La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 91

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—¡Lee Eunsol!

En el mismo instante en que Lee Daebak gritó, la puerta del lado del conductor se abrió.

—¿¡Qué está pasando!?

La llamada con Jaebeom seguía conectada, y su voz resonó con fuerza a través del altavoz. Pero Lee Daebak no tuvo tiempo de responder.

Eunsol ya se había subido al automóvil.

—¡No te muevas de ahí!

No había forma de que alguien que intentaba escapar obedeciera. El rostro de Lee Daebak se retorció mientras corría hacia el coche, pero las puertas ya estaban cerradas.

—¡Oye! ¡Tú! ¡Ahora mismo abre… abre esto!

Lee Daebak arrojó al suelo el teléfono que tenía en la mano y tiró con fuerza de la manija.

Clac, clac.

El ruido continuó, pero la puerta bloqueada no se abrió.

El motor arrancó. Entonces Eunsol miró a Lee Daebak, que lo observaba con una expresión casi demoníaca.

—Puedes volver por tu cuenta.

Era el mismo hombre que lo había arrastrado hasta allí para utilizarlo. Eunsol no tenía ningún motivo para preocuparse por él.

Si abro esa puerta, solo terminaré metido en más problemas.

¡Bang! ¡Bang, bang! ¡Bang!

Lee Daebak pareció darse cuenta de que intentaba huir, y sus movimientos se volvieron aún más violentos. Golpeaba con tanta fuerza que parecía capaz de romper la ventanilla, haciendo que Eunsol frunciera el ceño.

—¡Maldito bastardo! ¡Sal ahora mismo! ¡No te dejaré ir!

Ignorando al hombre que gritaba y trataba de abrir la puerta usando manos y pies, Eunsol puso la marcha en reversa y pisó el acelerador.

—¡Argh!

Cuando el coche se movió, Lee Daebak perdió el equilibrio y rodó por el suelo. Eunsol se obligó a apartar la mirada y se concentró en conducir.

El vehículo siguió retrocediendo.

Era un bosque repleto de árboles, y el camino angosto y oscuro hacía que un pequeño descuido pudiera provocar un accidente.

Solo tenía un objetivo.

Debía regresar sano y salvo junto a Jaebeom.

—Está bien. Está bien. Lo estás haciendo bien…

El temblor en su voz, mientras intentaba ahuyentar el miedo, era evidente. Pero en su rostro brillaba una determinación inquebrantable.

—¿¡Qué está pasando!? ¡Lee Eunsol! ¡Eunsol!

Jaebeom llamó desesperadamente a su esposo. Sin embargo, no hubo respuesta al otro lado de la línea. En su lugar, solo escuchó los gritos de Lee Daebak y el sonido de un automóvil en movimiento, lo que hizo crecer su ansiedad.

—¡Encontramos la ubicación!

Mientras su expresión se endurecía cada vez más, por fin llegó la noticia que estaba esperando.

Jaebeom giró la cabeza.

Frente a él se encontraba un hombre tecleando frenéticamente en una computadora portátil con el rostro tenso, mientras Kwak Sang permanecía a su lado.

—¿Dónde está?

Sin apartar el teléfono de su mano, Jaebeom se acercó.

En la pantalla aparecía un gran mapa de Jeju, y un punto parpadeante destacaba entre todos.

—Aquí.

El hombre de la gorra negra señaló un bosque profundo situado en alguna parte de las laderas del Hallasan. Estaba aproximadamente a una hora en automóvil de donde se encontraban.

—Señor, espere un momento.

Justo cuando Jaebeom se disponía a salir, Kwak Sang lo detuvo.

Su ceño se frunció aún más al ser retenido cuando tenía tanta prisa, pero las siguientes palabras lo dejaron inmóvil.

—La ubicación del teléfono no ha cambiado, pero el rastreador de la maleta se está moviendo.

Antes de partir de luna de miel, Jaebeom había instalado en secreto rastreadores GPS no solo en el teléfono de Eunsol, sino también en su mochila y en la maleta, por si ocurría algún imprevisto.

Había esperado no tener que utilizarlos nunca.

—¿El coche se está moviendo?

—Sí. Parece que sí.

Jaebeom volvió la vista hacia el monitor.

Tal como había dicho Kwak Sang, el único punto de la pantalla ahora se había dividido en dos.

Uno permanecía inmóvil.

El otro se alejaba.

Era evidente que el automóvil estaba en movimiento.

Jaebeom acercó el teléfono a su oído y escuchó atentamente. Entonces comenzó a percibir sonidos que antes había pasado por alto.

—¡Lee, Lee Eunsol se esca, escapó! ¡Q-qué vas a hacer! ¿Qué? ¿P-por qué, por qué sería mi, mi culpa?

Lee Daebak, sin darse cuenta de que la llamada seguía conectada, le había permitido escuchar toda la conversación que mantenía con el presidente Shin.

—¿Q-qué esperas que haga? ¡Esa es tu, tu responsabilidad!

Los dos hombres se insultaban y se echaban la culpa mutuamente, gritando a través de la línea.

Gracias a ello, Jaebeom comprendió rápidamente la situación.

—¡E-eso lo tienes que resolver tú! ¡C-cómo se supone que voy a ocuparme de eso a-a hora!

Por lo que podía entender de su discusión, Eunsol había tomado el automóvil y había escapado.

Su valiente esposo había logrado huir por sus propios medios.

Aunque la situación seguía siendo peligrosa, la expresión de Jaebeom se relajó un poco.

Normalmente, nunca perdía la compostura ante amenazas o chantajes.

Pero si se trataba de Lee Eunsol, era diferente.

—¿Dónde está el presidente Shin?

Había llegado el momento de atrapar al hombre que había provocado todo esto.

Quería ir inmediatamente a buscar a Eunsol. Sin embargo, si se marchaba ahora, podían cruzarse en el camino y no encontrarse, así que debía esperar a que Eunsol se acercara a él.

—Ya lo localizamos.

El hombre de la gorra negra, que seguía trabajando en la computadora, abrió otra ventana.

El presidente Shin se ocultaba cerca del hotel donde se hospedaba Jaebeom.

Después de la discusión anterior, había cambiado de ubicación para reunirse con Lee Daebak. Era lógico, ya que Lee Daebak no tenía forma de seguirlo, por lo que la persona con movilidad debía desplazarse.

Para Jaebeom, aquello era una suerte.

—Tráiganlo.

Jaebeom decidió que sería más limpio resolver este asunto antes de que Eunsol regresara.

—Sí, señor.

Después de convertirse en el director del banco de ahorro, había decidido cortar por completo sus vínculos con el mundo ilegal.

Incluso el protagonista de la historia no había entrado en ese mundo por voluntad propia.

Era atractivo, inteligente y un alfa dominante, lo que despertó los celos del hijo de un congresista. Tras enfrentarse con aquel hombre, su vida estuvo a punto de derrumbarse, y fue el presidente Jang quien lo salvó.

Así terminó involucrándose en ese mundo.

Ahora que había recuperado los recuerdos de su vida como actor, su determinación de abandonar ese estilo de vida se había vuelto aún más fuerte, especialmente por el bien de su esposo.

Si Eunsol no se hubiera visto envuelto en este problema, no habría elegido este método para resolver las cosas.

Bzzz. Bzz. Bzzzz.

Justo cuando Kwak Sang estaba a punto de salir de la habitación, un teléfono comenzó a vibrar.

La mirada indiferente de Jaebeom se dirigió hacia la pantalla.

Era un número desconocido.

Un presentimiento repentino lo llevó a contestar de inmediato.

—Sí, habla Pyo Jaebeom.

—¡Jaebeom!

—…Eunsol.

—Sí, soy yo. Lo siento, debiste preocuparte mucho.

—¿Estás herido?

—Estoy bien. Ni un solo rasguño.

Con solo escuchar aquella voz animada, Jaebeom supo que su estado no era malo.

Pero todavía no podía relajarse.

Eunsol estaba embarazado de gemelos. Aunque no tuviera heridas visibles, seguramente había pasado un gran susto, por lo que Jaebeom no podía bajar la guardia.

—¿Dónde estás? Iré a buscarte, así que quédate ahí y no te muevas.

Antes no se había atrevido a moverse por miedo a que se cruzaran en el camino.

Pero ahora que habían logrado ponerse en contacto, no había razón para permanecer quieto.

—Ah, ya puse la dirección en el navegador y voy conduciendo hacia allá. Creo que estoy cerca, ¡así que nos vemos en el hotel!

Jaebeom, que parecía listo para salir corriendo, se quedó inmóvil ante las decididas palabras de Eunsol.

—…Solo estoy preocupado.

Incluso olvidó que acababa de ordenar a Kwak Sang que llevara al presidente Shin y se concentró únicamente en tranquilizar a su esposo.

—Mmm, está bien. Entonces espera un momento. Voy a preguntar dónde estoy ahora mismo…

Jaebeom escuchó a Eunsol hablar con alguien que se encontraba cerca.

Parecía ser el dueño del teléfono que estaba utilizando.

—Jaebeom, dicen que este lugar está cerca de algo llamado Ahneunahopgol.

—¿Ahneunahopgol?

Cuando Jaebeom repitió el nombre, el hombre de la gorra negra comenzó a teclear rápidamente.

La ubicación mencionada por Eunsol apareció en la pantalla.

Coincidía exactamente con el punto rojo que parpadeaba.

—Sí. ¡Ah! También puedo ver un letrero que dice embalse Hanbalg.

La voz de Eunsol sonaba emocionada al encontrar otra pista, y la expresión de Jaebeom se suavizó ligeramente.

El GPS era suficiente para localizarlo sin necesidad de preguntar.

Pero quería confirmar la ubicación exacta y, al mismo tiempo, hacerle saber a Eunsol que iba en camino, para que pudiera sentirse seguro.

—De acuerdo. Salgo ahora mismo, así que espera ahí. Llegaré en veinte minutos… no, en quince.

—No te esfuerces demasiado y ven con cuidado. Me quedaré aquí.

—De acuerdo.

Jaebeom habló con suavidad y terminó la llamada.

Justo entonces, como si hubiera estado esperando ese momento, la puerta se abrió y Kwak Sang entró arrastrando a un hombre con el traje arrugado.

El cuerpo inerte del hombre parecía inconsciente, pero Jaebeom ni siquiera le dirigió una mirada.

—Tengo que ir a buscar a Eunsol, así que llévenlo a otro lugar. Me ocuparé de él cuando regrese.

—Sí, señor.

Había llegado el momento de ir a recuperar a su omega.

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