La vida se reinicia con copiar y pegar - Capítulo 184

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  4. Capítulo 184 - ¿Por qué?
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Habían pasado dos meses. Kim Do-Joon volaba sobre Seúl a lomos del Dragón de Sombras. Había tardado un tiempo en encontrar a Ushas, a pesar de todos sus esfuerzos. Tal como Alcyone había dicho, la Tierra era demasiado grande.

Durante ese lapso, Kim Do-Joon había recorrido el mundo, exterminando cada uno de los insectos que infestaban las flores. En cuanto logró eliminar al último, el mundo entero estalló en vítores. Los dos meses de infierno por fin habían terminado. Los países comenzaron a enfocarse en la recuperación, cada uno emprendiendo sus propios proyectos de reconstrucción.

—¡Eh, señor Kim! ¡Agárrelo de ese lado!

—¡Entendido!

Seúl no era la excepción. Las calles de abajo eran un mosaico caótico de actividad. Había obras por todos lados, trabajadores reparando edificios y algunos comerciantes que incluso ya habían reabierto sus tiendas.

Mientras escuchaba los ruidos de martillazos y metales, Kim Do-Joon se dirigía a cierto lugar. Su destino era la sede temporal de la Asociación.

—¡Ya llegó!

—¡Guau! ¿Ese es el invocado? Es la primera vez que lo veo en persona.

Una multitud se había congregado frente al edificio de la Asociación. El evento, organizado por el presidente Son Chang-Il, había atraído a periodistas, ciudadanos y representantes de diversas organizaciones.

Son Chang-Il salió corriendo a recibir a Kim Do-Joon.

—Hey.

Ver a una de las figuras más poderosas de la industria de Cazadores de Corea salir corriendo descalzo a recibir a alguien era un espectáculo raro.

Aunque Son Chang-Il siempre había tratado a Kim Do-Joon con respeto, ese día fue aún más lejos.

La crisis global de los no-muertos había sido una catástrofe que trascendía las fronteras. A diferencia del incidente del Bosque Gigante o del de Shanghái, este desastre afectó directamente a los civiles en todo el mundo.

El hombre que lo resolvió no podía limitarse a un simple título nacional.

—Ya está todo preparado. Ahora que estás aquí, podemos empezar de inmediato.

—Gracias por todo. No veo razón para retrasarlo, así que empecemos.

Siguiendo a Son Chang-Il, Kim Do-Joon entró al salón del evento.

El evento en sí no era complicado. Era una ceremonia de recaudación de fondos y compensación para las víctimas, con el objetivo de reconstruir las zonas dañadas. Muchos Cazadores renombrados ya se habían reunido para prestar su apoyo.

Durante el evento, Son Chang-Il se inclinó y susurró:

—Gracias. Si no fuera por ti, esto habría terminado mucho peor.

Kim Do-Joon negó con la cabeza.

—Sólo hice lo que debía hacer.

Siempre había sido frugal, gastando poco en sí mismo. Incluso tras convertirse en Cazador, su casa era modesta y barata comparada con los lujosos edificios de Gangnam. Todo lo que ganaba lo destinaba a elixires raros, como el Elixir Divino Dorado y el Elixir de Fuego.

Pero esta vez, había decidido dedicar sus recursos a esta causa. Además, ya no necesitaba ahorrar. Cuando llegara el momento, podría usar su poder mejorado para curar a su hija.

—Tu liderazgo inspiró a muchos otros a unirse.

—Lo dudo. Habrían venido de todos modos.

—Do-Joon… ¿nunca has oído que ser demasiado humilde puede parecer hipócrita?

Kim Do-Joon guardó silencio ante el comentario.

Por supuesto que era consciente de su fama mundial. Con los noticieros transmitiendo sus logros sin cesar y su celular sonando todo el día, era imposible no notarlo. Incluso había comprado un celular aparte solo para el trabajo.

Mientras los dos conversaban, la ceremonia avanzaba con eficiencia. Teniendo en cuenta la agenda de los asistentes, todo transcurrió con formalidad concisa.

Y entonces llegó su turno de hablar.

—Recibamos ahora a nuestro héroe, el salvador de la nación… No, ¡el salvador del mundo, el Cazador Kim Do-Joon!

Fue presentado con una frase que le hizo fruncir el ceño por la vergüenza ajena. Mostró una sonrisa incómoda, y justo a su lado, escuchó una risa ahogada. Era Son Chang-Il, cubriéndose la boca para no soltar la carcajada.

Kim Do-Joon le lanzó una mirada fulminante antes de levantarse de su asiento.

—Seguí tu consejo sobre no ser tan humilde —dijo con ironía al pasar junto a Son Chang-Il, quien lo miró desconcertado.

Luego, Kim Do-Joon subió al podio y comenzó su discurso.

—Primero, quiero agradecer a todos los presentes por reunirse hoy…

Pronunció el discurso sin problemas, ciñéndose al texto que habían preparado.

Son Chang-Il ladeó la cabeza mientras lo escuchaba. ¿Qué planeaba? Hasta ahora, todo iba según lo ensayado…

Kim Do-Joon concluyó las palabras acordadas justo como lo habían practicado, y el maestro de ceremonias se adelantó para continuar con el siguiente segmento del programa.

Pero antes de bajar del escenario, Kim Do-Joon habló de nuevo.

—Antes de retirarme, hay algo que debo recalcar. Este proyecto involucra a muchas organizaciones y corporaciones. Las donaciones serán destinadas a ayudar a las víctimas y reconstruir la infraestructura dañada.

Su tono cambió, haciéndose más profundo y serio. El salón, que hasta entonces se mantenía atento de forma moderada, quedó en completo silencio. Detrás de él, el colosal Dragón de Sombras —usado como decoración dramática— se alzó lentamente.

La atmósfera se transformó. Todas las miradas se fijaron en Kim Do-Joon mientras el dragón lo enmarcaba desde lo alto con su presencia abrumadora. Las cámaras disparaban sin parar, capturando la imagen de Kim Do-Joon de pie ante la imponente criatura.

—Si alguien se atreve a malversar estos fondos —declaró, con voz cortante como cuchilla en el aire—, lo perseguiré hasta los confines del mundo… y me aseguraré de que pague.

El dragón dejó escapar un gruñido bajo, extendiendo sus alas con amenaza. La advertencia muda de Kim Do-Joon se amplificó cien veces.

Con eso, bajó del escenario y salió del recinto, dejando tras de sí un silencio absoluto. Nadie dudaba de él. Todos sabían que tenía el poder para cumplir su palabra. Con gobiernos como Estados Unidos y China endeudados con él, no había lugar del mundo donde no pudiera llegar.

Tras unos segundos, un solo aplauso rompió el silencio. Era Son Chang-Il, que se puso de pie. Su aplauso desencadenó una reacción en cadena, y pronto, el lugar rugía con vítores y aplausos. Cazadores, ciudadanos y representantes de organizaciones se unieron… todos menos los directivos de ciertas empresas, que se quedaron pálidos y rígidos.

¡Todo debe ser transparente!

¡Si no, ahora sí me muero de verdad!

El evento terminó con una nota triunfal, y su impacto se extendió más allá del recinto. No sólo las organizaciones coreanas, sino también las internacionales, se vieron arrastradas por esta nueva ola de rendición de cuentas. El proyecto de recuperación por la destrucción causada por el Rey de los Espíritus de la Muerte cobró un impulso sin precedentes.

[Has ingresado a la Sucursal de Caldera.]

Después del evento, Kim Do-Joon por fin tuvo tiempo de regresar al laberinto. Hacía siglos que no lo visitaba, demasiado ocupado con el caos del mundo real. Tan solo las batallas contra los insectos le habían llevado meses.

El lugar al que llegó no era donde vivía Laoha, sino el poblado de Fuad y Shura. Mientras caminaba hacia la aldea, se detuvo de golpe al ver algo inesperado.

—Ah, cierto… —murmuró Kim Do-Joon.

Era Ashunaga.

Estaba sentada sola, comiendo fruta. El uniforme del Clan Nagaraja había desaparecido; ahora vestía las ropas de la Tribu Mahal. Mordía una fruta roja con un crujido, y al levantar la mirada, sus ojos se encontraron con los de Kim Do-Joon. Los suyos se abrieron como platos.

—¡Aaaah! —gritó de pronto—. ¡Tú! ¿¡Por qué tardaste tanto en volver, humano!? ¡Dijiste que sólo sería una semana!

Antes de que se diera cuenta, ya lo tenía enfrente, sacudiéndolo por los hombros como loca. Su voz era tan fuerte que Kim Do-Joon casi se tapaba los oídos, pero la culpa se lo impedía. Se le había olvidado por completo.

Dejando que descargara su frustración, finalmente habló con calma, pero con sinceridad:

—Perdón.

Ashunaga se congeló. Esa disculpa la golpeó como una ráfaga repentina, deteniendo su furia. ¡La había dejado abandonada más de dos meses después de prometer que regresaría en una semana! Su rostro enrojeció, luego se tornó púrpura, mientras una tormenta de emociones la azotaba.

—¿Perdón? ¿¡PERDÓN!?

Con un rugido, tomó su hoja curva y se la lanzó encima, agitándola como una loca. No había técnica ni elegancia, sólo los manotazos descontrolados de una niña enfurecida. Kim Do-Joon, sin intención de contraatacar, sólo se limitó a esquivar.

Continuó así hasta que sus brazos ya no pudieron más.

—Jadeo… jadeo…

Cayó al suelo, agotada. Kim Do-Joon, intacto y sin una mota de polvo, se mantuvo sereno. Eso solo la irritó más. Lo fulminó con la mirada, luego de repente enterró la cara en la tierra y se echó a llorar.

—¡Waaah! ¡Quiero irme a casa!

Kim Do-Joon tragó saliva, perplejo. Había visto a Ashunaga mostrar debilidad antes, pero jamás así.

Le tomó mucho tiempo calmarla, aunque “calmarla” fue más bien disculparse adecuadamente y prometerle cumplir un favor en el futuro. Sólo entonces logró devolverla al Puerto Helado de donde había venido.

—Has tenido las manos llenas, ¿no?

La voz llegó justo cuando Kim Do-Joon por fin se daba un respiro. No necesitaba voltear para saber quién era.

—Laoha —la llamó directamente.

Una figura imponente apareció frente a él, con cuernos parecidos a los de un ciervo y una toga blanca adornada con hilos dorados. Laoha, la reina del Clan Mahal se veía como si perteneciera incluso a ese humilde pueblo de montaña. Dada su verdadera identidad, su presencia ahí no era tan extraña.

Cuando Kim Do-Joon pronunció su nombre, Laoha se estremeció. Titubeó, sus labios temblaban, hasta que por fin habló:

—Tú… tú eres…

—No soy tu padre —la interrumpió Kim Do-Joon antes de que terminara.

Lo dejó claro. No era el anciano al que ella una vez veneró. Era sólo un humano común que heredó su poder.

Laoha lo escuchó en silencio. Cuando terminó, bajó la mirada, y en su rostro se reflejó un dejo de tristeza.

—Ya lo sospechaba —murmuró.

—¿Ya lo sospechabas?

—Si Padre hubiera planeado resucitar… no habría permitido que esos traidores lo mataran en primer lugar.

Laoha había crecido escuchando que los muertos no volvían. Esa verdad, grabada desde su niñez, le permitió aceptar las palabras de Kim Do-Joon más fácilmente que a otros. Aun así, una sombra de tristeza permanecía en su interior.

En el fondo, aún guardaba una pizca de esperanza de que su padre regresara.

Con un suspiro resignado, puso su mano sobre el pecho y luego la dejó caer. Su expresión se volvió serena, casi estoica, mientras se dirigía nuevamente a Kim Do-Joon:

—Has venido a reclamar el poder y la autoridad que mi padre dejó, ¿verdad? Entonces, tómala.

Laoha extendió los brazos y cerró los ojos, rindiéndose sin oponer resistencia.

Escuchó el sonido constante de los pasos de Kim Do-Joon acercándose. Paso a paso, hasta que su imponente presencia quedó justo frente a ella.

—Pero sólo te pido una cosa… —dijo en voz baja.

—¿Cuál?

—Aunque yo desaparezca, por favor… que este mundo permanezca. Permite que los hijos de Mahal caminen por el sendero de una historia justa. Y por último, prométeme que no perdonarás a Ushas ni a los demás que traicionaron a mi padre.

—Eso no es una cosa. Son dos.

Laoha soltó una leve risa, melancólica, con una pequeña sonrisa en los labios.

—Ah, tienes razón. Entonces llamémoslo dos peticiones.

Cuando terminó de hablar, sintió un leve golpecito en la frente.

—¿Eh?

Abrió los ojos, desconcertada. Kim Do-Joon le sonreía con torpeza.

—No vine por tu poder —dijo con firmeza—. Este mundo es tuyo para proteger. Y lo único que quiero de ti… es una sola cosa.

Los ojos de Laoha se llenaron de curiosidad mientras lo miraba fijamente. Su expresión lo decía todo: “¿Qué quiere este hombre de mí?”

—¿Por qué abandonaste a Siwelin?

La respuesta de Kim Do-Joon fue tranquila, pero cortante.

Los ojos de Laoha se nublaron con profunda tristeza. El peso de esa pregunta cayó sobre ella como una montaña.

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