! ¡Hohoho!’
En otras palabras, Siegfried planeaba celebrar la ascensión de Bismarck II con una explosión monumental.
‘¡A-Ah! ¡Aaah Aang! ¡Nng~! ¡Demasiado bueno…! ¡Se siente demasiado bien!’
Tembló involuntariamente, abrumado por la oleada de adrenalina y dopamina recorriendo su cuerpo.
“Bien, lo que haremos después de entrar en territorio enemigo es…” murmuró Siegfried, lleno de entusiasmo mientras explicaba el plan a los Irradiadores.
Mientras tanto, el Comandante Supremo del ejército del Reino de Proatine, Oscar, elaboraba estrategias militares para la inminente guerra.
“¿Me llamaba?”
Ninetail entró en la oficina de Oscar después de ser convocada.
“Sí, Directora Ninetail.”
“¿De qué se trata?”
“Quisiera solicitar que todos los agentes concentren sus esfuerzos únicamente en la guerra contra la Alianza Sagrada por el momento.”
La próxima guerra entre las Fuerzas Aliadas y la Alianza Sagrada determinaría el equilibrio de poder del mundo. Era una guerra que debían ganar a toda costa, por lo que enfocar todos los recursos de inteligencia era inevitable.
“Hmm… eso podría ser un problema,” respondió Ninetail.
“¿Por qué dice eso?”
“Bueno, por esto,” dijo Ninetail, entregándole un documento a Oscar.
El contenido era incomprensible:
Este ■■’s ■■■ ■■■■■■■ se dice que, ■ el mundo■■ ■■■ un evento ■■■ que ■■■■ ■■■■■ algo de ■■■ significancia.
(omitido…)
■ ■■■ ■■’s ■■■■■ entre ■■■■■ deben ser siempre ■■■ ■■■■ y nunca ■■■■■■ permitidos ■■■.
(omitido…)
Así, ■■■ ■■ ■s■■■■ debe ser estacionado ■■■ residir permanentemente en ■■■■■■ y debe ■■■■■■ ■■■■■■■ ■■■■■ con ■■■■■■. Sin embargo, ■■■ ■■■■■■■■ modif■■■ ■■■ ■■■■■ solo bajo ■■■■■ ■■■■■■ y ■■■■■■ de ■■ y ■■.
Era nada menos que el Documento Secreto: 006 del Imperio Marchioni, el mismo que Siegfried había recuperado tiempo atrás del calabozo del Carnaval de la Muerte, dentro de la Gran Falla del Norte.
“Nuestro departamento de inteligencia está dedicando todos sus recursos a descifrar este documento. Ya hemos logrado algunos pequeños avances.”
“Entiendo lo que dice, pero la guerra contra la Alianza Sagrada tiene prioridad. La información puede cambiar el curso de una guerra, así que le pido su cooperación.”
“Pero…”
Ninetail aún no podía ceder completamente.
‘Este documento… no es normal. Hay un secreto monumental oculto en él, puedo sentirlo.’
Su instinto le gritaba que el Documento Secreto: 006 contenía una revelación colosal, y deseaba—no, necesitaba—seguir escarbando un poco más.
Sin embargo, ante la súplica directa de Oscar, no tuvo más opción que aceptar.
“Por favor, Directora Ninetail.”
“…Está bien.”
Al final, Ninetail cedió ante la petición y accedió a suspender temporalmente el desciframiento del Documento Secreto: 006.
Tal como Oscar había dicho, la preparación para la guerra tenía prioridad absoluta.
Unos días después, una multitud enorme se reunió en la capital del Reino de Proatine, Preussen.
¿Por qué?
Porque ese día, Siegfried sería coronado rey con el reconocimiento oficial del Emperador Stuttgart.
Gracias a eso, todo el reino estaba de cabeza desde el amanecer.
Sirvientes y doncellas corrían por todas partes, los caballeros y soldados se mantenían en guardia ante cualquier intento de atentado, y hasta los miembros de la familia real estaban cumpliendo con sus respectivos deberes.
El Gran Chambelán Metatron y su asistente Chaos habían regresado del Reino Demoníaco.
“¡Ah! ¡Jefe Metatron!”
“¡Subjefe Chaos!”
Ambos abandonaron todo en el Reino Demoníaco para regresar en cuanto se enteraron de la coronación de Siegfried.
Por supuesto, no podían hacerlo en sus formas originales.
Mientras tanto, Siegfried se escabulló en silencio unas horas antes de la ceremonia.
“¿Su Majestad? ¿A dónde se dirige?” preguntó Metatron al verlo intentando salir.
“Ah, bueno… necesito ir al baño,” respondió Siegfried, algo incómodo.
“Entendido, señor,” contestó Metatron sin sospechar nada.
“Vamos, Hamchi.”
“¡Kyuu! ¡Entendido!”
Y así, Siegfried se escapó del palacio con Hamchi y se dirigió al portal más cercano.
Desde ahí, se transportó al lugar donde se celebraría la coronación de Bismarck II.
Por azares del destino, ambas coronaciones se llevaban a cabo el mismo día, así que no tuvo otra opción que “ausentarse” un rato.
Una hora después, Siegfried y Hamchi llegaron a la capital del Reino Hadashita.
Al igual que en Proatine, las calles estaban llenas de gente que había venido a presenciar la gran ceremonia.
“Wow… este lugar parece un tianguis con esteroides.”
“¡Kyuu! ¡Tienes razón, dueño tonto!”
“Oye, Hamchi.”
“¿Kyu?”
“Métete aquí por ahora,” dijo Siegfried, abriendo un poco su bolsillo.
“¿Kyuu? ¿Por qué?”
“Puedo disfrazarme, pero tú no. Todo el continente sabe quién eres, ¿no?”
“¡Kyuuu! ¡Cierto es!”
La fama de Siegfried y Hamchi era perfectamente proporcional. Dondequiera que uno aparecía, el otro estaba a su lado, así que ambos eran reconocidos de inmediato.
“Vamos, entra.”
“¡Kyu! ¡Entendido!”
Hamchi encogió su cuerpo y se deslizó dentro del bolsillo de Siegfried.
‘Yo también debería disfrazarme,’ pensó Siegfried, sacando su Máscara de Metamorfosis para alterar su rostro y ocultar su identidad.
Algunos aventureros de alto rango contratados por la Alianza Sagrada intentaron inspeccionarlo, pero ninguno pudo detectar nada fuera de lugar.
Siegfried era un Maestro, así que, a menos que el inspector también lo fuera, era imposible ver a través de su disfraz.
Gracias a eso, pudo caminar tranquilamente por el corazón del territorio enemigo sin ser detenido en ningún punto de control.
‘Perfecto,’ pensó con una sonrisa mientras se dirigía hacia el palacio real, donde la coronación estaba por comenzar.
Todo marchaba tan bien que no podía evitar sentirse satisfecho.
Justo entonces…
¡Thud!
Mientras caminaba, chocó con un aventurero.
¡Ding!
Una notificación apareció frente a sus ojos.
[¡Alerta: Se ha activado Cleptomanía!]
[¡Alerta: Puedes inspeccionar el Inventario del objetivo y robar un objeto de tu elección!]
[¿Deseas revisar el Inventario del objetivo?]
[1] Antes se llamaba Minas de Aoji, pero el autor cambió el nombre a Prisión de Aoji.